“La pandemia nos exige una adaptación conductual al momento que vivimos”

Es la mirada de los psicólogos Andrea Prada y Diego Bruera. «Es recomendable evitar la sobreinformación y seleccionar un modo confiable la información a través de los entes gubernamentales, autoridades o profesionales expertos», opinaron.

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Los psicólogos Diego Bruera y Andrea Prada.

Por Emilio Grande (h.) Frente a la crisis sanitaria por la pandemia del coronavirus en el mundo, de la que Argentina no está excluida, el objetivo de esta entrevista fue tener la mirada de psicólogos para profundizar e indagar sobre cómo afecta en la sociedad, especialmente los que están infectados o en grupos de riesgo.
Al respecto, este cronista conversó con el matrimonio profesional formado por Andrea Prada (licenciada en Psicología, psicóloga clínica, profesora del nivel secundario en el Colegio San José desde 1996 y continúa, ex coordinadora de la Licenciatura en Psicología de Universidad de Santiago del Estero Departamento Académico Rafaela) y Diego Bruera (magíster en Neuropsicología por la Universidad Nacional de Córdoba, psicólogo clínico, ex profesor de la cátedra Neurofisiología de UCSE DAR). Ambos son egresados de UNC y trabajan en Rafaela desde 1996.

¿Qué impacto, a nivel psicológico, produce una pandemia como la que ocasiona el Coronavirus?

Esta situación es absolutamente inédita en nuestra historia y nos exige una adaptación conductual al momento que vivimos. En el contexto de la pandemia podemos experimentar síntomas como ansiedad, sensación de inquietud, incertidumbre frente a pensamientos poco alentadores sobre el futuro, temor, preocupaciones por situaciones cotidianas, angustia por el cambio en los hábitos y en las rutinas. La ansiedad (del latín anxietas, inquietud, aflicción) es una respuesta adaptativa y que, frente a situaciones de peligro, puede ser muy útil ya que nos ayuda a la supervivencia, a estar alerta frente a los potenciales peligros; se refiere a un estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo y es una de las sensaciones más frecuentes del ser humano siendo una emoción displacentera. Es cercana al miedo, pero se diferencia de este porque el miedo es una perturbación cuya presencia se manifiesta ante estímulos presentes; la ansiedad se relaciona con la anticipación de peligros futuros, indefinibles e imprevisibles. Ambos se consideran mecanismos evolucionados de adaptación que potencian la supervivencia de nuestra especie; sin embargo, si la ansiedad supera la normalidad en cuanto a intensidad, frecuencia o duración provoca manifestaciones patológicas en la persona tanto a nivel emocional como funcional. La ansiedad puede ser una reacción emocional que puede darse cuando la persona fracasa en su adaptación al medio, a la situación y experimentar sentimientos de tensión, nerviosismo y preocupación excesiva; por ejemplo, hacia lo desconocido, temor a perder el control, sentido de desamparo, entre otras. No obstante, podemos usar la activación que nos produce esta situación para hacer foco en lo que sí podemos controlar, como realizar el aislamiento preventivo y llevar a cabo todas las medidas de cuidados que nos comunican los entes gubernamentales y expertos de la salud.

¿Cómo afecta a la sociedad la cuarentena?

Referirnos al aislamiento social preventivo como cuarentena instala la noción de pérdida de la libertad o de limitación a nuestros derechos, produce la idea de encierro indefinido, la angustia del desabastecimiento y la imposibilidad de volver a vernos. Es más saludable considerar y pensar que el aislamiento es temporal e imprescindible para afrontar la situación de crisis que vivimos. Debemos pensar la cuarentena no como una imposición, que coarta la libertad individual, sino como nuestro aporte a este momento histórico que requiere de todos. Si nos aislamos contribuimos con nosotros mismos, con nuestra familia, con los vecinos y con todos. Tenemos que pensar el aislamiento social y la realización de todas las medidas preventivas a conciencia como un acto de civilidad, de amor hacia nosotros mismos y los otros, como un puente que nos permitirá transitar y trascender este momento histórico. Debemos recordar que si nos quedamos en nuestra casa podemos reducir la velocidad de contagio o evitar el contagio, protegiendo a nuestros mayores, los grupos de riesgo y facilitando la tarea de los sistemas de salud. Para ser resilientes, atravesar las crisis vitales y salir fortalecidos de ellas es necesario reconocer nuestra vulnerabilidad.

¿Qué hacemos para sobrellevar el aislamiento?

Es recomendable como primera medida evitar la sobreinformación, esta nos reduce a recibir pasivamente un bombardeo de información, que se hace difícil de procesar y nos inhibe conductualmente. Se sugiere seleccionar un modo confiable de hacerse de la información a través de los entes gubernamentales, autoridades o profesionales expertos y no dejarse influir por los mensajes de fuentes dudosas que circulan permanentemente. Para poder sobrellevar el aislamiento tenemos que proponernos objetivos diarios a cumplir dentro de la casa, definir rutinas que incluyan actividades cotidianas como limpiar, cocinar, ordenar, trabajo on line, actividad física, actividades recreativas, escuchar música, leer, ver películas, hacer manualidades, descansar, hacer actividades en familia, con los hijos; por ejemplo las actividades escolares enviadas on line, momentos para leer cuentos, hacer juegos de mesa, cocinar juntos, revisar fotos en familia y contar historias, siempre es interesante saber de dónde venimos. Permanecer en comunicación frecuente con familiares y amigos a través de redes sociales o por vía telefónica para sostener los vínculos afectivos, conocer sentimientos, apreciación de la situación y reconfortarnos mutuamente. Mantenernos en contacto continuo con nuestros mayores, evitando visitarlos, y realizarles las compras para que no salgan de sus casas. Es probable que se produzcan situaciones conflictivas por uso de espacios, de aparatos tecnológicos, horarios para realizar actividades; por eso debemos ser creativos, pacientes y consensuar las tareas que vamos a realizar cada uno. Es importante que los adultos se muestren seguros, firmes y contenedores para reducir la ansiedad que estas situaciones pueden generar en los niños o adolescentes, que se sienten más vulnerables en estas situaciones y dependen de las decisiones de sus referentes.

¿La terapia se sigue haciendo, se posterga o se hace on line por skype o whatsapp?

El mayor aporte que podemos hacer todos ante esta situación crítica es quedarnos en casa, de manera que el aporte de la tecnología es fundamental para continuar realizando la asistencia psicológica a pacientes. Se pueden usar las redes, hacer videoconferencias o simplemente hablar por teléfono; de este modo podemos ayudar a transitar el momento de angustia e incertidumbre a los pacientes.

¿Hubo otras situaciones similares en la historia con intervención de los psicólogos?

En las últimas pandemias globales hubo intervención de los psicólogos a nivel individual asistiendo a personas con ansiedad, temor y angustia, asesorando de qué modo afrontar la incertidumbre del momento. Esta pandemia es la primera que encuentra a la humanidad con un desarrollo tecnológico de la magnitud actual, con lo que ello significa, ya que se puede usar ese poder para comunicar e informar a la población, o sobreinformar, lo que genera otro problema incrementando a través de las noticias falsas, mayor alarma y angustia en la gente, que lleva a tener conductas inconducentes al momento de afrontar la crisis como paralizarse, desinformar, socializando información falsa a través de las redes o saliendo a comprar irresponsablemente mercaderías. En una entrevista realizada a la antropóloga Margaret Mead, le preguntaron cuál fue la primera señal de civilización que encontró, quien respondió un fémur (hueso de la pierna) roto y cicatrizado, agregando que la rotura de un miembro inferior implicaba no poder movilizarse, ni alimentarse por sus propios medios y que, seguramente, esta situación hacía al individuo lesionado más vulnerable a los depredadores. El hecho que ese hueso estuviera cicatrizado significaba que otro individuo lo cuidó, lo protegió y lo alimentó hasta que se repuso y pudo valerse por sí mismo. La solidaridad, el cuidado del otro, es el primer signo de civilización. A veces la vida nos detiene para que valoremos lo que de verdad importa. Es tiempo de aprender, de dar prioridades a la vida, propia y de los otros. Así que, por amor a los tuyos, quédate en casa.

Fuente: diario Castellanos, Rafaela, 24 de marzo de 2020.

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