La sensación de inseguridad tiene su ministerio

Argentina debe resolver el problema que hoy tenemos, y ya nos golpea la puerta otro más: el de las personas que se mueven buscando un mejor vivir.

Por María Herminia Grande (Rosario)

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Por María Herminia Grande.- De nada sirvió la manipulación y/o ocultamiento de las cifras elaboradas por el INDEC. La realidad se mostró y tomó como escenario la cara más visible de la República: Capital Federal y el Gran Buenos Aires. A lo largo de muchos años de historia los argentinos hemos aprendido que lo que no pasa en Buenos Aires, no sucede. Basta sólo recordar que Argentina no fue República mientras Buenos Aires no quiso. Uno de los más reconocidos especialistas en temas de seguridad el Dr. Claudio Stampalija, da fe que las tomas en el interior del país en lo que hace a los últimos tres años, son materia corriente. En la Patagonia los intendentes de las distintas ciudades deben enfrentar permanentemente esta problemática social de déficit habitacional. El Dr. Stampalija calcula que como producto de las usurpaciones que todos los días se realizan en espacios privados y públicos, dos o tres familias construyen su casilla precaria en esta zona. Solamente en Neuquén y Río Negro, en donde tiene un registro más exhaustivo, en los últimos seis meses se construyeron ochocientas de estas viviendas precarias que no tienen ningún tipo de servicio. Son asentamientos al mejor estilo de los conocidos en Rosario. ¿De dónde vienen y quienes son sus ocupantes? Fundamentalmente es gente joven, en pareja, casados, con hijos, que compartían otro plan habitacional con sus padres y/o abuelos. Verdaderos ghetos donde en un mismo ámbito, llegan a dormir quince personas.

La agenda de la pobreza y la inseguridad emerge con una fuerza tal que la “sensación de inseguridad” se convirtió en un ministerio. Sería acertado que la sensación de pobreza, se convirtiera también en ministerio.

La inflación es el mejor remedio para mantener viva la pobreza. Agudiza increíblemente su visibilidad. Cada punto de inflación, son cien mil personas condenadas a vivir en la pobreza. El ministerio sugerido debiese ser el encargado de una reforma tributaria. Si se quiere encarar con seriedad la realidad, este punto es clave. ¿O acaso, el IVA no es uno de los impuestos más regresivos que afectan fatalmente a los más necesitados? Este ministerio debiese tener en cuenta la paradojal situación que hoy viven los niños afectados en su desarrollo intelectual por la desnutrición. Este fin de año celebramos, como ocurrió en Rosario, el título secundario obtenido por tres adolescentes con síndrome de Down, pero por otro lado niños con alteraciones post nacimiento víctimas de la desnutrición, son segregados por la propia escuela pública y enviados a escuelas para chicos especiales. El Estado muestra su ausencia en los lugares de mayor marginalidad.

La inseguridad ciudadana tiene que ver con muchísimas otras inseguridades: la de no tener trabajo, el no acceso a la salud, a la vivienda, a la educación, a no poder soñar (en este contexto, ¡qué lejano parece el derecho a la recreación!). En este primordial ministerio se reconocería por parte del Estado el carácter netamente social que el problema tiene, de esta manera la política se pondría los pantalones largos y asumiría que es ella quien debe resolverlo. Claro que para atreverse a crear el ministerio de la Pobreza, hay que tener autoridad política, voluntad política, liderazgo político y convocar a los distintos representantes sociales, ONGs, profesionales, religiosos. Descentralizar, permitiendo la injerencia de los municipios y gobernaciones, en una suerte de reloj de arena. Las tomas de estos días en Buenos Aires pusieron en superficie inoperancia política, soberbia política y corrupción política.

El próximo abril se reunirá en Buenos Aires el Club de Roma versión latinoamericana, para estudiar dónde aterrizarán los migrantes ambientales que en poco tiempo más van a llegar a ciento cincuenta millones de personas. Este tema geopolítico crítico exige no sólo el estudio del clima, sino producto del mismo, designar áreas de desarrollo para cuando arriben. En esta década el mundo crecerá en mil millones de habitantes. Argentina debe resolver el problema que hoy tenemos, y ya nos golpea la puerta otro más: el de las personas que se mueven buscando un mejor vivir. Lo del tema climático no es menor, la previsión alimenticia, como nos recuerda el Dr. Canziani, evitará –si lo sabemos hacer- inequidad e incremento de las tensiones sociales. Al aumentar la temperatura del planeta, habrá fuentes de proteínas (peces de lagos por ejemplo) que no sobrevivirán y de esta manera afectará un alimento clave para la sociedad. Así como también se generarán complicaciones en producción de leche, de carne, semillas y sus derivados…

Sería de esperar que quienes ambicionen representarnos en este 2011 tengan respuestas políticas para estos problemas.

Fuente: www.mariaherminiagrande.com.ar

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