Como un thriller histórico

En Secreto de confesión. Cómo y porqué la Iglesia ocultó el cuerpo de Eva Perón durante catorce años, de Sergio Rubín, publicado por la editorial Vergara, se reconstruye el sinuoso camino del cuerpo embalsamado de la “defensora de los humildes”. Durante casi 3 lustros la ignorancia de lo sucedido con motivo de la desaparición del cuerpo de Evita alimentó el mito de quien representara la mayor canonización popular de la historia argentina.

Por Roberto Bosca (Buenos Aires)

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Por Roberto Bosca.- En Secreto de confesión. Cómo y porqué la Iglesia ocultó el cuerpo de Eva Perón durante catorce años, de Sergio Rubín, publicado recientemente por la editorial Vergara, se reconstruye el sinuoso camino del cuerpo embalsamado de la “defensora de los humildes”.Durante unos cuantos años, concretamente casi tres lustros, la ignorancia de lo sucedido con motivo de la desaparición del cuerpo de Evita alimentó el mito de quien representara la mayor canonización popular de la historia argentina. Aun cuando otras figuras míticas como Carlos Gardel y el “Che” Guevara alcanzarían también rasgos de esa especie en alto grado, carecieron sin embargo de los elementos propios de una religiosidad folklórica tan acentuada como la de la “Jefa Espiritual de la Nación” en el marco de una verdadera religión política. El paradero de su cadáver, un secreto celosamente guardado por las muy contadas personas que lo conocieron –al punto que presumiblemente ni siquiera los montoneros pudieron arrancarlo a Pedro Eugenio Aramburu–, constituyó un absoluto misterio hasta que el presidente Alejandro Lanusse, quien estuvo ligado a su desaparición, resolvió devolverlo a su legítimo tenedor, motivado quizás no tanto por un sentido cristiano de grandeza y reconciliación, sino presumiblemente como parte de una estrategia política dirigida a su permanencia en el poder. Sea como fuere, la fuerza del mito del que la desaparición del cuerpo formaría parte puede comprenderse en el detalle de que ni siquiera los presidentes que se sucedieron durante ese período quisieron menear demasiado este doloroso expediente que quemaba a sus actores como una papa caliente. No era para menos, pues se trataba de un asunto en el que confluían intereses públicos con profundos sentimientos religiosos y donde se cocinaron pasiones humanas que no fueron ajenas al amargo regusto del odio. Si bien algunas circunstancias pudieron irse conociendo sobre esta lamentable historia con el paso del tiempo, ni Lanusse ni ninguno de los demás protagonistas del episodio revelaron demasiado, juramentados en el mayor secreto debido a las virtualidades peculiares y extraordinarias que conformaron el hecho. Se hacía necesaria, pues, una indagación que permitiera conocer la verdad de lo ocurrido, y Sergio Rubín decidió acometerla, inicialmente fundado en un equipo periodístico del diario Clarín, donde atiende la información religiosa, especialmente la referida a la Iglesia católica. Una primera versión fue publicada hace unos años, y ahora sale a la luz una reformulación de aquélla, corregida y aumentada, conformando una nueva obra. La historia de ese proceso, que reúne todos los elementos de una película de suspenso, al estilo del mejor de los truculentos thrillers del cine negro, sirve de base a la investigación periodística para profundizar en algunos de sus costados menos conocidos, como los relacionados con la intervención de miembros de un instituto religioso y en sentido indirecto con la Santa Sede. Uno y otra, según se desprende del relato, impulsados claramente por una motivación netamente religiosa, estuvieron desprovistos de toda injerencia política. Pero religión y política aparecen en el caso una vez más íntimamente imbricadas, de tal modo que tanto la esfera religiosa como el poder secular son entrevistos por el autor con singular objetividad, interactuando en procura de sus propios intereses y al mismo tiempo en la armonía que fluye de la coincidencia de sus respectivos objetivos. Considerado un periodista solvente en información religiosa en el país, Rubín pone al servicio del relato toda su experiencia y oficio y así el resultado no puede ser sino satisfactorio. Una descripción respetuosa, limpia y honesta, por momentos apasionante, y relatada con fluidez y precisión, echa una vívida luz sobre un episodio hasta ahora no sólo sombrío sino marcado por intrigas y silencios, que gracias a una paciente y minuciosa tarea investigadora realizada a lo largo de varios años, tanto en Italia como en la Argentina, ha iluminado una nueva traza de nuestra historia política. El anexo documental y fotográfico enriquece la edición con una acertada selección de sus lugares y protagonistas, que el lector curioso agradece por brindar plasticidad a una historia tan cinematográfica que resulta verosímil conjeturar no tardará en ser llevada al celuloide, con presumible éxito de taquilla, y si se siguen las coordenadas del libro, con una necesaria y atendible razonabilidad, tan relevante en uno de los asuntos más controversiales y dolorosos de nuestro pasado reciente.

Fuente: revista Criterio, Buenos Aires, Nº 2373, agosto 2011.

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