La quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano

El arzobispo de Aparecida, monseñor Raymundo Damasceno, habla de los preparativos del evento.

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APARECIDA, martes, 11 abril 2006 (ZENIT.org).- En la segunda parte de esta entrevista concedida a Zenit, el arzobispo de Aparecida, monseñor Raymundo Damasceno Assis, habla de la decisión de Benedicto XVI de escoger este santuario nacional brasileño como sede de la quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe y explica cuál es la contribución que América Latina puede ofrecer a un mundo marcado por el terrorismo. La diócesis de Aparecida (a 170 kilómetros de São Paulo, sudeste del Brasil), una de las más pequeñas del país, en cuanto a territorio, donde se encuentra uno de los mayores santuarios marianos del mundo, consagrado a Nuestra Señora Aparecida, patrona de Brasil, acogerá al Papa en mayo de 2007 para la apertura de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. –Antes de la elección de Brasil como sede de la quinta Conferencia General, se hablaba de otro país de América Latina, ya que Brasil hospedó una edición, la primera, en 1955, en Río de Janeiro. ¿Qué lectura hace de la decisión del Papa de elegir a Brasil? –Monseñor Damasceno: Hago una lectura subjetiva porque, que yo sepa, el Santo Padre no dio ninguna razón para elegir Brasil o Aparecida. Pienso que el Papa Benedicto XVI ciertamente no hará tantos viajes como el Papa Juan Pablo II. Esto parece ser unánime entre quienes siguen la vida de la Iglesia y las actividades del Papa. Siendo así, creo que el Santo Padre, en sus viajes, privilegiará algunos lugares significativos y también eventos significativos. Tenemos ejemplos de esto. Fue a la Jornada Mundial de la Juventud. Opta ahora también por un viaje a Valencia, al Encuentro Mundial de las Familias. Por tanto, irá a España. Creo que el Papa irá a la quinta Conferencia, una vez que se decidió realizarla en Brasil, para inaugurar este evento. Optó por Brasil quizá porque el CELAM cumple sus 50 años y fue creado en Brasil. Veo también, en segundo lugar, que el Santo Padre, al optar por América Latina, tenía en mente un lugar significativo, un lugar referencial para los católicos. Ciertamente pensaba en un santuario mariano, porque generalmente los santuarios son lugares donde las personas van en gran número, miles o millones. Y Aparecida es tal vez el mayor santuario mariano del mundo. Porque tenemos aquí, según las estadísticas del año pasado, 8,3 millones de peregrinos durante 2005. Se habla de que en Lourdes el número de peregrinos gira en torno a los 5 ó 6 millones al año. En Fátima, en torno a los 4 ó 5 millones al año. Por tanto, estamos por encima de Fátima y Lourdes en términos de número de romeros. El mayor número de visitantes sin duda es a Guadalupe, en México, pero sucede que Guadalupe está en una situación especial, o sea, dentro de la Ciudad de México. Por tanto, el visitante de Guadalupe no siempre se caracteriza como verdadero romero, como verdadero peregrino, en el sentido de alguien que se desplaza de su ciudad, de su país para ir al santuario. Probablemente la mayor parte de los que van son fieles de la ciudad que transitan por el santuario y entran a visitar a Nuestra Señora de Guadalupe. Sin minusvalorar la fe del pueblo mexicano y su devoción mariana, pero como santuario de peregrinación, con personas que vienen de lejos, de las cercanías, que vienen a pie, a caballo, en bicicleta, motocicleta, autobús, creo que recibe más visitas romeros Aparecida. Probablemente este año llegaremos a nueve millones de peregrinos de este tipo. Pienso que el Papa tuvo esto en mente. Un evento significativo, un lugar significativo, de referencia nacional, en el caso de Aparecida, conocida como la capital mariana del Brasil, la capital de la fe o la capital religiosa. Creo que el Santo Padre no conoce personalmente Aparecida. Estuvo en Río de Janeiro siendo cardenal, dirigiendo un curso para obispos, yo estuve presente en ese curso, pero no conoce personalmente Aparecida. Veo que fue una elección acertada, incluso después de la visita del secretario general del CELAM, que estuvo aquí en diciembre, y del secretario adjunto, vieron que de hecho el santuario ofrece una estructura, condiciones para la realización de una asamblea, espacio para los trabajos de grupo, ofrece espacio, tal vez uno de los mejores, para las celebraciones litúrgicas, ofrece condiciones de participación a un número grande de fieles, que ciertamente acudirán al santuario, porque esperamos que muchos romeros participen en las celebraciones litúrgicas, ya que es propio del santuario ser visitado por los romeros, de modo que las celebraciones no podrán ser sólo para la asamblea, tienen que ser abiertas al público y ciertamente serán momentos fuertes de evangelización. Y más hoy, con los medios de comunicación de que disponemos para transmitir por radio, televisión e Internet. No hay duda de que América Latina es un continente mariano. Recordemos el papel maternal y virginal de María, que formó y forma parte integrante del contenido de la evangelización y es parte del camino hacia Jesús. María ha ejercido un papel integrador de las etnias y las culturas de América Latina. Pienso que la Virgen Aparecida, por el hecho de ser oscura, ejerce una función integradora muy fuerte en el país. Aquí se encuentran los pobres, negros, blancos, todas las clases sociales se unen en Aparecida. Por tanto es un gran factor de integración. Creo también que, dentro del propio tema de la conferencia, discípulos y misioneros de Jesucristo, María es modelo perfecto de discípulo y misionero. María no sólo generó a Cristo por obra del Espíritu Santo en su seno, sino que lo acogió también por medio de su fe. Fue la que más realizó en su vida la voluntad de Dios. Aquella que no guardó para sí este tesoro que es Cristo, nuestro Salvador, sino que lo dio al mundo. Pienso que el santuario está dentro de ese contexto, también del tema de la conferencia. –En un mundo marcado por el terrorismo, por la polarización entre un Occidente liberal y un Oriente fundamentalista, América Latina, especialmente Brasil, ante la elección hecha por el Papa, ¿sería un ambiente para buscar soluciones, ya que se trata de una tierra amistosa y que es famosa por tener un pueblo amado por la gran mayoría de las naciones? –Monseñor Damasceno: En primer lugar, América Latina tiene que estar muy agradecida a Europa, porque recibió de ella el Evangelio. Nosotros podríamos ofrecer tal vez una vivencia más existencial de la fe. Nuestros deseos como pueblo latinoamericano de felicidad, libertad, paz, fraternidad, que nos hacen soñar y pensar en un mundo nuevo de acuerdo al Evangelio. Pienso que Europa está un poco cansada. Con el bienestar del desarrollo parece que ya no tiene sueños. Y nosotros podemos ofrecer algo en este sentido. Frente al relativismo, al secularismo, tenemos todavía hoy en América Latina una referencia al absoluto que marca nuestra existencia y nuestra historia. Las estadísticas demuestran, a pesar de que crezcan los nuevos movimientos religiosos y un poco el número de los indiferentes, o de los que no están afiliados a ninguna institución religiosa, que la mayoría, el 90% del pueblo latinoamericano, cree en Dios. Por tanto, el pueblo tiene una referencia al absoluto, a Dios creador, que de alguna manera también marca nuestra existencia y nuestra historia. Pienso que esto es importante en una sociedad secularizada, que ya procura borrar toda referencia al absoluto, al ser supremo, a Dios. Tiene además un potencial misionero, que yo creo que todavía no se ha manifestado totalmente. Veo que esto está empezando a fermentar. Hoy América Latina ya tiene muchos misioneros en África, Asia, Europa, Estados Unidos, y tenemos un potencial misionero muy grande para el futuro. Tenemos también un campo muy fértil de vocaciones religiosas, sacerdotales, laicas, que podría ser más trabajado y de ahí podrían salir más misioneros. Entonces el camino de la misión se invertiría. No ya de Europa hacia América sino de América hacia Europa. Le pongo el ejemplo de Aparecida, que es una arquidiócesis muy pequeña, entre las menores de Brasil desde el punto de vista geográfico y territorial. En términos proporcionales, tal vez esté aquí la mayor presencia de sacerdotes. Tenemos 17 parroquias y 104 sacerdotes, contando los religiosos. Estamos bien servidos en ese sentido. Pero el potencial vocacional es muy grande, porque la región del Valle de Paraíba es religiosa, tradicional, histórica, piadosa, de familias en general bien constituidas. Y en principio nosotros no necesitamos sacerdotes para Aparecida. Si yo ordenara un sacerdote por año, no tendría problemas. Se lograría la sustitución, ya sea del sacerdote que se ha ido, del sacerdote que se ha enfermado, o de la posible creación de una parroquia. Pienso en la dimensión misionera de la Iglesia. Tenemos que preparar presbíteros, laicos, para una misión en el interior del país o «ad gentes», en el exterior del país. Por eso, mi seminario tiene hoy una mística misionera. Y tenemos el Seminario Mayor Misionero del Buen Jesús para poder formar misioneros y colaborar con los obispos de Brasil, sobre todo de las regiones más carentes de sacerdotes y también con muchos otros países. En la cuestión de la convivencia pacífica, fraterna, pienso que podemos ofrecer, sobre todo, esa capacidad de tolerancia y de acogida del otro. Los latinoamericanos, los brasileños, tenemos realmente esta capacidad de relacionarnos con el diferente, de ser tolerantes, y eso permite la convivencia fraterna, pacífica. Aunque haya violencia en los grandes centros urbanos, es una violencia que no es fruto de una ideología, sea racial, religiosa, política, sino que es fruto muchas veces de un crimen organizado sobre todo con vistas al lucro, que es justamente hoy el problema de las drogas. Tal vez este fenómeno esté motivado también por la pobreza, por la carencia de medios para la supervivencia y subsistencia. De este modo, esas personas de las periferias pobres se convierten en víctimas de organizaciones criminales. Por último, podemos pensar en una evangelización en la que se equilibran el anuncio del Evangelio, el diálogo, el testimonio y el servicio. Pienso que fuimos beneficiados con muchos dones que podemos y debemos ofrecer a los demás. La Iglesia de Brasil es misionera por vocación y está preparada para la misión.

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