Sociedad Italiana de Rafaela vendió un lote de calle Güemes para reconstruir sala quemada

Permitía el ingreso de las compañías teatrales hasta la parte posterior del escenario del teatro incendiada en 1958. Fue adquirido por la Sociedad de Espiritismo Verdadero en 1970. El dinero estaba en el banco y se desvalorizó por la inflación. Testimonio de Bruno Barbato quien vivió aquellos años.

Por Emilio Grande (h.)

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Por Emilio Grande (h.).- Sería imposible resumir en esta crónica histórica sobre los hechos más importantes de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos Víctor Manuel II de Rafaela que el 16 de junio cumplió 120 años de su fundación, siendo su primer presidente Nicolás Cacciolo. En esta oportunidad se va a profundizar en algunos acontecimientos que marcaron un antes y un después de la vida institucional, cultural y social. Ya en 1915 la entidad contaba con una sala teatral con los adelantos de aquella época: un escenario, platea planta baja con el piso móvil que subía y bajaba para bailes y obras teatrales, respectivamente, palcos en los dos primeros pisos y un “gallinero” en el tercer piso. Los entendidos dicen que era muy parecida a la sala de la Sociedad Italiana de Vila. Pero años más tarde hubo un hecho desgraciado para esta institución: el sábado 1 de noviembre de 1958 a las 11:50 se incendió la sala teatral que se habría originado “por un cortocircuito en la antigua cabina de proyecciones”, dice el acta 352 del libro 24 del 3 de noviembre de ese año de la Sociedad Italiana, al que tuvo acceso este cronista. Por este motivo, se congregó mucha gente y empezó el salvataje de muebles y objetos como el piano Steinway & Sons de Estados Unidos (ahora está en el teatro Lasserre). “El esfuerzo principal por apagar las llamas estuvo a cargo del personal y carros de riego de la Municipalidad secundados por agentes del cuerpo de bomberos, personal de la policía y numerosos voluntarios”, agrega el acta. Cuando arribaron los bomberos de Santa Fe “el siniestro ya estaba prácticamente vencido y sólo tuvieron que eliminar los pequeños focos aislados”. En ese momento funcionaba también el Gran Cine Pueyrredón a cargo de la empresa Atilio Albanesi (también era responsable del Gran Avenida donde ahora está el Banco Hipotecario). Además tenía su sede el Centro Ciudad de Rafaela y utilizaban también la sala teatral para hacer los famosos carnavales. Pasaron algunos años hasta que el 7 de agosto de 1969 la Sociedad de Espiritismo Verdadero manifestó su interés en adquirir el lote de terreno que la Sociedad Italiana poseía en calle Güemes al 255, según el acta 434 del libro 25 del 12 de agosto de ese año. Ese predio se utilizaba para el ingreso de los colectivos de las compañías teatrales, números artísticos y musicales porque estaba contiguo a la parte posterior del escenario de la citada sala teatral. Al mismo tiempo, en 1970 se formó una “comisión de reconstrucción teatro”, proponiendo “la reconstrucción sin innovaciones del teatro por su valor afectivo e histórico, su calidad arquitectónica y el problema económico”, dice el acta 441 del 5 de mayo de 1970. “Las opiniones generales se manifiestan por la eliminación de los palcos, la construcción de una platea que abarque todo el ancho de la sala y de otra platea alta o visera y la ampliación de la boca de escena”, agrega. Es lo que impuso en la reconstrucción. En otra nota la Sociedad de Espiritismo Verdadero ofrece la suma de 3 millones de pesos al contado o bien 3.300.000 pesos pagaderos en cuotas: $ 500.000 al firmar el boleto, $ 800.000 al escriturar dentro de 30/60 días y $ 2.000.000 en 4 cuotas semestrales más el 15% de interés anual sobre saldos pendientes de pago, especifica el acta 446 del 29 de setiembre de 1970. Finalmente, se hizo el boleto de compra-venta transfiriendo el terreno de calle Güemes a la Sociedad de Espiritismo Verdadero (luego construyó su sede actual) en la suma de 65 pesos de la ley 18.188 el metro cuadrado y se establece la forma de pago: $ 5.000 al firmar el boleto, $ 10.000 al firmarse la escritura y el resto en 4 cuotas semestrales más el 15% de interés sobre saldos, según el acta 449 del 17 de diciembre de 1970.

¿QUE PASO?

No hay elementos probatorios pero todo hace indicar que el dinero se fue cobrando y depositando en un banco, pero se fue desvalorizando por el efecto inflacionario a tal punto que no se pudieron concretar los objetivos propuestos de reconstruir la sala, posiblemente por decisiones “conservadoras” de la comisión directiva de esos años siendo el presidente Luis Mastrandrea. Luego se gestionó un subsidio del Gobierno provincial y se hicieron los arreglos con aportes de la Municipalidad de Rafaela, firmándose un contrato de comodato el 10 de agosto de 1976 -en aquella época el intendente era Juan Carlos Borio- que sigue en la actualidad. En esta investigación colaboraron miembros de la actual comisión directiva: Haydé Volpato, Elda Frenquelli de Baldesari y Néstor Gramaglia, quienes decidieron visitar a Bruno Barbato, ya que vivió aquellos años porque integraba la CD y se mantiene lúcido a los 80 años. Nació en Noale (provincia de Venecia) y vino a nuestra ciudad cuando tenía 20 años. “Era una sala de prestigio y había cierto malestar entre los socios porque los lunes se pasaba cine barato y te tiraban cosas desde el gallinero. El día del incendio sacamos de todo hasta madera quemada que estaba en el piso y pasaron varios años sin arreglarla”, cuenta a este cronista. Y agrega: “En una asamblea de socios con posiciones divididas se decidió la venta del lote de calle Güemes para arreglar la sala, pero se pagó a largo plazo y luego no valía nada por la inflación. Por estos hechos hubo varias renuncias de asociados”. También se recordaron el auge que tuvo en su momento el boliche de la Sociedad Italiana (donde está ahora la sala Operto) y atrás funcionaba el comedor (sala de las regiones), donde los italianos y descendientes tomaban unos aperitivos, jugaban a las cartas y aprovechaban para cantar canciones de los nonos. ¡Qué tiempos aquellos que no volverán!…

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