La política como circo

Cuando la política se vuelve circo, los países se vuelven pobres. Es necesario que aparezca la política como actora principal de la solución de los problemas que hoy nos acosan.

Por María Herminia Grande (Rosario)

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Los buenos deseos de paz, fruto de la fecha navideña, parecen no poder penetrar el clima hostil generado en una Argentina poblada de insatisfacciones. Es más, pareciera que la hondura del mensaje milenario del Hombre que lo dio todo por sus hermanos choca con la tinellización de los valores que se consumen a diario. La sociedad se crispa a imagen y semejanza de los políticos que la representan. La desaparición de los partidos políticos trae como consecuencia –entre otras- que sus integrantes ya no hablan entre ellos. Antes los políticos acordaban hasta el disenso, hoy se torean por los medios de comunicación… o en Comodoro Py. Asistimos impotentes a una decadencia que pareciera que nadie tiene ganas de revertir. Por estos días hemos visto los escarceos mediáticos de quienes muestran en voz alta sus deseos de conducir los destinos de nuestro país a partir del 2011, y de quienes no quieren ser explícitos. Asistimos a debates infértiles entre los partidarios del ahorismo y los largoplacistas. El oficialismo pareciera continuar impoluto del brazo contenedor de la Justicia afín. La oposición transcurre en estado de “asombro” por las actitudes políticas del oficialismo… llegando tarde. Y no se dan cuenta los unos y los otros que la Argentina necesita imperiosamente planes de coyuntura en concordancia con políticas de Estado.

Si la independencia es la precondición de toda Justicia seria, el diálogo permanente es la precondición de toda política seria.

La Argentina necesita que hombres y mujeres serios manifiesten su voluntad de construcción política mostrando el camino de la reconstrucción social. ¿Cómo se hace? Planificando, reuniéndose con los especialistas más sólidos en cada tema, definiendo acciones coordinadas entre la urgencia del hoy y la necesidad del mañana… Plasmándolas en proyectos de ley. Discutiéndolas y perfeccionándolas en el Parlamento. ¿Cuáles son por estos días los grandes temas? La inseguridad, la corrupción y la pobreza. Asistimos a las denuncias del ministro Stornelli debatiéndose en acusaciones sobre corrupción dentro de la fuerza que él conduce. La pregunta es qué hacer. Decía el ex fiscal Manuel Garrido: “Así como en su momento hubo la decisión política de recuperar la democracia y lo hicimos pese al siglo de permanentes interrupciones del orden constitucional, así como hubo en estos años de democracia la decisión política de recuperar los derechos humanos, y se hizo, es necesario que haya la decisión política de terminar con la corrupción. ¡Y se puede hacer, es necesaria la decisión política, planificación y el compromiso de sostenerla!”.

A propósito de la inseguridad, Claudio Stampalija, protagonista del encuentro mundial sobre prevención de la criminalidad que se realiza todos los años desde hace quince en Canadá, menciona que “el intendente hoy en el mundo se ha convertido en la principal herramienta de resolución de conflictos en materia de seguridad de la mano de políticas de prevención del delito. Lo nuevo es el ingreso de la familia como un elemento indispensable de trabajo cotidiano. Y a la familia se llega con programas escolares para niños desde los tres años hasta la mayoría de edad. Demostrándose de esta manera, en la escala internacional, la disminución de la inserción del niño en el mundo del delito. América Latina y algún país africano ve aumentada la violencia en el comportamiento delictivo de la mano del consumo de sustancias y de la ingesta de alcohol”. La Argentina tiene una concepción de la seguridad basada en la sapiencia de algún funcionario judicial. Se sabe que en general los jueces y fiscales no salen en su vida de sus despachos. Si la capacitación policial en todos sus estamentos acompañada por sueldos dignos se vuelve una política de Estado, es probable que con el tiempo se logre erradicar la corrupción dentro de las propias fuerzas. Ejemplo de ello es lo que ocurre en Ottawa, cuya policía goza de un 86 por ciento de imagen favorable en la comunidad y hace 19 años que no se registra un solo caso de corrupción.

Con respecto al tercer gran problema, la pobreza, la Argentina se debe un ministerio de la Pobreza que coordine absolutamente al resto de los ministerios. Evitaría de esta manera la mala utilización de los recursos por la ineficiencia de sus políticas, que hasta hoy no la han reducido. Y tendría desde allí una visión macro para la solución de este problema. Que no es otra que el regreso al valor del trabajo. Educación, salud y producción deberían depender absolutamente de este ministerio, que debería tener también la obligación de sostener a las generaciones excluidas por malas políticas y que por más que quieran no tienen tiempo biológico de incluirse ante las exigencias laborales que presenta el mundo actual.

La obcecación de Néstor Kirchner lleva a no esperar demasiados cambios en la modalidad política que viene demostrando a lo largo del tiempo. Si alguna duda cabe, sólo basta recordar que ha dicho: “A mi no me van a correr, ni crean que voy a ceder, ni crean que daremos marcha atrás en cosas fundamentales que hicimos en la Argentina”. Por estas horas proliferan recursos de amparo para impedir la implementación de la ley de medios, pero hasta que la Corte Suprema de Justicia se expida nada hace pensar que el kirchnerismo retrocederá.

Días atrás alguien que de quererlo podría llegar ser presidente de los argentinos le decía a quien esto escribe: “Pareciese que la ciudadanía votaría hoy como presidente a Ricardo Fort”. Cuando la política se vuelve circo, los países se vuelven pobres. La ironía de este político contiene en sí misma la receta a desarrollar para una Argentina empobrecida: es necesario que aparezca la política como actora principal de la solución de los problemas que hoy nos acosan.

Fuente: por María Herminia Grande en diario La Capital de Rosario, 29-12-09.

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