Hora de ocuparse del presente

Gerez no sabe, no quiere o no puede dar pistas más firmes para que se aclare su secuestro. Hay preguntas sin respuestas que llevan a dudar de lo que no se debiese dudar.

Por María Herminia Grande

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Decía el ex presidente chileno Ricardo Lagos que de los hechos del pasado debe encargarse la Justicia, y a la política le toca ocuparse de los hechos del presente y del futuro… Tal vez este concepto se encorcete plenamente a la realidad argentina de este 2007. Debiese ser la Justicia, sin otro afán que juzgar lo más justo posible, la que se encargue de ir poniendo en cada anaquel de la biblioteca de la historia argentina las heridas sociales suturadas con el fiel de la balanza. La política debe encargarse de otras heridas, inclusive de las que no están abiertas, y prever con su accionar suturarlas impidiendo su aparición. Las Fuerzas Armadas siguen en la mira social hoy por haber sido responsables de elegir un destino “oscuro y lateral” cuando decidieron ser gobierno por la fuerza en 1976, derrocando a un gobierno instaurado por los votos. A partir de los sucesivos gobiernos democráticos desde 1983 a la fecha, junto con políticas que las enjuiciaron por un lado y las indultaron por el otro; no hubo en paralelo desde la política un accionar para democratizarlas y a su vez dotarlas de un rol protagónico para un Estado moderno. Por eso hoy residen en ellas resentimiento en lugar de recambio e integración. Otro ámbito en el cual la política no incursionó, por lo tanto está en deuda, es en las policías provinciales. En ellas hubo tanta responsabilidad en el pasado como delito en el presente. En las provincias más importantes y tal vez, en las más chicas también, siguen en las conducciones policiales los vicios –palabra acuñada en dictadura y continuada en democracia– que debiesen traducirse llanamente como delito, empañando una institución que no merece ese destino. No se observa desde las más altas conducciones políticas, nacionales o provinciales, la convicción , la decisión y la templanza para encarar la transformación necesaria de estas instituciones. Se sabe y se comprueba que lo que fue en su momento el mayor negocio ilícito de algunos miembros cupulares de estas instituciones: la trata de blancas y el juego, hoy se ve minimizado ante el rédito obtenido por el negocio del narcotráfico y los secuestros extorsivos, a veces seguidos de muerte. Resulta imperioso que la política trabaje para rescatar estas instituciones y a los hombres que dentro de ella la honran, de quienes a modo de coto de caza la cooptan para sus negociados personales. Donde la sociedad toda es la víctima. Todo esto se puso más en evidencia con los casos López y Gerez. Quien escribe estas líneas actuaría con liviandad si imputase a algún sector la autoría de estos secuestros, dado que no dispone de información. El presidente Néstor Kirchner sí lo hizo, lo que no queda claro si es por disponer de información que el resto no posee o por apresuramiento en esclarecer situaciones muy graves, que la aparición con vida de Gerez no disminuyó un ápice el grosor de los temas en cuestión. Su liberación, sí, trajo alivio a toda la comunidad argentina. Lo cierto es que López, a cuatro meses, sigue sin aparecer. Y Gerez no sabe, no quiere o no puede ayudar con pistas más contundentes para que se esclarezca su secuestro. Son muchas las preguntas sin respuestas que llevan a dudar de lo que no se debiese dudar. Hasta el punto tal vez de convertir dos veces en víctima a Gerez, por su secuestro y por las sospechas en torno a su desaparición. Es aquí donde el presidente debe sentir en carne propia el peso de sus decisiones políticas. Hoy más que nunca necesitaría de instituciones consolidadas, independientes entre sí. Advertirá, ojalá así lo sea, que el hegemonismo no reemplaza a la República. Y que hay situaciones en la vida de un pueblo que superan cualquier crecimiento económico. Hoy, con estos hechos del presente, no del pasado, es el Estado actual el que tiene su orden jurídico amenazado. Es la sociedad toda la que debe librar esta batalla por el esclarecimiento de la verdad. No es deseable que una vez más, haciendo gala de su estilo, sean los hombros del presidente los que carguen con este tema. Algunas preguntas que deben tener respuestas contundentes. ¿Quiénes fueron?, ¿Por qué lo hicieron? ¿Hubo algún mensaje a transmitir? ¿Quiénes gozan de impunidad después de veintidós años continuos de democracia? ¿Tiene que ver la política en todo esto? ¿Es un mensaje de la política para la política, o de los delincuentes para la política?

Fuente: diario El Ciudadano, Rosario, 7 de enero de 2007.

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