La política exterior de Barack Obama: principales desafíos en la lucha antinarcóticos

Algunos funcionarios del gobierno, como la vicesecretaria de Estado adjunta Roberta Jacobson, propusieron que Estados Unidos realice esfuerzos tendientes a aumentar las operaciones de la Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego en la zona de la frontera con México, junto con la intensificación de los programas de prevención del uso de drogas y su tratamiento para reducir la demanda de estupefacientes.

Por Tatiana Santori (Rafaela)

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El estilo de Barack Obama, dialoguista y desestructurado, ha generado expectativas de cambio en ese país y en la comunidad internacional. Hasta el momento, y dado su poco tiempo en el cargo de Presidente de los Estados Unidos, sólo podemos basarnos en expresiones de deseo y voluntad, lo cuál como se ha dicho, le han significado un gran apoyo. A pesar de ello, existen muchas voces escépticas acerca de su capacidad de modificar el fondo de la política norteamericana en todo el mundo, y en especial en su relación con México. Además de apostar al consenso frente a los otros actores internacionales, Obama sostuvo que las instituciones multilaterales, únicas garantes del derecho y de las normas internacionales, tendrán un rol activo a lo largo de su gobierno, ello se ha visto plasmado en la última Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago, realizada abril de 2009; “ocasión en la cuál admitió errores por parte de su país, mostrando su disposición al diálogo en temas complejos, como es la relación con Cuba”. (García Cantalapiedra; 2009)

Lineamientos de política exterior El modo en que Barack Obama encara la agenda internacional muestra un fuerte pragmatismo destinado a dar solución concreta a los diferentes problemas y a cobrar cierto prestigio perdido durante años de intervencionismo. Pero lo cierto, es que hasta el momento las políticas aplicadas hasta el momento sólo han sido golpes de efecto que no han modificado en profundidad el verdadero rol hegemónico de los Estados Unidos. Tal es el caso del cierre de la prisión de Guantánamo, fuertemente criticado por la prensa internacional y que se ha llevado adelante con una gran celeridad; en contraposición con el retiro de las tropas de Irak, que hasta el momento no son más que meras expresiones de voluntad. Podemos apreciar entonces cómo la actual administración enfrenta el desafío de actuar responsablemente a nivel internacional desde una concepción multilateral y satisfacer las demandas internas que llevan a contraponerlo a dicha manera de actuar, como son las realizadas por los grupos conservadores en función a la temática del narcotráfico.

El caso de México: el Plan Mérida En sustancia, el Plan Mérida surgido en 2007 y firmado entre el Presidente de Estados Unidos George W. Bush y de México, Felipe Calderón; contempla el entrenamiento de las fuerzas mexicanas bajo el esquema americano, abarcando la provisión gratuita de armas para combatir el narcotráfico y cursos de formación a los agentes antidroga mexicanos, “con un programa de tres años por 1.400 millones de dólares, además de intercambio de información y recursos” (Monsivais; 2009) Esta plataforma se traduce en una acción coordinada de militarización en nombre de la seguridad, que necesariamente implica un proceso de mayor participación de los Estados Unidos, la cual se da en cuatro niveles: primero, en el planeamiento de medidas nacionales y locales de seguridad; segundo, en el entrenamiento de policías y tropas del ejército y de los cuerpos de investigación; tercero, en la ejecución de acciones y políticas de seguridad y cuarto; de “guerra contra el narcotráfico” en territorio mexicano. Dicho Plan es visto por la opinión pública internacional como la continuación del Plan Colombia, con el objeto de ampliar la hegemonía de los Estados Unidos en la región, y que ha servido para cercenar derechos individuales a la vez que le brinda a los respectivos poderes ejecutivos un mayor poder, relativizando contrapesos y transparencias. Una de las consecuencias de la implementación de este plan ha sido el rebrote de una actitud anti-estadounidense por parte de un número considerable de mexicanos.

La responsabilidad compartida ¿cambio de paradigma? La concepción de Barack Obama en este tema representa un nuevo enfoque que reconoce una responsabilidad compartida con respecto al flagelo del narcotráfico. Una nueva visión de la actual administración apunta a trabajar para reducir la demanda de drogas ilegales en Estados Unidos, más allá de lo que plantea el Plan Mérida. Algunos funcionarios del gobierno, como la vicesecretaria de Estado adjunta Roberta Jacobson, propusieron que Estados Unidos realice esfuerzos tendientes a aumentar las operaciones de la Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego en la zona de la frontera con México, junto con la intensificación de los programas de prevención del uso de drogas y su tratamiento para reducir la demanda de estupefacientes. Todo ello se basa, fundamentalmente, en sino un cambio de actitud, al menos un cambio en la perspectiva a partir de la cual se basa Estados Unidos para diseñar su estrategia antidrogas. En este sentido, sería interesante que dicho cambio discursivo pueda ser cristalizado en políticas concretas y eficaces para erradicar esta amenaza.

Tatiana Santori. Investigadora CEPI. Columnista de la Revista Síntesis Mundial. Miembro de la Cámara de Especialistas en Ciencia Política y Relaciones Internacionales del CCIRR (CeCPRI).

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