Se extiende la economía de comunión, que impulsa los Focolares

“En absoluto es utópica”, constata el cardenal Ennio Antonelli, arzobispo de Florencia.

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VAL D’ARNO, lunes, 6 noviembre 2006 (ZENIT.org).- Ya está en marcha el Foco empresarial italiano Lionello Bonfanti, «laboratorio de una nueva economía», pues es expresión de la Economía de Comunión que promueve el Movimiento eclesial de los Focolares.

La Economía de Comunión es un proyecto que cuenta con 15 años de vida. Lanzado en Brasil en 1991 por Chiara Lubich -fundadora de los Focolares-, tiene como objetivo contribuir a sanar la creciente diferencia entre ricos y pobres, recuerda un comunicado del Movimiento.

Precedido de una semana de eventos, el Foco empresarial italiano de empresas de Economía de Comunión -inaugurado el 28 de octubre, es el primero de este tipo en Europa- se sitúa en la localidad de Burchio, en Incisa in Val d’Arno (Florencia), en las cercanías de Loppiano, la ciudadela internacional del Movimiento de los Focolares.

Inicialmente reunirá quince empresas italianas de varios sectores: textil, artesanal, estructural y alimentario, además de los despachos profesionales de asesoría fiscal y administrativa, servicios de seguros, informática, consultoría y formación empresarial.

En definitiva, se configura como un punto de convergencia, lugar de intercambio de ideas y proyectos, oferta de servicios para las más de 200 empresas italianas que se adhieren al proyecto de Economía de Comunión.

«Esta tarde participamos en un evento importante de una minoría creativa», constató el arzobispo de Florencia al intervenir en la inauguración de este primer Foco europeo de empresas de Economía de Comunión.

El purpurado puso de manifiesto las raíces de la misma: el amor del Evangelio, un amor que «no se refiere sólo a los individuos, ni es limosna o voluntariado, sino que se refiere a la cultura, las estructuras y los dinamismos de la sociedad. Es el criterio de transformación del mundo» como afirma el Concilio.

Y definió la idea de la Economía de Comunión «en absoluto utópica», aunque «ciertamente exige grandes energías espirituales –cita un comunicado del movimiento eclesial-, grandes motivaciones; es tan fascinante que puede contagiar a muchas otras empresas».

«En toda sociedad, para avanzar, tenemos necesidad de ejemplos», dijo el primer ministro italiano, Romano Prodi, quien intervino por sorpresa en la ceremonia inaugural.

Añadió su agradecimiento por esta realización, por el esfuerzo de ser transparentes en los balances, por el respeto de la ley, y por el libre compartir de utilidades para activar una red de solidaridad.

«La finalidad de estas empresas –apuntó por su parte Cecilia Manzo, presidente de la «EdC spa» que administra y promueve este Foco- suscita la coparticipación de los empleados en la administración empresarial».

En un mensaje de Chiara Lubich se recoge su deseo de que este Foco sea «una respuesta concreta a los problemas económicos de hoy».

La fundadora de los Focolares le ha dado además un lema: «Dios actúa siempre», grabado en una placa que fue descubierta el día de la inauguración. «Es para recordarnos del valor que Dios da al trabajo, al ingenio creativo del hombre», precisa.

Hasta ahora son siete los Focos empresariales de este tipo en el mundo, en varias fases de realización: el primero y más desarrollado surgió en Brasil, en los alrededores de la ciudadela de los Focolares de Vargem Paulista (San Pablo).

Por una sociedad sin pobres: éste es el sueño que anima el proyecto de Economía de Comunión que lanzó Lubich en 1991.

Tal proyecto involucra actualmente a más de 700 empresas activas en el mercado, en distintos países, experiencia de la que son visibilidad los Focos empresariales que van naciendo en algunas ciudadelas de los Focolares.

El Foco italiano lleva el nombre de «Lionello Bonfanti», magistrado, quien estuvo entre los primeros artífices de Loppiano, la primera ciudadela internacional de los Focolares nacida hace más de cuatro décadas (Zenit, 29 octubre 2004).

En la Economía de Comunión se involucran empresas de los cinco continentes. Los propietarios de empresas que libremente se adhieren al proyecto deciden poner en comunión las utilidades de las mismas en función de tres objetivos y con análoga atención: ayudar a las personas que se encuentran en dificultades, creando nuevos puestos de trabajo y atendiendo las necesidades primarias; difundir la cultura del dar y del amor; desarrollar la empresa que, si bien está abierta a la donación, no tiene que dejar de ser eficiente.

Más información en www.focolare.org y www.loppiano.it.

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