Porqué los jubilados el domingo deberían votar

Así como en cada elección el Gobierno de turno echa mano a cuantiosos dineros públicos para acercar electores a los lugares de votación, el próximo domingo son los familiares o amigos de los jubilados que deben ocuparse para que sus padres o abuelos que padecen dificultades físicas y económicas puedan cumplir con lo que hemos dado en llamar el voto-castigo.

Por Emilio J. Grande (Rafaela)

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Cumplidos 70 años de edad en la Argentina los ciudadanos no están obligados a votar, eximisión a la que echó mano un elevado porcentaje de ellos en los últimos años en razón de la opinión dominante que los desanima a concurrir a las urnas por la imagen tan desquiciada de la clase política. Pero ante la convocatoria electoral del próximo domingo un importante número de los 5 millones de jubilados debería hacer un esfuerzo para emitir su voto-castigo. Es que si densas razones nunca faltaron, a lo conocido se sumaron en la actual campaña electoral que por suerte ya culminó, varias evidencias del increíble maltrato que le dispensó el actual Gobierno a la tan sufrida clase pasiva. Cómo puede tolerarse que con la enorme masa de dinero –102.000 millones de pesos- que acumuló la ANSES al incautarse de los fondos que administraban las AFJP, en lugar de elevar como mínimo el haber mensual a 1.000 pesos al 75% de los jubilados que hoy percibe la asignación más baja, ese organismo se haya convertido en el ente financiador en reemplazo del perdido crédito exterior a causa del desmanejo de la actual administración de un modelo que los Kirchner están empecinados en sostener. Ya resultaba sobremanera llamativo que con dinero de los fondos de la ANSES se lanzaran planes para financiar la compra de heladeras, bicicletas, automóviles, para créditos hipotecarios, etc -escarbadientes todavía no, pero quizás…- y de pronto lo que colmó la copa fue el apoyo prometido a la empresa láctea “La Serenísima”, como antes se había consumado con la General Motors, sentándose así un precedente de alcances imprevisibles dada la situación de una crisis todavía sin techo que tanto preocupa al sector empresario. Al despilfarro impiadoso de los fondos de la ANSES sin antes mejorar el haber mínimo –que repetimos- percibe el 75% de la clase pasiva y no cumpliendo además con el pago de la deuda de varios millones de pesos por juicios perdidos ante el reclamo de miles de jubilados, deuda que la Corte Suprema de Justicia ordenó cumplir sin acatamiento hasta ahora, se agrega lo conocido el miércoles último: la ANSES financiará el 90% del Plan Vial Nacional por 1.500 millones de pesos. Ante todo lo citado que es sólo una parte de los motivos por los que millones de jubilados en lugar de disfrutar de un merecido pasar digno y sin angustias económicas, como les resulta imposible manifestar públicamente su pésimo estado de ánimo, no deberían desaprovechar la oportunidad de emitir su voto-castigo concurriendo a las urnas con la boleta en el bolsillo de los candidatos que prefieran de la oposición. De no hacerlo favorecerán al oficialismo. Y si no se refuerza la oposición a no quejarse después por lo que podría venir. No olvidar además lo que sufre el campo con el kirchnerismo. Del campo directa o indirectamente dependemos todos. Si pierde el campo no gana nadie. Así como en cada elección el Gobierno de turno echa mano a cuantiosos dineros públicos para acercar electores a los lugares de votación, el próximo domingo son los familiares o amigos de los jubilados que deben ocuparse para que sus padres o abuelos que padecen dificultades físicas y económicas puedan cumplir con lo que hemos dado en llamar el voto-castigo.

Emilio J. Grande. Fue director del diario La Opinión de Rafaela durante 20 años.

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