Nuestra Constitución rechaza este antifederalismo

No está tolerado en la Carta Magna que se incumpla groseramente con la ley de coparticipación, como ocurre desde hace diez años. Opina el doctor de nuestra ciudad en el diario Clarín de Buenos Aires.

Por Enrique Marchiaro (Rafaela)

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Por Enrique Marchiaro.- Nuestra Constitución nacional permite diversos programas económicos y políticos que pueden ir de un extremo al otro del arco ideológico. Los límites que se fijan son generosos y dependen de las interpretaciones.

Con magistral precisión Guillermo O’Donnell nos ha enseñado que nuestras constituciones se nutren de tres grandes modelos teóricos: el liberal (preexistencia de derechos individuales frente al Estado), el democrático (un hombre igual un voto) y el republicano (gobierno de la ley y no de los hombres). Estas tres corrientes necesitan a su vez de flexibles y diversas combinaciones.

A casi diez años de vigencia del actual “modelo” resulta claro que algunos de sus rasgos son una reproducción de lo que el peronismo ha sido y es: un populismo con fuerte tendencia antifederal.

Nuestra Constitución, al igual que otras del mundo (Estados Unidos o Italia), permite el populismo en la medida que sus vicios no se expandan .

Bush, Berlusconi, Menem, Néstor y Cristina Kirchner son buenos ejemplos del populismo contemporáneo .

Este tipo de democracia orgánica y movimientista, fuertemente no institucional, reducirá al máximo los componentes liberal-republicanos y sólo si los niega o anula será inconstitucional.

En cambio, nuestra carta magna no permite un programa antifederal.

Y esto es lo que pasa desde hace diez años, donde se incumple groseramente con la ley de coparticipación que fija un piso del 35 % a las provincias y -desde que se estatizaron las jubilaciones- no ha reintegrado el 15 % de masa precoparticipable, comenzando saludablemente Córdoba a denunciar el pacto fiscal en este punto.

Los ingresos por coparticipación a las provincias fueron decayendo groseramente: del 52 % antes de 1976 al 50 % en 1993 para llegar al 32,7 % en 2011. La Nación recauda entre el 80 y el 85 % de los tributos y a su vez recurre al Anses, el BCRA y la emisión monetaria, cuando sus gastos por personal son del 13 %, mientras que las provincias no tienen estas cajas y sus gastos de personal rondan el 50 %.

De 1974 en adelante el actual programa de gobierno ha sido el que más ha lesionado el federalismo en este punto. Y ello no se atenúa con el argumento de que la política económica nacional inyecta fondos al interior y las regiones vía obra pública, transferencias directas o bien con los mejores ingresos de trabajadores y jubilados sumados a los subsidios directos e indirectos.

Mientras el mundo desarrollado optó por combinaciones muy ricas entre los planos liberal-republicano-democrático, como país a fines del siglo XX optamos por un populismo de mercado que casi nos dejó en la ruina y en el siglo XXI, por un populismo de Estado que poco a poco se agota.

El autor es DOCTOR EN CIENCIAS JURIDICAS, DOCENTE UNIV. NAC. DEL LITORAL.

Fuente: Diario Clarín, Buenos Aires, 14/08/12.

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