Un pequeño salariazo con el signo de la contradicción

Los Kirchner no pueden ser expansivos durante la recesión porque ya lo fueron, a destiempo, mientras la economía crecía al 8 o 9% con alta inflación.

Por Carlos Pagni (Buenos Aires)

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Se trata de un gran malentendido? ¿O los Kirchner se volvieron altruistas? La Presidenta decidió llevar ayer un poco de alegría a hogares donde es posible que, si alguna vez la votaron, jamás lo vuelvan a hacer. La eliminación de la “tablita de Machinea” beneficia a quienes cobran sueldos superiores a 7000 pesos por mes. Los seguidores de Elisa Carrió y de Mauricio Macri, agradecidos.

A pesar de esa desviación de fondos, los sindicalistas festejaron. Sobre todo después de que Julio De Vido y Oscar Parrilli se comunicaron para reclamar aplausos. Pero esa algarabía puede haber sido sólo un acto reflejo ante la convocatoria de la autoridad. Porque, si bien es cierto que los salarios nominales se elevaron mucho en los últimos años, el universo de quienes cobran más de 7000 pesos no superaría a las 300.000 personas. El costo fiscal, a la vez, sería de 2000 millones de pesos.

Los sectores de ingresos medios y bajos, a los que el oficialismo está más atado para las elecciones de 2009, no se verán alcanzados por los beneficios de la nueva ley. Por eso muchos expertos adelantaban ayer que de esta rebaja de impuestos no cabe esperar una reactivación impactante. La gente que más gana es la que menos gasta y más ahorra. “Y la que compra dólares”, agregó un economista insidioso.

La señora de Kirchner provocó otro equívoco cuando dijo que la tablita de Machinea era regresiva. Es cierto que el régimen provocaba muchas inequidades. Pero, en líneas generales, castigaba más a quienes cobraban los mejores sueldos. Con su supresión, un individuo casado y con dos hijos que percibe 20.000 pesos por mes se podrá poner en el bolsillo alrededor de 3000 pesos más. Esta es la razón por la cual había quienes, apostando a las pulsiones ideológicas de los Kirchner, suponían que la escala se cancelaría en determinado nivel de ingresos, por encima del cual sería mantenida y aun incrementada. Pero el Gobierno sorprendió también a los ricos con este pequeño salariazo.

Esta es la razón por la cual la CGT aclarará pronto que con la iniciativa de ayer no se da por satisfecha. Quizá no exija aumento generalizado de salarios mediante el pago de un aguinaldo adicional, ya que cada gremio lo está consiguiendo por su cuenta. Pero Hugo Moyano espera de Papá Noel nuevas restricciones a la desregulación de las obras sociales y una reglamentación que reduzca al mínimo las consecuencias del fallo de la Corte sobre libertad sindical. En los sindicatos aguardan algo más: quieren precisiones sobre dos nuevas sentencias del máximo tribunal que, según se enteraron, serían inminentes y podrían revolucionar el negocio de las obras sociales.

La inspiración conceptual del proyecto que Cristina Kirchner enviará al Congreso el lunes también llama mucho la atención. La crisis de la economía ha reanimado en Estados Unidos un debate clásico acerca de cuál es la vía más rápida para reactivar: si la baja de impuestos o el aumento de erogaciones. Una estrella de la macroeconomía como Greg Mankiw, ex jefe de asesores económicos de George W. Bush, recomienda a Barack Obama, desde su blog, que en el próximo paquete no apueste todo a expandir el gasto y se guarde una ficha a favor de reducir la carga impositiva. En la otra vereda se encuentran keynesianos puros como Paul Krugman. Es raro: si se los clasifica por la medida de ayer, los Kirchner se ubicaron en el campo rival.

Querrán corregir esa impresión el lunes, con la divulgación del demorado plan de obra pública. No habrá sorpresas: se volverá a hablar de las centrales hidroeléctricas de Santa Cruz, de un programa termonuclear, del yacimiento minero de Pascua-Lama y de algunos complejos de viviendas. Casi todo figura ya en el presupuesto.


Como todas las respuestas del Gobierno frente a la crisis, la de ayer y las del próximo lunes muestran la misma hilacha: los Kirchner no pueden ser expansivos durante la recesión porque ya lo fueron, a destiempo, mientras la economía crecía al 8 o 9% con alta inflación. Además, como Domingo Cavallo en 2001, Cristina Kirchner está atrapada en un régimen de tipo de cambio fijo que induce mayores caídas de actividad. Como demostró Cavallo en aquel entonces, no hay microeconomía que corrija esa rigidez macro. En síntesis: un verdadero plan de reactivación, que suponga la renuncia significativa a ingresos fiscales, o que derrame dinero sobre la economía y aumente el gasto, llevaría a la Argentina a un nuevo default.

En este contexto cobran sentido las propuestas sobre un eventual regreso de la Argentina al Fondo Monetario Internacional en busca de ayuda. La idea, que Alfonso Prat-Gay expuso en público esta semana, fue admitida ayer por funcionarios del Banco Central ante inversores internacionales. En la misma sintonía, el Comité Latinoamericano de Asuntos Financieros (Claaf), que integran economistas de primer nivel en la región, acaba de lanzar un pronunciamiento, en Washington, aconsejando la constitución de un fondo de ayuda de 250.000 millones de dólares destinados a inyectar liquidez en el sector público y privado de América latina, sobre todo para facilitar la renegociación de la deuda soberana. Fuentes cercanas al Claaf, cuya propuesta ocupó la primera plana de The Financial Times el jueves de la semana pasada, aseguraron a La Nación que esta alternativa ya fue conversada, en términos optimistas, con el futuro secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Timothy Geithner. Los Kirchner, por lo visto, podrían seguir siendo novedosos.

Fuente: diario La Nación, Buenos Aires, 13 de diciembre de 2008.

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