Obama y América Latina: ¿es posible sostener las buenas relaciones?

Podemos observar que la actual administración entiende la importancia permanente de la región para Estados Unidos, y conservando su mirada estratégica, puede ser capaz de eludir presiones que podrían debilitar el proyecto de cooperación hemisférica.

Por Tatiana Santori (Rafaela)

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En un contexto tanto interno como externo desalentador, la administración Obama ha demostrado un interés activo por América latina, lo cual se puso de manifiesto a partir de la adopción de un nuevo enfoque de política exterior. Ahora bien, ¿cuáles son las razones que explican la adopción e implementación de esta nueva tendencia? Una primera aproximación a la respuesta se relaciona con el cambio de percepción del equipo de funcionarios, variable fundamental a la hora de analizar el modelo de toma de decisiones. En este sentido, el equipo de funcionarios de la Administración Obama vinculado a los temas latinoamericanos considera que, aunque América latina no representa una amenaza para la política exterior norteamericana, será cada vez más importante teniendo en cuenta el grado de influencia que ejerce en Estados Unidos. Otro factor que podría explicar el cambio de enfoque es la importancia económica de América latina como fuente principal de recursos energéticos y otros recursos fundamentales para Estados Unidos. El tercer motivo se basa en la creciente relevancia que reviste América latina a la hora de enfrentar problemas transnacionales como la seguridad energética, el calentamiento global, la contaminación y otras cuestiones ambientales, además de la delincuencia, el narcotráfico y la salud pública. El cuarto motivo son los valores compartidos, especialmente el compromiso con los derechos humanos fundamentales, que incluyen la libre expresión política, la gobernanza democrática eficaz y la aplicación sistemática del estado de derecho. El cambio de percepción en esta nueva administración fijó objetivos concretos que impulsan a Obama a esforzarse por renovar la cooperación con América Latina. El primero es reducir el deterioro de la economía norteamericana, para luego restaurar el crecimiento económico. El éxito que se alcance en este objetivo tendrá grandes repercusiones para los países de América latina, especialmente para México y los países de América Central que dependen en mayor medida de las inversiones, las remesas, el turismo y el comercio con Estados Unidos. En segundo lugar, desde una perspectiva más pragmática, el nuevo gobierno prefiere enfocarse en algunos problemas específicos, tales como el refuerzo de las instituciones financieras, la restauración del flujo de inversiones y créditos y los problemas energéticos, ambientales, y de seguridad civil. El tercer principio que guía la estrategia de Obama, y que puede ser visto como una continuidad respecto a su antecesor George Bush, es la decisión de desagregar rigurosamente a los países de América Latina y el Caribe, teniendo en cuenta sus diferencias, fundamentalemente las vinculadas al grado de interdependencia económica y demográfica con Estados Unidos, al grado de apertura de las economías y a la capacidad de alcanzar algunos aspectos fundamentales para una gobernanza democrática eficaz. La alineación de las percepciones con los objetivos de la política exterior norteamericana, hablan de una visión coherente de las relaciones interamericanas, lo cual es un buen motivo para mantener las esperanzas. Obviamente, estas medidas pueden afianzarse y convertirse en permanentes siempre y cuando se le de continuidad al estilo diplomático y al proceso metódico para la toma de decisiones y la visión alineada del nuevo equipo con la burocracia de carrera para los asuntos latinoamericanos. Por otra parte, hay factores internos que podrían contribuir al reforzamiento de dicho enfoque, tales como el relativo debiltamiento de varios grupos de interés que podrían oponerse al enfoque actual, especialmente los vinculados al sector de la línea dura de la comunidad cubano estadounidense de Florida, los grupos sindicales más proteccionistas, el lobby de las armas, algunos grupos de interés agrícola, así como el sector de la clase dirigente que ha querido sancionar a ciertos gobiernos latinoamericanos por su no alineamiento con las posturas estadounidenses; al mismo tiempo que han ido ganando peso e influencia los sectores hispano latinos. Con todo, por el momento podemos observar que la actual administración entiende la importancia permanente de la región para Estados Unidos, y conservando su mirada estratégica, puede ser capaz de eludir presiones que podrían debilitar el proyecto de cooperación hemisférica.

Tatiana Santori

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