Su vera cruz

Por Adán Costa.- Que estaría pensando el quizá más avezado de los conquistadores españoles en la América, el obstinado Juan de Garay, cuando, en la Punta Gorda, cerca del viejo fuerte de Sebastián Gaboto, un 20 de marzo de 1583, una furiosa lanza querandí lo atravesó de cabo a rabo. Esa lanza lo dejó solo con su muerte. Con los ojos bien abiertos mirando al cielo, con su espalda cargada de responsabilidades mansamente recostada en el suelo aún impío y un hilo de sangre serpenteándole, tomándose toda su vida en ese instante. En ocasiones, la muerte nos trae esas rarezas. En un punto nos devuelve quienes somos. Casi diez años antes, un 15 de noviembre de 1573, clavaba su palo rollo fundando sobre la barranca occidental del río de los quiloazas, hoy conocido como San Javier, una de las pocas ciudades argentinas que se erigieron al modo colonial. Ese caluroso día, con lengua solemne rezó: “…Yo Juan de Garay, Capitán de Justicia mayor en esta conquista y población del Paraná y Río de la Plata… Digo que… fundo y asiento y nombro esta ciudad de Santa Fe, en esta provincia de Calchines y Mocoretáes, parecerme que en ella hay cosas que convienen para la perpetuación de dicha ciudad: agua, leñas y pastos, pesquerías y casas y tierras y estancias para los vecinos y moradores de ella y repartirles como su majestad lo mande…” Cuando le tocó hacer el reparto de tierras, cargos y honores, tomó una decisión equivocada, la que de ninguna manera pudo haber evitado, porque ya estaba escrita en la tradición colonizadora que le precedía. Privilegió a los españoles peninsulares en los cargos de mayor jerarquía, soslayando a los criollos que lo acompañaban en la empresa de hacer nacer ciudades donde antes había justos páramos. Tres años después, el 1 de junio de 1580, se dio la primera revuelta, a modo de disputa política de esas decisiones coloniales, en nuestras tierras. El asunceño Lázaro de Venialvo, Diego de Leiva, Rodrigo de Mosquera y otros tantos jefes criollos, los mancebos de la tierra, dieron la asonada contra el poder de los españoles, que se dio en llamar la “Revolución de los Siete Jefes”, 230 años antes de la porteña revolución de mayo. Duró tan solo dos días, fue sofocada, un poco por la propia defección de los revolucionarios, pero algo ya estaba anunciándose. Las injusticias, más tarde o más temprano, se destierran. Juan de Garay lo tenía muy claro, pese a rehuirlo siempre en cada una sus prácticas. ¿Cuántas cosas hacemos aún a pesar de nuestras voluntades? Su voz ronca anunció lo que su mano firme escribió: Santa Fe es la provincia de los originarios calchines y los mocoretáes, más no de los europeos. Pese a sentirlo, Garay clavó su espada, su cruz y plantó Santa Fe, quizá en recuerdo de los Reyes Católicos, quienes al dar nombre a la villa que levantaron frente a Granada gobernada por el último de los musulmanes en España quisieron exaltar su Santa Fe católica frente a los adoradores de la Media Luna, o quizá pensando en la santa francesa Foy. Las muertes nos devuelven todos los sentidos, sin duda alguna. Garay, ese vasco aventurero, llevó su ambición entera muy lejos de su Orduna natal. Lloró, blasfemó, hizo el amor en tantísimos atardeceres, gobernó, fundó ciudades, mató, sofocó rebeliones, abrió puertas a la tierra, siguió su instinto y el mandato del coloniaje que lo traía marcado en su casco y en su armadura. Pero siempre supo que los verdaderos dueños de estas tierras eran los originarios. Calchines, mocoretaés, chanáes, quiloazas, querandíes y otros pámpidos no hicieron otra cosa que defender lo propio en lo que vieron permanentemente como una amenaza enemiga. Garay clavó su vera cruz en esta tierra y una lanza querandí hizo lo propio con su corazón. De esas sangres derramadas, de esas disputas ancestrales han surgido cada uno de nuestros pueblos, se han escrito las historias y las leyendas, esos instintos y esas tradiciones nos recorren, nos constituyen, nos devuelven cada día ser quienes somos.

15/11/16

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *