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Maria Ines Adorni
Verificación Técnica Vehicular

Las restricciones que afectan el ejercicio del periodismo en Rafaela (2)

6) El problema en Rafaela

Después de desarrollar el marco teórico de este trabajo de investigación a través de cinco capítulos, donde quedan planteados interrogantes y posibles soluciones, la pregunta es ¿de qué manera el problema de las presiones políticas y económicas restringen la libertad de expresión del periodista como actor social en la búsqueda de la verdad en Rafaela? Para ello se utilizaron dos recursos: entrevistas a seis periodistas rafaelinos y otros dos que vinieron a disertar a esta ciudad, como así también se hizo una encuesta que incluyó un muestreo con 100 casos para observar si el fenómeno de las presiones es percibido en la opinión pública o es una realidad que existe solamente en el microclima del periodismo y no trasciende públicamente (las encuestas con mapa y gráficos, y las entrevistas se pueden ver en forma completa en el Anexo). Según las entrevistas realizadas, los seis colegas locales admiten que el periodista enfrenta distintas restricciones en Rafaela, especialmente el hecho de vivir en una ciudad pequeña. “Si es muy crítico en el análisis sabe que se puede encontrar con el dirigente político, el empresario, o bien se puede tener la necesidad de recurrir a esa persona como fuente. Eso condiciona hacer el trabajo con total libertad como lo pueden hacer otros medios que tienen decenas de periodistas”, expresó Miguel González. El sondeo a la población se hizo en siete barrios (9 de Julio, 30 de Octubre, San Martín, General Mosconi, Ilolay, Villa Dominga y Barranquitas) estratificado por sexo, edad, nivel de instrucción y condición social. De las preguntas efectuadas una fue sobre si ¿el periodista de Rafaela enfrenta distintas limitaciones a la hora de informar? En forma mayoritaria el 75% de los encuestados respondió afirmativamente. A la hora de hablar de las presiones sobre el periodista, sobresalieron las económicas y políticas, que confirma el problema planteado. Para Chany Fontanetto, “son de índole políticas y he tenido de todos los colores, entre ellas el poder de turno local en varias oportunidades y por esto me han llamado al orden desde la gerencia. Ocurre en todos lados, quien te diga lo contrario miente”. En tanto, Julio Iribas las ridiculizó diciendo que “los clientes que hay en el programa la tienen clara y no nos rompen con eso porque saben que nos reiríamos al aire, pero sé que les pasó a varios colegas. Al ser un programa de opinión (por Malas lenguas en radio Uno) hay gente que te rebanca con lo que decís y otros opinan distinto y les resulta fastidioso”. Según Vicente Ceballos, no se puede olvidar de los golpes militares que “dejaron un trasfondo en la sociedad y en el caso de los periodistas fue muy marcado; la autoimposición de no tratar determinadas temáticas porque corría el riesgo de sufrir algún tipo de problema como le pasó a tu padre (por Emilio J. Grande, quien estuvo preso 16 días en 1979). Los periodistas de los medios están limitados porque la política de la empresa es hacer diferencia”. Carlos Campolongo –de Buenos Aires, abogado, psicólogo, docente universitario, jefe de campaña de Aníbal Ibarra- abrevó un análisis más filosófico al decir que “la libertad se va construyendo y modificando con el tiempo. El periódico es un actor político-económico y entra en ese interjuego de los conflictos. La opinión política en los medios audiovisuales condiciona la posición de la mayor parte de los periodistas porque los anunciantes en los canales de cable son las empresas privatizadas (…) si hablás del mal servicio que dan y que no cumplen con las planes de inversión te sacan el aviso. Esto genera condiciones pero no son absolutas porque depende del periodista y de su ética profesional.” Por su parte, Rogelio Alaniz –periodista de El Litoral de Santa Fe- tuvo una postura pragmática: “Siempre hay intereses en los medios y son grandes empresas que reclaman inversiones altísimas que pueden ser sostenidas disponiendo de recursos económicos altos sino no se pueden sostener. Dentro de este contexto, hay que ver lo que se puede hacer: un poco más o un poco menos”. Volviendo a la encuesta, la misma reafirma que en el caso de tener restricciones el periodista las mayores presiones son de índole política (53%) y económica (32%), y en menor medida le siguen las del propio medio de comunicación social y también de carácter social. Por este motivo, la libertad de expresión del periodista se ve restringida a raíz de estas presiones, según el 78% de los consultados. Este muestro permite confirmar que el “fenómeno de las presiones” es percibido en la opinión pública rafaelina más allá del ámbito periodístico y se pone en sintonía directa con el problema planteado en el proyecto de esta investigación. Nuevamente, en este aspecto los seis consultados coinciden en casi una obviedad, pero que no es un problema menor. Por eso, González cree que “son más las presiones económicas que políticas. Conozco casos de empresas que han sido involucradas en alguna noticia y, luego, dejaron de avisar a raíz de una información. Por ejemplo, pasó con Pochettino que se enojó; habíamos dicho que había actuado bien y se cortaron las publicidades”. A su turno, Iribas fue frontal en sus pensamientos: “No estamos especulando con decir o no decir algo para cobrar un mango más porque no tenemos nada que perder. En otros momentos de mi vida tuve esas presiones, por ejemplo, en Radio Nacional Santa Fe. El que quiere hacer periodismo y se deja presionar tiene que dedicarse a otra cosa; puedo entender que alguien tenga 5 hijos y si dice tal cosa le sacan la pauta publicitaria, pero no puede dedicarse a esto.” Asimismo, Fontanetto contextualizó la parte empresaria de la actividad, sosteniendo que “los medios son de gente que sabe poco de esto (…) pero cuando la política es demasiada estricta no te podés hacer el b., hay que tratar de tragarte la menor cantidad de sapos posibles porque saben muy poco de medios y es muy raro que te pongan una prohibición total. Lo he vivido en la (FM) Turquesa cuando estaba el conflicto de Rafaela Alimentos. Un día me mandaron a decir que terminara con el problema en el frigorífico…”. Con una visión retrospectiva de esta problemática, Ceballos señaló que “si uno puede sortear el escollo de la organización interna de la empresa y publicar lo que él cree que debe comunicar, va a sufrir consecuencias: le pueden hacer una llamada de atención o pueden dejarlo cesante; las cosas se manejan con estos criterios o directamente sabe a priori que no puede publicar eso y se impone la autocensura.” Beceyro, quien también recibió censuras en su trayectoria, según el testimonio de Chany Fontanetto (ver en el Anexo), pero no las admite públicamente, se refirió escuetamente a este tema: “Las reacciones en tales situaciones son diversas y van desde rebelarse hasta acatar…”. En todo momento, la entrevista profunda con Campolongo no se olvida el horizonte del contexto en que trabajan los comunicadores, al precisar que “la ley del Periodista (Nº 12.908) prácticamente no se cumple en muchísimas empresas grandes porque cobran en negro y menos (de lo estipulado); tiene una cláusula que establece una doble indemnización porque se trataba de buscar la institución de lo que se denomina la estabilidad impropia en el Derecho Laboral (…) Se pueden buscar mediaciones para proteger más al periodista que está muy desguarnecido.” En el plano de censuras y amenazas a periodistas, Alaniz puso como ejemplo que “hay y existen desde el caso Cabezas (enero de 1997) a otros casos que ha habido. La libertad de opinión y de prensa están en la Argentina, es una de las pocas cosas que hemos sabido mantener a pesar de la crisis económica y social”.

Información y verdad

La mayoría de los encuestados cree que el periodista de Rafaela informa siempre sobre la verdad de lo que sucede en la realidad cotidiana y esto tiene íntima relación con la responsabilidad social que tiene el periodismo donde de seis opciones expuestas las más elegidas fueron justamente información y verdad. Pero aparece una cierta contradicción un tanto manifiesta del universo estudiado en los siete barrios rafaelinos, ya que el consultado en general afirma que el periodista informa de manera veraz sobre los hechos que ocurren, pero luego ante otra pregunta termina admitiendo que hay limitaciones y presiones para ejercer periodismo. Estas limitaciones afectan directamente al ejercicio de la tarea periodística de Rafaela porque los poderes políticos y económicos ejercen una influencia en forma negativa que atenta contra la libertad de expresión, condicionando la labor periodística para informar verazmente a la comunidad de los hechos que suceden en la realidad. Para González, “la verdad publicada no es nunca la verdad total, la diferencia está si la información que se publica se hace con criterios responsables y con seriedad, la veracidad nunca va a ser total porque siempre le va a faltar algún elemento, además está el contenido subjetivo que le agrega el periodista. (…) depende de la voluntad con que uno enfrenta la noticia, si ha chequeado la fuente, si lo ha hecho con responsabilidad, si se ha preocupado por analizar el contexto.” Varios de los colegas remarcaron que nunca se llega a la verdad total sino que hay una aproximación. “Se puede bregar por el acercamiento a la verdad o descubrir en vez de encubrir, es un proceso complicado y llegar a la verdad es casi imposible”, destacó Iribas. Con la misma postura opinó Fontanetto: “No creo que exista la verdad. Siempre se trata de aproximarse y cuando hay algo prohibido le encontrás la vuelta para tratar de tocarlo. (…) uno tiene que tener diversidad porque depende de los arreglos que tenga cada medio con los poderes político y económico, sobre lo que podés y no podés decir”. Rubén Armando fue más pesimista, expresando que “no se dice toda la verdad, sino parcialmente (…) porque de otra forma puedo llegar a complicar la situación. Yo no veo a periodistas ni a medios independientes porque todos están detrás del dinero del sponsor.” Y Ceballos abordó el tópico de una manera más solapada. “En Rafaela –dijo- sabemos que hay una realidad expuesta públicamente y otra subterránea, cuando algún hecho emerge de esta última y cobra realidad pública, el ciudadano hace su propio enfoque porque sabe que detrás de eso están los intereses sumergidos que por algún hecho fortuito han cobrado notoriedad pública”. Sobre esta temática tan amplia como ardua, González aclaró que “es uno de los déficits importantes. Hay un microclima en donde nos movemos los periodistas, a mí me ayudó la salida de Rafaela para ver las noticias desde afuera. Uno se da cuenta que los protagonistas son siempre los mismos, falta mucho abrir a la comunidad la consulta como fuente, las noticias giran en torno a los mismos temas y no hay una verdadera concientización de abrir el diálogo”. Iribas profundizó aún más este debate: “Los dueños de los medios son los que más deberían contribuir a la democratización, el periodismo espontáneamente trata de contribuir pero en un montón de oportunidades no le resulta tan simple porque las presiones económicas repercuten muchas veces en el dueño del medio y éste a lo mejor sí tiene muchas cosas que perder.” En tanto, Fontanetto tiene un espíritu positivista de este asunto tan importante para la sociedad: “Creo que se democratiza siempre que haya discusión y una tribuna abierta, pero las caras se repiten demasiado, parece que hay protagonistas repetidos y únicos”. Según Armando, “se trata de líneas editoriales que responden siempre al factor económico o a veces al factor político de quedar bien con determinadas personas, so pena de recibir a lo mejor alguna gratificación que no tiene que ver con lo económico. Se reciben ciertas dádivas a través de regalos implícitos”. La última consulta de la encuesta fue conocer ¿cuál es la responsabilidad social que tiene el periodismo en esta sociedad?. Al respecto, los consultados apuntaron a dos ejes fundamentales: el 57% a la información y el 44% a la verdad; luego siguieron servicio, opinión, justicia y denuncia. Hay que aclarar que en esta pregunta estuvo la posibilidad de opciones múltiples, es decir, elegir más de una respuesta con lo cual se superó el 100%. En este sentido, el periodista Miguel González tiene la misma postura que la gente encuestada. “Hay que tratar de ser lo más veraces posibles, completos e informados para informar de la mejor manera al receptor de la noticia. Hay situaciones en las que el periodismo puede ejercer una labor de contención y de impulso. Hay que decir la verdad con fundamentos, ahí se terminan las hipocresías. (…) cuando hay que denunciar algo o revelar alguna cosa que no está bien hay que apelar a la documentación que es información pública.” Ceballos está en la línea de González: “El periodismo debe ser consecuente con la verdad y honesto con sus propios principios. Lo importante es sostener el derecho de la gente de acceder a la información y la empresa periodística a suministrar toda la información a favor o en contra con equilibrio y mesura. (…) acá mandan los que tienen poder económico y político, y los demás no existen. La honestidad intelectual es fundamental.” Por su parte, Iribas apuntó a “tener una mirada crítica de las cosas, no ser sumiso del poder, el poder no está instalado en la Municipalidad, estoy hablando del establishment, que está en un montón de lugares, el poder hace las cosas bien y a veces las hace muy mal, el que es poderoso tiene más elementos para tratar de tapar lo que hace mal. El medio tiene un compromiso por ese lado, tiene una responsabilidad con la sociedad; un medio no es lo mismo que estar fabricando un mueble, hacer esto es digno pero no hay ningún compromiso ideológico.” En cambio, Fontanetto se centró en el acto mismo de la comunicación: “La función nuestra es únicamente comunicar, tratar de hacerlo sin valores agregados con objetividad, en búsqueda de la verdad, tratando de ampliar el juego para que estén todos los protagonistas adentro. Trasparentar el camino de la comunicación, tratar de hacerlo accesible a todos para que tengan la misma oportunidad”. Finalmente, Campolongo hizo hincapié en la educación de los profesionales de la comunicación: “En la formación un fuerte trabajo en los aspectos deontológicos del ejercicio profesional, la ética aplicada a la profesión; las empresas actuando con mucha transparencia frente a la sociedad, de que el verdadero derecho a la información reside en el lector, quien debe saber cómo se obtiene una información y finalmente la cultura de la sociedad que nos estamos refiriendo en particular a la educación, un ciudadano con un razonable espíritu crítico, que la lectura y visión del medio o del consumo de las imágenes lo sea a partir de una formación como resultado que el individuo se apropie pero con una mirada crítica.”

Conclusiones

Me parece un sueño haber llegado a esta etapa final del trabajo de la investigación porque de alguna manera coincide con algo personal: mi esposa está por dar a luz a nuestro primer hijo (el 27 de octubre se le paró el corazón). En esta perspectiva fue casi un paralelismo entre el tiempo destinado a esta tesina y el proceso mismo del embarazo. Me permitió un aprendizaje intelectual de leer y releer la bibliografía que disponía al respecto y con el paso del tiempo fui incorporando a otros autores, desde los relativos al mundo de la comunicación, como así también los que tienen un enfoque teológico y filosófico con el objetivo de apuntalar aquellos primeros esbozos de lo que fue el proyecto de investigación hace ya unos seis meses atrás. En líneas generales, la problemática planteada fue confirmada con creces no solo por la constatación del material bibliográfico variado y heterogéneo, sino también el acercamiento a la realidad en el trabajo de campo contribuyó a profundizar este proyecto. Las entrevistas a los periodistas locales y foráneos, y la encuesta con 100 casos terminaron por cimentar la complejidad de este problema instalado en la opinión pública más allá del microclima del periodismo. Para el 75% de los consultados, existen restricciones que afectan directa o indirectamente para ejercer la profesión en Rafaela. Las mayores presiones son políticas y económicas; por este motivo, la libertad de expresión del periodista se ve restringida a raíz de estas presiones, según el 78% de los encuestados (ver tortas en el Anexo). En este sentido, es evidente que estas presiones ejercen una coerción de tal gravedad que profundiza mucho más de lo pensado al inicio de este proyecto sobre las limitaciones de la libertad de expresión. Más de uno puede llegar a argumentar que se trata de una relación de dependencia laboral en el que estaría “aceptado” una situación de este tipo, pero el meollo de la cuestión es que las mismas atentan a la democracia y al derecho que tiene la ciudadanía de informarse, que está sustentado en la Constitución Nacional, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en otras normativas internacionales. Por eso hoy más que nunca, no solamente hay que defenderla sino sobre todo practicar la libertad de expresión porque es la exteriorización pública de la libertad de pensamiento para difundir el conjunto de ideas, críticas y creencias a través de los medios de comunicación social. Además, hay que hacerles entender a los dueños de los medios de comunicación que es sano y respetable contar con una línea editorial determinada, siempre y cuando convivan distintas visiones y opiniones al interno de la empresa periodística sobre una realidad que cambia en forma permanente. Al mismo tiempo, un valor tan importante como el anterior lo constituye la verdad sobre los hechos que ocurren en la sociedad. La frase bíblica “la verdad los hará libres” (evangelio de san Juan 8,32) sigue teniendo vigencia en medio de una cultura mercantilista en la que el poder cree que con dinero se pueden tapar las situaciones oscuras más diversas. Entonces, la búsqueda de la verdad es una tarea ardua que requiere esfuerzo y constancia, muchos renuncian a esa práctica por considerarla una causa perdida y para alcanzarla los periodistas deben acercarse a la realidad lo que más puedan. Por otro lado, esta investigación académica me ayudó mucho a estudiar, pensar y reflexionar sobre la vida y la profesión que realizo desde hace una decena de años, en la que no faltaron las presiones económicas y políticas desde afuera y, especialmente, desde dentro del medio de comunicación, llegando a perder el derecho de firmar los artículos por decir la verdad durante más de un año (1998-99). Es más, soy una víctima más de este problema investigado. También por algunas críticas publicadas contra el gobierno municipal fui censurado por el Secretario de Redacción para emitir mis opiniones debido a sus intereses políticos y económicos de parte de la empresa. Recientemente, escribí una carta de lectores en La Nación de Buenos Aires (18-08-2003), contestando a un artículo de la revista dominical de ese diario que hablaba parcialmente sobre las cosas positivas de Rafaela y en esa misiva señalé los déficit con que cuenta la “Perla del Oeste”, como la llaman a la ciudad. Al respecto, la Mutual de Ben Hur no aceptó ser criticada y presionó a La Opinión con que iba a levantar los trabajos de imprenta y avisos. Entonces el Director del diario me amenazó diciendo que si vuelvo a escribir algo similar o hablar en la radio me saca la firma nuevamente… “Los comunicadores han de ser expertos tanto en la palabra como en el silencio. Sin silencio, sin reflexión, sin un pensamiento y oración resulta imposible moverse sin tambalearse en el panorama mediático actual, porque sobran comunicadores aturdidos, víctimas de la contagiosa indigestión informativa”. Cuánto de verdad tienen estas palabras profundas de monseñor Enrique Planas durante un congreso de comunicadores realizado en Buenos Aires en 2002 del que participé. Hay que ser expertos a la hora de escribir, hablar, preguntar, opinar, criticar, pero también hay que serlo en el silencio, en la escucha del otro que piensa diferente a uno, en la profundidad de nuestro ser y en el silencio de nuestra conciencia que es la que juzga si al final del día hemos obrado correctamente en el plano comunicacional o más bien tuvimos actitudes, gestos y acciones que van en contramano de los valores fundamentales del periodismo, remarcados durante esta tesina. Más allá de las presiones admitidas por los colegas entrevistados en Rafaela, otro componente importante analizado a lo largo de esta investigación fue la responsabilidad que tienen los periodistas, donde sobresale la columna vertebral de la profesión: la veracidad, el conocimiento de los temas a tratar, el chequeo de la información, la honestidad intelectual, entre otros, resaltándose tanto los hechos positivos de las cosas, como así también denunciándose las injusticias existentes de una sociedad que deja un tendal de excluidos sin trabajo, cobertura social y jubilación. Al mismo tiempo, el pluralismo constituye el anticuerpo que tiene toda comunidad para el debate e intercambio de ideas, pensamientos y opiniones; en esta línea los periodistas tienen que actuar como instrumentos en la democratización de los medios de comunicación, que constituye una materia pendiente, siendo los dueños de los mismos y sus jefes los principales responsables porque fijan la agenda pública de los temas y actores sociales a abordar en función de sus intereses económicos y políticos, en detrimento del bien común de la comunidad. Para terminar, fue una experiencia académica muy importante en mi vida y carrera profesional, que marcó un antes y un después no solamente para terminar una etapa en lo referente a un estudio de grado sino también porque crecí intelectualmente con el material de estudio y, al mismo tiempo, me enriquecí con el aporte de la gente consultada (periodistas y encuestados). Las presiones políticas y económicas existen y no deben constituir el único y principal problema social, pero ciertamente este aporte investigativo puede significar el puntapié inicial de un debate público con responsabilidad sobre el derecho que tiene la ciudadanía a ser informada verazmente y alejada de intereses particulares y sectoriales.

Anexo

Entrevistas a seis periodistas de Rafaela

1) En el trabajo diario, ¿el periodista enfrenta distintas restricciones en Rafaela?, ¿cuáles?, ¿por qué?, ¿puede dar algún ejemplo? 2) ¿Las mayores presiones son de índole económica y política?, ¿por qué? 3) ¿La libertad de expresión del periodista se ve restringida a raíz de estas presiones?, ¿cómo enfrenta estas situaciones cuando se ve limitado para comunicar una noticia o dar a conocer una información? 4) Según tu opinión, ¿el periodista comunica la verdad de lo que sucede en la realidad?, ¿de qué forma lo puede hacer? 5) ¿El periodismo contribuye a la democratización de la comunicación?, ¿por qué?, ¿cómo puede concretarlo? 6) ¿Cuál es la responsabilidad social que debe adquirir el periodismo en esta sociedad? 7) ¿Qué aportes deben realizar los periodistas a la construcción social?

  • Entrevista a Miguel González

Tiene 36 años, desde 1988 hasta el 2002 fue periodista de diario Castellanos, llegando a ocupar la el cargo de secretario de Redacción. Hizo radio en el programa “A cuatro manos” por FM Fantasía 96,5, televisión en el cable local con el programa “Punto de encuentro”. Luego estuvo en El Colono de Esperanza, también de Castellanos hasta el 30 de septiembre de 2003. Actualmente es redactor de la revista “Nuestro agro” y corresponsal del diario Olé del grupo Clarín en Rafaela.

1) Sí, son de distinta índole. La genera la escala en la que trabajamos, esta es una ciudad chica, donde tenemos que hacernos cargo de lo que decimos y escribimos; uno analiza una información y si es muy crítico en el análisis sabe que se puede encontrar con el dirigente político, el empresario, el sujeto de la información que ha publicado o bien se puede tener la necesidad de recurrir a esa persona como fuente. Eso condiciona hacer el trabajo con total libertad como lo pueden hacer otros medios que tienen decenas de periodistas. Como ejemplo, volví a trabajar en deportes, fui a Atlético a buscar una información y un dirigente me dijo “para el diario que trabajás corté relaciones porque el año pasado publicaron que un jugador de otro equipo había dicho que Atlético había comprado al árbitro y con ese diario no digo más nada”. Si ese comentario firmado lo hubiera hecho yo en Atlético me cortan las alas de por vida.

2) Son embozadas, existen y son como las brujas. A mi no me ha tocado una situación violenta que me dijeran esto no se publica, pero sé que hay cosas que hay que consultarlas antes de publicarlas y hay noticias que son difíciles de encarar. Por ejemplo, una situación de despido de empleados de una empresa que es avisante consuetudinario del diario uno antes de publicar la noticia lo consulta y a veces recibe la orden de no publicarla. Me pasó con Limansky en Castellanos, esta empresa es el principal cliente de la imprenta (Rivis) del diario. Esta empresa tuvo una situación difícil hace unos años, tuvo que desprenderse de varias decenas de empleados y esa noticia nunca salió.

3) Sí, se ve restringida. Son más las presiones económicas que políticas, que no son violentas sino sutiles, pero existen. A lo mejor ni siquiera las empresas participan en esa coacción, no es que llamen y te digan esa información no se publica, pero sí conozco casos de empresas que han sido involucradas en alguna noticia y, luego, dejaron de avisar a raíz de una información. Por ejemplo, Pochettino, habíamos informado que el dueño de esa empresa había intentado ser extorsionado por una persona vinculada a la DGI a nivel provincial, el empresario había grabado la extorsión y lo había denunciado a la Justicia Federal; sin embargo se enojó, nosotros habíamos dicho que había actuado bien y se cortaron todas las publicidades. Hay dos tentaciones que hay que evitar: tomarse revancha, como tuvimos un problema con esta empresa la vamos a “matar” la próxima vez, y la otra es que sirve como lección: la próxima vez obremos con cuidado. Pero uno piensa inconscientemente “no nos pasará lo mismo con éste que es más grande que Pochettino y nos puede perjudicar, ¿convendrá que lo publiquemos y no consultemos antes a la persona involucrada?”. Si la consultamos y nos dice: “esto es verdad pero no lo publiques”, te crea un condicionamiento. A veces cuando hay una información que involucra a alguien que puede tener algún tipo de poder económico o político me cuesta mucho consultar con la fuente directa. Si hay una empresa que va a despedir gente porque nos dijo un empleado que recibió su telegrama, llamamos al gremio y lo confirma, generalmente no llamo al dueño de la empresa porque si lo llamo dice “es así, vos sabés como está la situación del país, los clientes lo leen en Tucumán” como pasó con la empresa Giuliani y eso te condiciona porque te están diciendo que se puede cerrar una empresa; en ese caso prefiero publicar y después que la empresa haga alguna aclaración. En el tema político a mí nunca me pasó de recibir ningún tipo de aprietes, siempre me han tratado bien y he sido crítico de muchos; tuve algunos problemas, por ejemplo, Luis Telesco (era concejal) nos mandó una carta documento desmintiendo una información que no se podía desmentir porque teníamos la documentación sobre su jubilación. No me pasó con funcionarios que me dieran vuelta la cara, cosa que sí me ocurrió en Esperanza, donde he sido más cauteloso en las críticas que en Rafaela, pese a que hay motivos para hacerlas, me pasó que funcionarios no me atienden o me contestan con sí o no; con una secretaria de Cultura del Municipio esperancino (que era candidata a intendente el 7 de septiembre), un lector trajo una carta refiriéndose a manejos turbios en la designación del director del liceo y en la manipulación de las bases del concurso, antes de publicarla la llamé a la funcionaria para que haga su descargo y también lo publicamos. A la semana siguiente una de las colaboradoras del semanario fue a hacerle una entrevista y no la quiso atender porque según ella yo había falseado lo que ella había dicho.

4) La verdad publicada no es nunca la verdad total, la diferencia está si la información que se publica se hace con criterios responsables y con seriedad, la veracidad nunca va a ser total porque siempre le va a faltar algún elemento, además está el contenido subjetivo que le agrega el periodista. Más que nada, depende de la voluntad con que uno enfrenta la noticia, si ha chequeado la fuente, si lo ha hecho con responsabilidad, si se ha preocupado por analizar el contexto, que es muchas veces lo que está faltando es ahí donde la veracidad se debe medir en sentido positivo o negativo. Podés publicar una noticia verdadera con “mala leche”, sacándola de contexto y haciéndole un enfoque parcial, y estás diciendo la verdad, pero estás publicando una mentira. Esto se ve mucho en Rafaela para bien o para mal, en la crítica y en el elogio, por ahí uno quiere ponderar una acción y cuenta sólo lo bueno, que es real y existe, pero dejaste de mencionar lo malo. En el otro extremo están los que por la crítica persistente y continua como actitud profesional buscan solo lo malo, también están diciendo la verdad, la nota es verdadera pero es una parte de la verdad.

5) En Rafaela no siempre, no en todos los casos y es uno de los déficits importantes. Hay un microclima en donde nos movemos los periodistas, a mí me ayudó la salida de Rafaela, ir a otra ciudad (Esperanza), ver las noticias desde afuera. Uno se da cuenta que los protagonistas de las noticias son siempre los mismos, falta mucho abrir a la comunidad la consulta como fuente, las fuentes son siempre las mismas, las noticias giran en torno a los mismos temas y no hay una verdadera concientización de abrir el diálogo, en algunos medios donde está muy parcializado. Por ejemplo, diario Castellanos tiene hoy una visión totalmente sesgada de la realidad, únicamente analiza con un enfoque ideológico, cuenta sólo lo malo que no es forma de hacer periodismo sobre todo en comunidades chicas, desconoce la idiosincrasia del rafaelino medio para cambiar la realidad, el periodismo no tiene que cambiar en nada la idiosincrasia, tiene que respetarla. No es que estamos escondiendo la basura debajo de la alfombra, sino que se trata de destacar algunos ejemplos de vida y conducta que nunca se destacan. Informar con la verdad significa dar la verdad entera. Me parece que en general los medios son receptivos de la expresión de la comunidad. La Opinión tiene la fama de haberle cerrado la puerta a alguna gente, pero la radio (FM Fantasía 96,5) no me consta que le cierra la puerta, cada uno venía a decir lo que sentía, nunca tuvimos la situación de que nos dijeran “no invites a tal persona” o si viene fulano “no le preguntes tal cosa”, hubo total libertad para trabajar. En el cable yo sé de restricciones políticas en el noticiero, en mi programa no las tuve porque era una producción propia. También uno ve en algunas noticias “operaciones” del poder político con total claridad.

6) No tiene que contribuir al conflicto sino en situaciones de conflicto se pone más en evidencia la necesidad de ser cautelosos y responsables. Uno con las informaciones agrega “combustible a las llamas” y eso puede perturbar la paz de la comunidad. Que pasa si decís públicamente que una empresa anda mal porque es de interés público, por ejemplo el frigorífico “Rafaela Alimentos”, tenés que informar, estás creando una situación de zozobra al empleado que es muy grave. La necesidad de competir y por ejercer la vocación de informar no mide esa repercusión, ahí creo que hay que ser muy responsables. Otro tema es el de los suicidios, desde que está (Edgardo) De Luca en la Subdirección de Castellanos no se publican; yo siempre los publiqué, pero reconozco que me equivoqué y este cambio estuvo bien.

7) El principal aporte es tratar de ser lo más veraces posibles, completos e informados para informar de la mejor manera al receptor de la noticia. Hay situaciones en las que el periodismo puede ejercer una labor de contención y de impulso. Después de la debacle económica hace un par de años, dar algunos mensajes cuando la cosa empezó a cambiar y de que eso se está notando es también un aporte a la construcción de una sociedad mejor, le estás dando la posibilidad a gente que está muy golpeada que hay algo que está yendo mejor. Tampoco sirve ocultar lo malo debajo de la alfombra, desde ya que nunca lo haría, cuando hay que criticar hay que ser todo lo duro que el hecho lo permita, conductas que son lesivas al interés de la gente. Hay que decir la verdad con fundamentos, ahí se terminan las hipocresías. Lo vivimos con el caso de Atlético que fue bastante emblemático; había que contar lo que había pasado, donde hubo un mal manejo con documentación que lo probaba, gente que había advertido que se estaba yendo por un mal camino y no le hicieron caso; nosotros informamos tratando de documentarnos de la mayor manera posible, conseguimos los balances, algunas notas muy reservadas que habían enviado algunos empleados y personal jerárquico a los dirigentes, se nos acercaron fuentes que nos dieron información, uno pudo contrarrestar esa hipocresía de gente que quería tapar todo para que esto quede en la nada, pero estoy diciendo la verdad con los papeles y se termina cualquier tipo de discusión. En la Municipalidad de Rafaela pasa lo mismo cuando hay que denunciar algo o revelar alguna cosa que no está bien, hay que apelar a la documentación que es información pública. Con eso se termina la hipocresía y tratando de recurrir a los testimonios de los protagonistas, que hable la gente y a veces no quiere hacerlo; “off de record” te cuentan muchas cosas pero con el grabador encendido son pocos los que se animan a hablar.

  • Entrevista a Julio Iribas

Tiene 36 años. Trabajó en LT 28 Radio Rafaela, FM Universidad 97,3, en Multicable y en Santa Fe en Radio Nacional y en una FM. Actualmente, conduce el programa “Malas lenguas” por radio Uno FM 104,7, de lunes a viernes de 9 a 12.

1) Sí enfrenta restricciones, es indudable y son presiones soslayadas, casi nunca son frontales. A tal comentario que se hace al aire o tal nota periodística, llamadas o contactos tratan eliminar la noticia que sale al aire. Ejemplos hay un montón, queda claro que algunos políticos, la Justicia o empresas, cuando salta el tema se generan contactos, te llega la voz de una parte interesada, pretendiendo que el tema no se hable; llamaron a la radio o me hablaron personalmente no como un apriete tradicional de dos o tres personas que te amenazan sino que son mucho más sutiles, de buena manera te dicen “por qué tratás este tema así”. En el programa (actual) tenemos una postura de muchísima libertad, diciendo al aire todo lo que tengamos que decir. Llamadas pretendiéndose reunirse fuera del aire para charlar de determinado punto, algunas habrán sido con buenas intenciones y en otras estoy seguro que no, con la tentativa de que “esto hay que calmarlo, hay que diluirlo, no es tan así”. Entonces se les propone salir al aire y te responden: “yo al aire no quiero salir”. Es un caso inédito que en este radio hay libertad total y no tiene ninguna traba, porque casi todos los medios tienen “trabas” políticas o económicas. Decimos lo que pensamos e incluso muchas veces pensamos distinto los seis integrantes del equipo, cada uno piensa y opina lo que quiere sobre un determinado tema y se discute al aire; esto me parece sano, sin la intención de encontrar un punto último que eche luz sobre la cuestión, la discusión en sí echa luz o nos permite aproximarnos a la realidad, la discusión o los puntos de vista distintos permiten contextualizar un tema.

2) Presiones económicas no hemos tenido, los clientes que hay en el programa la tienen clara y no nos rompen con eso, porque saben que nos reiríamos al aire, nos burlaríamos de ellos si harían eso. Sé que les pasó a varios colegas, es común. Ha pasado en alguna oportunidad hablar de algo, se intentó algún contacto y la respuesta fue: “si vos nos venís sacando mano”. Las presiones son de índole política con una postura ideológica ante distintos temas: “por qué opinás de esta manera, mirá que hay otra posición”. Cuando salta un tema lo interesante es escuchar a las dos partes, pero eso no nos inhibe a comernos ese “garrón” hipócrita de “escuchamos a las dos campanas”, pero tenemos posturas tomadas cuando manifestamos al aire en un montón de temas. Es un programa de opinión con todo lo que conlleva la discusión, gente que te “rebanca” con lo que decís y otros opinan distinto y les resulta fastidioso.

3) Sí se ve restringida, en lo particular ahora no. Es un slogan del programa “no tengo nada que ganar”, no estamos especulando con decir o no decir algo para cobrar un mango más porque no tenemos nada que perder. Tenemos la información y la manejamos de acuerdo a nuestra óptica, que trata de ser medianamente elaborada, informarnos sobre un tema. En otros momentos de mi vida tuve esas presiones, por ejemplo, en Radio Nacional Santa Fe con un paro agropecuario a través de un “tractorazo” en la provincia de Córdoba, yo estaba de redactor y lector de las noticias, y el director me dijo: “ese tipo de noticias vamos a evitarla”; yo me reía de estas presiones, a los dos minutos la volvía a leer. Cuando son temas menores se pueden considerar pavadas, ahora si la estructura del medio es así deja de ser una pavada, con un tema muy grueso y cercano podés tener la misma presión, en algo muy espeso que la ciudad se tiene que informar se trata de ocultar. Cuando una persona tiene compromisos serios y empiezan a presionarla por la plata se encuentra entre la espada y la pared. No hay excusas, si quiere hacer periodismo y se deja presionar tiene que dedicarse a otra cosa; puedo entender que alguien tenga 5 hijos y si dice tal cosa le sacan la pauta publicitaria, pero no puede dedicarse a esto. La sociedad está llena de hipocresías, si los medios empiezan a buscar eufemismos nunca vamos a construir nada distinto. Ahora en Rafaela hay muchas radios y cuando no había tantas…, por eso esta proliferación de radios (se habla de unas 30) me parece bueno que se escuchen muchas voces, el tema es que no haya monopolio en los medios ni concentración de poder.

4) No, transmite la óptica de lo que él ve, es subjetivo, el hecho ocurre de manera fáctica, lo que hacen los seres humanos es interpretar las cosas que ocurren y después se reinterpreta la interpretación. Hay que tratar de encontrar la fuente más cercana al hecho, algunas veces es fácil en otras no, a veces el hecho se reconstruye con un montón de elementos cercanos y con deducciones. Sí se puede bregar por el acercamiento a la verdad o descubrir en vez de encubrir, es un proceso complicado y llegar a la verdad es casi imposible. Lo único que se puede lograr es tomar partido por un lado o por el otro, tratar de discernir qué es lo que está bien y lo que está mal no en términos morales.

5) Los dueños de los medios son los que más deberían contribuir a la democratización, el periodismo espontáneamente trata de contribuir pero en un montón de oportunidades no le resulta tan simple porque las presiones económicas repercuten muchas veces en el dueño del medio y éste a lo mejor sí tiene muchas cosas que perder, una determinada facturación, el sustento de su gente y empieza a estudiar: “esto me va a complicar política o económicamente con alguna empresa que a lo mejor pone una pauta muy grande o con tal institución que también me apoya”. Me parece que son los medios los que tienen que “bancársela”, no es casual que los medios “amarillos” que tratan de “lavarse las manos” tengan más publicidad o más rating que canales jugados como Telefé y América. El compromiso genera disidencia, choques y enfrentamientos. Al mismo tiempo, el sector económico también se tiene que comprometer: “apoyo a lo que considero que aporta para mi comunidad”, no al que tapa tirando mugre a un canal.

6) La responsabilidad de formarse académicamente o fuera de la academia, no creo que la única formación sea académica, esta aporta algunos elementos para que alguien pueda buscar más herramientas. La discusión no pasa por ahí sino por la sed de justicia no como un superhéroe de decir al aire sino transmitir a la población hechos que pasan y se puede sacar el manto de ocultamiento que tienen muchos temas. Además tiene la función de entretener. Un medio radial es complejo, hay que informar, desmenuzar y analizar la información para poder aportar algo más al oyente, y el concepto de entretenimiento. Se puede bromear y tocar seriamente un montón de temas que hacen a nuestra vida como ciudadanos; por ejemplo lo que implica la discusión de la deuda externa con los tenedores privados de bonos, que es un tema crucial para el país, y por primera vez hay una postura firme de defender intereses de nuestra patria, al mismo tiempo hay otros que alegando que hacen un programa informativo están hablando de pavadas. Además decirle al oyente que te escucha quién sos, cómo vivís, si te empiezan a presionar decirlo, evitar cualquier tipo de hipocresías en los medios, que en Rafaela está plagado. Llego a esta postura ideológica después de haber trabajado en varios medios, en algunos casos era un pibe, ver cuáles eran las presiones y empezar a discernir, haber visto cuál es la vuelta que buscan los dueños de medios para ir tapando o presionando.

7) Contextualizar históricamente lo que está viviendo el país, tener una mirada crítica de las cosas, no ser sumiso del poder, el poder no está instalado en la Municipalidad, estoy hablando del establishment que está en un montón de lugares, el poder hace las cosas bien y a veces las hace muy mal, el que es poderoso tiene más elementos para tratar de tapar lo que hace mal. El medio tiene un compromiso por ese lado, tiene una responsabilidad con la sociedad, un medio no es lo mismo que estar fabricando un mueble, hacer esto es digno pero no hay ningún compromiso ideológico. En un medio puedo hablar de cualquier cosa mientras se está cayendo el mundo a pedazos o mientras estamos reconstruyendo la Argentina yo me fijo haber quien me tira una pauta más grande, como se manejan algunos medios de acuerdo a la cantidad de publicidad que le dan, al partido político que le la publicidad le hace cinco notas y a otros le hace una. En la radio dijimos que en la campaña política todos tienen 10 minutos gratis y si alguno quiere hacer una campaña publicitaria la hace con un “spot”. Los partidos políticos avalan esto, dan por hecho de que si pautan tienen 10 frases publicitarias y tres notas; hay cuestionamientos, hay gente que lo entiende: eso habla de que es inteligente y otros que se embolan.

  • Entrevista a Silvana “Chany” Fontanetto

Tiene 32 años, hizo radio en AM (LT 28 Radio Rafaela) y en FM (Fantasía 96,5, Horizonte 99,5, Turquesa 105,1, Colón 101,7), fue corresponsal del diario El Matutino de Santa Fe en Rafaela, realizó televisión en Buenos Aires (Teleser y Winner producciones). Ahora trabaja en Cablevisión, la revista de Ben Hur y el diario “El hispano” de Carolina del Norte (Estados Unidos).

1) El periodista en general enfrenta restricciones, algunas son de índole personal: “esto no debo y no puedo decir” a veces hasta por cuestiones de no herir susceptibilidades familiares, sobre todo en una ciudad pequeña como Rafaela, y después hay siempre presiones de los medios desde adentro pero motivadas desde afuera.

2) Son de índole políticas y he tenido de todos los colores; de tipo económicas no las he sufrido porque no vendo publicidad, generalmente manejo yo los espacios. Presiones políticas tuve por comentarios que han llamado y hablaron con el gerente, el poder de turno local en varias oportunidades y me han llamado al orden desde la gerencia y también en la FM, en todos lados, quien te diga lo contrario miente. El único caso de levantamiento de programa que yo viví fue el de (Carlos) Beceyro por la presión que ejerció (diario) La Opinión sobre la obra de teatro “Lisystrata”, vinieron a hablar al canal (con los antiguos propietarios del cable), yo colaboraba con él. Para Beceyro y (Nelo) Larrué, el socio, fue un golpe muy duro el hecho que te levanten el programa de un día para el otro al tener tantos años en periodismo. Lo llamaron y le dijeron que “no convenía más para la pantalla, fue así”.

3) Sí pienso que sí, uno tiene que ser lo más inteligente posible porque los medios no son de los periodistas sino generalmente de gente que sabe poco de esto, es más fácil burlar ciertos mecanismos. Por ejemplo, si hay alguien prohibido podés hacer una nota a alguien del entorno o hacer hablar del tema sin hacer mención de aquel. Hay que tratar de encontrarle la vuelta, pero cuando la política es demasiado estricta no te podés hacer el “b.”, tratar de manejar lo mejor posible, masticar y tragar para adentro, tratar de tragarte la menor cantidad de “sapos” posibles porque saben muy poco de medios y es muy raro que te pongan una prohibición total. Las prohibiciones son de nombres y de temas que duran como los casamientos modernos: algunas semanas; lo he vivido en la Turquesa cuando estaba el conflicto del frigorífico Rafaela Alimentos, ya que los Williner son amigos personales de Los Lagrutta. Un día me mandaron a decir que “terminara con el frigorífico o…”, en este caso no tenía que ver con la publicidad. En Rafaela se mueven las presiones políticas y económicas, y las amistades.

4) Se comunica la verdad personal del periodista, no creo que exista la verdad. Siempre trata de aproximarse y cuando hay algo prohibido le encontrás la vuelta para tratar de tocarlo y como no estás nunca trabajando en un solo medio, en alguno “te sacás las ganas”. Por eso es la importancia de tener varios trabajos, uno tiene que tener diversidad porque depende de los arreglos que tenga cada medio con los poderes político y económico, sobre lo que podés y no podés decir, pero uno entra a trabajar sabiendo que existe eso. No es que uno sea inocente y dice: “no conozco, ¿tendrán posicionamientos ideológicos o políticas económicas?”, todos los tienen, por más que muchos lo suavicen y digan: “no, yo nunca…”, es mentira. Hasta el diario más chico recibe presiones y hay encolumnamientos a favor o en contra. En contra es más fácil porque te dicen sobre “esto no se puede”, pero a favor nunca me lo banqué, que te digan “hablá bien de esto”, que también existe, eso jamás, lo podés manejar de otra manera. Es más nunca me dijeron “tenés que hacer esto a favor”, que en muchos lados existe.

5) Creo que se democratiza siempre que haya discusión y una tribuna abierta, pero las caras se repiten demasiado, parece que hay protagonistas repetidos y únicos, muchas veces se cae en el simplismo de buscar a la persona que conocemos o al referente del conflicto que tenemos a mano, conocemos el número de teléfono y sabemos dónde vive. La pluralidad, que hace al entorno del conflicto, por una cuestión de tiempo queda olvidada o queda sin cubrir como debiera hacerse.

6) El periodismo se tiene que contentar con comunicar, nosotros estudiamos para comunicar, tratar de hacerlo de la manera más objetiva e inteligentemente posibles, sorteando los inconvenientes gerenciales que en determinado momento se presentan en cada medio, mantener la política de querer comunicar y así se van arreglando todas las cosas que tenés alrededor; es una línea de continuidad lo que te marca en el transcurso de tu vida, a veces más presionado por el medio y otras veces menos.

7) No creo en el periodismo denunciador, tampoco creo que la función sea un periodismo fiscalizador. En un determinado momento fue necesario eso, pero cuando seamos un país en serio no lo vamos a necesitar. Más allá de las ambiciones personales y hasta del estrellato que tenga cada uno, te lo dicen en la universidad durante toda la carrera: la función nuestra es únicamente comunicar, tratar de hacerlo sin valores agregados con objetividad, en búsqueda de la verdad, tratando de ampliar el juego para que estén todos los protagonistas adentro. Dentro de la sociedad trasparentar el camino de la comunicación, tratar de hacerlo accesible a todos para que tengan la misma oportunidad. En el plano social yo participo como ser humano en la comisión vecinal porque como ciudadana tengo una responsabilidad de participar activamente y como periodista trabajo, trato de ser objetiva. No hay que confundir las cosas: no somos “superman” somos comunicadores, no podemos hacer todo y tampoco vamos a traer la revolución al país.

  • Entrevista a Rubén Armando

Tiene 53 años y 23 ejerciendo el periodismo. Trabajó en diario Castellanos durante 17 años (1980-1997) y luego en diario La Opinión (de 1997 hasta el presente), en radios lo hizo en AM LT28 Radio Rafaela y en FM Colón y Horizonte (actualmente); también en el periódico “La verdad de Ceres” y en revistas ligadas al deporte.

1) Convivo con esas limitaciones, si bien no son órdenes que se imparten desde las empresas editoras o de quien tenés de secretario de Redacción, uno percibe que hay ciertas situaciones donde no se debe ahondar en determinados temas o bien tocarlos muy “light”. En todos estos años nadie me dijo “esa nota no la tenés que hacer”, pero sí me han deslizado cuando uno fue a hacer una hasta dónde se puede avanzar con el tema.

2) Las mayores presiones son de orden económico, no las justifico pero las llego a entender porque los periodistas vivimos de un sueldo y la empresa tiene que recaudar. El mercado publicitario en las ciudades no es muy grande y las empresas tratan de cuidar a sus proveedores y a veces uno se puede sentir condicionado. Nunca me lo dijeron pero si lo hubiesen dicho no sé si me hubiese quedado en ese medio de comunicación, en todo caso que no me den la nota.

3) En mi caso no, de uno a diez siempre tuve la posibilidad de decir siete. Por suerte, hasta ahora nadie me ha cambiado el texto que he escrito y tampoco lo hubiese permitido.

4) No dice toda la verdad sino parcialmente, en mi caso sin distorsionar busco frases que digan prácticamente lo mismo o que den a entender que algo está ocurriendo porque de otra forma puedo llegar a complicar la situación. Hay que conocer el medio, si estoy trabajando en una radio donde la dirección es afín a determinado organismo de la ciudad sería muy torpe que en mi espacio despotrique abiertamente contra… porque puedo durar dos o tres programas más. No es lo mismo que a ciertas situaciones marcarlas para que la audiencia interprete qué es lo que se está diciendo y cómo está la situación sin necesidad de ser tan explícito. Yo no veo a periodistas ni a medios independientes porque todos están detrás del dinero del sponsor; otra cosa es tener mucho (dinero) y decir “al programa lo hago, me lo banco yo y no tengo que pedirle nada a nadie”. Como ejemplo si alguien tiene algo contra el Municipio y lo dice, alguien del Municipio va a “tocar” a otros de tus sponsors y esa colaboración al mes siguiente no la vas a tener más por decantación hacia donde vos apuntaste.

5) Debería, pero no lo tengo asumido de que ocurra en Rafaela. Se trata de líneas editoriales que responden siempre al factor económico o a veces al factor político de quedar bien con determinadas personas, “so pena” de recibir a lo mejor alguna gratificación que no tiene que ver con lo económico. Se reciben ciertas dádivas a través de regalos implícitos.

6) No faltar a la verdad y hacer un trabajo social hacia todos los sectores. Hay que apoyar a todos por igual, que se brinde a todos el mismo espacio y no por cuestiones políticas y económicas a unos más y a otros menos. No hay que mentir a la gente, cuando tenemos a alguien enfrente que está en nuestra “vereda” de 1 a 10 ponemos 11, cuando no pensamos igual de esa nota se pone 6 o 7.

7) Tratar de ser honesto en todo. El mercado del periodismo en Rafaela no es tan abierto como el de Buenos Aires, en esta ciudad estoy trabajando en un micro y tengo muy poco margen para desplazarme si no me gusta la situación para ir a otra radio, cuando en Buenos Aires el mercado es mayor. Acá se está muy condicionado y el periodista no tiene que traicionar sus propias convicciones. Muchas las deja de lado en un 5 o 10% por situaciones…, pero no hay que quebrarse y si no dedicarse a otro tipo de cosas. Nunca tuve que informar mal o mentirle a la gente.

  • Entrevista a Vicente Ceballos

Tiene 71 años, ingresó en diario Castellanos en 1961, se desempeñó como redactor hasta llegar a ocupar el cargo de director y en 1984 se retiró. Después durante 13 años integró el equipo de prensa del bloque radical del Senado de la provincia de Santa Fe.

1) El periodista que quiere manejarse con un criterio equilibrado enfrenta situaciones de duda o se plantea el interrogante acerca cómo enfocar una determinada noticia, hacerlo o no si en esa evaluación está implícita algún tipo de temor de cómo puede ser recibida si la tratás de acuerdo a tu pensamiento. Si vas a trabajar a una empresa periodística y sabés cuál es la línea editorial que sigue esa publicación hay reglas de juego bien claras con determinadas posturas económica o política, y si no les interesa la opinión adversa te vas a tener que encuadrar en las generales de la ley.

2) No tuve. Una tiene que ver la relación del medio con la sociedad. Los periodistas vivimos como la sociedad que no permitían amplitud de criterios en las evaluaciones porque estábamos en regímenes de fuerza. La experiencia de los golpes militares dejaron un trasfondo en la sociedad y en el caso de los periodistas fue muy marcado, creando un tipo de cultura acomodada a esa situación particular del país. De manera que ese es un condicionante, incluso la autocensura mas que la censura, la autoimposición de no tratar determinadas temáticas porque corría el riesgo de sufrir algún tipo de problema como le pasó a tu padre (por Emilio J. Grande, quien estuvo preso 16 días en 1979). En las comunidades pequeñas como la nuestra se llevan por imperio de relaciones sociales a condicionarte en algún momento determinado, en función de la importancia que tenga la noticia o el hecho generador del interés periodístico. Los periodistas de los medios están limitados porque la política de la empresa es hacer diferencia. ¿Qué son las empresas periodísticas y cómo deben ser? Tienen una misión fundamental y las leyes básicas las determinan como la libertad de prensa. Debemos darle al ciudadano todos los elementos de juicio para hacer su propia evaluación con criterio y al derecho a acceder a la información, pero hay cuestiones de fondo que no se allanan convenientemente. Entonces los medios dicen “me interesa y esto otro no”, la política editorial la termina estableciendo el gerente general o el presidente de la empresa.

3) El periodista puede actuar de dos maneras. Si puede sortear el escollo de la organización interna de la empresa y publicar lo que él cree que debe comunicar, va a sufrir consecuencias: le pueden hacer una llamada de atención o pueden dejarlo cesante; las cosas se manejan con esos criterios o directamente sabe a priori que no puede publicar eso y se impone la autocensura. En Castellanos no tuvimos ese problema.

4) El periodista tiene que tomar en consideración la proporción de la noticia con todos los datos del hecho y después hacer sus propias consideraciones del caso. Sucede a veces que no se le suministró la información de todos los factores concurrentes y elementos que componen ese hecho. Ocurre que el ciudadano medio toma posición por un lado o por el otro, o hace las consideraciones que estime conveniente hacer a partir de datos que no se ajustan totalmente a la verdad. En Rafaela sabemos que hay una realidad expuesta públicamente y otra subterránea, cuando algún hecho emerge de esta última y cobra realidad pública, el ciudadano más o menos informado hace su propio enfoque porque sabe que detrás de eso están los intereses sumergidos que por algún hecho fortuito han cobrado notoriedad pública.

5) Parto de la base de un principio republicano, todos los ciudadanos son iguales ante la ley con iguales derechos y obligaciones. Entre los derechos está el de difundir sus ideas por la prensa, es el principio de la diversidad, que no se respeta bajo regímenes militares y de supuesta democracia, rige la Constitución, pero en el país eso no ha venido pasando con plena vigencia de las instituciones. Hay que recomponer socialmente al país y tenemos que aceptar la diversidad, el principio del diferente, una cuestión que la sociedad no aborda y los medios periodísticos tampoco se juegan en una dirección concreta. Hay que abrir los canales de comunicación pública a todos los grupos dentro de los limitantes del decoro y de la ética. Hoy como paradigma de lo antiético son los políticos, pero el resto de la sociedad incluso los medios no hacen su propia autocrítica. Dentro de 15 o 20 años no vas a aceptar determinados condicionamientos o sí, te almodarás al orden imperante, agacharás la cabeza porque tiene que comer la familia. El marco necesario para que todos puedan expresarse libremente y podría discrepar con alguno de los otros actores. En la vida democrática se está corriendo el riesgo de que bajo la organización democrática tengamos unas dictaduras encubiertas y esas manifestaciones se van a dar a través de los medios. El poder político presionará para que los medios a determinadas cosas no las traten y las ignoren. Esa sociedad tiene que tener información clara y acceder a toda la información. Los medios periodísticos no exigen los resultados de la gestión municipal en el manejo de los recursos públicos en Rafaela, porque toca intereses sino no se puede entender. Podrías entender determinada política de un medio porque tiene que subsistir, el director dice: “si yo actúo por otra vía se me margina de la publicidad oficial”, pero se paga con dinero del pueblo. El desafío es el siguiente: imponer un medio que refleje con mayor amplitud la mayor diversidad en lo político, económico, social, sin perder avisantes.

6) El periodismo debe ser consecuente con la verdad y honesto con sus propios principios, no tratar de vender la fruta o carne podrida. Todo nos condiciona a la hora de escribir una nota: nuestro agnosticismo o la fe religiosa, nuestra mayor o menor preparación, nuestra inexperiencia o experiencia. En una república organizada el papel del periodista es fundamental a los fines de crear una conciencia colectiva que se enriquezca constantemente a través del intercambio de información, que produce cambios beneficiosos. Muchos prejuicios son frutos de la ignorancia. Lo importante es sostener el derecho de la gente de acceder a la información y la empresa periodística a suministrar toda la información a favor o en contra con equilibrio y mesura.

7) El de informar y hacer conocer su opinión con firma. Si los periodistas se acomodan a los intereses sectoriales, de corporaciones o asociaciones, esto no es una república sino una “republiqueta”, acá mandan los que tienen poder económico y político, y los demás no existen. No creo que ese sea el ideal que persigue la gente. La honestidad intelectual es fundamental y no puede cuestionar conductas morales si el periodista no lo es, si debajo de la mesa recibe un sobre. Conocí a periodistas que estaban en la grilla de cobro en el Estado.

  • Entrevista a Carlos Beceyro

Tiene 69 años. De 1971 a 1997 trabajó en diario Castellanos, llegando a ocupar el cargo de secretario de Redacción; fue corresponsal del diario El Litoral de Santa Fe en Rafaela; en televisión primero en Multicable y actualmente en Cablevisión; en LT 28 Radio Rafaela desde 1970 (año de su creación) hasta la actualidad; y colabora en la revista de Ben Hur. A diferencia de las entrevistas anteriores que se hicieron en forma espontánea con el recurso del grabador, en este caso el entrevistado pidió que le dejara el cuestionario porque tenía que pensar las respuestas. De hecho fueron las más escuetas de todas las entrevistas.

1) El empleado en general, y el periodista, siempre tiene una relación de dependencia –en mayor o menor grado- con los propietarios de los medios de comunicación en que trabaja, tiene restricciones. Esto ocurre en Rafaela o en cualquier otra parte. Esto es así por la ley universal del ejercicio del poder. Prefiero no citar casos concretos de ejemplos de esta situación.

2) Las presiones son tanto económicas como políticas en el eterno juego del ejercicio del poder. Es así desde siempre y, seguramente, para siempre.

3) Evidentemente sí. Las reacciones entre tales situaciones son diversas y van desde rebelarse hasta acatar, citando ambos extremos.

4) El ser humano –y se supone que los periodistas lo son- matiza sus opiniones con subjetividades. Es muy difícil, quizás imposible, llegar a la verdad pura y total.

5) Se puede llegar a la mayor contribución para la democratización de la comunicación, respetando las ideas con las que no estamos de acuerdo.

6) Ciertamente, el rol del periodista es importante y, consecuentemente, su responsabilidad social es muy grande. Por este motivo, se impone actuar con honestidad.

7) Enfrentando, críticamente, las injusticias existentes y, al mismo tiempo, defendiendo la justicia.

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