Baglietto

Viendo por televisión a Baglietto tocar junto a Lito Vitale en el Festival de Cosquín pensaba ¡cómo pasa el tiempo! A pesar de ello, aunque mejor quizás, en virtud de ello, el arte permanece intacto e imperecedero…

Por Adán Costa (Santa Fe)

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Por Adán Costa

….Evidentemente algo que está flotando en el ambiente, un inesperado correo enviado por mi adolescente hija, por referir a alguna de las diferentes causas, hace que emerjan cosas desde mi creatividad y de mi originalidad. Recién tocaron timbre en casa. Era uno de esos timbrazos múltiples y simultáneos que se hacen frecuentemente en los edificios de departamentos, donde se ofrecen servicios varios. En el caso de hoy, era el señor “afilador”. Acerqué mi oído al portero eléctrico, permanecí en silencio y comencé, por el lapso de unos brevísimos segundos, a escuchar las respuestas que, casi a coro, cada uno de mis vecinos le respondían a ese humilde servidor. Por el tono de sus respuestas en sus voces, sé a ciencia cierta, a partir de esa casi aparente nimiedad, muchísimo más de mis vecinos, que charlando con ellos en una aburrida reunión de consorcio. Un hombre que aprende a conocer a sus vecinos conoce muchísimo de la sociedad en la que vive. Otro ejemplo. Anoche viendo por televisión a Baglietto tocar junto a Lito Vitale en el Festival de Cosquín…pensaba… ¡cómo pasa el tiempo! A pesar de ello, aunque mejor quizás, en virtud de ello, el arte permanece intacto e imperecedero…Por ese impulso y por obra de otros que por el momento deseo que permanezcan en silencio, descubrí algunos rastros en internet referentes a aquellos épicos años de fines de la dictadura militar. Eran años pioneros e iniciáticos los “ochentas”, en los que afloraban tanto el rock como las esperanzas de libertad, cuando yo era aún más adolescente de lo que soy hoy. En tales cometidos me topé con una edición digital de una incunable revista “El Porteño”. En ese entonces, desde luego yo era demasiado joven como para leerla, pero que supe de ella en las referencias de otras revistas más acá en el tiempo, de idéntica impronta, y a las cuales desde luego compraba, leyéndolas con mucho gusto. Estas revistas se encuentran residiendo allí en mi biblioteca de hoy, junto con los libros que tanto quiero, como los de Nietzsche, los de Saer, el de Rulfo o los de Shakespeare, que atesoro para quienes vengan tras de mí en la posteridad. Es este y no otros, el placer de compartir estas cosas, tan pequeñas como sorprendentes. Precisamente creo que éstas son las cosas que conforman ese río de Heráclito que nos fluye en la sangre y que todos llamamos vida.

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