Revalorización del Cine Belgrano

De aquellos tristes episodios que hicieron temer por su permanencia hace más de 20 años, que determinó la donación al Municipio, se pasó a este presente feliz y auspicioso.

Por Emilio J. Grande (Rafaela)

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Por Emilio J. Grande.- Fines de la década del 80 y principios de la del 90, la profunda crisis económica del país, el auge de la TV y la aparición del video precipitaron el cierre de más 500 salas. En Rafaela de cinco sobrevivió únicamente la del Cine Belgrano. Pero a punto se estuvo que el tradicional e imponente edificio de bulevar Santa Fe 555 de su función al servicio de la cultura pasara a ser un comercio más. Afortunadamente no sucedió ese que hubiera sido traumático cambio porque el directorio del Belgrano que debió afrontar aquella situación que se extendió por más de tres años, finalmente resolvió donar las acciones a la Municipalidad. Pero esta decisión no fue nada fácil, por el contrario, plena de episodios tensos y dramáticos, que con el paso de los años tuvieron muy rica compensación que se materializó con el acto que tuvo lugar el viernes 15 de este mes, convirtiéndose en formidable mentís para aquellos que en aquel pasado se oponían con tozuda acción, a veces mal intencionada, sosteniendo el argumento que las tratativas iniciadas ante las autoridades municipales apuntaban a salvar la sociedad comercial del cine, cuando el real objetivo de sus directivos era mantener en la ciudad la imponente sala de más de 1.260 butacas, ponderada por los responsables de espectáculos de variado género que aquí presentaron y antes habían actuado en escenarios de la Capital Federal, Gran Buenos Aires e interior del país. El hecho de haber estado al frente de la sociedad anónima de aquel triste recuerdo, me permite referir circunstancias y episodios mayormente ignorados por el público, cuya sola mención darán cuenta al lector de la magnitud de aquella angustiosa situación que finalmente fue superada con la donación de los acciones al Municipio. A continuación va el relato de los principales tortuosos pasos. Comencemos por citar que hubo interesados en alquilar la sala. En una oportunidad se presentaron responsables de la Iglesia Evangélica y por unanimidad el directorio lo rechazó, porque en aquel tiempo no había el entendimiento de credos que afortunadamente impera hoy. En otra ocasión procedente de la vecina ciudad de San Francisco llegó a la mesa del directorio una propuesta con tentador monto de alquiler para convertir la sala del cine en confitería bailable, que tampoco tuvo cabida, teniendo en cuenta que tal actividad de divertimento no cuadraba con la raíz cultural de la empresa: el cura párroco de la actual Catedral y posteriormente obispo de Resistencia padre José Marozzi. La situación seguía siendo muy apremiante y varios miembros del directorio y allegados hicieron préstamos en efectivo de pesos del signo de entonces y también de dólares, debidamente documentados, que en ningún caso esos préstamos fueron devueltos ni tampoco reclamados cuando la empresa pasó a ser administrada por la Municipalidad. En otro momento para afrontar una deuda se vendieron 300 butacas al Centro Ciudad de Rafaela. Y podríamos seguir con la mención de más pruebas para hacer frente a la apremiante situación financiera, hasta que por fin, ante tantas fallidas intenciones se consideró como única salida la citada propuesta elevada al entonces obispo Héctor Gabino Romero para proceder a la donación de acciones que el intendente de ese tiempo Omar Angel Perotti aceptó con la condición “sine qua non” que al 49% de títulos de propiedad del Obispado rafaelino se sumaran otros hasta asegurar la mayoría, que fue posible con el desprendimiento de cinco accionistas más: Roberto Lencioni, Juan Carlos Borio, Eros J. Porta, familia Scándalo y el que suscribe. El paso siguiente lo dio el Departamento Ejecutivo al elevar al Concejo Municipal el proyecto de ordenanza de aceptación de casi el 52% de las acciones. Por unanimidad el cuerpo legislativo en la sesión de la noche del viernes 14 de agosto de 1992 aceptó la donación. Aquel Concejo presidido por Waldo Suárez lo integraban también los ediles Aldo Camusso, Héctor Tobke, Néstor Martinoli, Luis Peretti, Ana de Roggiani, Néstor Monay y Rubén Pavetti. Aquella gestión del intendente Perotti que permitió el enriquecimiento del acervo cultural de Rafaela con el salvataje de la sala del Belgrano, más de veinte años después tiene continuidad y consonancia de parte del actual titular del Municipio, Luis Castellano, revalorizando la institución con una primera etapa de orden material consumada, inaugurada hace pocos días con la promesa de una segunda etapa de tratativas ya iniciadas ante autoridades del gobierno nacional. Así, el Cine Teatro Belgrano de aquellos tristes episodios que hicieron temer por su permanencia pasó a este presente feliz y auspicioso. Creemos justo el recuerdo de una persona que desde el inicio fue eficaz colaborador y apoyo para hacer realidad la feliz iniciativa del presbítero Marozzi, persona que después se desempeñó como gerente hasta su partida al cielo, con una dedicación y eficiencia ejemplares, valores que me impulsan a hacer pública esta sugerencia: que la Secretaría del cine se llame Horacio Scándalo.

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