La corrupción es una enfermedad de los argentinos y en otros países

Se trata del editorial del programa “Sábado 100” por radio Sol Rafaela (FM 90,9) que conduce Emilio Grande (h.).- Lamentablemente, en esta tierra bendita en que vivimos tenemos que convivir con uno de los mayores males de esta sociedad: la corrupción que existe en casi todos los ámbitos, especialmente institucionales del Estado en sus tres poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, como así también en las actividades económica y social. En los últimos días se conoció que Amado Boudou se convirtió en el primer vicepresidente argentino en ejercicio en ser procesado por un acto de corrupción. Según la Justicia, aceptó como soborno el 70% de las acciones de la imprenta Ciccone para hacer negocios para sí, y se interesó en los trámites para levantar su quiebra. El juez federal Ariel Lijo lo procesó por los delitos de cohecho pasivo (que implica recibir coimas) y negociaciones incompatibles con su función, delitos que se castigan con una pena de seis años de cárcel como máximo. Según Lijo, Boudou actuó con su socio y amigo José María Núñez Carmona y se valió del contador Alejandro Vandenbroele como su testaferro, según escribió en 333 carillas. Todos quedaron procesados como partícipes del delito de cohecho y negociaciones incompatibles. También fueron procesados los empresarios que ofrecieron el 70% de las acciones de Ciccone Calcográfica como coima para salvar la firma de la quiebra y generar nuevos negocios con el Estado. Nicolás Ciccone fue procesado por cohecho activo y su yerno Guillermo Reinwick como partícipe del delito. Fue procesado el ex jefe de asesores de la AFIP Rafael Resnick Brenner como partícipe por facilitar el plan de pagos para levantar la quiebra de la imprenta. Ciertamente, Argentina no es el único caso de corrupción porque es un mal endémico en distintos países del mundo. En este contexto, el papa Francisco hace unos días denunció que “es difícil mantenerse honesto en política. A veces es como si algunas personas estuvieran fagocitadas por un fenómeno endémico, a diferentes niveles, transversal. El problema de hoy es que la política está desacreditada, devastada por la corrupción, el fenómeno de los sobornos”, expresó en una entrevista con el diario italiano Il Messaggero. Al respecto, Gary Becker, economista laureado de la Universidad de Chicago, afirmó hace unos años que “cuando hay más regulación en cualquier parte del mundo, verás mayor corrupción”. A decir verdad, la corrupción es una enfermedad que será difícil desterrar en la medida en la que haya interesados de ambas partes: el que corrompe y el que es corrompido, es decir el que ofrece coimas y el que las recibe. Todo dinero que se destina a corrupción, nunca llegará a los servicios esenciales del Estado como educación, salud, seguridad, y habrá menores inversiones del sector privado. Y este Gobierno de los Kirchner será más corrupto que el menemismo…

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