El dolor de un pueblo y la fe de una madre

Se trata de un relato doloroso por un secuestro en Venezuela.

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“Señores secuestradores: Ustedes no se imaginan el daño tan grande que produce un secuestro en una familia, y, por ende, en una sociedad tan hermosa como la de Venezuela. Bajo el nombre de Dios y con el nombre de miles de madres en todo el mundo, les quiero decir: los perdono. No soy nadie en este mundo. Todos somos extranjeros en la Tierra de Dios. Sólo Dios y los representantes de El, perdonan. Pero yo soy el mundo para Bryan, Kevin y Jason, y tengo la suficiente autoridad de perdonarlos. No sé quiénes son y no sé dónde están o en qué trabajan, cómo viven o cuál es su religión, pero sí sé que ustedes tienen padres, hermanos, familia o hijos. Nadie vino a este mundo a través de una roca o del aire. Bajo esta relación familiar que cada uno de ustedes tiene con sus seres queridos, les imploro misericordia. Jesucristo perdonó a quien tanto le hizo daño; si él puede, entonces, nosotros podemos. Les imploro misericordia por Bryan, que como ustedes deben saber es un muchacho excepcional y buen alumno, excelente hermano mayor y un buen hijo. Aparte de todo, se va a graduar dentro de poco con sus amigos del alma. Misericordia por Kevin que nació tristemente con una cruz, que con todo el dinero del mundo no pudimos eliminar la parálisis de su vida, pero con mucho amor, fe a Dios, pudimos compartir su carga y hacerla más liviana. Misericordia por Jason, quien fue un enviado de Dios para ayudarnos con la fuerte labor de Kevin y créanme que sí nos está ayudando muchísimo desde que nació. Misericordia por Miguel, que es un excelente amigo y gran padre de dos hermosas criaturas, luchador día a día. No estoy destruida como muchos lo piensan. No he tomado ningún tipo de calmante. Solo he tomado el calmante de la oración y de la fe. Ahora es que tengo suficiente fuerzas para sacar adelante a esas criaturas que hasta ahora no se preguntan por que fueron arrancadas de nuestras vidas camino a su colegio. No buscamos culpables, no queremos hacer una cadena de búsqueda o de odios; inclusive no queremos saber quienes son ustedes. Yo también en muchísimas ocasiones estuve tentada por la ambición y el placer terrenal. Dios es tan inteligente, que jamás nos imaginamos (ni ustedes ni nosotros) estas cadenas de oraciones y rezos a nivel nacional y mundial que ha surgido; Dios quiere que la humanidad ore bajo un solo fin: misericordia por ustedes, por los muchachos, por nosotros los padres y por el mundo. “Señor, ten misericordia de nosotros y del mundo entero”. Ya ustedes sres. secuestradores conocen a mis hijos: saben que no son “tan” malos… y saben que nacieron para no ser negociados, sino para cumplir una misión: darnos a conocer lo hermoso que es el perdón y la misericordia de Dios. Sres. secuestradores: les agradezco tantas cosas, que algún día lo van a entender. Les agradezco que por fin hayan clavado el “cuchillo” que tenía en el corazón cada vez que mis hijos salían de la casa; les agradezco hacerme conocer las bondades de mis familiares y amigos y de darme cuenta que “la vida no es tan mala, a pesar de estar dentro de nuestros miedos” el conocimiento verdadero de mi religión; tengo el cuchillo del secuestro clavado en mi pecho y todavía puedo rezar! Todos aprendimos de esta experiencia, que por ser mala, no deja de ser experiencia. Si Dios los escogió para finalizar con la misión de esas criaturas, no puedo hacer nada para evitarlo: no soy nadie delante de ustedes ni delante de Dios. Solo les suplico que lo hagan rápido y mientras ellos duermen, les suplico que les den una foto de cualquier santo para que no se sientan solos. Lo único que puedo yo hacer de mi parte es rezarles a sus ángeles para que la subida al cielo, sea rápida y hermosa. Pero si el manto de la misericordia llega a sus corazones, entonces, sí puedo hacer mucho! Devuelvan a esas criaturas a sus casas, para yo así poder terminar la misión que Dios me encomendó desde el primer día que nacieron de mi vientre: hacerles ver nuevamente que a pesar de cualquier tragedia en la vida, a pesar de la parálisis y traumas, todavía vale la pena tener fe y vivir! “ Carta de la Sra. Gladys a los secuestradores de sus hijos, enviada el 22 de Marzo de 2006. Frente al testimonio de esta madre es imposible no reconocer que la postura más adecuada delante de la vida, aún en los momentos más dolorosos, es la de un hombre religioso, de un hombre de fe, que reconoce a Dios presente como origen y destino de la existencia. El dolor que vive nuestro pueblo en estos días, expresa el deseo de felicidad, justicia e infinito que está en el corazón de cada hombre. Este es el punto de partida para la gran tarea educativa que tenemos por delante y es la única esperanza para la reconstrucción de nuestra sociedad.

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Colaboración de Antonio Ferrero de Rafaela

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