“La superación de la marginación y la pobreza extrema”

Se trata del Te Deum del 25 de Mayo de 2015 presidido por Alejandro Mugna, párroco de la Catedral y vicario general de la diócesis de Rafaela.- Esta oración que compartimos esta mañana está llamada a ser un gesto de grandeza. Gesto que debe expresar el valor que damos a nuestra Patria, sentimiento genuino de mujeres y hombres que habitamos este suelo y deseamos hondamente dar el paso de habitantes a ciudadanos responsables. Mujeres y hombres que no sólo buscamos beneficios y exigimos derechos, sino que estamos dispuestos a cumplir nuestros deberes para construir la Nación (Cfr. HBJS 34). La Iglesia tiene un mensaje para toda la humanidad basado en su larga historia de peregrina, pero sobre todo un mensaje de sencillez y humildad que tiene como centro a Jesucristo el Servidor de todos. Servicio que se expresa en el Amor sin límites y que no conoce barreras sociales, étnicas, religiosas ni ideológicas. Es un Amor universal, pero a la vez es el Amor concreto y personalizado que se orienta al corazón de cada persona, busca su salvación y proclama su dignidad. El Papa Francisco al convocar el “Año Santo de la Misericordia” cita al Beato Pablo VI, que en 1965 con ocasión de la clausura conciliar nos decía: “… La antigua historia del samaritano ha sido la pauta de la espiritualidad del Concilio… Una corriente de afecto y admiración se ha volcado del Concilio hacia el mundo moderno. Ha reprobado los errores, sí, porque lo exige, no menos la caridad que la verdad, pero, para las personas, sólo invitación, respeto y amor. El Concilio ha enviado al mundo contemporáneo en lugar de deprimentes diagnósticos, remedios alentadores, en vez de funestos presagios, mensajes de «esperanza: sus valores no sólo han sido respetados sino honrados, sostenidos sus incesantes esfuerzos, sus aspiraciones, purificadas y bendecidas … Otra cosa debemos destacar aún: toda esta riqueza doctrinal se vuelca en una única dirección: servir al hombre. Al hombre en todas sus condiciones, en todas sus debilidades, en todas sus necesidades »” En el contexto de este mensaje vital y esperanzador de la Iglesia al mundo, es que leemos la Parábola del Buen Samaritano, recurso utilizado por Jesús para responder a una inquietud de un doctor de la Ley, que podríamos sintetizar así: ¿Dónde radica la voluntad de Dios?. En orden de prioridades, ¿Qué es lo más importante para ser fieles a Dios?… La respuesta de Jesús en lenguaje de parábola, nos deja bien en claro que el verdadero amor fraterno está más allá de todo legalismo y de cualquier frontera (Cfr. Nota Biblia del P. de Dios), y a la vez señala actitudes que puede “encarnar”… “hacer propias”, cualquier persona de buena voluntad independientemente de su Credo o ideología. Esas actitudes se desprenden de un humanismo auténtico, que descubre en cualquier persona un igual, no importa bajo qué circunstancias se encuentre un ser humano. No importa su apariencia desfigurada; su “esencia” lo constituye en un prójimo, en un hermano de condición, que comparte la fragilidad de todo ser humano: una vida valiosísima pero breve, que reclama dignidad, igualdad de posibilidades, felicidad y plenitud. Los obispos argentinos, al concluir la Asamblea Plenaria el 18 de marzo de este año, nos dejaron un mensaje claro y motivador que titularon: “Las elecciones, exigencia de compromiso ciudadano” y nos dicen: “ Las elecciones periódicas y la alternancia en el ejercicio de las funciones de gobierno son elementos normales y al mismo tiempo indispensables de la vida republicana. Como tales, no habrían de encender violencias o generar enfrentamientos irreductibles, sino ser ocasión para un sano ejercicio de las libertades políticas y civiles” (N° 2), “El proceso electoral es una preciosa oportunidad para un debate cívico acerca del presente y del futuro que deseamos para la Argentina. Es necesario crecer para que un cambio de autoridades no signifique una crisis sino una alternativa normal de la vida democrática” (N° 3) A partir de este breve párrafo de nuestros pastores, podemos reflexionar que; es indudable que todos los ciudadanos debemos comprometernos en la construcción de nuestra Patria, pero es verdad que el Pueblo espera de la dirigencia política una actitud responsable, que supere todo partidismo y que se proyecte con propuestas sostenidas en el tiempo, más allá de cualquier gobierno de turno. El Buen Samaritano nos señala un modo de relación con el “otro”; ya se trate de un “individuo” o de un Pueblo, de un “ciudadano” o de una Nación y queremos destacarlo, teniendo en cuenta el momento único y singular que vive nuestro país, que exige de todos nosotros lo mejor. 1. El Buen Samaritano Se detiene ante el herido… Su conciencia no le permite pasar de largo, las heridas y el estado delicado de ese hombre son evidentes. Los obispos exhortan a un “adecuado nivel de madurez cívica” (N° 4) que permita una continuidad en las políticas de gobierno, lo cual exige el dialogo y el acuerdo previo de los candidatos, nosotros podríamos traducir como un “detenerse a mirar las heridas de nuestra Nación”, ellos nos dicen: “Pensamos en algunos objetivos que deberían ser compartidos por todos, como: la superación de la marginación y la pobreza extrema; la desnutrición infantil; la generación de fuentes de trabajo; el respeto de los derechos humanos y la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural; el fortalecimiento de una educación inclusiva y de calidad; la lucha contra el narcotráfico y la trata de personas; la disminución de la inflación que impide el crecimiento y erosiona gravemente los ingresos de los más pobres; la transparencia en la administración pública y la lucha contra toda forma de corrupción” (N° 4.1) Detenerse a mirar, compromete y nos lleva a buscar la acción concreta ante la realidad, que siempre tiene indicadores que no podemos eludir.

  1. El Buen Samaritano se compromete personalmente y no escatima recursos. El “bien del otro” está por encima de sus bienes y de su propio tiempo. “La elección de gobernantes – nos dicen los obispos- en los poderes ejecutivos y legislativos de todos los niveles, no debe ser el resultado del “marketing”. Queremos exhortar a los ciudadanos a un ejercicio de elección responsable, donde se evalúe a los candidatos no por su imagen mediática sino: Por la honestidad e integridad de las personas, tomando en cuenta su trayectoria, los valores vividos y no solamente declamados. La Argentina ha conocido gobernantes que no usaron la función pública como una ocasión para su enriquecimiento personal o el beneficio de sus amigos, sino como un verdadero servicio, aún a costa de su propio patrimonio. Podemos aplicar a nuestro país lo que el Papa Francisco ha dicho hace pocas semanas en su visita a las Filipinas: “es más necesario ahora que nunca que los líderes políticos se distingan por su honestidad, integridad y compromiso con el bien común” (N° 5; N° 5.1)

  2. El Buen Samaritano Involucra a otros, respetando la función propia de cada uno, Se acerca al dueño del albergue, le paga y le encarga lo que él ya no puede hacer, pero el otro sí, porque es su función y su ocupación ordinaria… En el N° 4 del Documento los obispos reiteran lo ya expresado en el año 2010: “la calidad de vida de las personas está fuertemente vinculada a la salud de las instituciones de la Constitución, cuyo deficiente funcionamiento produce un alto costo social. Resulta imprescindible asegurar la independencia del poder judicial y la plena vigencia de la división de los poderes republicanos en el seno de la democracia” (HBJS N° 35) Y continúan más adelante: “Dialogar y escuchar al otro no es signo de debilidad, sino de grandeza. Es importante reconocer que los otros también tienen algo que decir y aportar, y estar dispuestos a trabajar juntos por el bien común” (N° 5.4) “Las elecciones de este año, deberían ser un momento propicio para iniciar un examen de conciencia colectivo, y para proponernos como sociedad metas exigentes, que nos estimulen a crecer en la cultura del diálogo y el encuentro”. (N° 8)

  3. La palabra “dada” del Buen Samaritano, tiene un valor que no se discute… “Cuídalo y lo que gastes de más te lo pagaré al volver” (Lc. 10, 35). El pueblo ya no puede vivir de promesas incumplidas, o cumplidas en apariencia, o de promesas que instrumentalizan a los sectores más vulnerables. La ciudadanía tiene derecho a exigir proyectos serios, y procesos que los aseguren. Ante esto los obispos nos dicen: “Queremos exhortar a los ciudadanos a un ejercicio de elección responsable, dónde se evalúe a los candidatos… Por la capacidad y la idoneidad de las personas… Por las propuestas y las ideas. En caso de candidatos que ya han ejercido funciones públicas: se habrá de tener en cuenta el empeño que han puesto en cumplir con sus promesas. Es necesario que cada candidato haga conocer con claridad y detalle lo que se propone impulsar y realizar. En este sentido, nos parece indispensable que se organicen debates serios y a fondo, donde se puedan confrontar propuestas y proyectos. Es inaceptable evadir el debate de ideas y plataformas” (cfr. Nos. 5 al 5.3). Deseamos que este llamado de los obispos nos haga crecer a todos, nos agrande el corazón con el deseo de que como país, podamos ofrecer al mundo un lugar más semejante a lo que Dios sueña para la humanidad (Cfr. N° 7). La Liturgia de la Iglesia nos habla de Jesús como “Buen Samaritano que se acerca a todo hombre que sufre en su cuerpo o en su espíritu, y cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza” (Misal Romano). Movidos por la fe pidamos a Jesús que cure nuestras heridas, fortalezca nuestras capacidades y haga crecer nuestras virtudes… “Jesucristo, Señor de la Historia, te necesitamos”. Amén

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