¿Seguimos apostando a la democracia?

El 2009 es un año electoral, tenemos que hacer uso de esa capacidad que nos da la democracia de ser verdaderos agentes sociales, de convertirnos en sujetos activos, de demandar al Estado que cumpla con sus obligaciones públicas, de sumar valor agregado a nuestro régimen democrático, que a diferencia de otros tipos de regímenes políticos es el único que pretende darle un sentido a la historia y defender los derechos del hombre.

Por María Julia Grimaldi (Rafaela)

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Partamos de la base de que la sociedad en la cual vivimos se desenvuelve en un régimen político democrático, esto significa básicamente que las personas gozan de una serie de derechos y libertades, los cuales están o deberían estar garantizados por el mismo régimen. El individuo es aquí un sujeto de derecho, es decir, es capaz de asumir derechos y contraer obligaciones, la persona humana es reconocida como portadora de capacidades cognitivas y morales, es lo que se dice un “agente” en términos de ciencias políticas. Resumiendo, en lo que se refiere a la actividad política por un lado el hombre tiene la obligación y el derecho del sufragio y por otra parte también puede que se ubique del otro frente y entonces además de ser elector es posible que sea electo, y si lo consigue, se encaminará a la tarea de tomar decisiones. Hasta aquí todo parece muy simple, sin embargo existen condiciones importantes que deben darse en la realidad para que dicho ejercicio de la democracia sea factible. Esto significa que los principios democráticos estén presentes en la práctica: el respeto por los valores fundamentales como la libertad (libertad de pensamiento, de asociación, de participación en partidos políticos, etc.), la igualdad, la no discriminación, la protección de las minorías y la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos, la tan famosa ahora “participación ciudadana”. Es un deber del Estado inclinarse siempre y en la mayor medida posible- dado que este es su fin- a alcanzar el bien común (conjunto de condiciones de la vida social que permiten y favorecen en los seres humanos el desarrollo integral de todos y cada uno de los miembros de la comunidad), el bien común de todos sus ciudadanos, este es un concepto general y abarcativo, concierne a la sociedad entera. Dicho de otra manera, según un estudio realizado por el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA) que efectúa un diagnóstico de calidad sobre el estado de la democracia necesariamente deben confluir dos variables fundamentales para que se constate la existencia de este régimen: “control popular” tanto sobre las decisiones públicas y sobre las autoridades públicas, e “igualdad” de todos los ciudadanos en términos de respeto y de voz en cuanto al ejercicio de dicho control. Por otras aguas, muy diferente al estado ideal, corre la dinámica de la democracia argentina. Siguiendo a Carlos Strasser *, los argentinos formamos parte de una semi-democracia o democracia liviana. Enumerando sus causales tenemos por ejemplo: el sistema capitalista que produce escollos, desigualdad, una marcada estratificación social; la gran contradicción en el concepto mismo de soberanía popular porque una gran mayoría está totalmente desprovista y desarticulada del resto del pueblo que puede entenderse como la porción que está incluída y forma parte del desarrollo; la impureza de nuestro régimen, que se ampara siempre en su pie democrático para legalizar sus acciones; la compleja realidad de la economía y la sociedad contemporánea en la que muchas organizaciones de distinta índole terminan por liquidar y socavar la soberanía y la territorialidad de los estados; el mecanismo representativo que es muy poco representativo valga la redundancia. Este último punto permite hablar de una democracia “representada” en vez de representativa, expropiada de sí misma, transformada en autoritarismo, en expresión de los individuos que gobiernan, esto es, muy lejos del tan proclamo por nuestros patriotas como “autogobierno”. Ahora bien volviendo a un concepto anteriormente formulado, el de “ciudadanía”, el interrogante que surge en nuestros días es: ¿De qué manera podemos ejercer plenamente la ciudadanía si hay grandes sectores, más concretamente la mitad de la población de nuestro país, que están totalmente marginados, excluidos, se encuentran por debajo de la línea de la pobreza, razón por la cual a duras penas pueden entonces ser ciudadanos? Y he aquí el concepto que nos acerca Guillermo O´donell*, el ejercicio llano y liso de la ciudadanía consiste en una” auto pedagogía colectiva”. Según este prestigioso politólogo somos nosotros mismos, en mayor medida los que tienen más conocimientos, los que recibieron educación de grado, los responsables de redefinir, re-aprender, redescubrir la democracia. Es imperioso traer a la memoria que nosotros somos el verdadero origen del poder, la fuente de los poderes que estamos constituyendo a través del voto. Y hago hincapié en esto porque este año es un año electoral, tenemos que hacer uso de esa capacidad que nos da la democracia de ser verdaderos agentes sociales, de convertirnos en sujetos activos, de demandar al Estado que cumpla con sus obligaciones públicas, de sumar valor agregado a nuestro régimen democrático, que a diferencia de otros tipos de regímenes políticos es el único que pretende darle un sentido a la historia y defender los derechos del hombre.

*Ambas personalidades son fundadores de la ciencia política argentina moderna.

María Julia Grimaldi. Miembro de la Cámara de Especialistas en Ciencia Política y Relaciones Internacionales del Centro Comercial e Industrial de Rafaela y la Región.

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