Ahorrar sin perder poder adquisitivo

¿Qué puede hacer el argentino que posee capacidad de ahorro mensual? ¿Descapitalizarse atesorando electrodomésticos y vestimenta, viajar o realizar una planificación financiera consciente que le permita atravesar la crisis inteligentemente? Alternativas hay, siempre las hubo, la diferencia está en que en los momentos de crisis hay que saber aprovecharlos. Las oportunidades no se pierden, siempre hay alguien que aprovecha lo que uno deja pasar.

Por Silvina Cassina (Buenos Aires)

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Es un mito creer que para invertir hay que tener un millón de dólares. Pequeños inversores, con excedentes de 500 pesos mensuales, acceden a las mismas alternativas que los grandes, pero para eso necesitan asesoramiento específico. Fin de año es la época propicia para hacer balances, con la mirada en el pasado y también para proyectar el siguiente año. En el análisis no se puede obviar el contradictorio contexto económico nacional en el que nos encontramos inmersos. Por un lado un presupuesto fiscal 2013 que contempla una inflación del 10,80 % y un dólar oficial de 5,10 pesos; mientras que, por otro la realidad demuestra un aumento promedio ininterrumpido de los precios del 30%, y una devaluación real del peso de un 65% superior al oficial. Asimismo, los plazos fijos dejaron de ser una alternativa rentable hace meses, con tasas de interés que no alcanzan ni a cubrir la mitad de la inflación real. La compra de dólares está restringida, y para acceder a ellos se debe afrontar una sobretasa que no todos están dispuestos a pagar. Los inmuebles muchas veces alcanzan precios inaccesibles, sumado a esto la incertidumbre que acarrean los proyectos de ley que afectarían las locaciones. Paralelamente, nos encontramos bombardeados con promociones comerciales, cuotas sin intereses, planes de pago y un sinfín de alternativas que nos convierten en una sociedad cada vez más consumista. Ante este escenario ¿qué puede hacer el argentino que posee capacidad de ahorro mensual? ¿Descapitalizarse atesorando electrodomésticos y vestimenta, viajar o realizar una planificación financiera consciente que le permita atravesar la crisis inteligentemente? El primer obstáculo a sortear es la desconfianza en el mercado financiero, que en la mayoría de los casos proviene del desconocimiento y la falta de asesoramiento profesional generando malas experiencias en este ámbito. El ejemplo más malicioso de las últimas décadas es el corralito del 2001, donde los más perjudicados fueron los ahorristas auto-asesorados. La figura de un agente especializado, hoy en día es tan importante y necesaria, como lo es la del contador, el abogado, el médico de cabecera y el psicólogo. El pequeño inversor, es como un paciente de la industria financiera, al no tener conocimientos técnicos de síntomas, que con el correr de los años pueden ser letales, no puede tomar decisiones. El cliente desconoce su enfermedad por lo cual no se preocupa por la búsqueda de tratamientos curativos o preventivos. El cliente no tiene planeado financieramente horizontes futuros. Sólo va al médico cuando le duele algo y el profesional le solicita información, análisis y estudios. En función del diagnóstico receta un medicamento, no lo fabrica ni lo vende, sino que detecta el problema y da solución. El asesor financiero cumpliría este rol en la vida del cliente, un médico financiero. Es un mito creer que para invertir hay que tener un millón de dólares en el banco. En el mundo desarrollado en el que vivimos, pequeños inversores, con excedentes de 500 pesos mensuales, acceden a las mismas alternativas que los grandes, pero para eso necesitan asesoramiento específico. Antes de elegir el tipo de ahorro e inversión a practicar, es indispensable diseñar un programa a medida de cada individuo o familia. Analizar el flujo de ingresos y egresos, generar una disciplina de ahorro, u optimizarla para aquellos que si ahorran. Como así también establecer prioridades a alcanzar con lo que genere dicha inversión, tales como, pagar la educación de los hijos, comprar propiedades, complementar la jubilación, mantener el nivel de vida futuro, afrontar imprevistos, entre otros. Lo segundo, es incorporar el concepto de diversificación, tanto en plazos como en instrumentos; es la clave para suavizar los vaivenes de la economía argentina. Existes numerosos vehículos financieros, según el perfil del inversor, el riesgo a tomar y el plazo deseado. Para aquellos que prefieren el dólar, y no están dispuestos a pagar una sobre tasa de más del 60% para acceder a billetes blue, una alternativa es adquirir planes de ahorro diseñados por compañías internacionales, las cuales gestionan y administran los pesos, dolarizando la cartera a un tipo de cambio oficial de referencia, para que la devaluación y la inflación no deterioren su poder adquisitivo. Sumado a esto, una rentabilidad calculada con interés compuesto, o lo que en términos domésticos se conoce como “interés sobre interés”. Son planes flexibles y a medida del cliente, con horizontes de mediano a largo plazo. Las barreras de entrada son bajas, 100 o 150 dólares promedios mensuales, debitados en pesos a 4,79. Otra posibilidad es operar con bancos de inversión, caracterizados por ser compañías especializadas en la gestión de fondos de terceros y carteras administradas, ya sea a través de productos enlatados como Fondos Comunes de Inversión, o a través de servicios específicos según las necesidades individuales de los clientes diseñando “Portafolios de Inversiones a medida”. Las carteras incluyen activos de renta fija y variable, nacionales e internacionales, tales como bonos corporativos y soberanos mayoritariamente nominados en dólares, Bonos Provinciales/Municipales, Dólar Linked, Obligaciones Negociables, Fondos de Money Market del mercado local, Letras y Notas del BCRA (Banco Central de la República Argentina), Fideicomisos Financieros, Cuentas a la vista en diferentes Bancos de plaza local, Cauciones y Pases, Plazos Fijos a tasas mayoristas, entre otros. Las diferentes modalidades de riesgo y beneficio abarcan a todos los perfiles, desde los ultra conservadores hasta los más agresivos, con horizontes temporales de corto y mediano plazo y hasta aquellos que necesitan liquidez inmediata. Por último, a la hora de elegir la institución en la cual se va a invertir, se debe analizar su solvencia y solidez, su trayectoria nacional e internacional, su profesionalismo en la gestión y la transparencia en las decisiones de inversión, si se vio afectada o no en el 2001 por el corralito y la clase y diversidad de activos con los que opera. Con estas breves ideas, lo que se busca es demostrar que hoy no hacer nada es perder dinero. Alternativas hay, siempre las hubo, la diferencia está en que en los momentos de crisis hay que saber aprovecharlos. Las oportunidades no se pierden, siempre hay alguien que aprovecha lo que uno deja pasar.

La autora es Contadora Pública Nacional. Máster en Finanzas Internacionales. Asesora financiera. Es de Rafaela y reside en Buenos Aires. silvina.cassina@loyalty-secured.com

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