La Patria, don que nos ha sido confiado

Homilía pronunciada por el obispo de Rafaela, Mons. Carlos María Franzini, en la solemne celebración acción de gracias celebrada en la parroquia San Carlos Borromeo de Sunchales, el 25 de mayo de 2009, pero leída por el vicario general Gustavo Montini en el tedeum de la Catedral San Rafael de Rafaela.

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Texto: Mt 25, 14-30 Queridos hermanos:

  1. Acabamos de escuchar la proclamación de una hermosa página evangélica que nos habla de dones, de gratitud y de responsabilidades.

  2. Ante todo el evangelio nos invita a renovar nuestra conciencia de la vida como don. La vida y todo lo que ella supone. La vida situada aquí y ahora. En este lugar, en esta historia, con esta gente, con esta realidad que nos circunda, con estos sueños y proyectos compartidos, con estos fracasos y frustraciones sufridos en común. De manera particular en este día reconocemos la patria como don. Don recibido de Dios y de muchos hermanos que la han ido fraguando día a día desde hace siglos. La patria es un don que –como los talentos de la parábola- nos ha sido confiada a cada uno, y a todos juntos, para hacerla “producir”, según nuestra capacidad. En nuestro documento Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad , los obispos argentinos decimos: “…Acercándonos al Bicentenario, recordamos que nuestra patria es un don de Dios confiado a nuestra libertad, como un regalo que debemos cuidar y perfeccionar…”(nº 11)

  3. La conciencia del don recibido nos mueve necesariamente a la gratitud. Por eso decimos en el mismo documento: “…Estamos agradecidos por nuestro país y por las personas que lo forjaron, …Desde los inicios de nuestra comunidad nacional, aun antes de la emancipación, los valores cristianos impregnaron la vida pública. Esos valores se unieron a la sabiduría de los pueblos originarios y se enriquecieron con las sucesivas inmigraciones. Así se formó la compleja cultura que nos caracteriza. Es necesario respetar y honrar esos orígenes, no para quedarnos anclados en el pasado, sino para valorar el presente y construir el futuro. No se puede mirar hacia adelante sin tener en cuenta el camino recorrido y honrar lo bueno de la propia historia…”(nº 7 y 9)

  4. La gratitud es lo que da origen a esta tradicional celebración de acción de gracias que hoy nos convoca. Y la gratitud es lo que mueve –o debería mover- nuestros corazones hacia un compromiso cada día más firme y decidido en favor del bien común. Porque la patria es don dado a todos, don comunitario, proyecto colectivo. Nunca espacio particular o mera suma de individualidades. Por eso en la Oración por la patria pedimos “pasión por el bien común”. La conciencia agradecida del don recibido entraña necesariamente el compromiso de hacer rendir abundantes frutos a los dones que se nos han dado. ¡Que grave responsabilidad pesa sobre un país tan bendecido con dones tan variados y abundantes!

  5. La pasión por el bien común se educa desde niños y se gesta cotidianamente en un estilo de vida caracterizado por la apertura, el respeto y el servicio a los demás, sobretodo a los más pobres, débiles y sufrientes. Se realiza en gestos concretos que superan nuestra tendencia al individualismo y la búsqueda mezquina del propio interés, por encima del interés ajeno. Se afianza con opciones personales, familiares y sectoriales que reconocen que la auténtica felicidad está en hacer felices a los demás y que el verdadero progreso se alcanza con otros, nunca contra otros.

  6. La pasión por el bien común necesita de hombres y mujeres apasionados y convencidos, capaces de actitudes heroicas, que vayan gestando nuevos liderazgos que modelen y estimulen un estilo de convivencia ciudadana fundada en el diálogo y el servicio. Decíamos los obispos en nuestro documento: “…es fundamental generar y alentar un estilo de liderazgo centrado en el servicio al prójimo y al bien común. Todo líder, para llegar a ser un verdadero dirigente ha de ser ante todo un testigo. El testimonio personal, como expresión de coherencia y ejemplaridad hace al crecimiento de una comunidad. Necesitamos generar un liderazgo con capacidad de promover el desarrollo integral de la persona y de la sociedad. No habrá cambios profundos si no renace, en todos los ambientes y sectores, una intensa mística del servicio, que ayude a despertar nuevas vocaciones de compromiso social y político …” (nº 22)

  7. Celebrando la fiesta patria y a las puertas de una decisiva expresión de la vida democrática como son la elecciones, es necesario que todos –dirigentes y simples ciudadanos- revisemos y hagamos opciones que privilegien este estilo de liderazgo, orientado al afianzamiento del bien común, por encima de todo interés sectorial. Acá se juega de manera singular nuestra responsabilidad para con la patria. Acá todos aportamos a la construcción común.

  8. Dios nos ha dado esta bendita tierra como “talento” que no hay que enterrar y dejar infecundo. Y por eso nos pide un responsable y perseverante compromiso por el bien común. Cada uno deberá responder ante él por lo hecho para que produzca abundantes frutos y si así no lo hiciéramos “Dios y la patria nos lo demanden”.

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