Sin policías a la vista en la ciudad de Nueva York

Están de civil y policía puede ser la mujer o el hombre que simula ser el vendedor de una tienda, que sirve un café, barre la calle o atiende en una verdulería.

Por Emilio J. Grande (Rafaela)

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Por Emilio J. Grande.- Integramos el grupo que viajó a Estados Unidos para presenciar las 500 Millas de Indianápolis. Víctor Hugo Fux –el jefe de deportes del diario La Opinión- que lanzó con éxito la iniciativa del viaje por primera vez y no se dude que será el comienzo para que en el futuro se repita la historia, ya reflejó acertadamente a través de varias crónicas la inolvidable experiencia de asistir a esa carrera casi centenaria de renombre mundial. De parte nuestra solo resta transmitir nuestra sensación personal. Esa es la intención, pero vana, porque la calificación es de un “espectáculo fantástico” por la prueba automovilística en sí y por su entorno dentro y fuera del mítico autódromo. La cita de intención vana refiere a que por más que se exprese en la forma más precisa, certera y detallada, aquello hay que verlo porque la imaginación que origine lo contado no se asomará a la realidad. A otra cosa. Se visitó Estados Unidos y a pesar de detractores y la crisis económica, se pisó la tierra de la primera potencia del mundo, donde la democracia no se declama y sus habitantes ignoran lo que es un gobierno populista. Se conocieron las ciudades de Miami, Indianápolis y Chicago y tres integrantes del grupo también visitamos Nueva York y Washington. Chicago es encantadora. Durante más de 20 años ahí residió Olga Alarcón con su esposa Olindo Foschi, ambos fallecidos. Doña Olga desinteresada y generosamente se había auto designado corresponsal de La Opinión y una vez al año volvía a su Rafaela. Insistentemente nos invitaba a conocer EE.UU. (país visitado en 1980) y no dejar de recorrer Chicago. Por fin al conocerla comprobamos que los elogios eran consistentes. Está al borde del lago Michigan que penetra en Canadá y el esplendor de la zona urbana lo constatamos navegando por el río que la atraviesa. También la cruzan trenes aéreos y subterráneos. Fue una estadía de pocas horas, pero suficientes para generar las ganas de volver algún día. Acotación. En el viaje terrestre entre Indianápolis y Chicago de tres horas, en una extensión de unos 20 kilómetros observamos funcionando centenares de molinos generadores de energía eólica, ahí donde la intensidad del viento es muy inferior al que azota a nuestra Patagonia, enorme potencial lamentablemente desaprovechado cuya actual infraestructura presenta hoy un estado incipiente. Nueva York, otra sorpresa para la admiración, donde no nos extraviamos como nos ocurrió en la vecina localidad de Egusquiza con sus diagonales. En cambio allá nadie en su sano juicio y sin haber consumido alcohol en demasía se puede perder por su diagramación urbanística. Está atravesada por ocho avenidas orientadas de sur a norte y en cada una nacen las calles numeradas. Por ejemplo, si uno debe ir a la 4ta. avenida y calle 34, simplemente deberá arribar a esa avenida y encontrar la arteria vertical de esa numeración. Desde nuestro alojamiento a solo una cuadra de la 5ta. avenida que es la principal, la primera curiosidad fue caminar la planta baja del hotel The Waldorf Astoria en el que se aloja el presidente de la Nación cuando visita Nueva York y en el que también lo hizo Juan Pablo II, el primer Papa que visitó la magnífica Iglesia de San Patricio en la que se destacan sus numerosos vitrales. La magnificencia de ese espacio del hotel que se comunica de calle a calle, sencillamente es fascinante y algo demostrativo de dos aspectos fundamentales de Estados Unidos: vigencia de la democracia y seguridad plena. El presidente de turno cuando allí se hospeda al bajar a la planta baja para salir a la calle se encontrará con decenas de habitantes de la ciudad y turistas. Con respecto a la seguridad, el guía que nos recibió afirmó lo posteriormente comprobado que al contrario de tiempo atrás, que cuando oscurecía las calles y avenidas se vaciaban de gente por temor, hoy se puede caminar por el centro y los barrios de Nueva York en plena madrugada. Esa información se fundamentó con profusos elogios para el alcalde Rudolf “Rudy” Giuliani que durante su gestión entre 1994 y 2001 cambió la temida ciudad en segurísima ciudad. Lo increíble dispuesto por el alcalde Giuliani es que no hay policías a la vista, están de civil y policía puede ser la mujer o el hombre que simula ser el vendedor de una tienda, que sirve un café, barre la calle o atiende en una verdulería. Sendas visitas –diurna y nocturna- en city-tour permitieron constatar la “seguridad cero” con miles de turistas en el centro y en los barrios negros otrora muy inseguros como Harlem, Bronx, Brooklyn. Espectaculares los cientos de edificios a cual más bello e imponente y de los más altos del mundo; algunos son sedes muy importantes como el de la Organización de Naciones Unidas (ONU), la de Wall Street y la Bolsa de Comercio que convierten a Nueva York en uno de los centros globales de las finanzas. Su población de 9 millones está asentada en 830 km2. Desde lo alto del Empire State inaugurado en 1931 tras superar el país la peor crisis económica, hoy es la construcción más alta tras la trágica caída de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, desde el que la vista nocturna de Nueva York es sencillamente espectacular. Ese privilegio de ser el más alto lo mantendrá el Empire State hasta que dentro de unos contados años se inaugure el complejo edilicio que llenará la llamada “zona cero” que ocupaban las gemelas cuya construcción principal superará los 500 metros, los últimos 60 sin habitar para evitar víctimas de producirse un nuevo ataque. La obra está en construcción, la vimos en día sábado y trabajaban decenas de obreros. Otra vista atrapante por la noche es la estatua de la Libertad donada por Francia al cumplir Estados Unidos su primer centenario. Nueva York ejerce notable influencia a nivel mundial en política, finanzas, arte, cultura, deporte, moda, música, entre otros. Ciudad cosmopolita -si las hay- donde se hablan 170 (ciento setenta) idiomas.

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