Nuestra Casa Rosada supera la Casa Blanca

Al margen de las cuestionadas autoridades que los ocupan, la Casa Rosada y el Congreso de Buenos Aires superan largamente a la Casa Blanca y al Capitolio por la magnitud y detalles arquitectónicos.

Por Emilio J. Grande (Rafaela)

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Por Emilio J. Grande.- El traslado vía terrestre con orientación al sur para conocer la capital Washington, se hizo desde Nueva York por una autopista de 350 kilómetros de longitud profusamente arbolada en ambos costados, región de llanura alternando cultivos e industrias. Al arribar comprobamos inmediatamente lo previamente señalado por el guía. De la imponencia edilicia de Nueva York se pasó a la chatura de Washington, siendo el Capitolio –sede de los legisladores- el edificio más alto con sólo 86 metros, porque no se permite superar esa marca en construcciones privadas y públicas. Y del Capitolio nos trasladamos a la Casa Blanca sin poder disimular una suerte de decepción. Al margen de las cuestionadas autoridades que los ocupan, la Casa Rosada y el Congreso de Buenos Aires superan largamente a aquellos por la magnitud y detalles arquitectónicos. También la Casa Blanca donde además de trabajar vive el presidente de la Nación con su familia –el de la Argentina reside en Olivos- tiene enfrente una plaza mucho menos bella que la Plaza de Mayo y ni punto de comparación con la rafaelina 25 de Mayo de ponderación mundial. Washington es una ciudad perfectamente planificada y desarrollada a partir de 1776, cuyo nombre le fue impuesto en honor del primer presidente estadounidense George Washington. Esta capital, que está atravesada por el río Potomac, alberga los centros de los poderes del gobierno de los Estados Unidos –Ejecutivo, Legislativo y Judicial-; también las sedes del Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, la Organización de los Estados Americanos (OEA), Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el imponente Pentágono –asiento de las Fuerzas Armadas-. Además, en esta ciudad se encuentran los museos más famosos del mundo, ocho en total. Visitamos sólo uno, el que muestra la historia de la aviación con aparatos en tamaño natural mostrando la evolución del principio hasta nuestros días en las versiones comercial y de guerra. La población de Washington supera los cinco millones. La capacidad hotelera es reducida y en ocasiones –fue nuestro caso- es imposible el hospedaje hasta como mínimo una noche. Son innumerables los monumentos en el área urbana –se destaca el de Lincoln- y en el cementerio donde están sepultados en tierra el ex presidente John F. Kennedy y su esposa, impresionando también las placas alineadas de más de 320.000 soldados norteamericanos caídos en guerras en territorio extranjero, tantas veces cuestionadas. Sin embargo, los americanos se esmeran en prácticas democráticas. En Nueva York en forma permanente luce en el frente de un edificio la bandera de Cuba, sin haber relaciones diplomáticas entre ambos países. Y en Washington los 365 días del año frente a la Casa Blanca se renueva la presencia de opositores políticos –nacionales y extranjeros- con banderas y estandartes, pero no interrumpen el tránsito como en la Argentina lo hacen los piqueteros. Allí también está instalada una carpa desde hace más de 30 años habitada por una mujer disidente, diminuta y andrajosa, que reclama por sus derechos.

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