«Zazpe no tranzó con la mentira, la injusticia o la corrupción»

Así destacó el obispo Fernández, quien presidió la misa en la Catedral San Rafael. «Fue un pastor generoso en los momentos difíciles que vivió nuestro país y la Iglesia, reclamando libertad y vida», testimonió el sacerdote Troncoso, quien estuvo preso en Santa Fe y La Plata (1976-81), desde hace 30 años en Tandil.

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Los sacerdotes Faustino Torralbo y Raúl Troncoso, y el obispo Luis Fernández en la Catedral de Rafaela (D. Camusso).

Por Emilio Grande (h.).– Con motivo de cumplirse 100 años del nacimiento del primer obispo Vicente Zazpe, anteanoche el actual titular de la diócesis de Rafaela Luis Fernández presidió la misa en la Catedral San Rafael, concelebrada por Raúl Troncoso (primer cura ordenado por Zazpe el 23 de diciembre de 1961) y el español Faustino Torralbo, ambos con 82 años.
«Nos convoca la celebración del centenario del nacimiento del primer obispo de nuestra diócesis de Rafaela, ‘profeta de estos tiempos’, como lo llamó el cardenal Bergoglio, hoy papa Francisco, a Vicente Zazpe». Recordó una de sus tantas reflexiones: » ‘dentro de nosotros llevamos la posibilidad de ser un gran santo o un gran pecador’, y hasta ponía nombres concretos de la historia, algunos que ayudaron a elevar, a edificar la humanidad y otros hombres que solo destruían, aniquilaban toda esperanza. Zazpe fue uno de esos hombres que vivió fielmente lo que agradaba a Dios y hacía bien a la sociedad, prefirió a Cristo y por eso Dios tenía puesto sus ojos en él.
Su vida y sus enseñanzas eran las que había recibido en su familia, en el seminario, en el ejercicio de su ministerio como sacerdote en Buenos Aires y como obispo en Rafaela y Santa Fe, fue un pastor con ‘olor a oveja’, cercano a la gente, preocupado por los más necesitados. Le dolía el dolor del pueblo, no tranzaba con la injusticia, la mentira o la corrupción.
Era un hombre que inspiraba confianza, abierto a saberlo esperar todo de Dios, no de arreglos mezquinos o a escondidas con los dominadores de turno. De gran interioridad lograda en el gozo del silencio de su oración profunda originada en la intimidad con el Señor Jesús, a quien siempre ponía en el centro de sus predicaciones.
Tenía respeto por la dignidad que hay en cada ser humano y construía la cultura del encuentro, no desde intereses personales, ni desde las modas del momento, ni de las ideologías, menos aún con tácticas de poder o para caer bien, sin esperar consensos populistas, o amparándose en ritualismos religiosos enfermizos y fanáticos, sino que se relacionaba, escuchando mucho y con un discernimiento que llevaba a la verdad, fruto de reconocer la importancia de trabajar en grupo, dando participación sin prepotear o imponer, sino gozando de la belleza de poder descubrir la originalidad que aporta cada creatura, imagen de Dios, cuando aún la misma crítica no nace de los celos ni de la envidia, sino que buscan entre todos alcanzar la madurez de la vida, fundamentalmente afrontando la historia como desafío y no como problema, superando así realidades complejas, diversas y plurales que en nuevos tiempos, se empezaban a vivir.
Zazpe fue querido y escuchado, llamado a misiones eclesiales de gran trascendencia, donde la Iglesia en Argentina tenía puesta sus ojos, por decisiones muy importantes, donde se jugaban los recientes pasos dados por el Concilio Vaticano II, pero se jugaba el verdadero ‘sentir de la Iglesia’, que avalaron grandes santos como el papa san Pablo VI, como en la controvertida intervención del actuar, hoy mártir beato Enrique Angelelli (ex obispo de La Rioja).
Cuando muchos callábamos, Zazpe habló con su vida, que supo exponerla, como Cristo en la cruz. Supo descubrir y ayudó a muchos a discernir los signos de los tiempos, a no quedar atrapados en ‘mesianismos antropológicos’ (dijo el cardenal Bergoglio), que deslumbraban a las nacientes juventudes que salían del ostracismo en que vivió la Argentina, una de sus épocas más vergonzantes de la historia con guerrillas armadas y terrorismo de Estado, en dictaduras militares.
Fue conmovedor escuchar la voz apasionada y llena de vida de Zazpe, dirigiéndose a los jóvenes, en las ya reconocidas como ‘las bienaventuranzas de Zazpe’, que en la asamblea de la Acción Católica en la provincia de Tucumán y luego en el año mariano nacional en Mendoza, dejaron una huella imborrable de la Iglesia argentina, cuando el país cruzaba tiempos difíciles, Zazpe proclamó a viva vos que la ‘esperanza’ es la verdadera vida, a la que estamos llamados a vivir en esta patria y en el mundo entero, ella es mucho más que las cultura de la muerte, miedos y angustias que a veces parece o quiere dominar la historia.
Decía Bergoglio que Zazpe se aferró ‘a las bienaventuranzas’, nosotros jóvenes en aquellos tiempos tuvimos la gracia de escuchar y ver a un profeta de estos tiempos, que desde el espíritu de las bienaventuranzas actualizaba y nos orientaba poniéndonos en el ideal, posible y alcanzable para nuestras vidas, que Jesucristo entregó a la Iglesia y a la humanidad en la cima del Monte de las Bienaventuranzas, en la Alta Galilea, frente al lago de Tiberíades, hace dos mil años.
Así las proclamaba Zazpe: ‘Bienaventurados los muchachos y las chicas que hacen de la vida una ofrenda, un deber y una oblación. Bienaventurados los muchachos y las chicas que deciden su futuro orando, consultando y reflexionando. Bienaventurados los muchachos y las chicas que optan por una carrera o un oficio para servir mejor a la comunidad. Bienaventurada la juventud que se enamora de Cristo y quiere proclamar ese amor. Bienaventurada la juventud que sufre cuando la Iglesia y el país padecen y que se alegra cuando la Iglesia y el país triunfan. Bienaventurada la juventud que trabaja por la paz y la que tiene sed y hambre de justicia. Bienaventurada la juventud que es fría o caliente, porque la tibia será vomitada por el Señor’.
Damos gracias a Dios por nuestro primer obispo, por su servicio humilde y sencillo a la Iglesia y al país, por su espiritualidad que ayudó a acercar a tantas mujeres y hombres a Dios. Por su entrega comprometida y su caridad haciendo la voluntad de Dios y el bien a todos los hermanos. Por su apertura a dialogar con las distintas culturas, a servirse de los medios e instrumentos que esta nueva época de la historia ofrecían», finalizando con «¡Viva monseñor Zazpe!», ante el aplauso de los presentes.

Testimonio de Troncoso

Al final de la celebración, Troncoso brindó su testimonio: «lo conocí en el seminario de Santa Fe en 1961, recuerdo el nerviosismo del primer encuentro y pude encontrar un padre comprensivo, alegre y cariñoso, queriendo interiorizarse de la vida, intereses, deseos y proyectos de la cercana vida sacerdotal. Ese mismo año me ordenó sacerdote en esta Iglesia (a los pocos días también Alcides Suppo), hacía pocos meses que se había creado la diócesis de Rafaela y Zazpe era el obispo».
Y agregó: «Utilizó todos los medios a su alcance para ayudarnos a descubrir que el motivo de nuestra consagración era Jesús, visitas permanentes a todas las parroquias y lugares donde ejercíamos el ministerio, interiorizándose por nuestra vida sacerdotal y la de nuestras comunidades.
Don Vicente nos entregaba criterios: recorriendo poblaciones y parajes, celebrando la eucaristía, bautizando, predicando, visitando casas para bendecirlas, dialogando y acompañando a los enfermos, siempre junto a los que necesitaban, nunca depreció a nadie; su opción era clara.
Su corazón misionero abarcaba a todos: impulsó el movimiento rural que fue uno de los medios para evangelizar el campo. Impulsó las misiones al departamento 9 de Julio, la zona más pobre de la Diócesis, el único transporte seguro el tren de trocha angosta y fueron innumerables los parajes y escuelas que visitábamos, y se fueron incorporando personas que viendo las necesidades extremas sintieron la necesidad de misionar.
Fue un pastor generoso en los momentos difíciles que vivió nuestro país y nuestra Iglesia, la presencia de Zazpe reclamando libertad y vida en los lugares donde se decidía el presente y el futuro de muchas personas lo volvió sospechoso de las actitudes como pastor».
Cuando era párroco en Colonia Aldao, Troncoso fue detenido por el gobierno militar, estando preso en Santa Fe y La Plata entre 1976 y 1981, en un contexto doloroso de la reciente historia argentina. “Fundamentalmente la causa fue de tipo ideológica, por lo que pensaba”, expresó a este cronista en una entrevista en La Opinión del 5 de enero de 2011 (https://diariolaopinion.com.ar/contenido/144739/como-sacerdote-los-perdono-pero-no-sustituye-a-la-justicia). Ante la consulta si peligraba su vida, «donde más tuve esa sensación fue en uno de los vuelos en avión, estábamos vendados (los ojos) y hubo alguna ‘caída’ porque el viaje de Santa Fe a Buenos Aires duró más de 7 horas. Después fui al juicio por la verdad en un juzgado de La Plata (en 2010). Como sacerdote los perdono, pero el perdón no sustituye a la justicia». Luego del cautiverio, hace 30 años es párroco en la ciudad de Tandil, pero vuelve todos los años a Rafaela porque vive una de sus hermanas.

Fuente: diario Castellanos, Rafaela, 17 de febrero de 2020.

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