“La realidad virtual es un riesgo para el ser humano”, dice Ian Boyd

Reflexiones de un especialista en Chesterton

Por Alberto Armendáriz

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NUEVA YORK.– Como en las décadas del 30 y del 40, cada vez son más los intelectuales que revalorizan la figura y la obra del escritor británico Gilbert Keith Chesterton (1874-1936). El padre Ian Boyd, presidente del Instituto Chestertoniano para la Fe y la Cultura, de la Universidad de Seton Hall, en Nueva Jersey, se basa en las ideas del gran autor católico para afirmar que el problema más grave de la actualidad es la falta de imaginación y que la realidad virtual es un riesgo para los seres humanos. Boyd participa desde hoy hasta el sábado de la Primera Conferencia Iberoamericana sobre Chesterton, organizada por la Sociedad Chestertoniana Argentina y patrocinada por el cardenal Jorge Bergoglio, en el Auditorio Santa Cecilia de la Universidad Católica Argentina, en Buenos Aires.

Autor de “Ortodoxia” (1908) y de las entrañables novelas policiales del padre Brown y uno de los escritores católicos que más influyeron en los fieles del siglo pasado, Chesterton sostenía que el consumismo tiene el poder de desintegrar los vínculos comunitarios, base de nuestra sociedad. No estaba errado: hoy sufrimos los efectos de un consumismo que se ha instalado tanto en el centro del capitalismo mundial, Estados Unidos, como en los supuestos paraísos comunistas de China, Vietnam y Cuba. Boyd, nacido en Blaine Lake, Canadá, hace 69 años, se crió en lo que Chesterton describiría como una comunidad utópica, un pequeño pueblo en el que todos se conocen, son dueños de tierras o de algún negocio y tienen una profesión. Desde muy joven, Boyd tomó contacto con los libros de Chesterton, ya que su padre era fanático del escritor. Tras estudiar literatura inglesa -primero en la Universidad de Saskatchewan y luego en Toronto y en Escocia-, se ordenó en la Congregación de San Basilio, inspirado por su hermano mayor. Durante años profesor en el Saint Thomas More College de la Universidad de Saskatchewan, Boyd es hoy reconocido mundialmente como una autoridad en Chesterton. Poco antes de partir hacia Buenos Aires, el presbítero -que visita por primera vez la Argentina- conversó con LA NACION acerca del estado de la fe, la cultura y la razón en el mundo actual, y sobre las ideas de Chesterton, cuyos libros fueron admirados y emulados por autores tan disímiles como W. H. Auden, Paul Claudel, Agatha Christie, Ernest Hemingway, Graham Greene, Gabriel García Márquez y nuestro Jorge Luis Borges. -Chesterton escribió mucho sobre la crisis cultural de su tiempo, a principios del siglo XX. ¿Cree que estamos mejor o peor hoy? -La crisis cultural tiene que ver con la pérdida del sentido de lo sagrado y con una suerte de fealdad espiritual y maldad que ya se percibía en tiempos de Chesterton. Hoy ha empeorado. Es lo que Chesterton llama la pérdida de limitaciones religiosas fuertes, de la memoria cultural y del miedo a Dios. Los síntomas de esto los veíamos entonces y más ahora en las grandes ciudades, extendidas y sin forma, en la falta de una amplia y justa distribución de la propiedad y en la pérdida de la dignidad humana, del valor de los símbolos y los rituales y de la sanidad esencial de las comunidades pequeñas. Chesterton vio estas cosas en su tiempo y mucha gente pensó que exageraba, pero hoy vemos cómo sus profecías se han cumplido. Creo que los libros, las obras teatrales y los poemas de Chesterton son enormemente importantes todavía hoy. Contienen una sabiduría atemporal sobre los seres humanos, el mundo, un mundo creado por Dios, y los a veces terribles submundos creados por los hombres. -¿Cuáles son los tres problemas más graves de la crisis que vivimos?

-Creo que el primero es la falta de imaginación. Hay que ser capaces de imaginar un mundo mejor, si se quiere construirlo. Y hay algo en el anonimato de la sociedad de masas que lo hace más difícil: la gente se siente como parte de un engranaje, de una maquinaria en la que no hay salida. El segundo tiene que ver con la degradación de la cultura, que también viene de la pérdida de la comunidad. Si una sociedad es esencialmente sana culturalmente, es más fácil llevar una vida buena humana. El envenenamiento de la atmósfera moral de la sociedad ha debilitado a la gente. No es que crea que la gente era más virtuosa antes, pero sí creo que la cultura era más sana. Tercero, creo que hay una suerte de aislacionismo moral que ha hecho más difícil que la gente esté en contacto. Cada persona vive en un universo propio y, como diría T. S. Eliot, el resto de la gente no es más que proyecciones, así que cada uno termina inventando su propio mundo. -¿Qué propondría para luchar contra estas tendencias? Parecería que las grandes ciudades no son, para usted, un buen lugar para vivir? -No; si las ciudades son ciudades con barrios, donde existe una comunidad concreta, se puede llevar una buena vida. Lo que es muy peligroso es la realidad virtual. Chesterton utiliza el pueblo, la aldea, como paradigma, pero en realidad se refiere a toda comunidad verdadera, humana. -¿Qué piensa de la globalización? -Es algo que me da miedo. Existe el riesgo de que la gente pierda el contacto con la realidad concreta, de que pasemos a vivir en un universo virtual con los medios electrónicos. Es muy difícil entender la verdad de una situación si uno no está allí y sólo la percibe a través de la televisión o Internet.

-¿No cree que los medios electrónicos nos permiten conocer otras realidades? -Pero lo que nos dan no son realidades. En el mejor de los casos, nos transmiten hechos, y en el peor de los casos, mentiras, pero nunca se materializan. Nos dan muchas cosas útiles, pero no son un sustituto para una existencia encarnada, arraigada. Claro: los medios electrónicos no son malos en sí mismos. Si usted pertenece a una comunidad real, estos medios le posibilitan comprender más lo que está pasando en otro lugar del mundo. Pero el riesgo está en que veamos esto como una realidad virtual, en la que no nos importa mucho qué les sucede a esas personas, porque no son más que entidades en una pantalla. -Habló antes de una creciente devaluación de los símbolos y los rituales. ¿No cree que las grandes religiones han contribuido bastante a esa devaluación con todas las cosas terribles hechas en nombre de la fe? -Claro, ése es uno de los problemas fundamentales. La Iglesia está compuesta por hombres pecadores. Chesterton se refería a la posibilidad interna del egoísmo, que es lo que la Iglesia llamaría el pecado original, que es el problema madre. Nosotros mismos somos el problema. Y en la Iglesia, al estar compuesta por humanos, hay personas buenas y malas. Pero la religión correctamente entendida une a la gente. Eso es lo que significa la palabra. El efecto normal de la religión es crear armonía, no lo contrario. Obviamente que se han hecho terribles cosas en nombre de la religión, al igual que en nombre de las utopías seculares de los últimos 200 años. Esos son abusos claros. La religión supone limitaciones, y no una incitación a la violencia y al egoísmo. Es una invitación a amar, no a odiar. Son aquellos que están separados de la religión, o los que crean su propia versión atroz de ella -como un Hitler o un Stalin-, quienes hacen el mayor daño. -Sin embargo, a veces es el dogmatismo exacerbado de los fieles, el aferrarse a ideas propias, lo que lleva a los conflictos entre religiones. -Es verdad. Chesterton siempre mantuvo amistades con gente que desde el punto de vista ideológico era muy diferente de él: George Bernard Shaw, H. G. Wells y otros. Para él, cada punto de vista tenía un valor. Y en ese sentido siempre fue un liberal. Lo que enseña la Iglesia es que otras comunidades religiosas, el islam, el judaísmo, el budismo, representan verdades parciales, de las que todos podemos aprender. Y creo que las personas realmente religiosas son aquellas que llaman a la unidad, que están dispuestas a aprender de las otras religiones. Históricamente, han sido muy pocas las situaciones en las que la religión fue una fuente de fricción, como en el siglo XIV. Tal vez con el terrorismo islámico ahora estemos empezando otra época, aunque no estoy seguro de ello. -¿Cómo deberían reaccionar los verdaderos fieles -y, por qué no, los ateos- ante quienes ponen como excusa la religión para condenar a otros o cometer actos abominables, como son los ataques terroristas? -En la primera historia de Brown, Chesterton describe un momento maravilloso, en el que el Padre desenmascara a un falso sacerdote. Cuando se le pregunta cómo había sabido que no era verdadero, responde que porque había atacado a la razón, y que eso es símbolo de mala teología. Creo que un entendimiento racional, el no hacer una caricatura de otras religiones, nos llevará a una mayor comprensión. Debemos tomarnos tiempo para leer y comprender el contexto histórico de las distintas religiones. En Occidente tenemos la costumbre de pensar que somos lo mejor de la humanidad. Y ahí vemos de vuelta esa falta de imaginación, de imaginar históricamente lo que significa ser un musulmán o un hindú devoto. Chesterton decía que en tiempos de conflicto la gente muestra su peor cara al enemigo. Lo importante es descubrir las otras caras, que se ven en la gente común. -¿Qué cree que es más importante para el hombre moderno, la razón o la religión? -Creo que la fe debe basarse en la razón. El universo es racional. Sería trágico separar el sentido religioso del sentido racional. La prueba está en constatar la religión con lo cotidiano, y no con abstracciones. -¿Cree que tener un presidente como George W. Bush gobernando el país más poderoso del mundo, con una visión religiosa muy firme, es malo para las relaciones internacionales? -Es bueno en sí mismo que un presidente tenga convicciones religiosas firmes. No sé si es bueno o malo para las relaciones internacionales. Pero, ¿qué preferiría? ¿Un hombre indiferente a la religión, u hostil a ella, a cargo de la política exterior? -Chesterton escribió: “En cada país, los ricos son la escoria del mundo”. ¿Cree que en América latina, donde hay contrastes tan grandes entre una minoría rica y una inmensa mayoría pobre, las clases altas son las responsables de lo que sucede? -A Chesterton le gustaba expresar verdades a través de tácticas de asombro. Lo que dijo me recuerda a un comentario de Jonathan Swift, que decía: “Si quieres saber lo que Dios piensa del dinero, debes mirar al tipo de gente a la que se lo da”. Debemos recordar también, sin embargo, que hay otros tipos de pobreza, además de la económica. Desde este punto de vista, el peligro moral de las riquezas es su terrible habilidad para volverlo a uno ciego respecto de los padecimientos o las necesidades de los demás. Chesterton no se oponía al capitalismo. Por lo contrario: veía en la propiedad privada algo tan bueno que debía ser distribuida tanto como fuera posible. Los mercados libres son un componente necesario de la libertad, pero, lamentablemente, los mercados del capitalismo moderno no son libres. El neoliberalismo es el problema, no la solución. Es un viejo enemigo. La Argentina descubrió eso de una manera dura. Pero el neoliberalismo es el enemigo de Estados Unidos, también… -¿Por qué cree que Chesterton influyó tanto en Jorge Luis Borges? -Lo que Borges admiraba en Chesterton era su sabia imaginación. Borges creía que cuando Chesterton confiaba en su imaginación no se equivocaba. Y la crítica de Borges a él se refiere justamente a eso: creía que Chesterton era decepcionante cuando subordinaba su imaginación a una racionalidad más estrecha. Pero tal vez sólo significa que Borges nunca entendió por completo la dimensión religiosa de la obra de Chesterton. Una comprensión más profunda nos ayuda a reconocer que en Chesterton la imaginación es lo que se podría llamar sacramental: era un gran escritor religioso que se refería pocas veces directamente a la religión. Enseñó a sus lectores a descubrir a Dios en la parte de la vida en la que Dios parecería ausente. Borró la diferencia entre lo sagrado y lo profano.

Alberto Armendáriz

Fuente: diario La Nación, Buenos Aires, 21 de setiembre de 2005.

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