La construcción cotidiana de la patria

Homilía pronunciada por el obispo de Rafaela Carlos Franzini en la Iglesia Catedral, durante la solemne celebración de acción de gracias con motivo de la fiesta patria del 9 de Julio. Dice que “no es al ritmo de campañas electorales, de grandes convocatorias populares o de megaproyectos nunca concretados que se construye la grandeza de la Nación”.

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Homilía pronunciada el 9/07/06 por el Obispo de Rafaela, Mons. Carlos María Franzini, en la Iglesia Catedral, durante la Solemne Celebración de Acción de Gracias, con motivo de la fiesta patria. 1ª Ez 2,2-5 Ev.: Mc 6, 1-6

Queridos hermanos:

  1. Ante todo quiero agradecer la presencia de todos ustedes en este día en la Iglesia Catedral. En este gesto reconocemos que ser ciudadanos y creyentes no son realidades que se oponen. Muy por el contrario, la fe -cuando es vivida con madurez- es estímulo e iluminación en la construcción de la patria terrena. Así mismo, quienes comparten nuestra celebración aún sin ser creyentes, manifiestan la respetuosa valoración de la dimensión religiosa en la vida de las personas y de los pueblos.

  2. ¡Qué estrecha es la mirada que cercena al hombre y a los pueblos su dimensión religiosa! ¡Qué mezquina comprensión del corazón humano y que falta de perspectiva histórica! Mis queridos hermanos, no temamos abrir el corazón a Dios y dejarlo entrar en nuestra vida personal, familiar y social. No pretendamos vivir como si Dios no existiera. Tengamos la certeza de que Él es capaz de responder a nuestras más legítimas búsquedas.

  3. Por ello queremos darle gracias en este día. La liturgia de este domingo nos ofrece unos textos bíblicos muy apropiados para ayudarnos a reflexionar sobre la fecha patria que hoy nos convoca. Su Palabra es lámpara que ilumina nuestras vidas y por eso acudimos a ella.

  4. Las lecturas que hemos escuchado hablan de lo cotidiano como el espacio en el que se construye la salvación. Lo cotidiano con toda su carga de aparente monotonía, con el peso de lo real, con sus límites y sus miserias, que nos impiden evadirnos en fantasías o ideales que bloquean o postergan el compromiso concreto aquí y ahora.

  5. Jesús, el hijo del carpintero, no es reconocido como el Profeta esperado, el Mesías del Señor, porque su vida es demasiado ordinaria, limitada, vulnerable… No está rodeado de un halo de luz, de fama o prestigio mediático. De él no hablan las encuestas ni los formadores de opinión. Sencillo trabajador, que viene de un poblado periférico y despreciado, que se rodea de gente común y que vive como todos los demás.

  6. Sin embargo hay en él algo distinto. Su total identificación con la misión recibida del Padre le da una coherencia y una firmeza que no necesita de los aplausos y reconocimientos humanos. Se trata de una fuerza interior que se proyecta y cautiva a los sencillos y desprejuiciados, a los que están dispuestos a recibir algo de los demás, a los que no se sienten satisfechos y seguros de sí mismos. “No hay peor ciego que el que no quiere ver” dice la sabiduría popular. Sus paisanos no lo reconocieron porque esperaban un dios a su medida, según sus proyecciones y preconceptos.

  7. Dios ha elegido un camino desconcertante. La vida cotidiana es el espacio de la salvación: la permanente apertura a Dios, la fidelidad de cada día, el servicio constante a los demás, la entrega discreta y perseverante. Así Dios lleva adelante su obra en la historia, haciéndola historia de salvación. No necesita de hechos prodigiosos ni acude a situaciones extraordinarias.

  8. Iluminados por esta Palabra volvemos ahora nuestra mirada a la fecha patria y advertimos que también ella se construye en lo cotidiano. No es al ritmo de campañas electorales, de grandes convocatorias populares o de megaproyectos nunca concretados que se construye la grandeza de la Nación.

  9. La “nueva política”, la justicia independiente, el crecimiento con equidad, la transparencia en la gestión, el respeto de las instituciones, no deberían ser meras declamaciones sino hechos concretos vividos en las opciones de cada día por todos los ciudadanos, sobretodo por quienes tienen la grave responsabilidad de conducir, en los distintos niveles, los destinos de la Nación.

  10. El espíritu patriótico no se manifiesta en actos formales o en fervores efímeros que se desvanecen por una derrota deportiva. La Patria se construye cotidianamente en el aula y el taller, en la escuela y en el campo, en el hospital y en el templo, en los tribunales y los cuerpos legislativos, en la prensa y en el cuartel. La Patria la construimos todos y cada uno de nosotros: los simples ciudadanos y los dirigentes; quienes hemos recibido mucho y quienes han recibido poco; quienes comparten nuestras ideas y quienes piensan distinto. Todos tenemos algo para darle cada día a nuestra Patria.

  11. Hace 190 años las Provincias Unidas del Río de la Plata manifestaban su voluntad de independencia y autonomía. Sin embargo aquella pretensión sólo sería realidad tras un largo recorrido, quizás aún inconcluso, realizado en el cotidiano compromiso de los habitantes de estas tierras. Que Jesús, el humilde carpintero de Nazareth, nos enseñe y ayude a imitarle en su total disponibilidad a la voluntad del Padre y en la entrega hasta el extremo a los hermanos. Sólo así, renovando cada día esta disposición, estaremos construyendo una Nación auténticamente soberana e independiente.

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