Misa por los 135 años de Rafaela: “somos invitados a celebrar con memoria agradecida”

Homilía leída por el párroco Alejandro Mugna durante la misa por los 135 años de Rafaela que presidió el obispo diocesano Luis Fernández en la Catedral San Rafael con autoridades de Rafaela, Fossano, Sigmaringendorf y Carcabuey. Queridos hermanos que hoy nos visitan desde las ciudades hermanas de Sigmaringendorf, de Fossano, y Carcabuey; ustedes son memoria viva de la corriente inmigratoria de varios países, que enriqueció el momento inicial de la Colonia Rafaela, hoy nuestra ciudad. A ustedes queridos hermanos, nos unen lazos históricos y de sangre, y por ello queremos darles hoy una cálida acogida en la Fe; en sus rostros, sus nombres e historias se hacen presente nuestros antepasados no lejanos en el tiempo. Muchos de ellos arribaron a estas tierras aún con el eco de una guerra terrible, en ocasiones con el peso de una pobreza desbastadora y siempre con el doloroso desarraigo. Pero a la vez, cargados con la fuerza transformadora de la Esperanza, fruto de una fe amasada en la prueba y la certeza de un futuro a construir desde el trabajo incansable y los frutos generosos de la tierra. Querida comunidad cristiana de Rafaela, hoy somos invitados a celebrar con memoria agradecida, el encuentro de hermanos inmigrantes diversos en sus costumbres, razas y lenguas que hace más de un siglo se encontraron con la savia criolla, fruto de un mestizaje primero; que dio lugar a una cultura rica y cargada de nuevas expresiones. En el “hoy” de la historia, la movilidad como característica por momentos trágica de la humanidad, que se manifiesta en el éxodo de muchos hermanos, que por causa de las guerras, de la pobreza o la inseguridad política de sus naciones son llevados a desembocar en situaciones de muerte, de indignidad o de una precariedad indefinida en el tiempo. Ésta realidad, nos llama, alentados por el Magisterio del Papa Francisco a una “Cultura del Encuentro”. Cultura del encuentro que es mucho más que un concepto, sino más bien un estilo de vida que nos lleva a salir de nuestra comodidad, de nuestra autorreferencialidad, provocando así un modo nuevo y permanente de relación en la humanidad. En este contexto la Liturgia nos invita a contemplar la cercanía de Dios en la figura de San Rafael, que como su nombre lo indica es medicina que el Señor envía a su Pueblo afligido, abatido y desarraigado, pero sostenido por la fe de algunos creyentes, que como Tobías conforman el resto fiel de Israel. El aniversario de la dedicación de este templo nos recuerda que Jesús se hace presente dónde dos o tres se reúnen en su Nombre; esta Casa de oración es expresión de la comunidad creyente, pero a la vez nos recuerda la vocación personal de cada uno de nosotros: todos estamos llamados a ser templos de Dios, alimentados con su Palabra de Vida y convocados para formar el templo vivo de la Iglesia, es decir constructores incansables sobre el cimiento de la Fe de los Apóstoles. En ese sentido la visita de Jesús a Jericó y el encuentro con Zaqueo, nos muestra el “estilo de encuentro” que provoca el Hijo de Dios. No lo hace con la fuerza exterior con que Israel entró a Jericó en tiempos de Josué, lo hace entrando en el corazón de uno de sus hijos, un pecador público y aborrecido, con una fuerza distinta: la Misericordia, Amor silencioso que salva, libera a las personas y las impulsa a hacer el bien, a salir de sí mismos para buscar el “Bien Común”, en primer lugar como inspiración de Dios, y también como semilla sembrada en todos los hombres y mujeres de buena voluntad, creyentes o no. Queridos hermanos, ocupemos humildemente el lugar de Zaqueo; también a cada uno de nosotros Jesús nos dice “baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa…” (Lc. 19, 5), recibámoslo con Alegría y espontaneidad, con Él no van las formalidades sino la apertura de corazón, la disposición real a dejarnos interpelar por su mirada y por su Palabra. (Cfr. Lc 19,6). Sería hermoso que al final de esta visita, el Señor pueda decir de nosotros lo mismo: “hoy ha llegado la salvación a esta casa” (Lc. 19, 9), porque encontró en cada ciudadano de Rafaela la disposición a bajar y a salir de sí mismo al encuentro exigente, comprometido y misericordioso con todos los hermanos, especialmente los pobres, los enfermos, las víctimas del abuso y la violencia, las víctimas de la trata de personas y del narcotráfico, y de todos aquellos que quedaron al borde del camino. Para concluir, dejemos resonar en nosotros las palabras del Papa Francisco que en Evangelii Gaudium nos dice: “La Iglesia «en salida» es una Iglesia con las puertas abiertas. Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido. Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompañar al que se quedó al costado del camino. A veces es como el padre del hijo pródigo, que se queda con las puertas abiertas para que, cuando regrese, pueda entrar sin dificultad”.

San Rafael, medicina de Dios, ruega por nosotros… María Madre de la Iglesia, ruega por nosotros. Amén 24 de octubre de 2016

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