“El Código Da Vinci”: una película profana con espíritu comercial

Este filme persigue dos objetivos: desacreditar al cristianismo como verdad revelada y ser un negocio comercial, típicamente de Hollywood. No se cambia el pensamiento de la gente al verla: los creyentes reafirmamos más aún la fe, los ateos seguirán por ese camino y los que tienen dudas e interrogantes profundizarán las mismas.

Por Emilio Grande (h.)

Compartir:

“Un filme puede reflejar honestamente la experiencia auténtica del hombre, pero cuando tiene elementos falaces por motivos ideológicos y económicos es necesario criticarlo porque no ayuda al desarrollo humano”, afirmó el sacerdote canadiense Lloyd Baugh en una entrevista con este cronista en Roma, publicada en el diario La Opinión el 9 de marzo de 1996. El citado es profesor de la Pontificia Universidad Gregoriana y tiene a su cargo tres cátedras: “Introducción a la lectura del cine”, “Introducción al lenguaje televisivo” y “Reflexión teológica sobre cine II: imágenes de Jesús”. Su definición se adapta para se aplicado a la película “El Código Da Vinci” de Ron Howard, que es una adaptación del libro escrito por Dan Brown. La intencionalidad apunta a desautorizar a la Iglesia fundada por Jesús hace más de veinte siglos. Al respecto, Baugh aclara que “un filme con un argumento religioso, por ejemplo la vida de Jesús, quizás no finaliza como religioso, o sea puede ser una típica película comercial-profana con un contenido religioso porque fue hecha con las normas comerciales; en cambio un filme con un argumento profano, que trate sobre la guerra, no tiene un contenido religioso en el sentido estricto”. A decir verdad, se trata de una película netamente profana que rebate las enseñanzas y teología del cristianismo al poner en duda la divinidad de Jesús, que el Hijo de Dios se casó con María Magdalena y tuvo varios hijos, la existencia de otros evangelios como el de la citada y de Felipe (se suman al de Judas que se difundió previo a la última Pascua), la personificación de un “monje” que asesina en nombre de Dios. Seguramente, la intención es poner en duda la existencia de los cuatro evangelios de los cuales los autores Mateo y Juan vivieron con el Mesías (los otros fueron escritos por Marcos y Lucas). Junto a los otros apóstoles fueron sus testigos privilegiados porque fueron elegidos por El (Mt. 4, 18-22), lo han visto y oído (Hech. 4,20) y recibieron la misión de dar testimonio al pueblo (Hech. 10,42). Los relatos sobre la vida de Jesús están argumentados por las citas de los libros en el Antiguo Testamento, que ya profetizaban el nacimiento, la vida pública, la pasión, muerte y resurrección del salvador. Tampoco faltará quien diga –y con razón- de los excesos de violencia que hubo en los tiempos de la Inquisición y de las Cruzadas, pero hay que recordar que en el 2000 durante su pontificado Juan Pablo II pidió perdón por los pecados cometidos a lo largo de la historia de la Iglesia.

Secreto del éxito comercial

Mientras decepcionó a críticos de cine en los Estados Unidos y en Cannes, un despliegue mediático aseguró al estreno de la película “El Código Da Vinci” en todo el mundo. No es común estrenar un filme en 208 salas en la Argentina, 3735 en los Estados Unidos, 910 en Italia y 863 en Japón. El periódico on line Pulso Cristiano recoge opiniones: “Afecta no sólo a católicos, sino también a ortodoxos y protestantes (…) mi vida cristiana tiene que estar centrada en Cristo y no en una corriente anticatólica”, dice Daniel Alonso, que citó Jorge Rouillon en su columna del diario La Nación. Dan Brown utiliza la fuerza que tiene la persona de Jesucristo en la conciencia de millones de personas, incluso más allá de las fronteras de la Iglesia, para aprovecharla en favor de su obra y de su negocio. Construye una novela policíaca, de ficción y con apariencias de investigación histórica. “La tesis central de la novela es decir que el cristianismo es falso porque es creación de unos hombres sin escrúpulos que inventaron sus dogmas fundamentales en el siglo IV para dominar los resortes del imperio. El autor dice contar la verdadera historia de Jesús como un personaje, sin ningún signo ni pretensión de divinidad, muerto como los demás hombres”, sostiene el arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela (España), monseñor Fernando Aguilar, según publicó Zenit. Y agrega: “Niega validez a las fuentes históricas del cristianismo, desconociendo todos los estudios sobre historicidad de los evangelios, el análisis crítico de su texto, la fidelidad en la conservación de los textos originales. Y se la concede a otros escritos mucho más tardíos, de comprobada falta de rigor histórico, afectados por las doctrinas de grupos disidentes y heréticos, y completa el producto incorporando otras afirmaciones truculentas que son puras leyendas medievales y a veces inventos del todo imposibles por graves alteraciones históricas y afirmaciones arbitrarias”. Sin dudas, esta película persigue dos objetivos: desacreditar al cristianismo como verdad revelada y ser un negocio comercial, típicamente de Hollywood: “Es un cine que refleja la cultura norteamericana, tiene como elección hacer dinero, cuenta con un gran sistema de producción y distribución, en la lógica de producir dinero para nunca acabar”, sentencia Baugh. Sin temor a equivocarme, no se cambia el pensamiento de la gente al ver esta película: los creyentes reafirmamos más aún la fe, los ateos seguirán por ese camino y los que tienen dudas e interrogantes profundizarán las mismas.

Emilio Grande (h.)

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

*