Masivo desinterés por las elecciones del 28 de octubre

La autora de Rafaela pero vive en Rosario plantea que a una semana de tal definición, más allá del intento del gobierno de colocar a Carrió en segundo lugar, es el ex ministro de Duhalde y Kirchner, Dr. Lavagna quien se ubicaría en tal posición.

Por María Herminia Grande

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Ante la claudicación de la oposición en su aspiración de dejar de serlo, la Argentina está destinada al continuismo del oficialismo. El problema no pasa por la victoria del oficialismo, el problema reside en que ni para él ni para la oposición, por estas horas, aflora el voto de la convicción. Todo indicaría que la buena elección de Scioli en Buenos Aires arrastrando a la senadora Cristina quien –paradojas de la política argentina- si desea votarse deberá ir a Santa Cruz y no a un centro de votación en la provincia que la eligió como senadora; contrarrestaría (obtendría en Buenos Aires más del 57%) el voto negativo que sobre ella pesa en los grandes conglomerados urbanos: Capital, Gran Rosario, Gran Córdoba. A una semana de tal definición, más allá del intento del gobierno de colocar a Carrió en segundo lugar, es el ex ministro de Duhalde y Kirchner, Dr. Lavagna quien se ubicaría en tal posición.

Si hoy se habla del voto castigo, del voto útil, -también parecería habría un voto vergüenza- pero no del voto convicción; es porque finalmente se presentifica en esta elección aquel rótulo con que varias generaciones de argentinos convivieron: “la política es porca”, por lo tanto “no te metas en política”. La sociedad argentina no se mete en política, no desea presentarse el 28; pero a su vez vive a través de la política. La inseguridad no es cuestión que se resuelva con un jefe de policía apolítico, se resuelve con políticas de seguridad desde la política. La inflación no se resuelve manipulando el INDEC, se resuelve con políticas económicas. La energía no se resuelve no cumpliendo con Chile y cerrando el grifo, se resuelve con políticas que debieran trascender la duración de un gobierno. La pobreza no se resuelve con planes sociales, se resuelve con políticas de inclusión cuyo rol protagónico lo tiene la educación. Y a propósito de ésta: la educación, a mayor degradación social mayor debiese ser su protagonismo. Se necesita educación para aprehender valores. Se necesita educación para discernir entre derechos y obligaciones. Se necesita educación para llegar a ser ciudadano. Se necesita educación para valorar la democracia y dimensionarla con lo que ella implica. Es difícil en momentos en que el voto por la convicción no cuenta, no cotiza; poder dimensionar que una República necesita instituciones consolidadas.

Genera gran tristeza oír en boca de la monologuista oficial la oquedad de un proyecto de futuro, siendo que tendrá –si gana- la responsabilidad de hacer el balance de los doscientos años del país que deberá gobernar. Genera gran tristeza escuchar en boca de la opositora Carrió envuelta, como lo viene haciendo, en la defensa de los valores éticos y morales; pedir el voto útil, vocablo que para la reafirmación de los conceptos que ella ha convertido en su causa, sobra. Genera gran tristeza que quien seguramente más espalda tiene para afrontar esta etapa de país desde lo técnico, el Dr. Lavagna, no encuentre en la historia de nuestra patria un hombre o una mujer que le produzcan admiración.

No se ha debatido, poco se ha hablado, los medios de comunicación poco se ocupan de rescatar ideas o proyectos de los candidatos. Todo indica que hemos rozado el límite de la cultura cívica. No importa ya el huevo o la gallina. Sociedad y candidatos se reflejan tal cual son, abúlicos, anómicos, anodinos, coyunturales. No hay espacio para el mutuo reproche. Si es cierto como asegura el politólogo Hugo Quiroga que los pueblos no se suicidan; sociedad y candidatos deberán espontáneamente recomenzar el camino del restablecimiento del interés y el diálogo entre ambos. El haber negado el debate implica estar a un paso de la dictadura democrática. La democracia es esencialmente diálogo. No se pueden reafirmar ideas, si las hay, si no se las coteja con las del otro. No se puede convencer que el proyecto de uno, si lo hay, es más profundo, completo que el del otro, sino se lo expone. Y finalmente tendrá la sociedad que plantearse en total introspección si “todo vale”. Elegir sólo desde el bolsillo es aceptar el “todo vale”. Y en el todo vale, el reclamo no es válido.

Fuente: www.mariaherminiagrande.com.ar.

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