Las “venas abiertas” de Argentina con las declaraciones de Videla

El sacerdote Raúl Troncoso, quien estuvo detenido cinco años en la última dictadura militar, había hablado de los vuelos en avión con algunas caídas durante el viaje de 7 horas entre Santa Fe y Buenos Aires: “como sacerdote los perdono, pero el perdón no sustituye a la justicia”. Las venas abiertas de Argentina se cerrarán cuando se conozca toda la verdad.

Por Emilio Grande (h.)

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Por Emilio Grande (h.).- Parafraseando al el escritor uruguayo Eduardo Galeano con su recordado libro “Las venas abiertas de América Latina”, ahora se conocieron espeluznantes declaraciones del ex dictador Jorge Videla entrevistado por el periodista Ceferino Reato para su libro “Disposición final”. Videla explicó en detalle cómo se tomaron las decisiones sobre los detenidos durante los años de la dictadura, cómo se confeccionaron las listas de las personas que debían ser detenidas y en qué consistió el método de la Disposición Final, nombre de entre casa otorgado por las FF.AA. a la forma en que se decidió el destino de miles de prisioneros. Sin arrepentimiento ni autocrítica, pero sí confesando por primera vez que siente “una molestia”, “un peso en el alma”, el ex presidente expresó descarnadamente cómo analizaban los militares la situación de aquel momento: “Pongamos que eran siete mil u ocho mil las personas que debían morir para ganar la guerra contra la subversión; no podíamos fusilarlas. Tampoco podíamos llevarlas ante la Justicia”. De esta manera, se caería por tierra la cifra de 30.000 desaparecidos que siempre se venía manejando desde las organizaciones de derechos humanos y abona el mismo número que en su momento dijo Graciela Fernández Meijide. El método incluyó cuatro etapas: la detención o el secuestro de miles de “líderes sociales” y “subversivos” según listas que -afirman los entrevistados- fueron elaboradas entre enero y febrero de 1976, antes del golpe, con la colaboración de empresarios, sindicalistas, profesores y dirigentes políticos y estudiantiles. Los interrogatorios en lugares o centros secretos o clandestinos. La muerte de los detenidos considerados “irrecuperables”, por lo general en reuniones específicas encabezadas por el jefe de cada una de las cinco zonas en las que fue dividido el país. La desaparición de los cuerpos, que eran arrojados al mar, a un río, a un arroyo o a un dique; o enterrados en lugares secretos, o quemados en un horno o en una pira de gomas de automóviles. El ex dictador sigue pensando que “no había otra solución. Estábamos de acuerdo en que era el precio a pagar para ganar la guerra y necesitábamos que no fuera evidente para que la sociedad no se diera cuenta. Por eso, para no provocar protestas dentro y fuera del país, sobre la marcha se llegó a la decisión de que esa gente desapareciera; cada desaparición puede ser entendida ciertamente como el enmascaramiento, el disimulo, de una muerte”. En una entrevista en enero de 2011 que le hice a Raúl Troncoso, quien estuvo detenido cinco años en la última dictadura militar, había hablado justamente de los vuelos en avión con algunas caídas durante el viaje de 7 horas entre Santa Fe y Buenos Aires, pero rescato una frase de este cura de la diócesis de Rafaela, actualmente radicado en la ciudad de Tandil “como sacerdote los perdono, pero el perdón no sustituye a la justicia”. Las venas abiertas de Argentina se cerrarán cuando se conozca toda la verdad.

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