Tragedias en las rutas: la causa principal es la falta de autopistas

¿Por qué tanta apatía y desinterés en nuestro país de parte de los gobernantes para encarar la construcción de autopistas? No hay otra explicación que la mezquindad política y la pérdida de lo que significa el valor sobre la vida en la Argentina.

Por Emilio J. Grande

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Termina otro año que emula a los últimos que promediaron 20 personas diarias muertas en accidentes de tránsito, además de centenares gravemente heridas, no pocas con discapacidades por el resto de sus vidas y sin olvidar los miles de millones de pesos de pérdidas materiales. Tengamos en cuenta además que los 8.000 ó 9.000 fallecidos trágicamente en su inmensa mayoría son jóvenes o de temprana madurez. Cuando se registran en pocas horas varios accidentes fatales como ocurrió en el último fin de semana largo, ¿no los conmueve a los principales responsables de evitar o al menos disminuir ese tipo de tragedias, al propio Presidente de la Nación, al ministro de Planeamiento Julio de Vido, a la ministra de Economía Felisa Miceli, al administrador nacional de Vialidad, a los directivos de las entidades de derechos humanos, a las autoridades del control de tránsito? De algunos de esos funcionarios debería partir la iniciativa de buscarle alguna solución de fondo a este gravísimo problema, que se convirtió en importantísima cuestión de Estado. Y tal iniciativa debería apuntar sin duda alguna a considerar con la seriedad y responsabilidad que el asunto merece la construcción de la red de autopistas.

Carreteras de doble mano

Actualmente, la red vial de la Argentina está formada en más del 95% de carreteras de doble mano de tránsito, estrechas además, red que data de no menos de medio siglo, largo espacio de tiempo en el que creció enormemente el parque automotor, con unidades que doblaron la velocidad. Por más que se intensifiquen y hagan eficientes controles de velocidad sobre el estado de los vehículos y del estado de salud de los conductores, la principal causa de tantos accidentes de automotores que chocan de frente o tumban seguirá siendo la inexistencia de autopistas. Que esto es así lo demuestran las estadísticas de otros lugares del mundo. Los argentinos que tienen oportunidad de viajar al extranjero lo pueden atestiguar. En Estados Unidos y los países europeos, vaya como ejemplo, las poblaciones superan ampliamente los menos de 40 millones nuestros. Consecuentemente, en aquellos lugares también triplican y cuadriplican a nuestro parque automotor, y la diferencia está a la vista. Mientras en la Argentina están muriendo un promedio de 20 personas por día en las rutas, en aquellas naciones dotadas de magníficas autopistas, lo de los accidentes de tránsito es un mal menor. En este contexto, no hay que desdeñar que falta también una exigente conducta vial de buena parte de los argentinos porque la mayoría de las normas no se cumplen, sumado al bajo control de prevención y punición de parte del Estado nacional, provincial y municipal. Otros países tienen severas multas hasta la de perder el carnet de conducir.

Apatía y desinterés

Sin embargo, ¿por qué tanta apatía y desinterés en nuestro país de parte de los gobernantes para encarar la construcción de autopistas? No hay otra explicación que la mezquindad política y la pérdida de lo que significa el valor sobre la vida en la Argentina. De lo contrario debería considerarse la factibilidad de proyectos como el elaborado por el doctor Guillermo Laura -disertó en Rafaela en 2003 organizado por el Círculo de la Prensa- que propone la construcción de la indispensable red, sin afectar las arcas del Estado para su financiamiento. Esto es posible porque está en vigencia una ley nacional que promueve la iniciativa privada para obras públicas, cuya remuneración el autor debe afrontarla con un porcentaje del presupuesto de la obra, la empresa que gane la licitación, que para el caso que nos ocupa, por su magnitud debería ser a través de un llamado de concurso de precios de carácter internacional y en varias regiones del país, para que los proyectos se ejecuten en forma simultánea y así en pocos años el alarmante promedio de 20 muertos por día en las rutas baje sensiblemente. Citamos por haber tenido amplia difusión nacional el proyecto de autopistas del doctor Laura, pero el Gobierno nacional con o sin esa iniciativa privada no debería demorar más la búsqueda de alguna solución a tan dramático problema. Más aún teniendo en cuenta que se trata de una gran obra por la cantidad de trabajadores que ocuparía y el enorme volumen de materiales a emplear, como así también que generaría el aumento del turismo nacional e internacional.

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