Murió el cura verbita Enrique «Liqui» Oggier

Por Emilio Grande (h.).- El martes último falleció el sacerdote verbita Enrique Alberto «Liqui» Oggier (svd) a la edad de 64 años en el Hospital Austral de Buenos Aires, luego de soportar una enfermedad terminal. Había nacido el 24 de agosto de 1951 en la vecina localidad de Villa San José, siendo sus padres Enrique Oggier y Elena Ruffiner, en una familia numerosa de 13 hijos: además de Enrique, María, Jovita, Ciria, Elsa, Ester, Lucrecia, Germán, Cristina, Hugo, Liliana, Esteban y Néstor (estos dos últimos fallecidos). Se formó en la Congregación de Misioneros del Verbo Divino: ingresó al noviciado de Alta Gracia el 1 de marzo de 1973, profesó sus primeros votos al año siguiente y su profesión perpetua fue el 1 de marzo de 1977, siendo ordenado sacerdote el 6 de mayo de 1978 por el entonces obispo diocesano Jorge Alcides Casaretto (el primero que ordenó en la Diócesis). Por su ministerio misionero de su congregación estuvo viviendo en distintos países latinoamericanos: de 1978 a 1983 en México. Luego hasta en 1988 en Nicaragua, compartiendo el sufrimiento de las familias y comunidades en medio de la revolución sandinista, una experiencia que lo marcaría para el resto de su vida. Volvió a nuestro país y dedicó seis años de servicio en el área de formación, primero en el seminario menor San José de la ciudad de Esperanza y luego en el postulantado en Villa Allende, Córdoba. Continuó su misión en Montevideo (Uruguay) de 1994 a 1998, en lugares abiertamente declarados seculares, pero pronto se ganaría el aprecio y la cercanía de los lugareños. La tarea formativa lo convocó nuevamente en Buenos Aires en 1998, para acompañar un grupo de estudiantes profesos en la casa de inserción de Rafael Calzada, Buenos Aires, siendo muy apreciado por quienes lo han tenido como acompañante de la formación y director espiritual. A pesar de su preferencia personal, en 2002 fue elegido superior provincial de la entonces «Provincia Argentina Sur», servicio que ocupó por dos trienios. En esos años dedicó todos sus esfuerzos para liderar a sus pares y debió pasar varios tragos amargos, más aun cuando su responsabilidad lo llamó a tomar decisiones difíciles de digerir para su personalidad. En 2008, fue requerido para la formación y asumió como maestro de novicios en Bialet Massé, Córdoba, por un trienio. Llegado a ese punto, solicitó un tiempo para «realimentarse» personal y vocacionalmente, participando de un curso de renovación en Guatemala. A su regreso, la Provincia le solicitó que colaborara pastoralmente en la parroquia San José de Crespo, Entre Ríos, que depende de la Arquidiócesis de Paraná, por un tiempo breve hasta que llegara un párroco asignado. Esa brevedad se extendió hasta la fecha y era casi innegociable para los crespenses la salida de Enrique, sentían un cariño muy especial y lo manifestaron hasta los últimos días. Sus restos fueron inhumados en la mañana de ayer en el cementerio del Colegio San José de Esperanza, previa misa de cuerpo presente en el citado instituto del Verbo Divino, presidida por el arzobispo de Paraná Juan Alberto Puiggari y concelebrada por el provincial de la congregación José Luis Corral, sacerdotes de la congregación y diocesanos (entre ellos 7 de Rafaela), como así también participó gente de distintos lugares (entre ellos Crespo) donde estuvo Enrique y familiares de Villa San José y Rafaela, entre otros. «Enrique se caracterizó por su sencillez y buen trato. Una persona cálida y de mucho respeto por sus interlocutores. Su tranquila personalidad inspiraba paz y lo hacía cercano a todos. Gracias Enrique por tu bondad, tu amabilidad, tus gestos de amistad y fraternidad, porque siempre estuviste listo para escuchar, acompañar y animar a tus hermanos y a la comunidad en su vida y misión. Nos quedamos con tu sonrisa y tu mirada serena y clara que ahora gozás en la presencia sin fin de Dios amor», destacó el verbita Mario Keiner en la postrer despedida luego de la misa, cuyo texto completo está en www.svdargentina.org.ar. Anteanoche hubo una celebración ecuménica, también en Esperanza, con el testimonio de tres pastores de la ciudad de Crespo.

PERSONA SENCILLA A decir verdad, era una persona muy querida entre sus pares verbitas, sus familiares y amigos, especialmente por su espíritu religioso, misionero, ecuménico y solidario con los más pobres. Esta congregación fue fundada por Arnoldo Janssen el 8 de septiembre de 1875 en Steyl, un pequeño pueblo de Holanda, en las cercanías de la frontera con Alemania, escapándose de la persecución política de la Alemania prusiana. En nuestra Diócesis hubo comunidades de sacerdotes del Verbo Divino en la parroquia Sagrado Corazón de Rafaela, en San Cristóbal, Villa Minetti y Tostado. «El objetivo de la congregación son las misiones, colaborar y trabajar en las zonas más humildes, más necesitadas del clero y en situaciones conflictivas», expresó Oggier a este cronista en una entrevista publicada el 24 de enero de 1999 en el diario La Opinión de Rafaela. -¿Cuáles son los desafíos de la Iglesia frente al nuevo milenio? -La evangelización: cómo llegar a más gente, cómo animar a los laicos, cómo formar nuevas comunidades, cómo estar presente en los problemas sociales que vive la familia y la gente que no tiene trabajo. -De los lugares que estuvo misionando, ¿cuál fue el que más lo impactó? -Nicaragua fue y será insuperable, ya que estuve en la época de la guerra durante el gobierno sandinista; fue lo más terrible por la situación de peligro, de muerte y personas que teníamos constantemente que enterrar.

Fuente: diario La Opinión, Rafaela, 28/7/2016.

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