Una interpretación teológico pastoral del tiempo eclesial reciente

Antes de volver a Roma donde es rector del Colegio Sacerdotal Argentino, el cura rafaelino dio una charla en la parroquia de Fátima -donde fue párroco- el 24 de julio pasado.

Por el padre Antonio Grande

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Por el padre Antonio Grande.- Les comparto una reflexión teólogico pastoral del tiempo reciente de la Iglesia, signado por la renuncia del Papa Benedicto XVI el pasado 11 de febrero, y, la elección del Papa Francisco el 13 de marzo y el inicio de su ministerio pastoral como obispo de Roma el 19 de marzo. Mi aporte busca interpretar desde la luz de la fe estos acontecimientos, integrando diversos datos y apreciaciones recogidos en Roma, de numerosos testigos de los hechos, de las entrevistas y los relatos periodísticos, y de algunos actores sociales y religiosos. Dentro de los minutos que dispongo, desarrollo tres temas y luego responderé a las preguntas que uds. me puedan formular: (1) Benedicto XVI coronó su enseñanza luminosa sobre Jesús, guía de su Iglesia para la salvación del mundo, con el gesto de su renuncia; (2) El Espíritu Santo por medio de los cardenales elige a Francisco como obispo de Roma para animar la nueva evangelización del mundo contemporáneo; (3) Francisco lleva su experiencia de la Iglesia en Latinoamérica y el Caribe a toda la Iglesia, para continuar la renovación pastoral impulsada por el Concilio Vaticano II.
(1) Benedicto XVI coronó su enseñanza luminosa sobre Jesús que guía a su Iglesia para la salvación del mundo, con el gesto de su renuncia. Ahora, señalo que la evangelización a los hombres de nuestro tiempo signado por tantos cambios que afectan los valores que animan su cultura, incluso los religiosos, se ha constituido en el tema destacado de la reflexión teológica en estos 50 años desde el inicio del Concilio. La única misión de la Iglesia se diversifica por la situación religiosa ante la fe cristiana. El Vaticano II había distinguido: la acción misionera con los no cristianos, la acción ecuménica con los no católicos y la acción pastoral con los católicos. A los 15 años de ese evento, Pablo VI recogió las propuestas del Sínodo sobre la evangelización de 1974, y el año siguiente procuró dar un nuevo impulso a la evangelización. Nos entregó una síntesis genial que sigue siendo inspiradora del pensamiento y de la acción evangelizadora en nuestros días. Presenta la evangelización como una acción comunicativa por la que la Iglesia, guiada por el Espíritu de Jesús y del Padre, entrega el Evangelio a los hombres mediante su testimonio de vida, el anuncio de la Palabra y la celebración de los sacramentos, convocándoles a participar de la vida del Pueblo de Dios y de su misión prolongada en la historia. Integra la comprensión integradora de los componentes esenciales de la acción evangelizadora y de su proceso o itinerario desarrollado día a día. Juan Pablo II especificó tres situaciones desde el punto de vista de la evangelización a las que la Iglesia debe responder: la misión ad gentes, la actividad misionera hacia las personas, comunidades y pueblos que no conocen a Jesucristo; la actividad pastoral, la actividad que guía a las personas y a las comunidades hacia la madurez en Cristo; la nueva evangelización, la actividad intermedia de reavivar la fe en las comunidades cristianas ya implantadas en Europa y América pero en situación de crisis. Juan Pablo II al dirigir su primera convocatoria a la nueva evangelización de América Latina en 1983/1984, propuso una evangelización nueva en los métodos (o los medios evangelizadores, según EN 40), en el ardor (o el fervor del amor, según EN 80) y en la expresión (del contenido, según EN 25 y 29). El Mensaje de los Sinodales lo retomó: “considerando los cambios sociales, culturales, económicos, políticos y religiosos, nos llaman a algo nuevo: a vivir de un modo renovado nuestra experiencia comunitaria de fe y el anuncio, mediante una evangelización nueva en su ardor, en sus métodos, en sus expresiones” (M2). Más tarde propuso la nueva evangelización para Europa, y para el mundo. Afirmó que “la Evangeli nuntiandi es la carta magna de la nueva evangelización”, y que ella “es la interpretación del magisterio conciliar sobre lo que es la tarea esencial de la Iglesia”.
Además, “En el camino de preparación a la cita del 2000 se incluye la serie de Sínodos iniciada después del Concilio Vaticano II: Sínodos generales y Sínodos continentales, regionales, nacionales y diocesanos. El tema de fondo es el de la evangelización, mejor todavía, el de la nueva evangelización, cuyas bases fueron fijadas por la Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi de Pablo VI, publicada en el año 1975 después de la tercera Asamblea General del Sínodo de los Obispos. Estos Sínodos ya forman parte por sí mismos de la nueva evangelización: nacen de la visión conciliar de la Iglesia” (TMA 21). En continuidad con sus predecesores, en octubre de 2010, Benedicto XVI tomó dos iniciativas para la evangelización del mundo contemporáneo. Por un lado, junto a la histórica Congregación para la evangelización de los pueblos, cuyo nombre señala la misión de la Iglesia a partir del mandato misionero de Jesús (Mt 28,19) y considera de un modo especial la missio ad gentes en pueblos no cristianos, creó el Consejo pontificio para la promoción de la nueva evangelización, para pensar la evangelización de los pueblos cristianos que han recibido la fe pero vacilan su adhesión a Jesucristo. Por otra parte, convocó una nueva Asamblea general ordinaria del Sínodo de los Obispos para 2012 y le asignó el tema de la nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana: Nova evangelizatio ad christianam fidem tradendam. El papa alemán, en las homilías de las misas del Sínodo de los obispos y el inicio del Año de la Fe, sigue expresando la misión de la Iglesia con el término evangelización, como lo había enseñado Pablo VI: “La Iglesia existe para evangelizar” (EN 14), y retoma la nueva evangelización que venía impulsando Juan Pablo II en sus tres aspectos: la missio ad gentes, la actividad pastoral y la nueva evangelización hacia aquellos que están con la fe en crisis. Afirmó “La nueva evangelización concierne a toda la vida de la Iglesia. Ella se refiere, en primer lugar, a la pastoral ordinaria que debe estar animada por el fuego del Espíritu… En segundo lugar, la nueva evangelización está esencialmente conectada con la misión ad gentes. La Iglesia tiene la tarea de evangelizar, de anunciar el Mensaje de salvación a los hombres que aún no conocen a Jesucristo… Un tercer aspecto tiene que ver con las personas bautizadas pero que no viven las exigencias del bautismo. Durante los trabajos sinodales se ha puesto de manifiesto que estas personas se encuentran en todos los continentes, especialmente en los países más secularizados. La Iglesia les dedica una atención particular, para que encuentren nuevamente a Jesucristo…”. Benedicto XVI expresa: “Además de los métodos pastorales tradicionales, siempre válidos, la Iglesia intenta utilizar también métodos nuevos, usando asimismo nuevos lenguajes, apropiados a las diferentes culturas del mundo, proponiendo la verdad de Cristo con una actitud de diálogo y de amistad que tiene como fundamento a Dios que es Amor” . Relaciona la acción del Espíritu Santo animando el Concilio Vaticano II como fuente de inspiración de un renovado estilo de vida eclesial y de su misión evangelizadora, que genera la nueva evangelización como un nuevo impulso espiritual. Expresa la nueva evangelización como “un nuevo encuentro con en el Señor” que permite el “redescubrimiento de la fe”. Esta presentación nos permite abordar el tema de la renuncia de Benedicto XVI. Conviene hacer emerger la preguntó que se hicieron muchas personas en el inicio de estos eventos, al renunciar: “¿Benedicto XVI escapó a su responsabilidad o su renuncia es un gesto magnánimo?” Su gesto es original por el modo consciente y fundamentado de su decisión que desde hace varios siglos no acontecía en nuestra Iglesia. En el libro entrevista Luz del mundo había afirmado: “si el Papa llega a reconocer que física, psiquica y mentalmente no puede ya con los deberes de su ministerio tiene el derecho, y, en ciertas circunstancias, también el deber de renunciar” . Ahora, el texto de su renuncia expresa la grandeza de su espíritu de servicio al Señor y a la Iglesia: “Os he convocado a este Consistorio, no sólo para las tres causas de canonización, sino también para comunicaros una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia. Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando. Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado. Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice. (Benedicto XVI, 11 de febrero 2013). “La renuncia de Benedicto XVI es, como dijo, el cardenal Bergoglio al día siguiente de su dimisión, un acto revolucionario que muestra que Cristo es el único Señor de la Iglesia”. Su renuncia fue un acto de fe confiado, racional y amoroso. Hay que creer mucho en Dios, y querer mucho al Pueblo de Dios para entregar el supremo oficio de amor. “En estas últimas semanas muchos acontecimientos nos han hecho comprender la vitalidad de la Iglesia. La inesperada renuncia al pontificado de Benedicto XVI, que en un primer momento nos ha sorprendido y hecho sufrir a todos, poco a poco llegó a ser una experiencia de purificación de la fe y un animar para amar más a Cristo y a la Iglesia. ¡El Señor visitaba a su pueblo con la luz de un ejemplar testimonio! Una semejante vitalidad y pasión por el Evangelio he podido experimentar en los días del Cónclave. El Colegio Cardenalicio, en un clima cordial y franco, de intensa comunión, sin esconder límites y errores, ha examinado la vida de la la Iglesia en los diversos continentes y los desafíos que se le presentan en este complejo paso de la historia… La oración después se elevó desde Roma y todo el mundo para acompañar la delicada responsabilidad de elegir el sucesor de Benedicto XVI. El Espíritu Santo se ha manifestado en manera sorprendente. El nuevo papa es un testigo lleno de alegría del Señor Jesús, anunciador incansable, fuerte y paciente del Evangelio para infundir confianza y esperanza. Él continuará a guiar la Iglesia, la esposa hermosa del Señor Resucitado, purificándola de las manchas que a veces oscurecen el esplendor de su rostro; hará sentir su cercanía a todos los hombres, para que la Iglesia sea la casa de todos y ninguno experimente la incomodidad de no sentirse bien: los pobres y los últimos se sentirán comprendidos y amados. El nombre del pobrecito de Asís es un fuerte mensaje y anuncia el estilo y la impronta del nuevo pontificado”.

(2) El Espíritu Santo por medio de los cardenales elige a Francisco como obispo de Roma para animar la nueva evangelización del mundo contemporáneo.

Como el evangelizar expresa la misión de toda la Iglesia, afirmo que Francisco ha sido elegido por el Espíritu Santo, por la mediación del trabajo de los cardenales y la intercesión del Pueblo de Dios en todo el mundo, para guiar a la Iglesia de Jesús, en el inicio del tercer milenio, en la acción de nueva evangelización.

En una de las congregaciones generales preparando el Cónclave, el cardenal Jorge Bergoglio expresó su parecer sobre el estilo que tendría que encarnar quien fuese elegido como sucesor de Pedro. Usó la imagen de los Santos Padres sobre el ser y la misión de la Iglesia, ella es como la luna, su luz proviene del Sol, que es Cristo, la luz verdadera que ilumina a todos los pueblos (LG 1). “La dulce y confortadora alegría de evangelizar” (Pablo VI). – Es el mismo Jesucristo quien, desde dentro, nos impulsa. 1.- Evangelizar supone celo apostólico. Evangelizar supone en la Iglesia la parresía de salir de sí misma. La Iglesia está llamada a salir de sí misma e ir hacia las periferias, no solo las geográficas, sino también las periferias existenciales: las del misterio del pecado, las del dolor, las de la injusticia, las de la ignorancia y prescindencia religiosa, las del pensamiento, las de toda miseria. 2.- Cuando la Iglesia no sale de sí misma para evangelizar deviene autorreferencial y entonces se enferma.
3.- La Iglesia, cuando es autorreferencial, sin darse cuenta, cree que tiene luz propia; deja de ser como la luna y da lugar a ese mal tan grave que es la mundanidad espiritual… Ese vivir para darse gloria los unos a otros. Simplificando; hay dos imágenes de Iglesia: la Iglesia evangelizadora que sale de sí o la Iglesia mundana que vive en sí, de sí, para sí. Esto debe dar luz a los posibles cambios y reformas que haya que hacer para la salvación de las almas. 4.- Pensando en el próximo Papa: un hombre que, desde la contemplación de Jesucristo y desde la adoración a Jesucristo ayude a la Iglesia a salir de sí hacia las periferias existenciales, que la ayude a ser la madre fecunda que vive de “la dulce y confortadora alegría de la evangelizar”. (Hecho público por el cardenal Jaime Ortega, en La Habana). Pastor que anima la comunión, en su primer mensaje guió una oración de reconocimiento e intercesión por el Papa emérito, asume su legado de renovación pastoral, hace suya aportando a la encíclica La luz de la fe, que ya tenía una redacción de su predecesor, y lo invita a acompañarlo en el día de su presentación. “Ayer (5 de julio 2013) fue el día de los dos papas en varios sentidos. Al margen del inesperado y afectuoso encuentro por la mañana de Benedicto XVI y Francisco en la ceremonia de inauguración de una estatua y del lanzamiento de la encíclica a cuatro manos, se anunció también la canonización de dos papas inmensamente queridos del último medio siglo: Juan Pablo II (1978-2005), el papa viajero, y Juan XXIII (1958-1963), el papa bueno”. Pastor que anima la misión, se presentó como el obispo de Roma que anima en la caridad a todas las Iglesias. Pensiamo a quanti vivono nella disperazione perché non hanno mai incontrato qualcuno che abbia loro mostrato attenzione, li abbia consolati, li abbia fatti sentire preziosi e importanti. Noi, discepoli del Crocifisso, possiamo rifiutarci di andare in quei luoghi dove nessuno vuole andare per la paura di comprometterci e del giudizio altrui, e così negare a questi nostri fratelli l’annuncio della Parola di Dio? La gratuità! Noi abbiamo ricevuto questa gratuità, questa grazia, gratuitamente; dobbiamo darla, gratuitamente. E questo è quello che, alla fine, voglio dirvi. Non avere paura, non avere paura. Non avere paura dell’amore, dell’amore di Dio, nostro Padre. Non avere paura. Non avere paura di ricevere la grazia di Gesù Cristo, non avere paura della nostra libertà che viene data dalla grazia di Gesù Cristo o, come diceva Paolo: “Non siete più sotto la Legge, ma sotto la grazia”. ¿Cómo fue percibido el inicio de su ministerio pastoral? Pude escuchar de numerosas personas en lugares y situaciones diversas, una percepción popular sobre el Estado Vaticano: “se debe corregir la corrupción”, “algo no anda bien y tiene que cambiar”. Y, con la presencia del Papa Francisco, “él puede cambiar las cosas, esperemos que lo dejen hacer, que encuntre los caminos”. Algunas voces expresan el rumor y el temor de poder acercarse el fin del papado, expresión poco creyente, porque no viste, no habita en el palacio vaticano, y no usó la limusina, como sus predecesores. O, porque al hablar todos los días en las homilías en Santa Marta puede equivocarse, o porque usa un populismo rastrero.
En palabras del teólogo Piero Coda, su presencia y su acción integran el testimonio y la enseñanza: 1. la esperanza es recreada: Francisco por sus gestos y sus palabras hace presente el Evangelio vivo que influye y que atrae a los hombres de nuestro tiempo falto de ideas y de creatividad. 2. Su presencia y acción evangelizadora es un mensaje-gesto integrados, es una comunicación verbal y testimonial, hecha comprensible a los católicos, a los creyentes y a la misma sociedad. Tiene una fuerza que recrea el encuentro con el Señor, reune asambleas numerosas, influye en los ámbitos eclesiales, religiosos, políticos, económicos, culturales. 3. Es el pastor de la nueva evangelización, que viene del Vaticano II, fue relanzada por Evangelii nuntiandi, asumida por Juan Pablo II y continuada por Benedicto.

(3) Francisco lleva su experiencia de la Iglesia en Latinoamérica y el Caribe a toda la Iglesia, para continuar la renovación pastoral impulsada por el Concilio Vaticano II.
Conviene hacer memoria de algunos rasgos de nuestra Iglesia en América Latina y el Caribe, para valorar el regalo de Dios desde esta porción del Pueblo de Dios como obispo de Roma. La Iglesia Católica es la única institución presente en todo el espacio y todo el tiempo de América Latina desde 1492. Según la agencia Latinobarómetro, en 2011, ella seguía ocupando el primer lugar en la credibilidad pública con un promedio del 64% en el total de América Latina. Desde el Concilio nuestra Iglesia no sólo se ha planteado el “qué” y el “para qué” sino que también ha pensado y actuado varios “cómo” de la nueva evangelización. Aparecida, en 2007, contando con Bergoglio como animador destacado y responsable de su documento, impulsó un intenso movimiento misionero para compartir la vida en Cristo con nuestros pueblos. Algunos textos significativos:

“Aquí está el reto fundamental que afrontamos: mostrar la capacidad de la Iglesia para promover y formar discípulos y misioneros que respondan a la vocación recibida y comuniquen por doquier, por desborde de gratitud y alegría, el don del encuentro con Jesucristo. No tenemos otro tesoro que éste. No tenemos otra dicha ni otra prioridad que ser instrumentos del Espíritu de Dios, en Iglesia, para que Jesucristo sea encontrado, anunciado y comunicado a todos, no obstante todas las dificultades y resistencias. Este es el mejor servicio -¡su servicio!- que la Iglesia tiene que ofrecer a las personas y naciones (cf. EN 1)” (DA 14). “Recobremos el fervor espiritual. Conservemos la dulce y confortadora alegría de evangelizar: incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas. Hagámoslo con un ímpetu interior que nadie ni nada pueda extinguir. Sea ésta la mayor alegría de nuestras vidas entregadas… la alegría de Cristo (EN 80). Recobremos el valor y la audacia apostólica” (A 552). En el horizonte de pensamiento de Francisco el discernimiento espiritual gesuitico personal y en la acción pastoral. La opción por los pobres de la teología del pueblo o de la cultura, perspectiva argentina relacionada con la teología de la liberación asumida desde Medellín y valorizada por Benedicto XVI en el inicio de Aparecida. “La teología del pueblo, en particular, pone el acento sobre el tema de la evangelización de las culturas, de la inculturación del Evangelio y de la piedad y espiritualidad populares, considerando que ésta en América Latina –cuando es auténtica- es la encarnación de la fe en la y en las culturas latinoamericanas y entonces tiene un potencial evangelizador”.

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