Luces y sombras del Festival de Teatro 2015

Se trata del editorial del programa “Sábado 100” que conduce Emilio Grande (h.) por radio Sol Rafaela FM 90,9.- La 11º edición del Festival de Teatro finalizó con seis días movidos y la participación de unas 18.000 personas en Rafaela (vendidas y gratis) sumado a las 4 subsedes: Ataliva, Suardi, Pilar y Clucellas. Se debe mantener la diversidad de las propuestas, poéticas y de género (comedia, drama, musical, circo, clown, para adultos y niños) en salas tradicionales y lugares alternativos como vecinales, plazas y la carpa de circo. Hubo 32 espectáculos (unas 66 funciones) de un nivel alto en general de distintos lugares del país y del exterior, salvo algunas excepciones, con una diversidad de propuestas poéticas y estéticas de autores, directores y actores reconocidos de nuestro país y del exterior, como así también mesas de devoluciones y seminarios. Uno de los éxitos del festival es la participación masiva de la gente en todos los espectáculos, aplaudiendo las puestas en escena. Más allá de los actuales funcionarios municipales, debe seguir como política de Estado, como espacio para el debate, el encuentro, la reflexión, la risa, el cuestionamiento, la participación social de la comunidad rafaelina. Un elemento discutible es la programación porque sigue estando a cargo del secretario de Cultura municipal (área sobredimensionada), cuestionada desde diferentes ámbitos, pero según varias fuentes consultadas dicen que en diciembre pegaría el portazo, ¿será así? A pesar de que viene reduciéndose en los últimos tres años, hubo preeminencia de obras de Buenos Aires: 69% de las 32 obras, relegándose el “espíritu federal” que pregonó la mirada organizacional. La programación debe estar definida por un equipo transdisciplinario (funcionarios municipales, directores, actores, críticos, periodistas, representantes de la cultura, entre otros) porque seguramente será consensuada, discutida y votada si fuera necesario. De lo contrario, ocurre que al programador-funcionario le gusta la danza, entonces trajo en esta oportunidad a dos obras con desnudos. El primero fue muy fuerte, dramático por la música de Wagner y masoquista, atentando contra la violencia de género que incluye la violación a una de las cuatro mujeres, lo que produjo que algunos espectadores se retiraran. Como gesto de transparencia institucional, sería bueno que se brindara un especie de balance con ingresos y egresos. Allasino criticó a los que se resisten al cambio (…) y transformar aquellos corazones que se dejaron ganar por la avaricia, la prepotencia, la intolerancia, el egoísmo o la violencia. No sé a quién o a qué se refirió el funcionario. Se puede inferir que en 2014 hubo 7 subsedes y ahora 3 menos, ¿será por el canon que le cobran y nunca se dijo cuánto? ¿Será porque las dos obras locales fueron con elencos del Centro Cultural La Máscara mientras en el mundo del teatro local afirman por lo bajo que no vale la pena presentarse? Más allá del enojo organizativo por las críticas mencionadas, el festival de teatro rafaelino debe seguir a largo plazo, impulsado desde el Estado municipal, ganado por la participación masiva de la gente y el intercambio de miradas de directores, actores, dramaturgos, críticos, periodistas.

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