Sinfonías Jonias

Por Felipe Ángel.- El horizonte paradigmático de las últimas décadas, el de T.S. Kuhn, en una manera cuya unicidad es requerida para este propósito, se encuentra aquí confinado a la cuna que procrea. No es un escenario adulto aquel que decide no decidir. Si todos los paradigmas son igualmente validados, lo humano como un todo carece de los logros que los siglos necesitan para inclinar el destino hacia una permanencia cualificada en la Tierra. Esto no dicho como un argumento a favor de lo que busco. Las consecuencias no son auto-causadas. A través del patrón en la manera en que día a día toma decisiones, cada individuo se comporta de esta, de aquella o de otra manera. Esta es la intencionalidad civilizatoria; los hechos del horizonte paradigmático. Por ende, los cambios en ese horizonte obedecen menos al curso de los argumentos y más bien fluyen en lo colectivo de la práctica paradigmática. Vemos en el horizonte paradigmático de Kuhn el cuchillo que hirió los últimos cincuenta años. El atajo a través del cual el caminar humano ignora los límites de la naturaleza. La práctica de un horizonte paradigmático deriva en una manera colectiva de las cosas; por así decirlo. Esta manera colectiva de las cosas se desarrolla en una intencionalidad civilizatoria. En el caso de nuestros días, el horizonte no es capaz de decidir si un paradigma porta más o porta menos certeza. Es como si no supiésemos cosa alguna del Abuelo Cosmos o de la Madre Tierra, no ya de nosotros mismos. No hay manera de distinguir lo que hay que hacer. 6 El horizonte paradigmático de Kuhn es necesario para la segunda mitad del Siglo XX para ser capaz de seguir adelante sin tener que lidiar con la locura de la primera mitad. El retrato de Kuhn abraza toda la parafernalia de cómo el Paradigma Platónico sitúa el conocimiento desde la física a la filosofía. La más refinada manera de las cosas del Paradigma Platónico es argüir que todos los paradigmas son igualmente validados porque, al igual que el resto de las cosas según Heisenberg, no se pueden medir; “inconmensurables” devinieron. La poética del movimiento aquí moverá el vocabulario Jonio de las cosas. Es tu canción, vertida en la sinfonía de nuestro cuerpo entero, el Universo. Después de 1945, Martin Heidegger no se refirió a sus previos años como Nazi. No conjeturo si estaba prohibido preguntarle pero nadie lo hizo. Su filosofía permite la respiración de Kuhn. Su tarea es encontrar una manera filosófica de las cosas que rechace tanto a Platón como a Heráclito, tanto la carencia de movimiento del Ser como el ir hacia adelante del Flujo. Esto es explícito en el título de su libro básico, Ser y Tiempo. Nada es una causa y nada es una consecuencia. Aquello que llega a ser una presencia en este mundo, florece en la unicidad de su autonomía. En Heidegger, la individualidad, a un tiempo, deviene causa y consecuencia de sí misma. Aquí muestro que es de otra manera. 7 Heidegger reinó sin desafíos hasta que la naturaleza empezó a decir No más. Por lo tanto, el intento de explorar las posibilidades de los logros y las decepciones previos a Heidegger deviene un no menos obvio que necesario paso. Augusto Angel Maya hizo el trabajo que hace posible ese trabajo. Procrea en las Ciencias Sociales lo que Darwin en las Ciencias Naturales: una manera de las cosas. Su influencia en muchos países de habla castellana varía de la filosofía a la legislación, de la validación de la mitología endógena a la educación ambiental y en muchos otros esfuerzos individuales y colectivos, uno de los cuales es la presente propuesta. Doy aquí varios pasos en la consolidación de lo que comenzó en el año 2000, con mi inédito libro El Método del Toto, Una Historia Ambiental de las Ciencias Naturales, de las Ciencias Sociales y de la Ingeniería, en donde un mapa del tiempo desenvuelve el caminar humano comenzando con la construcción del método de la ciencia por el Australopiteco en su juntar sabiduría a través de la recopilación ordenada de las consecuencias de las características de las plantas en la alimentación, en el crecimiento, en la intoxicación, salud, alteración de los estados mentales, etc. De esta forma estableció el rol social del conocimiento especializado. El punto de quiebre ocurrió cuando la comunidad supo que estaba en mejor manera si este temprano médico dedicaba el día entero únicamente a su labor médica. El segundo homínido trajo la domesticación del fuego hace alrededor de medio millón de años. Desde este paisaje humano inicial dos flechas epistémicas son lanzadas. A partir de ahí, han viajado milenios hasta hoy. 8 Cada una posee una dirección autónoma, a pesar de su constante interactuar. Un ejemplo de tales interactuaciones es el que vincula a una notable mejora en la eficacia médica a la posibilidad de hervir el agua, y por ende mezclar, los ingredientes farmacológicos. Este ejemplo es simple en cuanto que no permite vislumbrar la sutiliza de la profundidad y lo amplio de la semilla traídas por las intra-inter complejidades entremezcladas entre estos dos flechas epistémicas que llevan el conocimiento a través del tiempo y del espacio; esa es la tarea del libro referido. Desde entonces, las rutas de estas dos flechas epistémicas abrazan los diferentes esfuerzos por enfocar el conocimiento en diferentes diversos y específicos objetos de estudio. El Herbario Australopiteco, con el hacha como herramienta experimental, trajo la instrumentalidad, las Ciencias Naturales y la medicina; el fuego domesticado del Pitecántropo trajo las matemáticas, la altura de la ingeniería y las Ciencias Sociales. Esta es la base del Paradigma Jonio. Abarcó todo el período Paleolítico de la Prehistoria hasta hace, digamos, trece mil años, cuando terminó la Glaciación de Würm. No es un camino pavimentado disputar la extensión y la continuidad del Paradigma Jonio durante el Paleolítico. Los próximos, digamos, siete mil años, llamados Neolítico, nutren la transición de la estrategia adaptativa causada por la diferencia entre tratar con un kilómetro de hielo sobre lo que hoy es París y afrontar el clima benigno que entonces comenzó, que continuó hasta lo que los siglos 9 conocen como ayer y que hoy intentamos preservar. Estas son las últimas vueltas que alrededor del Sol la Tierra dio libre de ciudades. En ese período el sedentarismo gradualmente reemplaza al nomadismo. Es la más grande transformación manejada por la condición humana. Ninguna otra ha requerido el cambio completo de la estrategia adaptativa. Antes y después, no importa los que fueren, los cambios se restringen a una dada estrategia adaptativa. Los primeros milenios neolíticos marcan una de las escasas oportunidades cuando la humanidad creció su medida. La tierna admiración inherente simplicidad de la complejidad de la Estatuilla de los Amantes de Ain Sakhri datada en once mil años o la plenitud de la cercanía espiritual con los flujos de la naturaleza que inspiró los Renos Nadadores hace trece mil años, ambos en el Museo Británico, nos lanzan profundo dentro de nosotros como pocas épocas del arte lo logran. Para el Neolítico he retratado el proceso de transición del Nomadismo al Sedentarismo como inclinado hacia el Paradigma Jonio la ley, la medicina, el mito y la ritualidad entre otros aspectos. Esto duró hasta el arribo del Estado alrededor de hace siete mil años, fecha que señala la definitiva cohesión de la estrategia adaptativa sedentaria. Las lógicas sedentarias empezaron a agarrar zonas específicas en el tejido simbólico, en la plataforma instrumental y la manera de organizar los conglomerados para ocupar un territorio. La ciudad se volvió posible como una manera de vivir en este planeta. El viejo actual entendimiento de la totalidad del 10 camino humano sitúa aquí, en la ciudad, la frontera que separa la Prehistoria de la Historia. Fue una lucha feroz que duró miles de años, has el Imperio Romano. En el año 150 de nuestra Era, los dos Claudios, Tolomeo1 y Galeno2, lograron algo nunca antes hecho. Sometieron el largo viaje Jonio de ambas flechas epistémicas al Paradigma Platónico en la infraestructuras de sus lógicas, en el corazón del conocimiento de los objetos de estudio. Largos siglos se mantuvo de esta manera. Las Ciencias Naturales de la Modernidad son el esfuerzo por restaurar el Paradigma Jonio, a pesar de que las Ciencias Sociales mantienen el espíritu platónico. Mediante el espíritu platónico de las Ciencias Sociales son hoy concebidos muchos tipos de conocimiento3. Estás aquí frente a un esfuerzo por deshacer eso. Bajo el título de Sinfonías Jonias presentó aquí el Método de los Paradigmas Referenciales y englobo los casos de la magia, de la familia, las matemáticas y la Teoría de la Proximidad. Las mutuamente tripartitas cuatro resonancias entre los textos no son todas obvias ni están todas a mi alcance. Aguzados, los que vienen oirán esas partes de las melodías de las sinfonías jonias; por mi parte, delineo aquí lo que por formación e información me pete. Cualquier método, el de Platón, Galileo o Darwin, usa ser mejor taladrador que la profundidad de su primera generación a

11 Ver Fraude, Matemáticas y Dogma en mi libro Nada es Mejor que el Universo. 2 Ver ¿Está enferma la Medicina? en el mismo libro. 3 Ver La fuga hacia la incertidumbre, más allá de la Modernidad y de la Postmodernidad, de Augusto Angel Maya y quien esto escribe. 11 medida que por sus maneras las décadas moldean la historicidad de los siglos y devienen la extendida normalidad de los hechos sociales para el amor o el lamento, para gustar de la luz de luna o desear la mañana. El siguiente párrafo es del texto que presenta el caso de las matemáticas: “Fraccionar y juntar, o lo que es decir el mínimo de equilibrio de las tensiones de la energía seleccionando su camino hasta su máximo y viceversa, se arrojan ellos mismos en procesos de cualificación simétrica, no en una mera repetición. Los patrones son las proporciones relacionales de repetición cuantitativa expresadas por el forcejeo entre un mínimo y un máximo. La repetición es dada por el desplazamiento de esa tensión”. Fraccionar y juntar es el proceso del aprendizaje; por ende, es el saber, dentro del cual está la ciencia. Fraccionar y juntar es el proceso organizacional del conglomerado homínido; por ende, la tribu y la familia fraccionan el conglomerado según unos patrones diferenciados, cuyas acciones simétricas constituyen su cohesión. En el fraccionar y en el juntar, así como mientras se rehúsa a hacerlo, habita el movimiento. Su hogar no es un lugar; es un procedimiento. 12 PARADIGMAS REFERENCIALES 13 “(…) los paradigmas dominantes -tales como el positivismo cartesiano, el mecanicismo newtoniano y el funcionalismo parsoniano.” De la superación del eurocentrismo Eduardo Mora Osejo y Orlando Fals Borda 14 A Augusto Angel Maya, mi amigo y mi tío 15 Estos dos héroes del pensar y del estar en éste, nuestro lar natal, y qué pena dejarlo explícito, se mantienen dentro de los “paradigmas dominantes”. Por ello, en el citado ensayo no escapan al candor ecologista que propone una ciencia distinta para los “trópicos húmedos”; una distinta ciencia, por favor; o sea, un determinismo geográfico convertido en paradigma de la ciencia. Esto sucede debido a que no tienen en consideración que todos los paradigmas se remiten a sólo dos, el Jonio y el Platónico. Más que a las ciencias, el caso de Fals Borda para las Ciencias Sociales y el de Mora Osejo para las Ciencias Naturales, o que a la crítica de arte, caso del postmodernismo, deviene connatural a la filosofía la construcción de paradigmas, pues se inclina a solidificar mediante las preguntas que podrían tenerse por últimas, las que acercan los pilares que fundamentan el fondo de las cosas. Por lo tanto, entiendo por filosofía la claridad de los principios sin los cuales no hay conexión entre los otros. ¿Qué es, pues, un paradigma para la filosofía? Paradigma vendría a ser, entonces, el primer peldaño de la escalera que explica las cosas, en el cual los otros escalones se sustentan: así discurre la narrativa tradicional, no la mía. Para mí el ejemplo de la escalera sirve igual pero no tomado de esa manera. Paradigmas Referenciales llamo a los dos maderos largos de la escalera, no a los pequeños maderos que los unen, los escalones. Ahora bien, ya delimitado el campo la claridad deja su legado al ser herida por la rigidez mecanicista del ejemplo de la escalera y 16 se dedica a meditar de qué forma y con vocablos cuáles desplegar el espiral del ADN unido por los lados en una especie de “los dos maderos largos en la escalera de Escher”. Es la imagen más cercana. A los Paradigmas Referenciales se remiten todos los demás, en cuanto que de esta manera se conectan entre sí y se convierten en organismos argumentales más amplios que los universos particulares de cada saber, situación, sensación o de cada acción. Los Paradigmas Referenciales proveen a los otros paradigmas un sentido histórico-social más allá de la inmediatez. El madero izquierdo de la escalera de Escher, el Paradigma Jonio, consiste en precisar que “la naturaleza se basta en todo y para todo”, según el diagnóstico de Hipócrates. El madero derecho, el Paradigma Platónico, consiste en no considerar que la naturaleza se basta en todo y para todo y, por lo tanto, centrarse en explicaciones sobrenaturales. Si alguien encuentra algo que no se pueda remitir a uno o a ambos de estos dos Paradigmas Referenciales le solicito a ella o a él que me avise. Sinceramente, puesto en el rigor de tal tarea, no he podido cumplirla; no logro encontrar algo que no esté referido a uno o a ambos Paradigmas Referenciales. 17 Los pienso como principios últimos; Paradigmas Referenciales los nombro. Son los dos maderos largos de la escalera de Escher. Abonados por la continuidad compleja de su propio intra-inter-actuar posibilitan el organismo aclaratorio, el Corpus Simbólico, cualquiera que fuere. Es la semilla dual del pensar, del actuar, del valorar, del legislar, del poetizar, del urbanizar, del someter o del perdonar, del bien o del mal, del talar o del no talar, del gusto o del disgusto, etc. No pocas veces los autores que defienden uno de los dos Paradigmas Referenciales manifiestan cierta carencia de sindéresis; eso sí, sazonada con la máscara de proceder imparcialmente. Para mostrar lo cual quizá no baste el análisis del capítulo Ser y Devenir, del libro de Franklin Baumer, El Pensamiento Europeo Moderno, Continuidad y Cambio en las Ideas, 1600-1950. Quizá no baste pero indica una extendida manera en el proceder argumental. Cuando en el arbitrio colectivo la labor de las décadas arruma centenarios siglos deja de percibirse lo obvio, lo que está allí enfrente, delante de nosotros. Otorga una suerte de “anteojeras de época”. Como a tantos otros pensadores de los últimos cincuenta años, esto le sucede a Baumer cuando asevera que la corriente denominada “Historia de las Ideas”, en la cual se basa su libro, “correctamente entendida (…) sirve de mediadora entre las explicaciones idealista´ ymecanicista´ de la historia”4. Lo que denomina “explicaciones idealista´ ymecanicista´ de la historia” son, en efecto, los dos Paradigmas

4 P. 21. 18 Referenciales: el Jonio, que, sin evitar lo barato de la saña, llama “mecanicista”, y el Platónico, que designa “idealista”. En vez de aceptar que existe un solo horizonte habitado por dos Paradigmas Referenciales, de antemano lo da por un hecho; uno sobre el cual no se reflexiona porque, igual que el aire uterino, nos rodea, nos moldea, nos hace posibles pero sólo con un esfuerzo de la conciencia sobrepasamos su invisibilidad. En esto la Academia resulta igual de anestesiada. Tal vez no es que no acepte sino que no ve lo que se le presenta justo enfrente, que hay dos paradigmas generales. Por otra parte, continuamente desea ejercer de mediador entre ellos, como si se pudiera mediar en el vacío. Aquí menciono a Baumer. No obstante, la lectura aguzada y futura de quien ahora me lee encontrará cómo mi propuesta de sólo dos paradigmas genéricos, a los cuales se refieren los demás, fundamenta lo que posibilita a las más diversas tendencias de los saberes, creencias y comportamientos. Al acotar que “(…) el Ser mantuvo su superioridad sobre el Devenir como supuesto principal del pensamiento europeo”5, identifica el Devenir con el Paradigma Jonio y el Ser con el Paradigma Platónico. Está obligado a respirar el aire uterino como nos toca a todos los habitantes de la atmósfera paradigmática. En Jonia resuena el eco de Galileo: “Pero se mueve”. La realidad se mueve. Es un constante devenir en algo otro. En lo Platónico lo central, lo que da fundamento y sostén, está quieto, no se

5 P. 49 19 mueve. El Ser de Parménides ha de permanecer quieto a fuer de caer en el flujo del Devenir. El Mundo de las Ideas prevalece, o al menos ese es el argumento, sobre este mundo diario, necesario y natal porque es más confiable, debido a que no se mueve, a que no cambia y se conserva igual. “Esta es una semilla. ¿Me va a decir que esta semilla no es una semilla?”. Así confrontan cuando la caída en la argumentación arrincona su paciencia. Con ese trato infantil con las maneras del pensar suponen que nadie negará, de estar frente a una semilla, que lo que tiene delante, cómo no, en efecto, no es más que una semilla. Se nota que no son de “aquellos que se alimentan la ancha tierra”, para casi decirlo con Homero. Me es difícil saborear una ensalada y razonar que una semilla es sólo una semilla. ¿De dónde suponen que salió la zanahoria? ¿Cómo harán? Y tú, que lees, ¿cómo haces? ¿Haces? Importa si harás o no harás. La calidez de la sensatez te aguarda. Para entender lo que es el Ser, el Paradigma Platónico, piensa en una semilla que jamás será otra cosa que una semilla; para entender el Devenir, el Paradigma Jonio, piensa en lo que el movimiento, en lo que el flujo del tiempo, harán con la semilla que como semilla ahora enfrente tienes y que pasado mañana almorzarás como zanahoria. El Devenir te regala la zanahoria que comes. Aquel que en serio se sitúa en el Paradigma Platónico, resumido en la aseveración de Heidegger: “El alma es un extraña en la Tierra”, no es capaz de hablar el mismo idioma que la naturaleza. Se desprende cuán árido resulta un diálogo de saberes entre las Ciencias Naturales, 20 astrofísica incluida, para quienes el movimiento es inherente a su objeto de estudio, y el Paradigma Platónico que no soporta el Devenir, que no soporta el movimiento precisamente porque cambia, precisamente porque la semilla deja de ser semilla. La semilla resulta, también, retoño y flor, cosecha y ensalada. Baumer, como muchos académicos, declara no estar a favor de ninguno de los dos paradigmas. Sin embargo, el texto muestra otra cosa. Se inclina, no desnudo de excesos, en favor de una de las dos “explicaciones”, la “idealista”, o sea el Paradigma Platónico, olvidando su promesa de servir como mediador. Asevera: “(En el Siglo XVII. N.A.) En general, el Ser mantuvo su superioridad sobre el Devenir como supuesto principal del pensamiento europeo. Todo examen de las respuestas del Siglo XVII a las preguntas perennes revelará este hecho”6. La segunda frase comienza con estas palabras “Todo examen…”. Ese planteamiento compone un cariz dogmático sea cual fuere donde se localice, en el lado Jonio o en el Platónico. En vez de entablar un diálogo, desdeña la labor de los historiadores que sostienen la posición contraria, para quienes el Siglo XVII fue una época de cambio, una época de Devenir. La intención de Baumer no es únicamente establecer que ese siglo cae bajo la égida del Paradigma Platónico sino que ese es el caso de la Modernidad toda. Para posibilitar su elefantiasis argumental sitúa el XVII

6 . Página 49. 21 como “el primer siglo moderno, que anunció una nueva Edad Moderna”7. Esa es la no simple careta de la pretensión de Luis XIV que porta el antiguo rostro del Absolutismo en la premisa del Rey Sol: El Estado soy yo. Uno no logra preparase del todo para escucharlos pronunciar La filosofía soy yo. La falta de dudas es una incubadora de dogmas. No hay que esperar. Baumer afirma: “Baste decir aquí que resulta difícil ver cómo una civilización puede soportar largo tiempo el mero Devenir”. No actúa Baumer como “un mediador”, según su promesa. Toma partido. El Paradigma Jonio explica la historia de distintas civilizaciones durante “largo tiempo”. Dentro de esta rama del árbol del saber la Sociedad Latinoamericana y del Caribe de Historia Ambiental (SOLCHA), congrega frutos significativos en el Siglo XXI; árbol que fue arbusto, arbusto que semilla fue. El Devenir, como expresión filosófica del Paradigma Jonio, como actitud poética en el mundo, es anterior al Paradigma Platónico. El idealismo es posterior, aun si se toma a Pitágoras como su fundador y no a Parménides o a Platón. Tales de Mileto, casi cincuenta años mayor que Pitágoras, no me deja mentir. Cosas como esta son de aquellas que lo remediable aconseja no ignorar. Incluso descalifica la manera en que Voltaire observa su propia época. Pregunta: “¿Equivalió este movimiento a una revolución, como sostuvo Voltaire?”8. Es decir, ¿fue una época en que dominó el Devenir? Su

7 . Página 39. 8 . Página 42. 22 respuesta es negativa: “El Devenir no desalojó al Ser en el Siglo XVII, ni siquiera lo desafió seriamente como categoría del pensamiento (…)”9. Si sobre esa disputa debo escoger entre Voltaire o Baumer el historiador de la ideas queda en desventaja, por expresarlo con moderación. Lamento la ironía que deja de recibir por el hecho de que Voltaire ya no puede responderle con su propia pluma. En su pretensión de catalogar al Siglo XVII como idealista, asevera que Voltaire no entendió la filosofía de su época. Asegura que si no es por “su prejuicio contra Descartes, (…) Voltaire también habría hablado de la nueva preeminencia de Francia en la filosofía”10. Es bizarro no aceptar que Voltaire escogió el Paradigma Jonio. Su concepto de filosofía no toma nada del Paradigma Platónico, como Baumer lo establece en el mismo párrafo: “Por filosofía, Voltaire quería decir una mezcla de filosofía y ciencia, que era lo que la mayoría aún llamaba así en su época”11. Intenta trasladar al 1600 y al 1700 el imperio del Paradigma Platónico impuesto por Kant en 1800 y que llega hasta hoy. Newton en el Siglo XVII y en el XVIII Voltaire se sentían miembros de una antigua rama del saber, la Filosofía de la Naturaleza. Hoy esta rama Jonia ni siquiera se menciona en los currículos de la Academia. Esto se perdió, esto ha de recuperarse. Vemos, entonces, la falsía en la pretensión de servir de mediador entre los dos Paradigmas Referenciales. No se trata de buena o de mala voluntad;

9 . Ídem. 10 . Página 50. 11 . Ídem. 23 se trata de la ausencia de un organismo argumental, tal como el Método de los Paradigmas Referenciales, que ubique las orillas del camino, el carácter de los pies que lo transitan, las dinámicas que impulsan a recorrerlo y la valía de lo transitado. El único mediador entre los dos Paradigmas es la investigación misma, el hecho pedagógico en su ejecutarse, el solaz en su distensión, el amor en su abalanzarse todo él sobre los que se enamoran, las decisiones personales. Para no caer en lo que he señalado, o sea que la pretensión de neutralidad termina inclinándose hacia uno u otro de los paradigmas, con claridad se plantea y con directo rigor se expresa que el Método de los Paradigmas Referenciales se concibe desde el ámbito Jonio. No porque quizá sea el más propicio para vincular la alteridad, para garantizar las cuitas de la otredad sino porque, en efecto, lo es. La filosofía del Siglo XXI, dentro del marco del Pensamiento Ambiental Latinoamericano, retoma, sí, claro, una tradición filosófica, la Jonia, en la cual “la Naturaleza se basta en todo y para todo”. Nace allí un nuevo organismo paradigmático, el Método de los Paradigmas Referenciales. Su función es retornar a una manera de vivir y entender el mundo cuya antigüedad es tanta como la del estar homínido en la biosfera. El esqueleto de este tipo de tradición es su Lógica. En el caso del Paradigma Platónico es la Lógica Formal y en el caso Jonio, aunque procrea varias, prima la cualificación evolutiva de Lógica Dialéctica mediante una relación entre contrarios, en una suerte de tensiones entre tesis y 24 antítesis cuyo retoño deviene síntesis. De ahí que el Método de los Paradigmas Referenciales palpita no en esta o aquella de sus dos ramas sino en lo permanente del mutuo contrapunteo entre ambas. Durante un dado período histórico los contrargumentos del otro debilitan al paradigma vigente. Luego se consolidan de tal manera que, con el ritmo paulatino de las décadas, empiezan a cooptar específicas zonas teóricas, actitudinales, tecnológicas, artísticas, académicas y comunitarias. En ocasiones el impulso alcanza para un cambio de paradigma en la sociedad en general. Sucedió durante la Revolución Francesa cuando el Paradigma Jonio reemplazó las milenarias maneras en las que se reclamaba la gobernanza y se ejercía el poder con base en un elemento sobrenatural. En cuanto a lo que se refiere a la fuente de la autoridad, a las maneras que determinan quién accede al poder, quién gobierna y quién es dueño de qué lo terrenal se consideró suficiente para bastarse en todo y para todo. No fue la primera vez. En el Siglo XVII Oliverio Cromwell ya había matado, con Rey incluido, el argumento de que la autoridad la concede lo sobrenatural. En el Siglo XIII la Magna Carta le arrebató la potestad de decidir qué es legal y qué ilegal al Rey Juan, que atribuía al arbitrio divino sus intereses y su carácter. Ahora se es juzgado por pares terrenales: “el juzgamiento legal entre pares”. En el Egipto del Siglo XIV a.C. Akanetón IV y Neferteti en cuanto llegaron al poder cambiaron radicalmente de paradigma del Platónico al Jonio. El arte egipcio incluye por primera vez lo cotidiano. Ambos son retratados mientras almuerzan en familia, en una 25 escena terrenal por excelencia, destinada a des-divinizarlos. Para el noveno año borran los nombres de los dioses de los templos, de los murales, de las bocas y de los textos escolares. Queda el Sol como creador del mundo pero ya no es el del reinado del viejo Ra, que se impone sobre las demás divinidades, sino que, en vez, tenemos a Atón, el disco solar sin intermediarios sobrenaturales, como la fuente natural que crea y ordena el mundo. Los sucede Tutankamón, el faraón púber impuesto por los poderosos sacerdotes para restituir ritos, dioses y diezmos. Es un péndulo que va de un extremo al otro, de lo sobrenatural a lo terrenal y viceversa. Los dos paradigmas no nacen como maneras de pensar o como elucubraciones académicas. Los escogió lo que abarcan las posibilidades de una población asentada sobre una espacialidad geográfica. Cuando entra en la dialéctica del ir y del venir de un paradigma al otro y del otro al uno, la raíz que cualifica un proceso civilizatorio deviene tronco. Fornido, flexible o bronco, igual da porque es de las ramas parte, de las hojas juez y de los frutos madre. Cuando de nuevo el espíritu se viva a sí mismo como un resultado de la biosfera el péndulo de la historia habrá cambiado. Sobre ese ir y ese venir los siglos presencian la profundización del espíritu. Como parte de ese esfuerzo, el Método de los Paradigmas Referenciales sirve de organismo de la diversidad; de la diversidad cultural igual que de la biodiversidad. Si usarlo quita niebla de tus ojos, déjalo si puedes. Como un amor recurrente regresará a ti cuando tu presente sea leal en el sentir y en el pensar. Una y otra vez la elegancia simple de su traje dual te atraerá. 26 EL CASO DE LA HISTORIA DE LA MAGIA 27 A Alejandro Angel López, mi amigo y mi hijo 28 Aupado en los Paradigmas Referenciales como eje del análisis de una práctica social concreta pretendo mostrar la historicidad de sus posibilidades; práctica social que, como suelen, viste el cuerpo de una concepción del mundo. En cada uno de ambos Paradigmas Referenciales hay, primero, una manera de la vivencia personal. Una es la disposición hacia el amor dentro del Paradigma Platónico y otra dentro del Jonio. La historia de las relaciones amorosas muestra cómo durante los últimos siglos cada vez más se alejan del arquetipo del amor platónico. Dentro del núcleo amplio de la muchedumbre de vivencias, selecciono la magia como la práctica social alrededor de la cual aglutinaré mi argumentación. La definición que da Pedro Laín Entralgo en su Historia de la Medicina me parece un saludable resumen, por lo cual lo tomo como prototipo generalizador. Establece que “A la realidad de la magia, entendida como genérica actitud mental, pertenecen dos notas básicas: a) la convicción de que los fenómenos naturales, sean favorables, como la buena lluvia, o nocivos, como la enfermedad, se hallan determinados por entidadesfuerzas (orenda, maná, demonios´ diversos), invisibles para el hombre y esencialmente superiores a él. b) La certidumbre de que la acción de esas entidades-fuerzas puede ser en alguna medida gobernada por el hombre mediante ritos o ceremonias especiales, cuya eficacia depende de la pura formalidad del rito mismo (fórmulas rituales de conjuros, ensalmos, encantamientos, gestos y actos, etc.), del poder o la virtud especiales del hombre que lo practica (hechicero, brujo, etc.: elmago´, en el más amplio sentido de la palabra) o del lugar donde se ejecuta (lugares especialmente 29 privilegiados: fuentes, islas, cimas de montañas, abismos, etc.). Para una mente técnica´, un medicamento actúa por obra de suqué´, por lo que él es, por su naturaleza´; para una mente mágica, en cambio, ese medicamento puede actuar eficazmente por elcómo´ de su empleo (el rito con el que se administra), por el quién´ titular de éste (el hechicero, con su intransferiblepoder´ personal) o por el `dónde´ de su aplicación (el lugar dotado de tal privilegio)”. Dado a buscar la validación argumental en la que se basa la noción de magia de la Modernidad, la noción actual, me encontré con esta sorpresa: en el fondo no tienen más en qué sustentar su posición que las tribus modernas, usadas como referencia de lo que sucedía durante las glaciaciones, hace medio millón de años o hace cien mil, etc. La fragilidad de esa manera de entender la cosa ruge. Ni siquiera se trata de Sapiens; son Neandertales o Pitecántropos, etc. En su incunable Man makes Himself, Gordon Childe deja en su sitio tan descuidada pretensión: “La suposición de que cualquier tribu salvaje actual es primitiva, en el sentido de que su cultura refleja fielmente a la de hombres mucho más antiguos, es una suposición gratuita”. Entonces, propongo el Método de los Paradigmas Referenciales como un nuevo cauce que nutre el flujo del agua del tiempo en las sucesivas lides del recorrido homínido. El argumento afirma que para la magia es necesaria “La certidumbre de que la acción de esas entidades-fuerzas puede ser en alguna medida gobernada por el hombre”. No hubo tal “certidumbre” en la Prehistoria. 30 Pretendo aclarar la razón por la cual esa clase de “certidumbre” no es dable en las condiciones del Nomadismo prehistórico, durante el llamado Paleolítico de la Edad de Piedra. Declara que hubo “La convicción de que los fenómenos naturales, (…), se hallan determinados por entidadesfuerzas (…) invisibles para el hombre (…)”. No hubo tal “convicción” en la Prehistoria. El concepto de fuerzas invisibles no cabe dentro del contexto de la vida en la Prehistoria. Para que los elementos ecosistémicos sean despojados de sus propiedades terrenas y convertidos en entes síquicos, se necesita el nacimiento de las ciudades. Dentro del Nomadismo eso no se da. Si el nómada pierde de vista el funcionamiento físico de los elementos ecosistémicos su estrategia adaptativa resulta inadecuada. Después de domesticar la fauna (vacas, caballos, llamas, perros), la flora (agricultura) y el agua (regadíos, acueductos, grandes acumulaciones de espejos de agua) la racionalidad urbana pierde de vista el funcionamiento anterior de esos elementos. Dejan de ser visibles en la experiencia diaria. La racionalidad urbana ha sido construida contra la manera de estar en este mundo que tiene el ecosistema. Ahora sí, antes de las ciudades no; ahora sí la estrategia adaptativa se puede dar el lujo de anteponer otro mundo como el central y valedero, reemplazando el modo en que proceden fauna, flora y agua. Este lujo se fraguó en el proceso de domesticación sedentaria. Otro mundo, uno nuevo dictado por las maneras citadinas sustituyendo a las nómadas. Otro mundo, en el cual al ocupar el territorio la energía del agua no articula su despliegue ni la lenteja crece donde lo hubiera hecho si su proceso no hubiera sido 31 sustituido por la agricultura. Otro mundo, en el cual equinos y bovinos encerrados como están en el corral ya no pasean su andar por aquí y por allá. La calidad de vida de la fauna, y su subsistencia, ahora dependen de las necesidades o del albedrío de su domesticador. Otro mundo, caracterizado por un hecho: los elementos ecosistémicos obedecen al yo genérico del domesticador urbano. Este es el origen del Paradigma Platónico. Estos asuntos no suceden durante el Nomadismo porque los ecosistemas ordenan sus flujos de energía. No hay otro estado de cosas, tal como el instaurado por el Sedentarismo. La intuición de los múltiples milenios no precisó que tendría que ver la tarde en que las manadas del búfalo ya no poseían las praderas. Si el lobito llega a ser buen depredador, si es apto dentro de las maneras del funcionamiento ecosistémico, se convierte para las maneras del funcionamiento Sedentario en el “lobito malo” con el cual la racionalidad urbana cohesiona sus crías. ¿Por qué? Porque ante la tala del bosque al lobito no le queda otra alternativa a morir de hambre que salir de las fronteras de su territorio para ejercer haber llegado como carnívoro a este mundo lleno de manadas de ovejitas domesticadas. Y, ejercerlo de la mejor manera posible ya que es hijo y nieto de la evolución. La deconstrucción de las lógicas con las cuales fluye el ecosistema empieza con los cuentos infantiles. No en vano el “pastorcito mentiroso” se toma en la educación de la niñez sedentaria como ejemplo introductorio al universo de la ética. La mentira tiene como consecuencia que permite que los flujos ecosistémicos rompan el cerco de valores, 32 formas de organizarse socialmente, conocimientos y púas impuesto por las lógicas urbanas, tanto las lejanas como las cercanas, para mantener dentro del orden de su andar los flujos energéticos disponibles en la Tierra. La verdad mantiene la estabilidad en el funcionamiento de ambas estrategias adaptativas, la Sedentaria y la Nómada. La urbana es una racionalidad que durante más de cinco mil años construyó una manera de estar basada que consiste en darle la espalda al crudo hecho de la domesticación de la flora, de la fauna y del agua. No veo la vaca. Es invisible para mí, urbano que soy, pero, independientemente de si como o no su carne, sé que está aquí, en la ciudad, a mi lado, ya sea en la plaza de mercado, en el refrigerador o en la mesa servida. Es una presencia no menos tácita que briosa la de la vaca en la ciudad. Matar la vaca, descuartizarla uno mismo antes de asarla, etc., hace miles de años dejó de ser parte de la práctica, los valores o el tejido simbólico del carnívoro urbano. Es demasiado crudo. Por el contrario, descuartizar una vaca es privilegio del nómada apto. Recoge el esplendor real, diario y preciso de su estrategia adaptativa, de su manera de estar en este mundo. La racionalidad urbana hunde en el olvido el asesinato y la descuartizada del cerdo o de la vaca, etc. Los saca de las profundidades arquetípicas del inconsciente colectivo. Las vuelve “invisibles”. Entonces, alrededor del año 5000 a.C. la briosa y tácita presencia de la vaca en forma de ese pedazo de carne en el almuerzo la empieza a explicar una lógica distinta, absolutamente desconocida hasta entonces. 33 Emerge determinada por algo que está aquí, la carne, pero que no sé cómo llegó hasta aquí; por algo que está aquí, el agua, pero que no está aquí, el río. Esta nueva lógica edifica su andamiaje en lo que Laín Entralgo llama “entidades-fuerza”. ¿De dónde surge esta nueva lógica? El lomo de la vaca está en mi mesa del comedor, en mi casa, gracias a un procedimiento, el urbano, que no está reglado por las lógicas del ecosistema. Al revés; está reglado para romper esas lógicas. El Sedentarismo, vivir en una ciudad, consiste en transformar los “fenómenos naturales” para sacarlos de su habitual manera de estar en este mundo. Consuetudinario le es al nómada tener entre dientes su pedazo de carne recién cortado por su propia mano. En esta última frase, por su propia mano, no es difícil percibir cómo el lenguaje cohesiona la invisibilización de la tecnología si reflexionamos sobre la posibilidad de descuartizar una vaca con la sola mano, sin nada más, sin una piedra hecha hacha o cuchillo. Al contrario del Sedentario, los nómadas al momento de cortar su pedazo de carne no ignoran que hay una vaca muerta en su comida. Fue por ellos cazada y desmembrada. Los enfermos de tal cosa esperan no sin ansia el hígado o el páncreas. La esperanza de curación la prescribe un saber médico consolidado durante cientos de miles de años por la directa correlación entre el uso de un órgano específico, páncreas o hígado, y la mejoría de los enfermos de un padecimiento particular, osteoporosis o anemia. La instrumentalidad acompaña al cazador en efectivamente matar al reno o al mirlo, en sacar cada órgano, cada hueso, cada tendón y, 34 en fin, del animal cazado usar cada parte, una por una, para satisfacer su plataforma instrumental de peinetas, palillos de dientes, remedios, abrigos de pieles o colchas, etc. La instrumentalidad nómada refiere sus lógicas lejanas al proceder de los flujos ecosistémicos. Para el nómada es hecho normal el que la vaca, el fuego y el cuchillo estén ahí al comerse el pedazo de carne. Estamos ante una normalidad construida sin entidades-fuerza ni invisibilizaciones de la plataforma instrumental. Para la racionalidad nómada es normal que para que una criatura logre sobrevivir, logre alimentarse, ha de morir otro ser, tomate, mamut, pescado, búfalo, guayaba. Su teleología se expande al profundizar dentro de las lógicas con las cuales se despliegan en este mundo la flora, la fauna, el agua, etc. No es una intencionalidad ajena al objeto de estudio de las Ciencias Naturales o de la Historia Ambiental. En ese tipo de racionalidad no hay espacio para “entidades-fuerza”. La naturaleza, incluido lo humano, se basta en todo y para todo. Por lo tanto, la magia no ocurrió antes de las ciudades. No hubo chamanes en la Prehistoria. Como lo explico en otros textos, el médico prehistórico mantuvo el espíritu Jonio12. No danzaba, no electrizaba el entorno con conjuros, no pedía la ayuda sobrenatural. Con el paso del Nomadismo a las ciudades, el médico prehistórico deviene en el chamán Sedentario. Ya no lograba obtener las plantas y los animales

12 Ver Toto, el cirujano pitecántropo o La gramática del horizonte o ¿Está enferma la medicina? Los tres ensayos están disponibles en mi libro No hay nada mejor que el Universo. 35 necesarios para su herbolario pero los enfermos seguían buscando a quienes en cuestiones de ayudar a sanar supuestamente tenían el saber o la experiencia o ambos. Para compensar la falta de ingredientes para su farmacopea empezó a concentrase en convencer a los enfermos en vez de curar las enfermedades. Declara que la enfermedad no es adquirida por medios naturales. Los médicos quedan excluidos como posibles agentes de sanación. Para silenciar a los críticos, los diagnósticos incluyen admoniciones para los reacios y advertencias para quienes los retan. El abuso de esta actitud creció con la constancia de los fracasos médicos. Una inferior eficacia médica en un conglomerado con una continua proporción de enfermos lleva a que el rol del médico mute al del chamán. El charlatanismo es una respuesta organizacional del universo social Sedentario cuando se vio enfrentado a cambiar el saber de nómada a urbano. Así se queda el rol mientras su saber se mantiene supeditado al herbolario nómada. Cuando incorporan los metales a su farmacopea los chamanes se dividen en dos: unos exclusivamente médicos y los otros exclusivamente chamanes. Hace cinco mil años, como con una red de espadas, el chamán escudó su rol social con rituales, lo acreditó con un aura sobrenatural y lo armó con palabras. Sin embargo, comparado con el sólido desempeño del rol por parte de los médicos, los chamanes no tenían mucho para ratificar su status social. Así que de nuevo mutan. Alrededor del año mil a.C. declaran ser magos, no chamanes. La diferencia es que ahora no esperan ser tenidos por médicos. Reclaman poseer su 36 propio rol social. La diversa ritualidad del chamanismo inicial obedece a la existencia de una enorme cantidad de divinidades. De igual manera, la centralización teológica en una única divinidad que unifica las ritualidades provee un nicho para el rol. De ahí que el vocablo mago provenga de Magi, como se denominaba a los sacerdotes del primer monoteísmo, el de Zoroastro. De esa manera enhebra la etimología la palabra magia13. La tradición de desprecio al charlatán, que perdura hasta hoy, no estaba menos vigente en los días de Heráclito, quien no encontró término más despectivo para zaherir a Pitágoras. En aspectos no inconsistentes, el mérito de Grecia fue quitarle el pito al charlatán, para que ya no fungiera más de juez. Hipócrates lo realiza en medicina. A esa tarea dedica un libro, De la Enfermedad Divina, del cual extracto este párrafo: “Me parece que esta enfermedad (la epilepsia) no es más divina que cualquiera otra. Tiene, como toda enfermedad, su causa natural. Los hombres piensan que es divina simplemente porque no la comprenden; pero si llaman divino a todo lo que no comprenden, ¡bueno!, las cosas divinas serían interminables”. El deterioro de la imagen de la Prehistoria pasa por el perfil del mago como un charlatán que, por lo tanto, y este es el aspecto clave, estaba en el centro de un saber falso. Entre otras, por esta puerta entra la fabricada noción de que, para buscar el saber, las personas en el Paleolítico

13 Ver mi ensayo Sacralidad y Ritualidad. 37 apelaban al poder invisible de entidades-fuerza. Lo invisible como fuente de poder es fuero exclusivo del Sedentario. Para la vieja noción actual de la magia esto establece, como lo afirma Laín Entralgo, la “convicción de que los fenómenos naturales, (…), se hallan determinados por entidadesfuerzas (…) invisibles para el hombre (…)”. Para nueva noción actual de las estrategias adaptativas esto establece la definición no adulterada de la domesticación sedentaria. La Modernidad se refleja de incógnito en el espejo de la magia. Esta es la causa de su pasión por ella. Una puesta en escena que condujo a la sobre valoración de la importancia de la magia. En última instancia, quien abre un grifo y, sin hacer nada más, obtiene agua para lavarse las manos, para cocinar o para tomar procede como el mago que saca un conejo del sombrero. Es una vivencia específica, sí, claro, pero también es una experiencia teleológica de la conciencia. Se trata de la vivencia de las lógicas lejanas. Una vez que se repite a diario domina la vida de las personas y se asienta como normalidad. La diferencia entre la teleología de la racionalidad prehistórica y la de la historia consiste en que antes de las ciudades, antes de la historia, solamente se domesticaron la madera y la piedra, la parte inmóvil del biotopo, lo quieto. El Sedentarismo reside en la domesticación de lo móvil, de lo que fluye, de lo que corre, de lo que huye o ataca. Así como el Nomadismo domestica lo que permanece quieto para poder moverse, el Sedentarismo domestica lo que se mueve para lograr quedarse quieto. Ante estrategias adaptativas distintas, complejidades distintas. 38 Complejidades nuevas en la urdimbre de la organización social, en las fundamentaciones de la plataforma instrumental, en la manera espiritual de estar en un mismo territorio, en la normatividad que colectiviza ese propósito del conglomerado, en los valores urdidos en las nociones y en los sentimientos. En efecto, la urbe domestica del biotopo lo que fluye, el agua, y prosigue con la parte del bioma que huye, que corre o que ataca, la fauna. La vivencia de lo urbano consiste en que las cosas vienen hacia mí; agua, energía, maní, tomate, carne. El nómada está obligado a ir hasta lo que se mueve, a buscar el antílope o el agua. Esto implica una estrategia adaptativa que funciona siempre y cuando no se enmascaren las particularidades de las lógicas con las que procede aquello tras lo cual se va. Lo que está más allá de las lógicas de la naturaleza carece de nido vivencial y de sede mental. No cabe la magia. Las lógicas de lo lejano se dan en la estrategia adaptativa nómada tanto como en la sedentaria. Las lógicas sedentarias de lo lejano históricamente configuran su concatenación sobre el ejercicio colectivo destinado a modificar los flujos biosféricos. Por primera vez los flujos biosféricos no son gobernados por ellos mismos, acomodados como devinieron a dirigirse hacia predios urbanos. Ahora a la ciudad van a dar los ríos en forma de acueducto y electricidad; frutas, esmeraldas, cerdos y vacas, hierro, oro, etc., y, casi lo olvido, también ladrillos y anchovas. En términos generales, he ahí la causa del cambio climático: colapsaron las lógicas lejanas de la racionalidad urbana. 39 Las lógicas no son juguetes elaborados al desgaire del ocioso ingenio. Son puentes entre dos procedimientos, el biosférico y el humano. En el largo aliento, la argumentación de las lógicas lejanas se valida en la adaptación, no en su propia telaraña. En lo global la biosfera y en lo regional los ecosistemas aguantan una cierta cantidad de distorsión en las lógicas con las que fluyen, después de la cual dejan de proceder de la misma manera en que venían haciéndolo. Esto es lo que llamamos el colapso de la racionalidad urbana. Sus lógicas lejanas son puentes rotos. La ciudad no solamente tiene la opción descrita sino que de igual manera ha construido lógicas de lo lejano que se cohesionan con la sincronía factual con que funciona lo no urbano. El actual monopolio del Paradigma Platónico sobre las lógicas lejanas retumba en el ridículo de no admitir la simple existencia de lo no urbano, a no ser tamizada por lo urbano. Lo primero que hay que superar es la visión de que no podemos estar seguros de que una ballena existe mientras no sea un hecho verificado por un humano. Las Ciencias Naturales no dudan que las ballenas surcaron los mares millones de años antes de la llegada del primer humano, el Australopiteco. El Paradigma Platónico es incapaz de hablar el idioma de la naturaleza. Las ciudades se volvieron autistas. Más que en el quehacer filosófico o que en el ámbito académico, será en la nueva relación entre el agua y los habitantes de la urbe que ha talado sus fuentes hídricas, será en esa nueva relación entre el funcionamiento del ecosistema y el funcionamiento de la estrategia adaptativa sedentaria, en 40 donde germinará el hilo conceptual del tejido simbólico urbano. Será la práctica social de unas lógicas de lo lejano no ajenas a las lógicas con que proceden los flujos naturales, ya puntuales, ya globales. Las lógicas traen consecuencias reales. En la menor o mayor lejanía de esas consecuencias se forma la intensidad de consciencia. El proceso homínido es la aventura de las lógicas de lo lejano. En la carencia o en la bonanza de las generaciones, mediante la verificación de los resultados de las lógicas de lo lejano en la vida diaria de los individuos de esa comunidad, la estrategia adaptativa desdeña o construye artefactos, bosqueja y aplica creencias y esperanzas y renueva o consolida las formas de organizarse como conglomerado. Tratamos con la intencionalidad civilizatoria. La intencionalidad civilizatoria puede o acatar o no acatar los flujos ecosistémicos. Esa es la causa por la cual todos los paradigmas se refieren a sólo dos de ellos, el Jonio y el Platónico. Esa es la causa por la cual de sus posibilidades se deriva un método. 41 ORIGEN DE LA FAMILIA 42 A los míos 43 El Neandertal es el esplendor de Darwin. El más apto, con un cerebro que excede el nuestro en más de un 10%; el más apto, con 1.80 metros de estatura resueltos en musculatura vuelta fuerza y destreza física; en general, el más apto de los homínidos en cuanto que con él la adaptación orgánica de la especie alcanzó el “full bloom”, parafraseando la explicación de Whitman de esa foto suya de 1860. El Neandertal, el más apto, derrotado fue por el anti-Darwin, por el enano de 1.55 metros, por el del cerebro tirando a bobo, por el de menor adaptación orgánica: nosotros, los Sapiens. La evolución se cualificó en cuanto a qué se requiere para ser más apto. Millones de años millones de especies respondieron físicamente, orgánicamente, en una manera de la adaptación que tiene por fundamento el individuo, no las relaciones. Cuando natura decide no seguir evolucionando mediante la adaptación orgánica la usa para salir de ella. Entre las plétoras saca de la baraja de posibilidades al enano, al débil individualmente, al de 1.55 metros, al del cerebrito. Ha de haber un más ducho lazo. ¿Cuál? Ha de haber otra nutrición para lo posible. ¿Cuál? Enmarco primero el cauce argumental, segundo el impulso que conduce hasta los homínidos y, después, comienzo las respuestas. El universo es la cualificación de la complejidad de la fiesta de las presencias. Al unirse a dos hidrógenos, un átomo de oxígeno adquiere una presencia más compleja: está presente como agua. La fotosíntesis extrae electrones del agua, los transforma en organismos vivos y genera otro estadio de la complejidad de las presencias, la flora, que forja las 44 siguientes fases, la fauna y lo homínido. La complejidad inerte cubre los primeros diez mil millones de años tras el Big Bang. Cuando van apareciendo los diferentes elementos químicos los átomos actúan como individuos. Cuando dos o más de esos elementos químicos se unen, en el agua por ejemplo, los átomos actúan como relaciones. El átomo de oxígeno funciona como agua, no como oxígeno. Esta progresiva complejización satura el proceso de lo inerte. El proceso de la vida sigue la misma hoja de ruta: va del equilibrio individual al equilibrio relacional. La movilidad física despliega nuevos campos relacionales a medida que el individuo se mueve. Es un proceso que comenzó con la movilidad al interior de los átomos, que continuó con la de los átomos, las moléculas y con las macro-moléculas y que, con la flora, prosiguió a través de una mayor dispersión de las semillas al pasar de las angiospermas a las gimnospermas y que se incrementó con la fauna. Lo homínido es la expresión del momento cualitativo final de ese inmenso proceso. Desde el Big Bang hasta hoy se rige por el mismo principio: la movilidad física de los individuos amplía el campo de las relaciones. Esta es la arqueología de la complejidad. La libertad consiste en ese incremento de la complejidad. Los homínidos agregan a esta manifestación de la libertad una modalidad distinta, como en su momento lo hicieron las moléculas o la fauna. Mediante la instrumentalidad y el lenguaje traigo al aquí y al ahora el río o la Luna. Es una movilidad simbólica, no física. El telescopio o la palabra traen a nuestra inmediatez el río o la Luna. Veamos los trazos de este proceso. Ellos son la causa por la cual el camino homínido convergió en la 45 familia, desechando la tribu como la entidad básica de la organización social. Con los homínidos el intento evolutivo consiste en explorar los vértices del equilibrio adaptativo relacional de una manera novedosa: el individuo posee una creciente autonomía para escoger variantes relacionales. Esto le está vedado en lo inerte, casi vedado en la flora y altamente determinado en la fauna. Estamos ante otra libertad, distinta de la que separa la fauna de la flora; otra libertad, más compleja que la otorgada por la movilidad individual, el no estar anclado a un mismo sitio, como la flora. Las reacciones a los estímulos poco a poco se distancian de lo inmediato, a medida que se incrementa la complejidad adaptativa. Las decisiones cada vez más se alejan de la inmediatez. Los instintos pierden espacio adaptativo. Lo homínido, entonces, resulta un paso distinto, uno más complejo, en el funcionamiento de la libertad como el sendero evolutivo destinado a elaborar la complejidad. El sendero de la libertad consiste en inclinar progresivamente los vértices adaptativos hacia una variedad más amplia de las opciones relacionales válidas. El intento evolutivo del que surgen los homínidos se da dentro del proceso general de derivar la estrategia adaptativa relacional y colectiva desde la orgánica e individual. Los homínidos no incrementan el espesor de su piel si habitan en Alaska comparados con los que viven en el Sahara. La adaptación orgánica homínida no es directa sino indirecta: posibilita el cambio adaptativo hacia lo relacional, que la ha de reemplazar. Fue lento. 46 Tres aspectos, la organización social, la instrumentalidad y el lenguaje, conforman la plataforma adaptativa homínida, basados en la adaptación orgánica dispuesta por la posición bípeda que libera los brazos, la mano prensil, el neo-encéfalo, la vista estereoscópica y policromada, la disminución de la mandíbula, etc. Carece de sentido darwiniano la evolución orgánica de un carnívoro que, en vez de incrementar, reduce la fuerza de su mandíbula y la capacidad de su dentadura. La adaptación orgánica que rige el proceso homínido se desplaza hacia unas lógicas más lejanas que las de la flora y las de la fauna. La disminución de la quijada es un recorrido hacia una mayor comunicabilidad tanto al interior del conglomerado homínido como de éste con el entorno. El lenguaje es parte del proceso evolutivo de la complejidad. Especificar sílabas, precisarlas siempre iguales, es una facultad orgánica. Ampliar o cambiar el coto de caza y de recolección, internarse en nuevos parajes, conlleva nuevas especies de flora y fauna, piedras desconocidas y riesgos distintos, que requieren nuevas palabras para designar las situaciones adaptativas novedosas. Cada nueva palabra, árbol por ejemplo, deriva en otros nuevos vocablos para los elementos que lo constituyen, raíces, troncos, ramas, hojas, frutos, calidad de la madera, los herbívoros que allí se alimentan, etc. La intencionalidad evolutiva es clara. Se manifiesta en todos sus sucesores con respecto al primer homínido, el Australopiteco. Las sílabas se diversifican por una razón: un mejor decantar la vivencia de la adaptación. Cualifica la caza del 47 mamut en cuanto a la relación con el entorno; al interior del conglomerado cualifica el rol de cohesionador social del tejido simbólico. El incremento en la diversidad del vocabulario otorga la capacidad de aguzar la abstracción mental. Una palabra, tigre o cuchillo, no es otra cosa que una nueva modalidad de estar presente de aquello designado. Mediante el lenguaje las lógicas lejanas traen al aquí y al ahora objetos que participan como agentes inmediatos de lo probable, indistintamente de que estén presentes o ausentes. Es el poder de adaptarse al mundo; no el de crear al mundo. Un nuevo paso en complejización de las presencias, he ahí la función adaptativa del lenguaje. Esta complejidad unifica la calidad de lo presente, sin importar si es un objeto o no, sin importar la calidad previa de lo referido, sin importar si es un elemento ecosistémico, un plan imperfecto, un artefacto o un sentimiento. No hay un distanciamiento del entorno, como algunos suelen pensar. El hecho de que el ausente cuchillo esté presente mediante una palabra no aleja sino que cualifica la complejidad mediante la cual se da la intimidad homínida con el ecosistema, con los artefactos y con los pares. La medicina, la botánica, el comportamiento de la fauna, las peculiaridades que controlan el fuego, la ira del agua, los riesgos de los atajos, las condiciones que doblan o que quiebran las ramas de tal o cual árbol, etc., elaboran nuevas plétoras. Son espacios sociales construidos donde antes no existía espacio alguno. Esto teje la mutua complejidad en las relaciones entre el territorio y los homínidos; tejido mutuo con el cual 48 se despliega la inclinación de las relaciones al interior de cada uno. El lenguaje dota de funciones sociales a la certeza. En la precisión con la que se maneja el veneno o el remedio radica la validez evolutiva del lenguaje. Lo prioritario del lenguaje consiste en lo adecuado del conocimiento que se transmite, seguido de qué tan adecuada es su transmisión; no al contrario. La sintaxis y las palabras, o sea las maneras en que el lenguaje se organiza y su sinergia con las derivaciones etimológicas, se construyen con base en los diferentes órdenes que constituyen la arquitectura física y orgánica homínida y ecosistémica. El lenguaje organiza un orden lógico no por su propia inercia sino, más bien, por la disposición en que encuentra las cosas y los seres de este mundo. De otra manera, en la práctica colectiva el lenguaje no le serviría al conglomerado para indagar y aplicar, para organizar, verificar y trasmitir; sería inútil para adaptarse a un territorio. En la construcción del lenguaje cada saber adquiere primero y después desecha, mantiene o incrementa su propio rol social. Durante millones de años el componente organizacional del conglomerado homínido, aunque fluctúa en ello, se mantuvo dentro del esquema de la fauna, de la cual evolucionó. Tomado sólo el aspecto de cómo se organiza el conglomerado, la familia se distancia más de la tribu que la tribu de la manada. La manada y la tribu brindan oportunidades relacionales similares. Ambas recorren la extensión y el tipo de territorio donde recolectan y cazan sobre la división de viandas en cuanto a quién o quiénes comen primero, lo que lleva generalmente a alimentarse mejor. La cohesión de la manada y de la tribu teje el poder a través del cacicazgo. 49 La paternidad no resulta uno de los vínculos cercanos ni es representativa de autoridad, entre otros elementos. La familia no pasa por allí: pasa por la instrumentalidad y por el lenguaje. La familia comienza cuando la complejidad de la instrumentalidad y del lenguaje es capaz de consolidar una nueva manera de organizar el conglomerado. Por esa razón la familia llega con el homínido menos orgánicamente apto, el Sapiens. Desde el Australopiteco hasta el Sapiens fue un proceso adaptativo mutuamente dual, en parte orgánico y en parte cultural. Su estandarte es el hacha de Lucy, una australopiteca, ambos vecinos de Olduvai. Con el paso de la recolección a la caza adquirimos la vista estereoscópica y policromada, sin cuya precisión la puntería es insuficiente para que la caza sea viable. Es lo mismo la instrumentalidad que la mano prensil, el lenguaje que la contracción de la quijada, la familia que la disminución de la estatura. De ahí que la instrumentalidad, el lenguaje y la familia han de tomarse como órganos adaptativos de un mismo cuerpo evolutivo. Con la llegada de la familia las relaciones cambian tanto al interior del conglomerado como también del conglomerado con el territorio. Antes del Sapiens no hubo padre ni hermana ni hermano, ni tío ni tía, prima o primo ni amigo o amiga. Estos no existen en la tribu ni en la manada. Con respecto a la relación con el territorio a través de la adaptación orgánica los homínidos, como equilibrio de lo primario, construyen paulatinamente unas relaciones indirectas. Son relaciones indirectas 50 debido a que están mediadas por la instrumentalidad y por el lenguaje. Las lógicas lejanas de la adaptación orgánica homínida consolidan lentamente las condiciones para que aparezcan la instrumentalidad, el lenguaje y la familia. Como estrategia vino, entonces, la eficacia adaptativa del vínculo envuelta en la madurez evolutiva del afecto; vino la familia. La cercanía a la máxima proximidad traída como organización social humana. 51 RACIONALIDAD PARADIGMÁTICA DE LAS MATEMÁTICAS14

1414 Este texto tiene en consideración El Arco de Heráclito, de Augusto Angel Maya. 52 Shall I disturb the Universe?? T. S. Eliot La canción de amor de J. Alfred Prufock The wretched gift eternity was thine- and thou hast borne it well. Lord Byron Prometeo A Henry Carrillo, en cuya amistad encontré la Colombia posible 53 Infinito, irracional, imaginario, estas maneras de entender los números son categorías filosóficas del Paradigma Platónico que menoscaban el despliegue teórico de la matemática, que confunden las metas y que hacen de los esfuerzos no vana destreza sino senderos ciegos. Reducen la matemática a sus vestidos operacionales, evitando su sangre y su carne, desapareciendo su cuerpo filosófico. Ahora bien, si usted introduce el Paradigma Jonio el horizonte se clarifica. El Número de Euler, Pi, o lo que se dice todas las cantidades que no se detienen, aparecen como lo que representan: los cuerpos simbólicos del movimiento, la demostración matemática del flujo de la energía, las fórmulas del río de Heráclito. No son cantidades infinitas; son cantidades en movimiento. Son irracionales solamente si usted se para en el Paradigma Platónico. Pero permítanme decir que estos son los días que cargan a su final el monopolio de la racionalidad platónica; la hora de la vieja aurora Jonia no es otra. El Ser de Platón15 es el respaldo filosófico de esta manera de entender los números. Son sistemas cerrados que se mantienen a sí mismos en la virginidad de la fijeza que no cambia. Esto es lo que el viejo actual entendimiento paradigmático de la matemática ve como Números Naturales: para Platón natura se compone de Seres establecidos. Aquellos números que se comportan como Seres establecidos son, por ende, racionales e irracionales aquellos que no. Bueno, es mi obligación, no tanto mi placer, establecer la imposibilidad de no cojear si uno camina en una manera tal. Es peor, ciertamente. Lo que cojea no es el caminante que

15 Uso la noción de Ser en la manera en que la presenta Augusto Angel Maya en su libro El enigma de Parménides. 54 hace bien sus matemáticas sino el sendero que extrae las matemáticas de los predios de natura y de los procedimientos racionales. Los así llamados Números Naturales son los que tienen las características del Ser de Platón. Igual que en el caso de la denominación como racional e irracional, los números que están por fuera del grupo determinado como natural tiene que ser sobrenatural, a presar de que la época no tuvo la apropiada valentía para nombrar Números Sobrenaturales a aquellos excluidos de los Números Naturales. El rigor platónico a menudo ofrece una caricatura, difícil de asumir. Sin importar cuán inevitables, sus actos prueban ser una suerte de hipo recurrente de los siglos, uno que usualmente tropieza la simétrica respiración de la historia. Porque las denominaciones de los números no fingen la intencionalidad filosófica platónica, la temblorosa validez de la destreza al seleccionar esas máscaras verbales sin notar su carencia de sentido deviene didáctica. No se pueden entender las matemáticas usando solamente el Paradigma Platónico. Se rompe su integralidad. Por eso ese enmascaramiento verbal resulta en una honesta autocrítica de las limitaciones filosóficomatemáticas inherentes al Paradigma Platónico. En él, solamente la quietud es racional. Pero ese no es el caso para lo que establece la racionalidad. Las concatenaciones lógicas, matemáticas o no, son la inescapable autoridad de la racionalidad. Genera no solo el acto de comprar esta noche los ingredientes del desayuno de mañana sino la racionalidad paradigmática de las matemáticas, las tarjetas de crédito y el 55 calendario entre otras manifestaciones de las fatuas o intrínsecas disposiciones de lo humano. Afortunadamente, los científicos encierran sus reclamos de irracionalidad en el laboratorio, en el salón de clase, en los textos de los especialistas o en sus reuniones y no los sacan cuando manejan a casa o hacen un negocio, crían sus niños o en la fiesta de cumpleaños de la suegra. Esto ha hecho de muchos de ellos seres divididos, en una suerte de una diaria experiencia sicológica partida en dos, que trabaja precisando las fuerzas que concatenan las lógicas esculpidas en la racionalidad mientras tratan de sentir y de pensar, de enseñar y de alabar de otra manera: que ella o él defienden la irracionalidad. En lo que respecta al Paradigma Jonio, sólidos avances aparecen en diversos contextos sociales e históricos. La Secuencia de Fibonacci del Siglo XIII, por ejemplo, que permanentemente suma sus dos últimos dígitos, está presente en los pétalos de las flores, en la rata de crecimiento de la población de la fauna y en las pinturas de Leonardo da Vinci. El despliegue fenoménico de los flujos de energía es matematizado por el Paradigma Jonio de muchas maneras, euclidianas y no euclidianas, a través del cálculo o por las simetrías de Galois uniéndose a los patrones de lo colectivo del flujo saltando a una espacialidad curva que define el aquí y el ahora basada en cómo me muevo en relación con otros movimientos, no basada en la quietud del Ser de Platón. 56 La teoría de Heisenberg es una cosa en el Paradigma Platónico y otra muy distinta en el Paradigma Jonio. En el ámbito platónico quita la certeza en el conocimiento pero no en el Jonio, en el cual la certeza es dada por las consecuencias del movimiento y no por lo que, en efecto, no ha ocurrido nunca: la quietud de un fenómeno establemente cimentado en un sitio único e identificable en un momento específico y precisable. Heisenberg demuestra que únicamente es posible saber acerca del movimiento, debido a la imposibilidad de saber acerca de la quietud. Aparte del movimiento, no hay ninguna otra cosa acerca de la cual podamos saber algo. Certeza del saber, dije; precisión, como de uso la llaman. La disputa matemática sobre lo que es precisión entre el micro y el macro comportamiento atómico está atravesada por la manera en que la medición se torna confiable, como concluyó Einstein. Hoy las matemáticas toman la repetición de las simetrías como la precisión, sin importar que prosigan para siempre. Las fracciones dan un despliegue decimal entendido como preciso porque posee una simetría que se repite, como en 1/7, y también dan un despliegue decimal tomado como no preciso debido a su falta de repetición, como en 335/113 llamado Pi, “para el cual no se puede encontrar una expresión matemática en términos de Números Enteros”16. El criterio real para hacerlos dos dominios numéricos separados no es la característica de proseguir para siempre porque ambos, 1/7 y Pi, así lo hacen en su despliegue decimal sino que

16 BBC Radio 4. Melvin Braggs, In Our Time. 57 uno de ellos tiene un patrón de continuidad, 1/7 = .142857 repetido para siempre, y que el otro no lo tiene, Pi rehúsa repetirse en sus primeros 1.3 trillones de decimales según nuestra actual capacidad instrumental de medición. El movimiento es infinito mientras dura. ¿Será que disturbo el Universo? ¿Está la precisión en 1/7 y no en Pi? Me reí de mí mismo cuando llegué al momento de admitir precisión en esos 32 decimales de Pi que suplen suficiente información para matematizar el Universo conocido con una diferencia de un protón. Pero, tan disparatado como lo verán los próximos siglos, eso no es precisión para la actual racionalidad paradigmática de las matemáticas. Bueno, ya advertí sobre las caricaturas en que cae el rigor del Paradigma Platónico. La precisión está radicalmente adherida a aquello definido como lo que se va a medir, la quietud o el movimiento. Sin excepción, los dominios de la medición deben estar adentro de estas dos posibilidades. La precisión de esos 32 decimales de Pi acompaña los detalles factuales de 13.800 millones de años que llamamos Universo, excepto el más reciente de ellos, el que Heisenberg midió inmedible, el presente. Para mí, esta desconcertante destreza está dentro de los escasos honores que la vida terrena puede mostrar, si alguna vez el resto del Universo lo pregunta. Mi espíritu no es un extraño en ti, Cosmos, amigo mío. Te acompaño y a Bach añado. Quizá esa matemáticamente suelta parte interna de un átomo no sea tal sino el mismo argumento fotosintético del protón extraído del agua que 58 lleva a la evolución de la flora. De pronto estamos frente al instinto físico del Universo17. Esto lo quito o lo dejo como una más de las múltiples maneras de desenvolver esta definición de precisión como la medición de los pasos sin final del movimiento y, por lo tanto, una vez entendida como una falsa obligación matemática que sólo opera en el Paradigma Platónico, hemos quitado la quietud como un marco matemático de obligatoria referencia. La racionalidad paradigmática de la quietud que actualmente gobierna las matemáticas toma como la medición del fracaso lo que, de hecho es la medición del movimiento. Lo incompleto existe sólo si existe el Ser de Platón. El mundo es un perpetuo despliegue, no una caneca que podría ser llenada por completo18. Estamos frente a una relocalización de los paradigmas matemáticos de la quietud al movimiento, como fue el paso de la astronomía geocéntrica a la heliocéntrica. Esta relocalización no sucederá mientras lo entero de ciertas cantidades se mantenga sin responder. Un Número Entero es lo completo de un proceso específico que el movimiento lleva a cabo. No hay tal cosa como un Número Entero independiente de las fracciones. La diferencia entre 6/7 y 7/7 es la carencia de una parte del proceso que el movimiento da. Tomar los Números Enteros, en particular el número uno (1), como el criterio para validar la certeza matemática no es otra cosa que reducirla a lo que es compatible con el Ser de Platón. Las matemáticas no tienen deuda alguna con la quietud, fuera de la historicidad de su formación paradigmática.

17 Ver mi texto El Instinto del Universo. 18 Ver mi texto Los remiendos filosóficos de la estadística. 59 La filosofía debe buscar su intencionalidad en la especificidad de todos y cada uno de los saberes; esa es su labor. Más tarde, las simetrías entre esas especifidades crecen ellas mismas a medida que el Corpus de cada saber va sanándose epistemológicamente, órgano por órgano, vertiente por vertiente. Ese es el hogar interno de la pasión epistemológica, amplia como amplia es la pasión. Veamos el caso de las matemáticas. ¿Qué es uno (1)? ¿Qué es menos uno (-1)? Las dos Leyes de la Termodinámica lo traen así: para la Primera Ley un uno (1) es la semilla que termina su ciclo volviéndose otro uno (1) diferente, el retoño; en la Segunda Ley la entropía construye el menos uno (-1). El movimiento es matematizado cuando conserva energía y cuando pierde energía. Los Números Enteros, los Números Naturales, son la manifestación simbólica de la Primera Ley de la Termodinámica; los Números Negativos son la manifestación simbólica de la Segunda Ley de la Termodinámica. La reclasificación interna de cada ciencia la filosofía debe dejarla a los especialistas, una vez que la fuerza paradigmática del saber reviva su pasión como un camino de claridad. Después la filosofía retorna a su propia construcción como ámbito del saber. En este caso, no es difícil ver en la relocalización paradigmática de las matemáticas a Heráclito, a Spinoza y a Hegel, a la Lógica Termo-dialéctica de esa, por consiguiente, única sustancia móvil. El movimiento es infinito mientras dura. ¿Será que perturbo el Universo? 60 Lo infinito es el movimiento moviéndose19. Los Números Infinitos son los Números Móviles. El movimiento moviéndose con patrones difiere del movimiento moviéndose sin patrones. Por eso encontramos no sólo uno sino muchos tipos de infinito, como lo demostró Cantor. La formación simbólica de la ratio del movimiento, lo que es igual que decir la proporción de los patrones en los cuales el movimiento se despliega, es la racionalidad. Números Racionales son Números Ratio, cantidades con patrones que se mueven, y los Números Irracionales son Números I-ratio, cantidades que se mueven sin patrones. El movimiento de la energía moviéndose sin patrones es la entropía. Lo que es decir que una parte de los Números I-ratio son Números Entrópicos, que también incluyen a los Números Negativos; otra parte es el despliegue del movimiento. La denominación de ciertos números no requiere una relocalización verbal porque la misma palabra adquiere un nuevo significado paradigmático. Los Números Enteros son ahora lo completo de un determinado proceso del movimiento y no la quietud del Ser de Platón. Los Números Naturales, bueno, devienen parte de lo que Darwin entiende por natural. Adentro de las internalidades y a través de las externalidades de las cantidades, en los Números Racionales las fracciones son las simetrías, o

19 Términos tales como “infinito”, “para siempre”, “que no para”, etc., enmarcan la dislocación conceptual como remanentes que son de la historicidad paradigmática de la Modernidad. En el contexto de este texto el movimiento se detiene cuando el Universo se congele. Lo infinito, etc., refiere las acciones ocurridas mientras haya una existencia física del Cosmos. 61 su ausencia en los Números I-ratio. Una semilla es un espacio de árbol fraccionado por el tiempo. Es el tiempo fraccionando aquella espacialidad que fracciona el tiempo. No indistintamente fraccionar suma o resta. En física una menor o una mayor masa, lo que es igual a decir un menor o mayor movimiento de la espacialidad, resulta en una menor o mayor velocidad del tiempo. En biología una semilla es a la vez un número uno (1), la semilla, y también una fracción de un más amplio número uno (1), el árbol. No hay movimiento del tiempo sin movimiento del espacio y viceversa. La complejidad matemática reconoce la complejidad evolutiva. Fraccionar y reunir, o lo que es decir el mínimo de equilibrio de las tensiones de la energía seleccionando su camino hasta su máximo y viceversa, se arrojan ellos mismos en procesos de cualificación simétrica, no en la mera repetición. Los patrones son las proporciones relacionales de repetición cuantitativa expresadas por el forcejeo entre un mínimo y un máximo. La repetición es dada por el desplazamiento de esa tensión. La matemática in vitro muere aquí, donde crece la diversidad. La actual noción paradigmática de precisión no es apta para la evolución. Las simetrías acumuladas son úteros, no llanas repeticiones, porque sus acciones fraccionan y reúnen el espacio, no sólo el tiempo. Por eso el polvo cósmico se convirtió en estrellas; dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno se volvieron agua; la flora devino fauna y la fauna lo humano, 62 etc.20 Este escenario cósmico comenzó con el poquito de materia que sobrepasa la cantidad de anti-materia y que construyó la fisicalidad cósmica. ¿De qué otra manera puede haber más de la una que de la otra?

El movimiento, aquello dado por el tiempo, impulsa la causalidad como genérico organismo del Universo, ya que su curso no se devuelve. De ahí que la fisiología de la lógica del Cosmos sea la simplicidad de la concatenación más inmediata posible en el impulso iniciado en nuestro Big-Bang y en las sucesivas maneras del movimiento. Incluso la teoría de los Multi-Universos parte de esta base. El rigor del conocimiento matemático, o sea volcar la complejidad en la expresión simbólica más inmediatamente simple, proviene de esa “simplicidad de la concatenación más inmediata posible al impulso iniciado en el Big-Bang y en las sucesivas maneras del movimiento”. El movimiento es la inexorable concatenación del ir arribado ido.

20 Ver mi texto Las Edades del Universo. 63 TEORÍA DE LA PROXIMIDAD 64 Oh, tú, todavía por nacer… A Melvin Braggs, gracias, hombre. 65 Una única substancia moviéndose: eso sabemos del Universo. ¿Por qué se mueve? ¿Cómo se mueve? ¿El por qué es el cómo? Si es única, ¿cómo, pues, existe la diversidad? Esa unicidad diversa, ¿cómo se mantiene única no sólo como substancia sino como ininterrumpido avance, secuenciado o no? ¿Qué pegante cósmico auto-intra-inter adhiere la existencia? “Lo infinitamente próximo”, ahí donde Leucipo terminó ahí comienzo. Al igual que él, llego hasta este aquí filosófico montado en el oleaje matemático. La diversidad de este flujo único ha probado ser difícil de expresar en un tejido simbólico unificado. Newton, por ejemplo, no estuvo ni siquiera cerca de abordar las sofisticaciones evolutivas que caracterizan a los humanos. Einstein todavía nos espera. Esta dificultad se manifiesta no solamente cuando un tipo de saber, digamos la física, intenta cubrir otro tipo de saberes sino que también se manifiesta dentro de cada saber tal como en la fractura epistémica entre la Teoría Cuántica y la Teoría de la Relatividad en el ya referido caso de la física. La Teoría de la Proximidad debe prevalecer ante tan persistente dificultad. Hay un argumento que, no obstante no ser en rigor una parte epistémica a considerar, dobla el criterio hacia la duda: las vacilaciones contraintuitivas respecto de las leyes de natura. Fue arrojado ayer contra Galileo al igual que hoy contra las teorías Cuántica y de la Relatividad. La racionalidad es una construcción histórica que determina qué es y qué no es contra-intuitivo. Tras cuatrocientos años del telescopio de Galileo, no queda mucho de la intuición geocéntrica. Todos los días vemos el Sol 66 moviéndose del este hacia el oeste pero no dudamos que lo que se mueve es la Tierra alrededor del Sol. No hay un arquetipo de la intuición. La física de Newton tuvo que esperar cien años, hasta Kant, para adquirir suficiente agudeza en el volumen simbólico para re enmarcar la intuición colectiva de época desde la medieval hasta la moderna. El aniversario número cien de la Teoría General de Einstein es en estos días. La Filosofía de la Naturaleza del Siglo XXI está reaccionando a los retos de la física del Siglo XX como Kant lo hizo con Newton. Qué es lo que significa que el Universo procede de esta o de aquella otra manera lo cocina el horno de la filosofía. La proximidad es el impulso del Universo que a todo permea según el ritmo de su proporción. Las proporciones son proximidades dentro de ellas mismas. Por eso la repetición es la proximidad pautada entre proporciones; el ritmo. En el acto de moverse, el movimiento no permite la proximidad, solamente el avance. Pi expresa esa carencia de la proximidad, que difiere de la entropía como proceso antagónico a la proximidad. Veamos. La proximidad entre afinidades vinculantes crea nuevos tipos de movimiento, que llamamos diversidad, como sucede cuando dos átomos de hidrógeno se unen con uno de oxígeno y desde ahí siguen adelante diferentemente, en un movimiento secuenciado como agua. Estos tres átomos están en una relación de proximidad porque se mueven como una sola entidad física. Un nuevo ritmo de las proporciones rema nuevas 67 secuencias. Aquí, en la proximidad, la diversidad se encuentra con la complejidad. Los átomos que se articulan molecularmente lo hacen debido a la proximidad. Las afinidades vinculantes, ellas solas, no son suficientes. Así es como la complejidad pone al día su cuerpo a través de todo aquello que existe, galaxias, sentimientos, creencias, agujeros negros, incluidos el arte y los bombones. Sí, también tu espejo y, al mismo tiempo fuera y dentro de él, la figura que porta el ritmo de tus proporciones. Cuando dos entidades se encuentran pero no tienen las mutuamente apropiadas afinidades vinculantes constituyen una relación de vecindad, no una relación de proximidad. El ritmo de sus proporciones continúa moviéndose sin que mediante ese encuentro se constituyan en la cualificación de algo distinto. La proximidad es una relación de espacialidad pero también de tiempo. El lapso de demora mientras los átomos arriban los unos a los otros cubre una duración y una relocalización, cuya proximidad es el movimiento, propiamente hablando. El tiempo no se devuelve porque es un proceso de espacialidad acumulada, no únicamente de duración. Sólo un tiempo in vitro podría hacer tal. El tiempo no puede desdoblarse debido a esa nueva rama en el roble. Una vez un sistema saturado, las relaciones de proximidad inerte se mueven como vías. En estas vías los siguientes pasos evolutivos de la 68 proximidad deslizan su viabilidad. Así como lo hicieron las entidades físicas dentro de las proximidades químicas, la vida procede dentro de las entidades físicas. La vida procede en las vías entrelazadas de las proximidades de la proximidad de las tres previas química, física y orgánica maneras en que se mueven las entidades. El proceder de las relaciones inertes de proximidad es generalmente entre átomos cualificados en moléculas. Miles de millones de años saturaron las relaciones inertes de proximidad disponibles. Entonces la evolución rompió no las entidades de proximidad de segundo nivel, las moléculas, sino las del primer nivel, los átomos. Por ejemplo, extrajo un protón del agua para organizar la fotosíntesis, no un átomo de una molécula. Aquí está una de las claves: una entidad del segundo nivel de proximidad, una molécula de clorofila resistente al agua, de-construye una entidad de proximidad del primer nivel para extraer un protón de aquel mismo tipo de movimiento del cual se aísla, el agua. Las entidades clorofílicas, en efecto, no se descomponen en el agua. Ciertamente, extraer un protón es un muy difícil proceso que requiere de sutileza más que de violencia. La furia del huracán azota el agua contra el acantilado sin romperla ni siquiera en la relación de proximidad molecular, para no mencionar en las relaciones atómicas de proximidad. Y ese protón que la fotosíntesis extrae del agua es la afinidad vinculante de la cual depende la mayoría del movimiento de los organismos vivos. Es un 69 nuevo ritmo de las proporciones, como más adelante lo serán los humanos. Este nuevo ritmo de las proporciones se llama metabolismo. La intencionalidad del ritmo orgánico de las proporciones está dada en la previa variedad de las proximidades: en el fondo termal del mar, en la profundidad de las capas congeladas de la Tierra en Siberia y en mi Cali tropical. La especificidad de cada condición previa teje su propio ritmo de las proporciones: en el fondo termal del mar la intencionalidad del ritmo de las proporciones orgánicas no es fotosintético. La fotosíntesis camina en la relación holística de los extremos: por un lado la intencionalidad del ritmo de las proporciones de la luz y, por el otro lado, la intencionalidad del ritmo de las proporciones atómicas. La luz del Sol extrae un protón del agua mediante una nueva entidad del movimiento, la clorofila, y construye una vía para que el movimiento se deslice; vía llamada biodiversidad, cadenas de alimentos, etc. El Universo fluye entre las fronteras de posibilidades constituidas por la relación de los extremos holísticos en la intencionalidad de su ritmo de proporciones; el Cero Absoluto tendiendo al mínimo y la velocidad de la luz tendiendo al máximo. Esta relación de los extremos holísticos encierra las posibilidades de las proximidades. La diversidad de la dureza mineral, por ejemplo, depende de las variaciones de las proximidades dentro de la relación de los extremos holísticos. El Universo es finito en cuanto a lo 70 que es capaz. Dentro de una sola entidad de la proximidad, el carbón por ejemplo, el movimiento más lento en las relaciones internas es llamado diamante y de ahí en adelante, dependiendo de este mismo indicador, la diversidad del carbón de expresa en el incremento del ritmo de las proporciones. Cada entidad de la proximidad posee sus propias relaciones de extremos holísticos. Una bomba atómica consiste en romper las relaciones de los extremos holísticos de un átomo. Un ritmo de las proporciones se compone de sus propias fronteras relacionales tal como lo disponen las afinidades vinculantes de la proximidad. La fauna se mueve como fauna, los minerales como minerales, los átomos como los átomos, etc. Por lo tanto la fauna, los minerales, los átomos, etc., tiene cada cual sus propias proximidades de la proximidad: dentro de la fauna tenemos invertebrados y vertebrados; ovíparos, marsupiales y de placenta; dentro de la flora angiospermas y gimnospermas y dentro de estas mango o palma y de nueva dentro de estas fronteras relacionales la intencionalidad del ritmo de proporciones se vierte en variedades de palma o de mango, etc. De esta manera se establecen los flujos de distribución. Las vías y los flujos de distribución son los órganos básicos del cuerpo de la proximidad. Así como el Universo usa las relaciones de los extremos holísticos para generar la vida, la tecnología mejora su habilidad para el movimiento tendiendo hacia ellas, como en la cercanía de los superconductores al Cero Absoluto. ¿Por qué? El incremento de la cercanía a ambos extremos 71 holísticos de las relaciones adquiere gradualmente un menor ritmo de las proporciones a medida que decaen las proximidades de la proximidad. Las relaciones de los extremos holísticos constituyen el único caso cuyo camino tiene un solo ritmo de las proporciones, el suyo propio. Por lo tanto, ambos caminos portan otras proximidades de la proximidad como entidades no interferidas. Por ejemplo, la falta de viscosidad en los súperfluidos da la mejor vía para la distribución de los flujos y la luz es la vía más rápida para la información. La única manera de experimental y/o tecnológicamente alcanzar los extremos holísticos de las relaciones es rompiendo por completo el Universo. Para alcanzar el Cero Absoluto se tiene que congelar no sólo el laboratorio, la ciudad, el continente, el planeta sino, también, el Universo entero ya que una pequeña proporción que conserve su ritmo lo evitaría. La masa y el espacio son una y la misma cosa. No hay una ausencia definitiva de átomos en el espacio. El vacío, si hubiera de existir, sólo podría hacerlo donde el movimiento de una “materia-masa” se ha convertido en amplitud; es decir, espacialidad. Incluso en el caso de que hubiera vacío, esa amplitud fue construida por la amplitud de una “materia-masa”. El vacío, por sí mismo, no puede construir espacialidad; quizá, “ocupar” partes de él. Si es que es, es un lapso desocupado del espacio, no vacío. Pero considerar un tiempo, un lapso, sin masa es pueril a no ser que refutáramos a Einstein en su intencionalidad epistémica. Aquí algunas nociones tangenciales son reacomodadas, como en el caso 72 de la masa y el espacio que para él eran diferentes. Einstein avanzó hasta donde lo posibilitan las matemáticas y la Teoría de la Proximidad hasta donde la filosofía logra intervenir, de acuerdo al momento en que cada cual asume su objeto de estudio. La masa consiste en las proximidades de la proximidad adentro de las internalidades de una entidad; es lo que encarna su fisiología como una unidad del movimiento de la amplitud. La masa es la individualidad por ella misma; es el brote en el que se desempeña. Por ende, la masa y el espacio son una y la misma cosa, como quedó dicho antes. Una masa diferenciada del espacio no ha incluido la totalidad del tiempo como un aspecto más de la fisicalidad. Por esta grieta conceptual se cuela una bocanada platónica que otorga la posibilidad, primero, de especular con varias dimensiones de la espacialidad y, segundo, con un tiempo exógeno al proceso físico del Universo que lo hizo. En ese caso, tendríamos que tratar con un tiempo roto, en el sentido de que podría ser transferido de un espacio a otro, igual a que fuera posible separar las dos caras de una misma hoja. Como concepto básico de la física, la amplitud amarra estas disociaciones que ocuparon un siglo. Dentro de la amplitud, las relaciones, cualquier tipo de relaciones, son las acciones del fraccionar y del juntar. Por ejemplo, el calor es el resultado de la relación del tiempo y del espacio en su mutuo fraccionar y juntar. 73 Por eso la luz es tanto una onda como expresión del tiempo y una partícula como expresión del espacio; por eso la luz es el único movimiento que no cambia su movilidad cuando se mueve. El máximo posible de las relaciones en el fraccionar y en el juntar del espacio y del tiempo es la luz; el mínimo posible de las relaciones en el fraccionar y en el juntar del espacio y del tiempo es el Cero Absoluto. Fraccionar y juntar son el instinto termo-dialéctico fundacional de la fisicalidad que mantiene el Universo en marcha porque es el auto-intrainter procedimiento pegante del flujo mediante el cual cada entidad “infinitamente próxima” se adhiere en la amplitud cósmica a la más cercana siguiente individualidad de la diversidad del ritmo de las proporciones de aquella única substancia; la función equidistante. Dentro de la amplitud, la más inmediata expresión simbólica de la fisicalidad es la geometría, no el número. El pensamiento griego tuvo esa ventaja sobre nuestros días, anclados al número. La esfericidad es, de la fisicalidad, la proporción óptima de la amplitud en cuanto a capacidad. Es la entidad capaz de mantener, sin cambiar, una más amplia cantidad de proximidades internas. Porque las entidades intentan acumular dentro de la menor espacialidad una mayor cantidad de masa en sus movimientos internos, la esfericidad predomina como diseño dinámico. 74 Una entidad esférica de la proximidad extiende su cercanía de sus afinidades electivas, como quien dice sus ondas gravitacionales, su disposición natural a la manera en que la entidad más cercana asume la proximidad, bajo la misma formación esférica de la fisicalidad de la cual se irradia. Por lo tanto, el espacio es curvo. La Luna rodea la Tierra allí donde sus mutuas proximidades de la proximidad eso manejan, la entidad más inmediatamente cercana. ¿Qué consecuencia tiene una espacialidad curva en el actual entendimiento de las dimensiones? Se dice que hay tres dimensiones, vertical, horizontal y una suerte de profundidad tal como, por ejemplo, aparece por primera vez la perspectiva de las pintura del Guiotto. En un plano cartesiano es fácil captarlo de una sola vez pero no cuando simplemente se está sentado en un restaurante o, para el caso, en sitio cualquiera en cualquier momento. En el caso del restaurante, debe haber una dimensión vertical independiente entre, digamos, el techo y el suelo; debe haber otra dimensión independiente, la horizontal, desde mi mesa hasta la puerta y, además, una tercera dimensión independiente de profundidad que no puede estar en las dos primeras, de lo contrario no estaría desagregada como un tercer estado de las dimensiones. ¿Cuál es la diferencia entre la amplitud existente entre el techo y el suelo respecto de aquella otra amplitud entre mi mesa y la puerta? Es decir, ¿cuál es la diferencia entre la dimensión vertical y la dimensión horizontal? Si no inmensa, al menos alguna diferencia debe haber o hay que cancelar su división como dos dimensiones separadas. No está allí. Ahora bien, ¿en 75 qué manera es diferente aquella dimensión de profundidad respecto de aquella entre el techo y el suelo? Y lo mismo da para la dimensión horizontal entre mi mesa y la puerta. La diferencia, de nuevo, no está allí. Tocante al manejo acostumbrado de las dimensiones vemos con claridad que nada como una presencia de una sola dimensión ha existido ni existirá. Está más allá de mi capacidad mental siquiera el pensar, imaginar o figurar cómo sería; otros, quizá podrán hacerlo pero yo no. ¿Podría haber una entidad de dos dimensiones sin haber una previa de una dimensión? Esto rompe la fisicalidad de las actividades numéricas. O aceptamos eso o lo pensamos como insostenible. Tratar con una espacialidad curva de tres dimensiones no es otra pretensión que mantener el latido del corazón de Newton en las proporciones de Einstein. La amplitud es la única dimensión de la esfericidad. No divisible en nuevas entidades diferenciadas; no por fuera del tiempo, la amplitud encarna el ritmo de las proporciones estableciendo las fronteras de sus relaciones externas y sus funciones internas. El suelo, el techo, las paredes y las puertas son, en este caso, las fronteras de sus relaciones externas e ir desde mi mesa hasta la puerta, evitando otras mesas, asientos, personas o lo que sea, son las funciones internas. Vías y la distribución del flujo, como ya se dijo. 76 El movimiento es el ejercicio de la amplitud. Ese es el tiempo. El espacio es curvo pero sólo hasta cuándo y dónde la amplitud se lo permite. La amplitud acumulada por esa rama de roble es mayor que las amplitudes que la produjeron. Por eso el espacio no se puede doblar hasta el punto de tocarse a sí mismo. Es una especie de lógica de auto-vacuna de la fisicalidad, como ya se mostró en el caso de la clorofila. A partir de aquí relaciono algunas de sus múltiples consecuencias. Los límites de las fuerzas relacionales se inoculan para que dos entidades no ocupen la misma amplitud. Poincaré encuentra la sutiliza de la causalidad, no su fin. Si fuera cierto lo del “efecto mariposa”, según el cual una mariposa aletea en Japón y genera un huracán en el Caribe, no habría bomba atómica; las entidades no tendrían proximidades qué traspasar. Tampoco es cierto aquel ejemplo de un papel doblado que se traspasa con un lápiz dizque para llegar a otra amplitud distinta a aquella en la cual uno se encuentra. No hay independencia entre la dimensionalidad del tiempo y la del espacio. Una única substancia moviéndose tiene una única dimensión moviéndose. La adaptación no es sólo orgánica. Dos hidrógenos y un oxígeno se “adaptan” en agua; crean otro movimiento distinto al que traían. La sucesión de una especie de ampliaciones y de contracciones adaptativas tantea y haya los mínimos y los máximos de las diferencias entre las entidades. Por ejemplo, la Ediacara Biota no tenía límite en su crecimiento; Natura buscaba el ritmo de las proporciones orgánicas. En el 77 segundo intento, el actual, durante cientos de millones de años una y otra vez cada vez más la flora y la fauna reducen sus proporciones al ritmo que más fluya; es decir, aquel en el cual las entidades más se mueven respecto de la proximidad de los otros previos movimientos, agua, erupciones volcánicas, vientos, lluvias, deslizamientos, etc. No sólo nos ubicamos en el espacio desde nuestro movimiento respecto de los otros movimientos sino que en eso consiste la adaptación. La reducción de la flora, digamos del sequoia a la rosa, es un movimiento cuya proporción se da en ritmo similar al de la fauna, digamos del dinosaurio al colibrí. Aquí lo ejemplifico con el ritmo de las proporciones orgánicas pero de igual modo se construye el Universo. De tal manera que no es un movimiento que se mueve como si fuera la continuidad de un impulso sino que se mueve de movimientos. Los límites del ritmo de las proporciones convierten a las entidades en polos de gravedad magnética. Así el Universo como un todo va perdiendo el impulso del despliegue inicial que podemos referir como el Big Bang. La entidad que contiene más proximidades internas, por ejemplo el Sol, deviene en el polo que atrae más proximidades externas, que en el caso de nuestro ejemplo son los planetas, sus lunas, etc. Entonces sí, entonces “Allí todas las formas guardan una sola expresión frenética de avance”, tal como Federico García Lorca definió el cielo vivo. El movimiento, pues, se auto-genera. No corresponde a un impulso. Se expande, Primera Ley de la Termodinámica, y se encoge, Segunda Ley de 78 la Termodinámica. No todos los elementos químicos surgieron a una igual velocidad en el ritmo y por eso no son todos de iguales proporciones. Durante los tres primeros minutos del Big Bang sólo aparecieron el helio y el hidrógeno. Esa rama del roble es una amplitud que no solamente ha transformado la materia, al igual que los dos hidrógenos unidos a un oxígeno, sino que la luz se cualifica amplitud viva de nuevas entidades, generando amplitudes dentro del volumen interno del Universo. En cuanto a la amplitud, esta es una expansión distinta a la inicial. No sólo una entidad no puede ocupar una misma amplitud ya ocupada por otra sino que cada una de las entidades la ocupa con diferente forma. Por eso la clasificación de los minerales y la de Linneo tienen por lógica concatenante el incremento de la proximidad. Este es el origen de la individualidad dentro de lo universal. Tiene ahí, pues, origen la lejanía concatenante de toda lógica; es decir, de las lógicas cercanas y de las lógicas lejanas21. En la voz Jonia de Voltaire se dice así: “Pero esta divisibilidad no es sino la continuación del movimiento; pues sin movimiento nada se divide, nada se separa, ni nada se ordena”22. Estas expansiones distintas a la inicial mueven el movimiento general. La progresiva individualización genera la amplitud. Las diferencias de lo individual crecen a medida que avanza la amplitud. Dos gotas de agua tienen más proximidades entre sí que dos palmas de cera, o sea que son de mayor similitud; dos palmas de cera tienen más proximidades entre sí que dos tigres, o sea que son de mayor

21 Ver mi texto Paradigmas Referenciales. 22 Voltaire. Diccionario Filosófico. Materia. 79 similitud; dos tigres tienen más proximidades entre sí que dos humanos, o sea que son de mayor similitud. La individualidad es el resultado de la amplitud en su ejercerse movimiento. Disfrute, pues, lo humano el largo recorrido de su individualidad, por ello tan amplia ella. El calor es el producto del roce, del choque, de la fricción, generado en la progresiva individualización de la amplitud; por eso es la pauta del orden. En este sentido, algunos entienden la entropía como un desorden desorientado y no como lo que es, momentos constitutivos del ordenamiento genérico de lo posible en su ir y venir. Las estrellas, como entidades pertenecientes a los inicios del Universo, poseen internalidades cuyas individualidades en gran medida se rozan, se chocan, entre sí; por eso producen una cantidad enorme de calor: el Sol calienta la Tierra. Que la Tierra se enfriara significa que sus individualidades interiores dejaron de chocarse entre sí en la forma en que sucede en las estrellas, adquiriendo un ritmo de las proporciones más cercano a una distinta estabilidad. La evolución, que no se reduce a la vida, tiende hacia la estabilidad interna de las individualidades; un equilibrio dinámico señala las características que distinguen las individualidades. Esto explica por qué los mamíferos, pero no la fauna previa, mantienen una misma temperatura en su interioridad, independiente de su exterioridad. Un tumor es la pérdida de ese equilibrio dinámico en el roce, en el choque, en la fricción, de las internalidades de una entidad. La quimioterapia busca renovar esos roces, esos choques, esas fricciones, en 80 aquellas partes donde se ha perdido la dinámica que, como equilibrio, lo constituye individualidad. Calentar algo consiste en incrementar esos roces, esos choques, internos. Los neutrinos son el “experimento” del Universo en la vía del no roce, del no choque, de la no fricción. Lo contrario al calor son los neutrinos. El frío no es lo contrario al calor. Tomado como un estado de las cosas en sí mismo, el frío no existe; el Universo es la expresión del calor. En el Universo no existe el grado cero a partir del cual la escala se divide en grados negativos y positivos. El frío es solamente una manera de las convenciones de los instrumentos de medición humana. Por eso la ciencia se vio obligada a determinar dos diferentes grado cero, el de las escalas habituales y el Cero Absoluto. Lo que entendemos como Cero Absoluto determina la ausencia total de calor en lo que la escala actual de medición marca como -273 grados. La escala real marcará como un grado lo que ahora tomamos como -272 grados, como dos grados lo que ahora tomamos como -271 grados, como tres grados lo que ahora tomamos como -270 grados, etc. Lo que sentimos como frío, lo que señalamos como frío, no es más que una disminución del calor pero es innegable que sigue siendo, al cabo y por ende, calor. Estas dinámicas del calor, o sea estas termodinámicas, las refiero a los roces, a los choques, a las fricciones, de las interioridades y, así dadas, podría preguntarse por el funcionamiento de las exterioridades, tal como se da entre las llantas y el pavimento. La individualidad, en este caso, es la 81 Tierra, dentro de cuyas dinámicas térmicas se expresa el equilibrio de la relación entre las llantas y el pavimento. Dentro de la individualidad constituida como el planeta Tierra, una variedad de relaciones entre las individualidades interiores caracterizan los roces, los choques, las fricciones, entre las llantas y el pavimento: la lluvia o su carencia, la temperatura del momento y del lugar pues no es lo mismo en invierno que en verano, en Cali que en la Antártica. Las afinidades electivas de esa relación serían diferentes en la Luna. Estas son las proximidades de la proximidad, es decir la gama relacional entre las individualidades constitutivas de aquella individualidad mayor que las engloba. De la misma manera, las llantas son individualidades de otra individualidad que las engloba, el carro. Nuestro Universo, como individualidad mayor, establece las pautas de la individualización a través de los equilibrios dinámicos dados a su interior. Porque esto estipula un despliegue en el cual procede una manera de las cosas, no podemos desdeñas la existencia de universos diferentes de aquel que nos posibilita, como propone la hipótesis de los Multiversos. Quizá no a nuestro alcance, por lo menos sabemos qué es lo que buscamos. La energía es el cuerpo del movimiento; no la quietud de una masa cuantificada sino el procedimiento que mantiene la anchura de la amplitud mediante esas tensiones arquitectónicas como útero del tiempo cualificando el espacio: el río del juntar que previene el colapso del 82 Universo en un agujero negro. Mediante su fracaso, los agujeros negros son la confirmación de este procedimiento en la misma manera en la cual la movilidad de un carro se muestra directamente cuando ya no puede seguir moviéndose. He aquí por qué el fraccionamiento de la amplitud, es decir la individualidad, es el juntar el ritmo de las proporciones de sus afinidades electivas. Por esto el camino establecido para nuestra mente es como si un viento inclinara las entidades en una misma dirección. Montado en las olas matemáticas del fraccionar y del juntar llegué hasta este aquí filosófico. Lo mismo es para cualquier exteriorización de la fuerza del espíritu. Juntar simbólicamente las afinidades electivas de la fisicalidad es lo que llamamos lógica. Es el largo viaje de la fisicalidad comenzado sin su habilidad simbólica de fraccionar y juntar pero durante todo el camino tendiendo a la posibilidad de ello. Fraccionar y juntar simbólicamente es otra expresión de la amplitud de la fisicalidad. No hay cosa tal como un pensamiento sin una neurona. Es una nueva afinidad vinculante. Una entremezclada por las diferencias entre el movimiento en relación con el ritmo de las proporciones de la proximidad de las entidades. El hacha de Lucy es el despliegue de las lógicas físicas de la amplitud. Según la data actualmente disponible, es la primera expresión instrumental del espíritu; el cumpleaños de la tecnología. La instrumentalidad procede en la misma forma que la evolución: de lo ancho a lo angosto. La antiquísima cucaracha se adapta a un ancho margen de temperaturas, se alimenta de un ancho margen de comida, etc., 83 comparado con un reciente koala que resiste un angosto margen de temperatura, que se alimenta de una sola entidad, etc. La individualización de la fisicalidad en entidades vivas es la sutiliza de la biodiversidad así como con los artefactos procede la instrumentalidad. Un mejor microscopio es aquel que puede individualizar una mayor cantidad de entidades. El caso es cuáles entidades instrumentales, es decir cuáles artefactos, se mueven más rápido con las proximidades para las que están hechas. En Fórmula 1 la elección de llantas blandas, o lo contrario, hace la diferencia. De la piedra a la flecha a la bala y al misil muestra una intencionalidad igual, así como también lo hace la historia de la navegación, etc. La historia de la instrumental tiene tres edades: nómada, sedentaria y global. Da los mismos pasos que el Universo: de las entidades inertes a las entidades orgánicas y después a las entidades humanas. Lucy, una Australopiteca, nos dio el hacha; un Pitecántropo el fuego domesticado. El fuego domesticado acelera los átomos. O sea que quizá sea el instrumento básico. Un carro no es otro movimiento que aquel del fuego domesticado; “la chispa” le decimos en Colombia. Muchos otros instrumentos les debemos a los nómadas; aquí sólo menciono los aspectos básicos23. El Sedentarismo consiste en la triple domesticación del agua, como en los grifos y los acueductos; de la flora que es la agricultura y la fauna que es el

23 He desarrollado estas argumentaciones en textos previos: Los tres nacimientos de la Instrumentalidad, La Arqueología de la Instrumentalidad, Las Edades del Universo, entre otros. 84 ganado, las ovejas, los caballos, los perros, etc. La ingeniería de la flora y de la fauna intenta incrementar la rapidez del crecimiento. La rueda incrementa la rapidez del transporte. Gran parte de la actual instrumental depende de las muchas manifestaciones de la rueda, como en los relojes y en las hidroeléctricas. La instrumentalidad global toma el último paso evolutivo, las entidades simbólicas, esto es internet, y reorganiza las proximidades internas de las entidades químicas, como en la bomba atómica; de las entidades inertes, como en la metalurgia; de las entidades orgánicas, como en las cosechas genéticamente modificadas y en la fauna como en Dolly y en los clones humanos para el caso de nosotros. Si el movimiento genérico del Universo no se auto-genera, no hay libertad. Esto es lo que vine a decir. Como un nuevo sentimiento en nuestro propio estado mental, como el estar del ánimo más allá de la inmediatez, la amplitud genera para uno mismo novedosas proximidades internas. Una vez que deviene tuya, la amplitud es una actitud personal dentro del “tiempo” y del “espacio”. Las cosas no cambian; son. Digamos, la velocidad. Para la amplitud la celeridad es precisión, no la rapidez. La velocidad no es el incremento indiscriminado de la celeridad. La eficacia de un movimiento es su adaptación al movimiento de sus proximidades. La distribución de los flujos no puede evitar la curva en la vía; su ritmo de proporciones es un mínimo unido a un máximo hecho para la curva. Monta tu patineta, monta tu bicicleta o maneja tu carro y siéntelo. Las lógicas de la Teoría de la 85 Proximidad deben ser consolidadas por la diaria experiencia personal, no siendo necesario para ello manejar toda la delicadeza de su fuerza. De esta manera la instrumental debe adquirir su “dimensión” evolutiva y dejar atrás su actual lejanía prometeica. Los artefactos son tan naturales como cualquier otra cosa. Una rosa plástica no es una rosa falsa, tan desmerecedora como pueda parecer respecto de aquella en el jardín. Desatemos esto, el nudo de la contaminación, el no fluir con el flujo, lo antinatural de la tecnología. El nicho cubre la totalidad de los ritmos de las proporciones previos a lo humano. La instrumentalidad es la frontera relacional entre el ritmo de proporciones del nicho y el ritmo de proporciones humano. Sin hacha no hubiera habido nomadismo; ninguna especie de fauna hubiera traspasado las proximidades del nicho. La instrumentalidad, concebida según la Teoría de la Proximidad, es la vía de la adaptación humana. Sus funciones van mucho más allá de sus usos prácticos24. El retorno de nuestra conciencia a su “lugar fluido” dentro del movimiento general del Cosmos; seguir la atención de un latido tras otro del ritmo de tu corazón; la proporción de tu respiración calmadamente volviéndose más lento hacia el tipo de proximidad reconocible como la amplitud interior de la individualidad humana, es el antiguo rito de esta recientes palabras.

24 Idem. 86 La dificultad de seguirle el paso a este ritmo proviene de la racionalidad de la Modernidad como de la construcción de su historicidad paradigmática platónica diseñada contra el movimiento. No obstante, esa misma dificultad esta preciada llave abre las puertas Jonias de nuestra experiencia individual como uno más de aquellos ritmos de las proporciones diseminados en lo que denominamos Universo: nuestra parte del flujo colectivo. Como otra exteriorización de la adultez de la unidad espiritual latinoamericana, la Teoría de la Proximidad solamente admite como sus últimas palabras del poeta que, de la Patagonia a California, nos dio la posibilidad de pensar por nuestra cuenta, Rubén Darío: “Ama tu ritmo y ritma tus acciones bajo su ley”.

El autor de este libraco es de la ciudad de Cali, Colombia.

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