Límites humanos en el cura Normando Corti

Se trata del editorial del programa “Sábado 100” por radio Sol Rafaela (FM 90,9). El objetivo no es cuestionar el cambio de nombre de la plaza del barrio sino para poner blanco sobre negro sobre una figura pública que tuvo Rafaela y no querer ubicarla en el pedestal del santoral porque tuvo sus debilidades como cualquiera de los seres humanos.

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Por Emilio Grande (h.).- El domingo 5 de agosto se impuso el nombre de “Cura Normando Corti” a la plaza en reemplazo de “Bernardino Rivadavia”, según la ordenanza 4515, durante el acto realizado en la esquina de La Plata y Santa Rosa frente al templo parroquial.

Corti había nacido en Pilar en 1924, estudió en el seminario de Guadalupe y fue ordenado sacerdote en 1948. Estuvo en Coronda, Ramona y a partir de marzo de 1952 fue designado párroco de Santa Rosa hasta su muerte producida el 5 de marzo de 2000.

En la oportunidad, hubo varios discursos: Mario Sánchez en nombre de los amigos, el obispo Carlos Franzini y el intendente Luis Castellano, destacando la figura del sacerdote por sus trabajos espiritual y social en la comunidad de la parroquia Santa Rosa de Lima.

El impulsor del cambio fue el Dr. Silvio Bonafede, vecino del barrio Villa Rosas, quien presentó una ordenanza que fue aprobada a mediados de marzo pasado en el Concejo Municipal, pero no estuvo presente y envió una nota, mencionando el empeño de los amigos y las instituciones del barrio en la organización del acto. Bonafede había defendido este cambio durante una entrevista en este programa radial hace unos 4 meses atrás.

Quién puede negar la actividad pastoral desarrollada por el sacerdote Normando Corti durante 48 años al frente de la parroquia Santa Rosa de Lima y su labor social con la creación del primer centro asistencial en nuestra ciudad, se ocupó de los niños con necesidades básicas insatisfechas y fundó el primer comedor comunitario.

Pero también como cualquier mortal mostró sus límites humanos. A fines de la década del noventa tuvo serios cuestionamientos de varios fieles de su parroquia lo que produjo un quiebre en el seno de la comunidad de Santa Rosa entre los defensores y críticos a su pastoral, especialmente por el manejo de los fondos y el trato con las personas.

El problema pasó a mayores y llegó a enfrentarse públicamente con el entonces obispo Héctor Romero, de lo que se informó en los medios de comunicación locales.

En los últimos tiempos de su vida fue perdiendo su vocación de servicio con la gente: cuando era requerido para visitar a enfermos ponía excusas para concurrir y los afectados debían llamar a otras parroquias, sumado a otros interrogantes de su vida privada. Hubo cierto aburguesamiento de la Iglesia diocesana al estar casi 5 décadas en una misma parroquia cuando se aconseja períodos de 6 años renovables pero no “in eternum” como en este caso de Corti.

El objetivo de este editorial no es cuestionar el cambio de nombre de la plaza del barrio sino para poner blanco sobre negro sobre una figura pública que tuvo Rafaela y no querer ubicarla en el pedestal del santoral porque tuvo sus debilidades como cualquiera de los seres humanos.

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