Las personas que lavan autos

La muerte de Silvia Suppo ha reabierto la discusión sobre el tema de las personas que lavan autos. Lo primero que debe señalarse que dicha actividad no es la causa de los problemas de inseguridad que vive la ciudad de Rafaela.

Por Carlos Borgna

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La muerte de Silvia Suppo ha reabierto la discusión sobre el tema de las personas que lavan autos. Lo primero que debe señalarse que dicha actividad no es la causa de los problemas de inseguridad que vive la ciudad. Está claro que el entretejido productivo y la riqueza que genera Rafaela no logra articularse en propuestas inclusivas, de una mayor equidad social, de las cuales, los lavacoches son una de sus consecuencias, una de sus manifestaciones visibles.

Esto no es un definición secundaria, sino que adquiere una dimensión mayor para establecer las estrategias a seguir, pues debe existir la decisión política de abordarla sin los prejuicios y las descalificaciones que son muy características de una gran parte de la sociedad rafaelina: “los negros”, “sino les pagás te arruinan el auto”, “los que vienen de afuera”, entre las más escuchadas.

La necesidad de avanzar sobre el tema no es, ni debe ser únicamente, una responsabilidad del Municipio, sino que desde los distintos poderes del Estado y del sector privado, se sintetice una política que tenga el consenso del conjunto; pues sino, todos los esfuerzos serán precarios, temporarios, resistidos, sin niveles de articulación.

Quienes lavan autos –en su gran mayoría- lo hacen para su sustento personal o familiar, por lo tanto este es el primer criterio que se debe tener en cuenta, para no presuponer que la solución a priori es “correrlos” de las plazas y de los boulevares. Sólo trasladaríamos la geografía del problema.

Debe existir una articulación entre los distintos poderes del Estado local (Municipio, Concejo, Justicia) con los organismos de prevención o seguridad del gobierno de la Provincia , pues la complejidad de la situación amerita un abordaje integral y no parcializado.

Por ejemplo, legalmente un menor de 14 años no debe trabajar; ahora bien, encontramos menores lavando autos, pidiendo en las esquinas o en casas de familia, o haciendo algunas de estas dos tareas en compañía de un mayor, generalmente un familiar directo. Por lo tanto la Justicia , con el Municipio, debe establecer y sostener claramente este criterio y dar los jueces precisiones concretas de como actuar, a todo organismo con competencia, en cada caso; pero teniendo presente que en esa familia, en cada hogar, está existiendo un problema que merece una atención y un seguimiento en particular. No es lo mismo una mamá que sale a trabajar limpiando una casa y sus 4 o 5 chicos quedan solos durante gran parte del día, a otra familia donde existan antecedentes de drogas, delitos, o violencia familiar.

Allí debe estar el Estado, allí debe aparecer la política, no se soluciona de fondo el tema con represión.

Hay que sostener equipos profesionales desde el municipio y la provincia –con sus instituciones específicas- de manera permanente, dedicados full time a esta estrategia de abordaje; Y el conjunto de la sociedad rafaelina y sus instituciones representativas deben tener en claro que parte de los impuestos que pagan se volcará a esta tarea.

Otro criterio básico es si frente a los adultos que lavan autos la propuesta reporta a “tenerlos controlados” o, por el contrario, organizar el trabajo y comenzar a sentar las bases para que esas personas vayan integrándose paulatinamente al sistema productivo.

Es de vital importancia esta disyuntiva, pues se analizan proyectos que buscan “registrar” con identificaciones y vestimenta a los lavacoches. Ahora bien, esto por sí solo lo único que lograría –en los hechos- es “saber quienes son” y sus antecedentes penales, y de lo que se trata es buscar soluciones de fondo, paulatinamente –ya que no se puede hacer todo al mismo tiempo- pero con un objetivo claro y concreto.

No existe una única propuesta en este sentido, ni las que se formulen son antagónicas.

Hay que ayudar a que los lavacoches se organicen –puede ser por el sistema cooperativo u otro alternativo- apoyarlos social y técnicamente; en donde: a- se garantice que terminen la escuela primaria o secundaria, b- se fijen reglas claras para el funcionamiento de los mismos en toda la ciudad, c–sean –en se marco – personas con nombres y apellidos, donde ninguno pueda estar al margen del sistema – “por la libre” – y fundamentalmente d- tengan la posibilidad de aprender – paralelamente un oficio, o la “cooperativa” se plantee ampliar su cobertura y se proponga otro tipo de actividades: desmalezamiento, limpieza de instituciones, albañilería, etc.

La organización establece derechos, obligaciones, límites y responsabilidades hacia dentro y fuera de la misma, generando los consensos indispensables, posibilitando ámbitos de discusión y resolución de problemas.

Es decir, para que esto pueda ser posible, se necesita del acompañamiento del conjunto de los poderes del Estado y de la sociedad, en donde seguramente habrá avances y retrocesos, cuestiones que corregir, pero con la “seguridad” que se está trabajando en la dirección correcta.

Otra alternativa que debe manejarse – para aquellos que opten por dejar el trabajo en la calle- es la posibilidad de generar un sistema de pasantías rentadas, con la constitución de un fondo especial con aportes estatales, pero fundamentalmente privados que implique capacitar en oficios a estos jóvenes y adultos, darles herramientas educativas y técnicas para que estén en condiciones de insertarse a mediano plazo en el mundo laboral.

Innumerables empresarios, comerciantes y profesionales de nuestra ciudad, realizan donaciones que en la gran mayoría de los casos se dirigen a la compra de alimentos o insumos varios. Sin dejar de reconocer las necesidades que existen, es tiempo que rediscutamos prioridades como así también la magnitud y direccionalidad de estas acciones, sin olvidar que desde el Municipio debe plantearse claramente el apoyo a las instituciones que vienen trabajando denodadamente, y desde hace años inclusive, con minoridad en riesgo social o con jóvenes en situación de calle, droga o delito.

Debemos también asumir que este no es una situación nueva. Forma parte de un proceso ya desde hace más de dos décadas, en donde “esa calle” se ha ido convirtiendo en un escenario y un modo de vida, de valores y contravalores para centenares de pibes rafaelinos.

Otro elemento a tener en cuenta es que “no se parte de cero”; hay relevamientos que pueden aportar datos para precisar aún más las iniciativas, existen experiencias realizadas, trabajos que actualmente se están implementado, personal calificado, programas laborales puestos en marcha, instituciones específicas para la multiplicidad de problemáticas que la temática social involucra, que deben, definitivamente eso sí, integrarse en una estrategia global, con recursos y estructuras acordes al desafío, y en donde comencemos a discutir seriamente y no pensando en el rédito político inmediato, en la mentalidad discriminatoria de muchos rafaelinos (que votan) o en las elecciones del 2.011.

                                                       CARLOS BORGNA

PD. Escribo esto con el absoluto convencimiento de que Silvia hubiese querido que el tema se aborde desde esta perspectiva, y dejando en claro, que en lo personal, considero que falta mucho camino por recorrer para conocer toda la verdad sobre su muerte.

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