Las metáforas de la Catedral

Homilía pronunciada por el Obispo, Mons. Carlos María Franzini, en la misa celebrada en la Iglesia Catedral con ocasión de la Fiesta Patronal de la ciudad, el 24 de octubre de 2008: 127 º aniversario de Rafaela. El “modelo Rafaela”, tan mentado y promovido dentro y fuera de la ciudad sólo será verdadero cuando pueda dar muestras de esta mirada integral de “progreso”.

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Estamos reunidos en esta iglesia Catedral, celebrando varios acontecimientos convergentes. En la liturgia católica anterior al Concilio Vaticano II en esta fecha se celebraba la fiesta del Arcángel San Rafael, patrono de la ciudad de Rafaela. Por este motivo hace 127 años los iniciadores de esta colonia la pusieron bajo la mirada protectora y providente de Dios y de su “mensajero” Rafael. Manifestaban así también el profundo sentido religioso que los caracterizaba, tanto como su espíritu emprendedor y laborioso. Conviene recordarlo siempre: nuestra ciudad y nuestra Patria han nacido reconociendo la dimensión religiosa de la persona y su necesaria expresión pública y social.

  Hace 100 años se ponía la piedra fundamental de este hermoso templo que hoy nos cobija y es nuestra iglesia Catedral: signo elocuente que manifiesta la presencia de la Iglesia diocesana, que encuentra en este templo su matriz y su expresión concreta. Aún hoy nos admira constatar que a poco más de 20 años de iniciada la colonia, los pioneros –con gran visión de futuro- vieron la necesidad de construir un templo acorde con el sueño de una ciudad grande y pujante como imaginaban, llamada a proyectarse más allá de sí misma en la región y el país. Y así, aún postergando otros emprendimientos necesarios, se pusieron manos a la obra para darle a la ciudad un espacio religioso digno y convocante. No es raro entonces que hace casi 50 años, al pensarse en la creación de un nuevo territorio diocesano desgajado de la Arquidiócesis de Santa Fe, se pensara en esta ciudad como sede y en su iglesia matriz como Catedral.

Este templo ya más que centenario sin embargo sigue siendo construido constantemente. De hecho acaba de repararse íntegramente su techo y su reloj; se está limpiando su frente y se proyectan otras obras necesarias para mantenerlo y embellecerlo aún más si cabe. También hoy, como hace 100 años es el empeño y el aporte de muchos lo que permite llevar adelante estas obras.

Sin embargo, como la Palabra de Dios que hemos escuchado hoy nos sugiere, el templo material evoca y remite a una realidad espiritual más profunda. Dice el Señor que los verdaderos adoradores adoran “en espíritu y verdad” y san Pedro nos recuerda que todos somos piedras vivas del “templo espiritual” que formamos los creyentes, para anunciar -sobretodo en la vida cotidiana y en los ambientes habituales de nuestra existencia- la presencia viva y operante de Dios en la historia de los hombres y de los pueblos. En efecto, venimos al templo para encontrarnos con el Señor y hacer de toda nuestra vida ofrenda agradable a Dios y servicio constante a los hermanos. Éste el verdadero culto espiritual que Dios espera de cada uno de nosotros.

Pero además, en este día de aniversarios, inspirado en la Palabra y sin forzar excesivamente su interpretación, me permito compartir con ustedes algunas metáforas que motiva la iglesia Catedral en relación a la vida de la ciudad y que pueden ayudarnos a celebrar esta fiesta.

Hace 100 años se puso la piedra fundamental de un nuevo templo. Se quería ampliar las posibilidades que ofrecía el anterior, más modesto y limitado. Tomó muchos años llegar a la construcción actual y, aún finalizadas las obras fundamentales, como ya hemos dicho se hace necesaria una constante tarea de mantenimiento, reparación y crecimiento, adaptación a nuevas necesidades. Así también la ciudad es una construcción permanente, iniciada hace 127 años pero que requiere una constante tarea de mantenimiento, reparación, crecimiento y adaptación a nuevas necesidades. Si no tuviéramos esta actitud atenta y vigilante la ciudad –como el templo- rápidamente mostraría fisuras, cuando no ruinas y destrucción.

Hace 100 años un grupo de gringos pioneros puso su empeño emprendedor y su espíritu religioso al servicio de este proyecto común. Quizás unos pocos al principio, pero que supieron ir integrando el esfuerzo, el aporte y la originalidad de muchos -originarios y recién llegados- que a lo largo de estos años han hecho que disfrutemos de esta hermosa Catedral. También la ciudad será fiel al sueño de los fundadores y a su identidad más propia si sabe sumar en su construcción cotidiana el empeño de todos, también aquí originarios y recién llegados, integrando la riqueza de la diversidad con el talante propio de esta ciudad centenaria. La Rafaela pujante de hoy es el resultado de un largo camino recorrido por muchos, donde cada uno ha hecho su aporte peculiar. Por ello lastima y empobrece a nuestra tradición el querer excluir o rechazar a los que llegaron más tarde o son distintos por cualquier razón: credo, raza o color. Hoy, como hace un siglo se trata de afrontar el desafío de integrar y enriquecerse con la diversidad.

Nada de lo que hoy disfrutamos sería posible si no hubiera habido un proyecto común que comenzó hace 100 años y continúa. Este templo seguramente es fruto de mucho debate, diálogo y -seguramente- más de un enojo. Sin embargo, todo ello pudo madurar en esta realización material y concreta. Toda construcción sólida reclama debate, respeto, búsqueda compartida y opciones definidas. También la ciudad será sólida en la medida de su capacidad de buscar, por los canales institucionales que corresponda, soluciones a sus problemas y nuevos horizontes para seguir creciendo. Con la participación creciente de todos, y también con el creciente respeto mutuo. La descalificación, el atropello, la violencia verbal o física, la calumnia y la mentira nunca construyen. En cambio el diálogo transparente y veraz, los consensos sinceros, el cumplimiento de lo pactado, el respeto de las instituciones, el cuidado de los más débiles, son la estructura fundante de una auténtica construcción ciudadana; sobretodo en tiempos de crisis nacional y global, como la que estamos atravesando.

El templo es obra de ingeniería, pero no sólo de ella. También entran en la construcción otras dimensiones: ante todo la dimensión religiosa, también la dimensión artística, la dimensión laboral, la dimensión económica. En este espacio sagrado resuena de manera singular la “Missa brevis” de Giovanni Pierluigi da Palestrina, magistralmente intepretada por los miembros de la Escuela Municipal de Música. Al agradecerles que nos ayuden a rezar valoramos el esfuerzo humano y artístico que realizan en favor nuestro. También la ciudad es una suma integrada de dimensiones que no han de ser nunca subordinadas o sacrificadas. El “modelo Rafaela”, tan mentado y promovido dentro y fuera de la ciudad sólo será verdadero cuando pueda dar muestras de esta mirada integral de “progreso”. Es decir cuando pueda mostrar con satisfacción no sólo buenos números macroeconómicos, sino también índices relevantes en otros órdenes. Ante todo niveles de excelencia en el campo educativo, que es el parámetro más decisivo para evaluar el real desarrollo de un pueblo; índices razonables de vivienda y salud al alcance de todos; condiciones de trabajo dignas y legales para quienes estén en situación de acceder a ellas. El “modelo” sólo será tal cuando valore y cultive el arte en todas sus expresiones; cuando promueva un deporte sano y saludable para todos; cuando aprecie y desarrolle el necesario ocio creativo, que es parte esencial de la dignidad humana. Por ello merece ser valorada y destacada la decisión de todos los que han querido sumarse a esta fiesta disponiendo el asueto correspondiente. No sólo somos personas valiosas si producimos, para serlo también necesitamos rezar, crear, descansar y compartir gratuitamente con los demás.

En la historia de muchos pueblos 127 años no es mucho; más bien casi nada. Para nosotros es todo lo que somos y se nos presenta el desafío de seguir construyendo este modelo de ciudad que nos enorgullece y entusiasma, ampliando el horizonte y la mirada. Se trata de una construcción lenta y perseverante, como la de esta iglesia Catedral que seguimos “construyendo”, con la ayuda de Dios, la protección de San Rafael y el aporte de todos.

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