Pentecostés en nuestra realidad

Se trata del editorial del programa “Sábado 100” por radio Sol Rafaela (FM 90,9) que conduce Emilio Grande (h.).- En medio de tantos problemas sociales y políticos que afectan a nuestro país y el mundo, por momentos se puede perder la esperanza y la alegría del sentido de la vida, pero este fin de semana se celebra la fiesta Pentecostés, tan importante como Navidad y Pascua. ¿Qué significa Pentecostés? Es la manifestación visible del Espíritu Santo sobre la naciente Iglesia de los apóstoles hace dos milenios. Por este motivo, la vocación eclesial es vida en comunión, la solidaridad con el mundo y el anuncio del evangelio a todos los hombres y mujeres, respetando y conociendo sus diversidades.
Así el Espíritu genera entre sus miembros una vida compartida, atenta, solidaria y que busca construirse desde el amor. En la sociedad hay diferencias sociales, pero en la Iglesia si bien hay roles y servicios distintos nadie es superior al otro. Para no repetir las mismas marginalidades que genera la sociedad, es el mismo Espíritu Santo quien nos hace comunidad unida y solidaria. Si somos fieles al Espíritu no debería haber marginación en la Iglesia. ¿Cómo bajar este mensaje teológico al plano humano de todos los días? La clave pasa por buscar la acogida y el diálogo entre los distintos sectores sociales, respetando las diferencias y las diversidades, pero priorizando la unidad y la búsqueda de soluciones que hagan hincapié en el bien común por encima de los intereses sectoriales a través de la verdad. Uno de los problemas más graves que tiene la Argentina es la difícil convivencia y la falta de diálogo entre vastos sectores sociales, con enfrentamientos y rencores sobre el pasado reciente, a tal punto que todavía hoy no se cierran las heridas de la última dictadura militar y la cultura autoritaria sigue vigente. El rafaelino Hernán Pérez Etchepare (ex director de la revista “La liturgia cotidiana”) dijo que “tenemos una nación sin proyectos claros, sin políticas públicas consensuadas, sin una infraestructura que nos permita el crecimiento, con instituciones burocráticas y con la violencia desatada”. Sigue vigente oración por la patria de los obispos: “Nos sentimos heridos y agobiados. Precisamos tu alivio y fortaleza. Queremos ser nación, una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común. Danos la valentía de la libertad de los hijos de Dios para amar a todos sin excluir a nadie, privilegiando a los pobres y perdonando a los que nos ofenden, aborreciendo el odio y construyendo la paz. Concédenos la sabiduría del diálogo y la alegría de la esperanza que no defrauda”.

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