Un antes y un después del paro agropecuario

Se trata del editorial del programa “Sábado 100” por radio Mitre Rafaela (FM 91,9), que conduce Emilio Grande (h.). Las entidades del campo decidieron suspender el paro para sentarse a dialogar con los funcionarios del Gobierno, cuyo objetivo debe ser superar viejas antinomias y rencores, buscando el bien común y no privilegiar intereses sectoriales o mezquindades políticas.

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Después del histórico paro agropecuario 21 días, se puede decir que hay un antes y un después de la Argentina en materia de reclamos y participación popular, materias pendientes desde la crisis de 2001-2002. ¿Por qué se sublevó el campo con los dirigentes de las cuatro entidades ruralistas a la cabeza y la adhesión de miles de productores del interior de las provincias? A decir verdad, el último aumento de las retenciones a la soja hasta casi el 50% fue la “gota que rebasó el vaso” porque ya se dijo en esta columna editorial que este aumento es inconstitucional: atenta a la propiedad privada y el Gobierno mete mano sin consultar previamente, estando cercana la cosecha de la soja. Hay que hacer una aclaración: el método del reclamo con los cortes de rutas, no dejando pasar a los camiones con alimentos perecederos relacionados con el campo, también va en contramano del espíritu constitucional, pero este fenómeno piquetero no empezó en esta protesta agropecuaria sino con los sectores pobres en la crisis del 2001-2002 en reclamo de trabajo y también con los asambleístas de Gualeguaychú por las pasteras. Esta semana continuaron los discursos presidenciales: el martes en el acto provocativo en plaza de Mayo a favor del Gobierno, Cristina Fernández volvió a hacerse la víctima por “tantos ataques a un Gobierno”, pero en realidad todos los gobiernos desde 1983 fueron cuestionados y sufrieron embates de la opinión pública. Llegó a comparar la protesta del campo con el lockout empresario previo al golpe de 1976, diciendo que “esta vez vinieron acompañados por algunos generales multimediáticos”. A decir verdad, el contexto setentista es muy diferente al 2008 y considerar a la protesta del campo como “golpista” es como creer que la soja es un simple yuyo que siembra y viene sola sin ningún cuidado. Lo más preocupante del discurso presidencial fue la descalificación de un dibujo del artista Hermenegildo Sabat publicado en diario Clarín al considerarlo un mensaje “cuasi mafioso”, que atenta a la libertad de expresión y al pluralismo democrático. Al tiempo que se cuestiona el aumento unilateral de las retenciones también está en discusión una cuestión de fondo: este dinero se destina para subsidiar a las grandes empresas de servicios, la chequera para gobernadores e intendentes y mantener el dólar alto. Así la caja presidencial concentra poder y usa discrecionalmente los gastos. No se puede vivir con una “ley de emergencia” en forma permanente que permite centralizar las decisiones y suspender los controles. Las entidades del campo decidieron suspender el paro para sentarse a dialogar con los funcionarios del Gobierno, cuyo objetivo debe ser superar viejas antinomias y rencores, buscando el bien común y no privilegiar intereses sectoriales o mezquindades políticas. Además del voto y de la protesta, la democracia se construye con participación popular.

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