Los desafíos en el Mercosur

Trabajar desde el Parlamento creando una comisión especial de gestión de futuro para dejar de correr detrás de los problemas y en lo posible evitarlos.

Por Jorge Giorgetti

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El pasado 25 de junio he concurrido a Montevideo, sede del Parlamento del Mercosur, en carácter de parlamentario del mismo, a la primera sesión luego de que fuese inaugurado el 7 de mayo de este año. El funcionamiento del Parlasur comienza en tiempos en los cuales los países de Latinoamérica vienen ratificando su política dentro del marco que nos brinda la democracia. Su conquista no ha sido menor. Pero revertir el desencanto que no pocos habitantes de los países integrantes de nuestro bloque sienten con respecto a los resultados que esperaban de la democracia, y desandar esa decepción, debe ocupar un lugar central en nuestra agenda de trabajo. Para esto tomo como válido lo dicho por el distinguido politólogo uruguayo Gerardo Caetano, quien recientemente declaró: “En el 2002 el 57% de los ciudadanos en América latina prefería la democracia a cualquier otro régimen. Sin embargo, de los que dicen preferir la democracia a otro régimen, un 48,1% prefiere el desarrollo económico a la democracia y un 44,9% apoyaría un gobierno autoritario si éste resolviera los problemas económicos de su país”.

Tampoco podemos sentirnos ajenos a la llamada reacción antipolítica que afecta a toda la región. Por lo tanto, una de las preguntas obligadas que debemos formularnos es ¿qué significa representar a la ciudadanía en estos nuevos tiempos en el Parlamento del Mercosur? ¿Qué desafíos deben asumir las instituciones clásicas de la democracia ante esta realidad? Siempre he orientado mi trabajo político con el claro objetivo de aportar un granito de arena en la desigual batalla —donde ella viene ganando—, de luchar contra la pobreza. Todo indica que si bien estamos lejos aún de una equitativa distribución de la riqueza, enfrentar con seriedad a la pobreza ya nos está exigiendo una visión superadora. Cual es la del cuidado del planeta Tierra que está amenazado. Porque el gran reto es lograr una distribución más equitativa de los bienes escasos de la Tierra. Para ser aún más claros como dice el doctor Canciani: “Si los ciudadanos del mundo consumiesen con el nivel de los habitantes de Estados Unidos, se necesitarán cuatro planetas para satisfacer todas las necesidades”.

Un buen principio, entiendo, para nuestra actividad legislativa del Mercosur, sería la de aunar esfuerzos en la resolución de los temas que hoy son conflictivos, que inmovilizan y por lo tanto nos vuelven más débiles ante la lucha señalada. Antes de enumerar las acciones que considero necesarias, quiero que no quede dudas que, bajo el nombre que se le busque, estamos hablando de alimentación, salud, educación, seguridad y trabajo.

Hoy Argentina, y no solamente ella, está atravesando una conflictiva situación energética. Ya en el año 2004 propusimos desde la Comisión Parlamentaria Conjunta del Mercosur la creación de un Banco Energético del Mercosur. Los presidentes lo tomaron, pero hoy debiésemos darnos un protocolo de integración energética para, como menciona el ingeniero Raúl Bertero, especialista en este tema, “remover tres grandes obstáculos: primero, la supeditación del acuerdo de integración energética a la resolución de conflictos limítrofes u otras diferencias políticas circunstanciales; segundo, la intención de establecer un conjunto de reglas únicas para todos los países y tercero, las dificultades en contemplar satisfactoriamente los principios antagónicos de prioridad del abastecimiento interno y de seguridad del suministro, que suelen enfrentar a países productores y consumidores de gas natural”.

Este mismo método, debiésemos darnos para resolver el diferendo con Uruguay. De nuestro Parlamento debiese surgir el Protocolo de Pasteras del Mercosur, para no perjudicarnos recíprocamente.

Estoy convencido además que, teniendo la reserva de agua dulce más grande del mundo, debemos darnos el Protocolo del Acuífero Guaraní.

También es necesario introducir, analizar y discutir el biocombustible. Nuestra provincia, Santa Fe, ha hecho un esfuerzo en este sentido, pero debemos avanzar en el esclarecimiento y el debate de lo que hoy se presenta como contradictorio, cual es la utilización del cereal o para la elaborar el biocombustible o para satisfacer las necesidades de alimentación del hambre del mundo.

Existe un antecedente que debemos recordar y tiene que ver con Itaipú. En aquel momento Argentina se quedó con su razón y Brasil y Paraguay con la represa hidroeléctrica. Posteriormente el diferendo se solucionó acordando la concreción de estas obras en forma conjunta, no unilateralmente, a través de un Protocolo que conformó a todos.

También creo que el Parlamento del Mercosur debe involucrarse en sintonía con los Estados parte y con todas las instituciones, articulando políticas para movilizar a la sociedad ante la presencia de la droga y las consecuencias devastadoras que ya está generando en el futuro de la región: nuestros jóvenes. Resulta inverosímil que hoy estemos “pagando” en violencia, en destrucción, en muerte, las consecuencias de una guerra en países sin conflictos bélicos.

Por último, creo fundamental trabajar desde el Parlamento creando una comisión especial de gestión de futuro para dejar de correr detrás de los problemas y en lo posible evitarlos. Es decir hacerle un tackle a la fatalidad.

El autor es rafaelino y actual diputado nacional del PJ.

Fuente: diario La Capital de Rosario, 3 de julio de 2007.

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