Terrorismo de Estado: “Se rompió el pacto del 83 que indultó a las AAA”

Autor de López Regay Galimberti, libros en los que desnudó la lógica violenta de los años 70, Marcelo Larraquy dice que es hora de que el PJ condene a la Triple A que mató a tantos peronistas.

Por Carolina Arenes

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Hace poco más de tres años, cuando preparaba la biografía López Rega , Marcelo Larraquy comprendió que los testigos y protagonistas que entrevistaba en busca de información lo veían como algo exótico: investigar al Brujo y a la Triple A parecía entonces una apuesta perdida. “El tema ya había sido muy bien novelizado por Tomás Eloy Martínez -dice Larraquy, en diálogo con LA NACION-, pero a mí me interesó cubrirlo de información. En el momento en que escribí el libro, los crímenes de la Triple A estaban prescriptos. Ahora no.”

No era su primera aproximación al tema: antes, en 2000, había publicado, en coautoría con Roberto Caballero, Galimberti, una implacable reconstrucción del peronismo a través de una de sus figuras más increíbles. Luego, en 2006, vendría Fuimos soldados (Aguilar), la reconstrucción de la contraofensiva montonera durante los últimos años de la dictadura. Un conjunto de libros que ayudan a entender el enfrentamiento de los años setenta, el drama ideológico, la lógica de la violencia política.

-Su biografía de López Rega busca que se lo deje de presentar como a un loquito suelto y a Isabel como a una pobre tonta, para mostrar hasta qué punto encarnaron la política oficial del peronismo: “eliminar” a la izquierda del movimiento. ¿Hay documentos de Estado que prueben esto?

-En términos de reconstrucción histórica, el peronismo orgánico lo presentó a López Rega como un “nefasto criminal” pero se le negó la funcionalidad política, de la que hizo uso para enfrentar a los grupos de izquierda del peronismo. Es decir, López Rega fue funcional a una idea muy clara del PJ: la noción del enemigo. Un enemigo que compartían, que había ganado la calle, e intentaban disputarle el control del Movimiento. Fue una alianza política, que Perón avaló al colocar a López Rega en el Estado. Tanto López Rega como el PJ querían que Isabel Perón fuera vicepresidenta, frente a la eventual muerte de Perón, para aferrar el poder del Estado. Y tanto el PJ -que tenía el predominio del aparato sindical más que el aparato político- como López Rega querían eliminar a los “infiltrados” de izquierda, porque ya después de la matanza de Ezeiza en junio de 1973 no había margen de negociación política.

Otra muestra de esa alianza política entre el PJ y López Rega es que los jefes de la Juventud Peronista República Argentina (JPRA), que López Rega armó desde el Ministerio de Bienestar Social, pasaron a formar parte de la estructuras orgánicas del Partido Justicialista, como rama juvenil. O el dinero que López Rega entregaba desde el Ministerio de Bienestar Social a la CGT. Y además está el documento reservado del propio PJ del 1º de octubre de 1973, que se declara en “estado de guerra”, llama a atacar al enemigo en todos los frentes e insta a conformar un servicio de inteligencia en esa lucha y utilizar el Estado contra los “infiltrados marxistas del Movimiento”. Lo que dice el PJ en ese documento es lo que termina haciendo la Triple A. La Triple A es la expresión brutal de un peronismo asediado ideológicamente.

Yo jamás encontré un documento en el que el Partido Justicialista, a nivel orgánico, condenara una acción de la AAA. Y creo que es momento de hacerlo porque la AAA ha perseguido y matado a muchos peronistas.

-Más allá de los documentos, ¿hasta dónde llega la responsabilidad de Perón, y la de Isabel, según los relatos que usted recogió para sus investigaciones?

-En el caso de Perón, las responsabilidades son políticas. Perón tiene un discurso muy duro contra la izquierda, un discurso de amenaza, de escarmiento, de castigo, que luego, las filas del peronismo, en respeto a esa verticalidad, toman muy en serio. En las reuniones que hacía Perón en Olivos, donde se baja su discurso político, y que luego publicaba la revista Las Bases , participaban muchos dirigentes y grupos que hoy están denunciados en el expediente como integrantes de la AAA. También, el hecho de colocar como jefe de policía al comisario Alberto Villar, sindicado como una de las cabezas de la Triple A. En el caso de Isabel, le cabe haber conducido un Estado desde donde se engendró el terrorismo, como indica el juez Oyarbide en su resolución de declarar delitos de lesa humanidad, y por ende imprescriptibles, a esos crímenes y desapariciones.

-Usted escribió que el mismo Perón decía que el partido tenía que tener un órgano institucional para hablar con el gobierno que fuese y una banda armada, ilegal, para apretar por izquierda, para realizar acciones de insurrección contra el Estado y el poder. ¿Esto es deducción personal o consta en algún lado que Perón planteaba este doble juego desde el poder?

-Está escrito en el tomo dos del libro de su correspondencia. Pero, cuando Perón lo escribe, está pensando la resistencia a la Revolución Libertadora. Dividir al peronismo en dos fuerzas: una institucional, que negocie, y otra, clandestina, que realice acciones ilegales, en forma insurreccional, para presionar sobre el poder político. Pero el problema es que esta concepción también se aplicó en su tercer gobierno, cuando las fuerzas legales del Estado se convirtieron en ilegales para reprimir a sus opositores del mismo Movimiento.

-¿Cree que la investigación que involucra a encumbrados dirigentes justicialistas por la desaparición de personas antes del derrocamiento de María Estela Martínez de Perón contará con el visto bueno del peronismo?

-No lo sé. Pero un Estado no puede tener “cuevas” de bandas ilegales. Durante el peronismo hubo alrededor de seiscientos desaparecidos. Siempre me pregunté si no merecían justicia. Si los responsables institucionales de esas desapariciones no merecían ser enjuiciados. Creo que es un tema que se ocultó durante muchas décadas, incluso en el Nunca Más , que no le dio relevancia histórica y no los investigó. El Nunca más admite que hay 600 secuestros “antes del golpe militar pero es a partir de ese día que son privadas ilegítimamente de su libertad decenas de miles de personas”. Creo que esa frontera del 24 de marzo como inicio del terrorismo de Estado hoy está mucho más diluida. Lo que hoy se rompió, o caducó, es el pacto político de la democracia del 83 de no investigar los crímenes de la AAA ni las desapariciones en el gobierno constitucional. Fue una manera de “indultar” de hecho a la AAA.

-Joaquín Morales Solá escribió en estos días que la posibilidad de que esta investigación llevara la línea de responsabilidades hasta Perón le hizo dar un respingo a Duhalde y al mismo Kirchner, a quien tal vez no le preocuparía tanto que sí alcanzara a Isabel. ¿Cómo cree usted que afecta al gobierno la reaparición de este pasado tenebroso?

  • Buena parte de los compañeros de militancia de Kirchner en los setenta fueron muertos por la AAA. La Triple A fue muy fuerte en La Plata. No creo que el tema le resulte indiferente, ni que paralice una investigación judicial sobre la Triple A o sobre Isabel. La reacción de aquellos dirigentes que compusieron el Partido Justicialista de esa época puede ser diferente, pero no creo que altere la alianza con Kirchner.

Por Carolina Arenes

Fuente: suplemento Enfoques, diario La Nación, Buenos Aires, 14 de enero de 2007.

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