Una democracia que destiñe

La obcecación en mantener la actual política de retenciones al agro, no sólo ha sido el mayor ingrediente de la actual recesión sino el pasaporte inmediato a la inmovilidad productiva generando más desocupación, más pobreza, más marginalidad, más subversión de valores, más debilidad del sistema democrático…

Por María Herminia Grande (Rosario)

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Es imposible sustraernos de dos fechas significativas, cara y daca de nuestra historia contemporánea como país: 24 de marzo del 76; 30 de octubre del 83. Ambas concitan definiciones taxativas y antagónicas: “¡Nunca más”!, “¡Por siempre!”. Demasiados muertos, revanchismos, venganzas y asociaciones ilícitas para aquel 24 de marzo entre los unos y los otros… y un sinfín de inocentes víctimas de la corrupción y el poder. Nunca será demasiada la cuantificación de la esperanza que produjo aquel 30 de octubre del 83… festejó el radicalismo y festejó, en su derrota, el peronismo; porque en la seguridad de su proyecto, sabía que la democracia le daría otra oportunidad. Un sinfín de argentinos ya no temía y confiaban en que nuestra celeste y blanca nunca más se ennegreciera por trampa, sangre y corrupción. Fueron años difíciles pero dignos, porque hubo un juicio que juzgó la impunidad. Pero la economía no fue la acertada y la democracia empezó a desteñir y mostró la realidad, con el valor que toda democracia tiene para un pueblo que pide reparación, no odios. Y de aquella democracia inicial, fuerte por su debilidad, pasamos a esta democracia en donde los actores responsables de fortalecerla y hacerla República, entre ellos los ciudadanos, se entretuvieron en personalismos perversos y otra vez, la corrupción y más víctimas inocentes. Este hoy, que podemos asociar con los momentos más ingratos de la democracia, no debe impedir que olvidemos el horror autoritario de la última dictadura. Pero para no volver a eso, como dice Guillermo O’Donnell, “tenemos el derecho y la obligación de hacer una crítica democrática a la democracia. Como la democracia es nuestra tenemos todo el derecho a criticarla”. A propósito del doctor O’Donnell, entre otras cosas, lo hemos estudiado por aquella concepción de la democracia delegativa. Lamentablemente ese papel que como ciudadanos asumimos de pasividad ante la democracia no está superado. Seguimos pensando que nuestro rol, una vez emitido el voto, es el de ser espectadores que aguardan la próxima fecha electoral para convertirnos en un minuto en actores. El péndulo oscilante en la Argentina no es sólo para ubicar políticas de izquierda o de derecha, también hay una ciudadanía oscilante que pasa de la concepción pasiva y expectante a la de piquetera, violadora de toda ley. No es así como se consolida una democracia. Tampoco aporta a tal fin que el Congreso de la Nación apruebe o rechace sólo proyectos enviados por el Ejecutivo. Para que la democracia sea representativa, se necesita un Congreso que produzca y proponga sus propias leyes. También partidos políticos consolidados; decía O’Donnell: “los partidos políticos son conductos entre la sociedad y el Estado y también se corporizan en el Poder Legislativo y tienen mucho camino por recorrer para recuperar su verdadero sentido. Me impacienta ya no leer más la palabra partido político sino espacio político. Esa vergüenza del dirigente partidario que llama espacio a su partido es síntoma de la absoluta personalización del poder”. Cuánta razón tiene el doctor O’Donnell. En los últimos procesos electorales parecía demodé o vergonzoso que los candidatos expusiesen sus plataformas partidarias. Hoy, que las “papas queman”, para que Argentina madure se vuelve imprescindible presentar las propuestas partidarias o de coaliciones. En estos veintiséis años de democracia ha habido una acumulación de demandas sociales insatisfechas. Y la dirigencia política en vez de dar respuestas a largo plazo, emerge como “salvadora” con respuestas cortoplacistas. O’Donnell define este presente argentino como el de un presidente que se ha embarcado en el papel del gran salvador, que identifica un enemigo odioso, que debe seguir con ese papel para no “caerse” y ahí comienza la violación de las instituciones, la corrupción… y ese gran “salvador” ineluctablemente va al fracaso inmediato luego de haber producido enormes daños al país… Hay una buena oportunidad para dejar de ser meros espectadores y fortalecer la democracia. La semana pasada la presidenta, a través de un decreto de necesidad y urgencia (DNU), inconstitucional, según el análisis de Gregorio Badeni, intentó “colar” en él su proyecto impulsor de odios, a través de la creación de un Fondo Federal Solidario conformado por la coparticipación de un porcentaje de las retenciones a la soja. En este caso la acción clara debiera venir de la mano de la política provincial, no aceptando lo que a todas luces es plata sucia… Dado que proviene de un ataque a quien produce en forma genuina el 60 por ciento del Producto Bruto Interno, el 55 por ciento de las exportaciones y el 35 por ciento del empleo nacional. La obcecación en mantener la actual política de retenciones al agro, no sólo ha sido el mayor ingrediente de la actual recesión sino el pasaporte inmediato a la inmovilidad productiva generando más desocupación, más pobreza, más marginalidad, más subversión de valores, más debilidad del sistema democrático… Ante este juego perverso, sí puede el doctor Binner decir que no a un dinero que sí le corresponde a la provincia, pero no de esta forma.

Fuente: diario La Capital de Rosario, 25 de marzo de 2009.

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