Los contrastes brasileños…

Por Emilio Grande.- Este verano las playas de Brasil vienen siendo un lugar de predilección para miles de turistas argentinos, entre ellos decenas de rafaelinos. Según algunas estimaciones oficiales hablan de 2.000.000 de personas, teniendo como epicentro los Estados de Rio Grande do Sul y Santa Catarina, y en menor medida la entrañable Bahía, Rio de Janeiro y Sao Pablo, entre otros. Los argentinos se movilizan por distintas vías: la masiva es con el automóvil, luego el colectivo, el avión y en menor medida están los cruceros que recorren varias ciudades uruguayas y brasileñas. Históricamente, Brasil fue un lugar favorito para los argentinos por sus extensas playas, el agua más tibia que en nuestro país, el carnaval, la música heterogénea, la caipirinha, entre otros. Este verano se sumó un condimento significativo: el cambio de la moneda que nos favorece debido a la devaluación que tuvieron, habiendo una diferencia significativa de precios en la nafta, la comida, la vestimenta, el hospedaje (hoteles, casas, cabañas, departamentos). En lo personal, voy a contar lo vivido en la primera quincena de enero en las playas de Rio Grande do Sul, Estado que limita con las provincias de Corrientes y Misiones. En general, los brasileños son muy amables con los turistas en el trato directo ante diferentes consultas, que queda de manifiesto también en la atención al público en los negocios, dando prioridad los automovilistas a los transeúntes en las sendas peatonales. Un detalle no menor es la ornamentación para las fiestas de fin de año, decorando masivamente las calles y avenidas, las «lojas» (tiendas) y lugares públicos, sobresaliendo arbolitos de Navidad, pesebres, los Papá Noel, entre otros. Para destacar, el festejo del 31 de diciembre a la medianoche con cientos de personas en la playa bajo la lluvia para despedir el año y recibir el 2016, mientras lanzaban fuegos artificiales; tampoco faltaron los ebrios perdidos usando peligrosamente autos sobre la arena y la juventud que copó una de las plazas principales de Arroio do Sal (30 km al sur de Torres) con la música tecno a todo volumen de los parlantes de decenas de autos, aturdiendo a la gente, frente a la ausencia de control policial. En general, las rutas brasileñas son buenas y regulares, sumado a contadas autopistas, pero hay algunas rutas que están en un estado desastroso como la 377, pero ocurre lo mismo con las rutas argentinas hacia Brasil, especialmente la 127 que atraviesa la provincia de Entre Ríos de suroeste a noreste. ¿Los políticos de ambos países no piensan en la seguridad de la gente que se desplaza por las rutas, sin olvidar que conducen a destinos turísticos? Los cambios climáticos vienen siendo materia de debate público en distintos lugares del mundo (sin olvidar la reciente cumbre en Francia) por las consecuencias que trae aparejado la emisión de gases de invernadero, la tala indiscriminada de los árboles, los excesos en el uso de la energía, que terminan generando el recalentamiento global. En el sur del país viene provocando abundantes lluvias (la mayoría de los días que estuve hubo precipitaciones, nubosidad variable y vientos) y en algunos casos la rotura de caminos, por ejemplo a los pocos kilómetros de Gramado hacia Porto Alegre la ruta cortada y no está señalizado, solamente hay una «montañita» de tierra obstruyendo el camino. Dicen que los brasileños son alegres y festivos, y esto es verdad, inclusive en las misas de la Iglesia Católica, similares a las nuestras que organiza la Renovación Carismática, participando vivamente la gente con cánticos y aplausos en las celebraciones. Una particularidad es la entrega al inicio del guión escrito, promovido por la Arquidiócesis de Porto Alegre, que permite una mayor concentración y, al mismo tiempo, entender la liturgia en el idioma portugués; esta práctica también se repite en Italia, ¿no será factible en la Argentina?.

A TENER EN CUENTA

  • Para los argentinos que viajan en auto es obligatorio hacer migraciones en ambas aduanas (por ejemplo, Paso de los Libres y Uruguayana) porque del lado brasileño no suelen estar afuera y al regreso de las vacaciones aplican multas rigurosas.
  • En muchos pueblos y ciudades funcionan los radares para los controles de velocidad con máximas de 50 y 60 km (como en Argentina), pero hay que respetarlos para evitar futuras multas.
  • Los celulares argentinos funcionan siempre y cuando haya «wi-fi» en los lugares en que uno se encuentre: hoteles, shopping, organismos públicos, especialmente para enviar mensajes gratis de whatsapp.
  • La mayoría de las tarjetas (cartón se llama en Brasil) de débito y crédito funcionan correctamente en casi todos lados (comedores, estaciones de servicio, hoteles, entre otros), lo que permite no portar muchos «reales» y da mayor seguridad durante la estadía.
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