“Los sacerdotes debemos denunciar la corrupción”

Entrevista con el obispo que enfrenta al gobernador de Misiones que quiere perpetuarse en el poder. El obispo de Iguazú, monseñor Joaquín Piña, promete que sólo será candidato para frenar a Rovira.

Por José Ignacio Lladós

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“La pretensión del gobierno de Misiones es excesiva y hay que hacer algo ahora. Por eso acepté ser candidato a convencional constituyente en contra de la reforma constitucional. Pero yo no hago política, así que no esperen verme después postulado a nada. Nunca seré ni diputado ni nada por el estilo. No es lo mío.”

A pesar de considerarse “apolítico”, el obispo de Iguazú, monseñor Joaquín Piña, es la figura política del momento en Misiones. El próximo 29 de octubre encabezará la lista de convencionales constituyentes del Frente Unidos por la Dignidad, en contra de la reelección eterna o indefinida que impulsa el gobernador kirchnerista Carlos Rovira.

A los 76 años, Piña se convirtió, sin quererlo, en el líder de una oposición que incluye a la mayoría de los dirigentes peronistas de la provincia -el PJ está intervenido-, a sindicalistas cercanos a Hugo Moyano, a la UCR, el socialismo, la CTA y a al menos ocho partidos locales.

Cuenta, además, con el respaldo del cardenal primado de la Argentina, Jorge Bergoglio, y en los últimos días recibió el reconocimiento público como candidato del obispo de Posadas, Rubén Martínez, y del intendente de la capital misionera, Jorge Brignole.

“Tuvo mucha repercusión mi candidatura. Me llamaron de todo el país y hasta tuve que cortar el teléfono porque no podía trabajar. Del gobierno de Misiones, en cambio, no me llamaron”, contó a LA NACION Piña, con un indisimulable acento catalán.

-¿Nunca habló con el gobernador Rovira?

-No, ni él me llamó ni yo lo llamé a él. No lo conozco.

-¿Siempre tuvo una relación tan fría con el poder político de la provincia?

-No, los gobernadores anteriores [por Ricardo Barrios Arrechea, Julio Humada y Ramón Puerta] eran más tratables. Yo les critiqué, pero igual hablábamos. Con Rovira, en cambio, no se puede hablar. Dicen que no escucha ni a sus ministros.

-¿Usted no apoyó a Rovira al principio de su mandato?

-Acá lo que pasó fue que todos pensamos que con él venía un cambio para mejor. Al final, salimos de Guatemala y nos metimos en Guatepeor.

-¿Por qué?

-Porque, si bien el conjunto de la provincia mejoró, como pasó en todo el país, la exclusión social sigue igual o empeoró. Ahora hay dinero, creció el turismo, pero yo voy por los barrios y veo realidades dramáticas. Hay gente que come en los basurales.

-¿Habla sólo de Misiones o de todo el país?

-Bueno, yo creo que el gran problema de toda la Argentina no es la pobreza, sino la desigualdad social.

-¿Eso es una crítica a Kirchner?

-No, creo que nunca hablé de él. Yo hablo de mi zona, porque sé el terreno que piso. Del resto del país conozco menos y ahí ya no me siento seguro. Veo que se puso crítica la situación entre la Iglesia y el Gobierno, pero no me meto. A mí me preocupa la provincia.

-¿Y puede desarrollar cómodamente su trabajo?

-Bueno, a los dos diarios grandes de la provincia [El Territorio y Primera Edición] los presionaron para que no publicaran mis cartas pastorales. Yo eso lo sé. Por suerte, se mantuvieron. Y después, en un panfleto oficialista que se llama Noticias de la Calle publicaron caricaturas mías diciendo que iba a dejar la diócesis de Iguazú para dedicarme a la política.

-¿Y es cierto eso?

-No, es falso. Que esté en contra de la reelección no significa que vaya a meterme en política ni que sea un aliado de políticos desacreditados.

-Tal vez una buena elección el 29 de octubre pueda hacerlo cambiar de opinión.

-No, ni hablar. De ninguna manera voy a ser candidato a nada después. No es lo mío.

-Pero, ¿no resulta un poco difuso el límite entre esta candidatura suya y la política?

-Bueno, sí, reconozco que sí. No es claro el límite y cada uno ve lo que quiere. Para mí, estoy defendiendo un reclamo de la ciudadanía y no el de un partido político. Toda la gente decente está de acuerdo con esta postura.

-¿Y la Iglesia? ¿Cree que lo ve bien?

-Yo sé que cuento con el apoyo de Bergoglio, pero también creo que tener una visión crítica del gobierno es parte de mi misión evangelizadora. Nosotros, los sacerdotes, no sólo debemos anunciar el evangelio, sino también denunciar la injusticia, la corrupción. En esto, nunca me sentí solo.

-¿Usted entiende que en la provincia de Misiones hay corrupción e injusticia?

-Mire, las pretensiones del gobierno acá se pusieron tan excesivas que provocaron que la gente tomara conciencia. Algo hay que hacer para frenarlas, y por eso acepté ser candidato esta única vez.

José Ignacio Lladós

Fuente: diario La Nación, Buenos Aires, 19 de agosto de 2006

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