El conflicto por las papeleras: la actitud del Gobierno alienta nuevos cortes

Los presidentes no hablan entre ellos desde la cumbre del Mercosur en Córdoba, hace cerca de dos meses, cuando Tabaré Vázquez hizo un llamado público a la conciliación de posiciones.

Por Joaquín Morales Solá

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Va a suceder el fin de semana lo que se preveía que sucedería. Si el frío del invierno liberó los puentes con Uruguay y si, encima, no hubo en estos meses ninguna negociación entre los gobiernos, lo más previsible era que los cortes regresaran con el calor de la primavera y el verano. Será así, nomás.

En todo este tiempo, el gobierno argentino no ha respondido a ninguna oferta de negociación de Uruguay y tampoco le dio importancia a la relevante decisión de la papelera española ENCE de relocalizar su fábrica.

Para peor, los progresos hacia un acuerdo se tornan cada vez más difíciles. El presidente Néstor Kirchner fue siempre renuente a enemistarse con sectores sociales movilizados, pero lo será aún más ahora a partir de que lanzó de hecho la campaña por las elecciones presidenciales de octubre del próximo año.

La Argentina camina, así, por un sendero de contradicciones. Por un lado, se aferra a sus planteos jurídicos ante los tribunales de La Haya y, por el otro, perpetra la violación del derecho internacional (y, en este caso, también de la ley argentina) cuando permite los cortes de puentes binacionales. En resumen, el Gobierno ni negocia con Uruguay ni enfrenta a los asambleístas que cortan los puentes. Y ya se sabe que el solo decurso del tiempo nunca solucionó nada.

Ya hubo dos llamados de atención a la Argentina por los cortes de los puentes en el verano último: uno vino del tribunal de La Haya y otro del tribunal del Mercosur.


A pesar de todo, nada es más urgente ahora que una reanudación del diálogo entre ambos gobiernos. Las papeleras serán siempre un motivo de tensión entre Uruguay y la Argentina si no mediara un acuerdo entre sus gobiernos. Los cortes y la sublevación del literal no cesarán si las fábricas se levantaran sin acuerdo y el resentimiento uruguayo será muy largo si las papeleras decidieran no instalarse en Uruguay.

Fue suficiente la sola resolución de ENCE de relocalizar su planta en Uruguay para reavivar un clima nacionalista contra la Argentina en Fray Bentos, donde se proyectaba levantar esa fábrica. Entre los pobladores de la ciudad argentina de Gualeguaychú no se desvaneció, a su vez, el ambiente de rencor contra Uruguay. Mientras crece la necesidad de encapsular esos sentimientos sólo en esas ciudades, antes de que se expanda al resto de las sociedades, ambos gobiernos han congelado de hecho el diálogo.

Los presidentes no hablan entre ellos desde la cumbre del Mercosur en Córdoba, hace cerca de dos meses, cuando Tabaré Vázquez hizo un llamado público a la conciliación de posiciones. “Los Fernández”, como los llama la jerga política al jefe de Gabinete argentino, Alberto Fernández, y al secretario general de la Presidencia uruguaya, Gonzalo Fernández, amigos desde que cursaban la universidad, tampoco han vuelto a hablar en los últimos tiempos.

El gobierno uruguayo ha manifestado en tiempos recientes su vocación para reanudar la negociación. Pero el gobierno argentino se ha limitado sólo a ponderar públicamente que la decisión de ENCE de relocalizar su planta le daba la razón a sus planteos iniciales. Ese triunfalismo argentino podría convertir a las papeleras en una bandera nacionalista de la sociedad uruguaya. El caso de las papeleras influye mucho más en la sociedad uruguaya que en la argentina, salvo en la ribera de Gualeguaychú.

La administración de Néstor Kirchner sabía, al menos desde junio último, que ENCE estaba decidida a relocalizar su planta de Fray Bentos. La información la tuvo de primera mano: el nuevo presidente de la empresa se lo dijo personalmente al jefe de Gabinete argentino durante la visita oficial de Kirchner a Madrid. La propiedad de ENCE cambió de manos y modificó también su estructura dirigencial.

El nuevo presidente de la compañía estaba muy crítico de la decisión de Botnia de localizar su planta a apenas siete kilómetros de donde proyectaba levantar ENCE la suya. La empresa contaba con una autorización del gobierno uruguayo previa a la de Botnia, pero la española no había comenzado aún ninguna obra de importancia en el lugar. En cambio, están muy avanzadas las obras civiles de la finlandesa Botnia.

Aquella decisión de Ence podría haber dado lugar a un acuerdo entre argentinos y uruguayos, que incluyera la relocalización de la papelera española como un éxito de la negociación. Sin embargo, el gobierno argentino prefirió mantenerse distante, frío y callado. Al final, ENCE debió hacer pública una decisión solitaria ante la necesidad de resolver problemas con su personal.


La secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti, señaló tras la decisión de ENCE: “Ahora iremos por Botnia”. Sus palabras fueron consideradas una entonces una “agresión” en Montevideo. “Si ésa es la posición del gobierno argentino, entonces Kirchner no quiere un triunfo sino la humillación de los uruguayos. Elegiremos morir de pie”, dramatizó un alto funcionario de Vázquez.

El caso podría tomar un nuevo impulso positivo luego de la decisión de Ence, si se estimara en Buenos Aires que el foco del conflicto ha disminuido y que sólo hace falta acordar las necesarias garantías medioambientales por la fábrica de Botnia. Al revés, el caso podría ser más grave aún si el gobierno argentino se propusiera sólo erradicar a Botnia de Uruguay, como anticipó Picolotti.

Las seguridades de ENCE de que permanecerá en Uruguay, aunque en otro lugar, no son consideras definitivas aún en Montevideo hasta que no se conozca cuál será el sitio elegido para levantar la fábrica. “El eventual retiro de estas inversiones, las más importantes que recibió Uruguay en su historia, significaría tensión y frialdad con la Argentina durante muchas décadas”, señalaron funcionarios uruguayos.

Es difícil de establecer si el silencio y la distancia del gobierno argentino se deben a falta de tiempo o a una estrategia. Podría tratarse de un plan del Presidente para señalar que su decisión de ir a La Haya es lo único que está dispuesto a hacer, aún cuando lo aguarde la derrota. Pero también es cierto que carece de tiempo material para recibir a muchos funcionarios y para anticiparse a los problemas, entreverado como está en pobres grescas internas.

Por Joaquín Morales Solá

Fuente: diario La Nación, Buenos Aries, 12 de octubre de 2006.

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