Rafaela, ciudad modelo, en apuros

Fue definida como “ejemplo” por la Presidenta en 2007; ahora cierran comercios y se frena la producción.

Por Francisco Olivera

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Francisco Olivera Enviado especial

Un par de zapatillas cuesta 30 pesos. Una remera estampada, 35. Algunas de las vidrieras del Boulevard Santa Fe, en esta ciudad, recuerdan al mercado bonaerense La Salada. En cuatro cuadras, en cualquiera de las dos direcciones de esa calle principal, cuatro comercios anuncian que se van. “Apurate!!! Descuentos 50, 60 y 70%. Nos vamos”, convoca otro negocio de ropa.

¿Qué pasó con la urbe manufacturera preferida de Cristina Kirchner? Hace un año y medio, tres semanas antes de la elección que la llevó a la Casa Rosada, la Presidenta elogiaba, en un acto de campaña, el comportamiento fabril. “Muchas gracias por el ejemplo”, le dijo al público el 19 de octubre de 2007, al lado del fabricante de válvulas José Luis Basso, el empresario más famoso de la zona.

Pero un gesto no tiene por qué ser siempre correspondido. Anteayer, el Diario Castellanos, de esta ciudad, publicó una encuesta del PJ local que dice que el 77% de los rafaelinos tiene una valoración negativa de la gestión de Cristina. “Mirá lo que es esto, parece un domingo. No hay nadie”. Fernando Lozada, dueño de la zapatería Calzados Karamella, no está en la mejor de sus tardes. Decidió cerrar una sucursal y tiene la mitad de los empleados que el año pasado (ver aparte).

Hay que decir que esta ciudad siempre recrea la vista. Ordenada, limpia, acogedora, elegante. Tierra caliente de emprendedores. Según estimaciones del Centro Comercial e Industrial de Rafaela, el 70% de la población activa se dedica a la producción. Aquí viven 90.000 personas. En febrero, en algunos sectores como el metalmecánico, las caídas en la actividad oscilaron entre el 20 y el 50% en relación con el mismo mes de 2007, de acuerdo con esa entidad. La peor pesadilla es de los fabricantes de válvulas, como el propio Basso. La crisis internacional automotriz es atroz y el mundo no demanda válvulas. “Tuvimos una pequeña caída. Pero estamos trabajando para revertirla”, atenuó el dirigente de la Unión Industrial Argentina (UIA).

El edificio de su competidora, la alemana Mahle, ex Edival, habla por sí solo. Son las 17 y está cerrado y silencioso. El personal de seguridad explica lo que es ya el comentario de toda la ciudad: Mahle trabaja con intervalos, tres semanas sí, una semana no, y así… A tres cuadras, el galpón de un concesionario John Deere está abarrotado de tractores que esperan lo que ahora parece más difícil: ser vendidos. “Hay actividad. Menos que antes, pero todavía hay”, se esperanza la empleada. La venta de bienes de capital bajó 50 o 60% en 12 meses.

La culpa no es sólo de Wall Street. En este paisaje confluyeron varias desgracias, como el conflicto agropecuario, la sequía y el colapso internacional. O la estatización del sistema de jubilaciones, que le quitó a la cadena de electrodomésticos Megatone, cuya casa matriz funciona aquí, un importante instrumento de financiación para los clientes. Las ventas de Megatone cayeron entre 40 y 50% y perdieron su trabajo unas 200 personas, muchas de los cuales fueron reincorporadas después en otras empresas.

Comparación odiosa Con todo, el rafaelino siente que la evaluación que se hace es injusta: Rafaela no es Copenhague. “Se creó una expectativa enorme con eso de que era la ciudad exportadora y todo eso ahora juega en contra -se queja Oscar Parra, dueño de Parra Hotel & Suites y presidente del Centro Comercial e Industrial-. Estamos más preocupados que otros porque somos exportadores y de producción. Las autopartistas siguen muy retraídas porque hay fuertes pérdidas automotrices. Pero no quiero decir que todo es un desastre, porque no es así: el movimiento comercial no está todavía resentido. Es verdad que cerraron comercios, pero no son más de diez. En el segundo semestre del año pasado, las altas laborales fueron más que las bajas”.

Las reservas del Parra Hotel & Suites fueron en febrero un 20% menos que hace un año. Un golpe inferior al que sufrió, por ejemplo, Etma SA, autopartista que exporta a 15 países. Un 40 o 50% de reducción de ventas alarma al más optimista. “El conflicto con el campo y la crisis internacional nos afecta directamente -dice Osvaldo Acastello, directivo de Etma y de la Cámara de Comercio Exterior de Rafaela-. No hay perspectivas de ventas. Tampoco medidas que permitan vislumbrar una solución en el mediano plazo.”

“No veía esto así hace 9 años”

La empleada saluda amable, pero pensativa y silenciosa. ¿Por qué debería estar eufórica? Como otros negocios de la cuadra, la zapatería que atiende tiene los días contados. Lo advierte un cartel enorme: “Liquidación total por cierre. Ultimos días, cierre definitivo”.

Fernando Lozada, el dueño, un oriundo de Paraná de 34 años, recorre el local y toma algunos artículos que se anuncian con ofertas escandalosas. Descuentos más propios de liquidaciones europeas, pero extrañísimos en la Argentina textil. Treinta, cuarenta, cincuenta, hasta setenta por ciento en rebajas. “Y sí, cierro. No veía Rafaela así desde hacía 9 años, te lo juro. Así estaba cuando llegué. La gente está amargada. En octubre empezó a caer la cosa. Pero ya estaban cayendo en el invierno con el conflicto agropecuario”, dice.

Lozada tiene puesta una remera que acaba de comprar en un local de al lado, también con liquidaciones estruendosas. “Mirá, la compré a 35 pesos”, cuenta.

Dueño de dos zapaterías, agrega que no sólo tendrá que cerrar uno de los locales, sino que tiene la mitad del personal del año pasado. “Hay una diferencia con lo que pasaba en 2001: en esa época había muchos comercios vacíos, pero los alquileres eran baratos; ahora también están vacíos, pero con alquileres carísimos.”

La preocupación alcanza a todos sus pares. En los próximos días, directivos del Centro Comercial e Industrial de Rafaela se reunirán con ejecutivos de las inmobiliarias para intentar acordar valores más accesibles.

Lozada dice que es una lástima, que el rafaelino promedio es una persona a la que le gusta “empilchar bien, salir a comer a buenos restaurantes”. La situación lo transporta al principio del conflicto agropecuario. “Yo no entiendo nada de campo, pero en esos días también estaba amargado.”

Fuente: diario La Nación, Buenos Aires, 18 de marzo de 2009.

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