Santa Fe: celebrar una ignominia

Por Adan Costa.- Soy consciente que lo que comentaré en las próximas líneas, no caerá ni simpático ni, mucho menos, políticamente correcto singularmente en este día. Quien quiera avanzar, lo haga con esta reserva. La ciudad de Santa Fe fue fundada al modo del coloniaje, con acta fundacional fijada un 15 de noviembre de 1573, por el vasco Juan de Garay, con ese loco afán español de abrir puertos (con el literario eufemismo: “puertas a la tierra”) al Río Paraná desde Asunción hasta el Mar de Solís (Río de la Plata). Era en plan funcional a una matriz de expoliación de los recursos que se venían descubriendo en ese momento en línea a la plata potosina y a las Leyendas del Rey Blanco.

Quien haya podido ver el excelente filme del alemán Werner Herzog de 1982, “Fitzcarraldo” entenderá claramente por qué hablo de “loco afán”. Quien no la ha podido ver, recomiendo urgentemente la vea. Es imprescindible.

Por esos años de fines del siglo XVI, se recuerda que alrededor de las minas de plata, en la Villa Imperial del Potosí, en la actual Bolivia, ya había ochocientos tahúres profesionales y ciento veinte prostitutas célebres, a cuyos resplandecientes salones concurrían los españoles mineros ricos. Nada más que un dato contracultural y sencillo que no habla más que de opulencia. Esa opulencia era la que se necesitaba hacer circular rápidamente para las Europas por vías no contradictorias. Y en ese camino partió Garay y sus consortes.

No es más que ésto lo que los santafesinos de hoy “celebramos”. Nada tan penoso y hasta propio de un “Síndrome de Estocolmo cultural”. Festejamos al amo. Festejamos un nacimiento al “coloniaje”. Nunca más que una versión remota y lavada ideológicamente se piensa en términos de los pobladores originarios, los verdaderos dueños de estas tierras, los quiloazas, caracáes, chanaes, mbeguás, mocoretáes, a los cuales los señores conquistadores europeos con sus armaduras, sus lanzas y sus cruces desplazaron y vencieron culturalmente. Tiempo después escribirán la historia que hoy se repite acríticamente y casi sin pensar como memorizada para una lección de cuarto grado de la escuela primaria.

Se habla de los antiguos pobladores como se describiría una especie animal o vegetal. Lo digo especialmente para los, encima, pocos que las recuerdan desde sus días escolares, en equivocada orientación epistemológica y pedagógica, en mi humilde entender de entusiasta historiador vocacional y abogado de profesión.

Lo que si se ha venido contando en estas últimas cuatro centurias es que los indígenas eran hostiles y bárbaros, pero nunca se dice el por qué. O contra qué. Cuando podamos entender, los argentinos y los santafesinos del siglo XXI las razones de ese “por qué” los originarios reaccionaban a la sed avarienta y loca del conquistador, del despojo material, espiritual y cultural a cual fueron sistemáticamente sometidos, entenderemos con mucha más claridad fenómenos políticos de larga data pero de más reciente visibilización cómo la creciente militancia popular en los barrios santafesinos; y también cómo un grupo importante de la ciudadanía santafesina viene resistiéndose a una idea de modernidad para pocos y con las grandes mayorías afuera, aunque se exprese lo contrario desde la verba protocolar y altanera desde el gobierno comunal. Entendido claramente cobrará su sentido la disputa por un Parque Alberdi que no es más (ni menos) que un símbolo, un bastión.

Ningún “Feliz cumpleaños” Santa Fe. Santafesinas y santafesinos, no dejemos nos roben la capacidad de reflexionar. No celebremos la ignominia.

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